EiLE - Presentación - Sumario - La Voce


(nuovo)Partito comunista italiano

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Sumario

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Para el renacimiento
del movimiento comunista
consciente y organizado

copertina 

Hace más de 100 años, la historia de la humanidad ya no depende principalmente de la burguesía. La burguesía se reduce a tratar de extender la vida de su sistema de relaciones sociales, asfixiando, conteniendo, desintegrando y corrompiendo los partidos comunistas. La historia de la humanidad depende ahora principalmente de la clase obrera y sus partidos comunistas. Son los límites del movimiento comunista consciente y organizado la causa principal de los problemas actuales de la humanidad.

Estas tesis son argumentadas en detalle en la primera parte de nuestro Manifiesto Programa y aplicadas luego, en el resto del MP, en el caso particular de Italia, país imperialista sede del Papado, uno de los pilares del sistema imperialista mundial.

Por esto consideramos que el MP del (nuevo)Partido comunista italiano interesa a las y los comunistas de todo el mundo y tenemos la firme voluntad de recoger y valorar con atención las objeciones y propuestas que las y los comunistas nos darán, cual sea el cielo bajo el que combaten por la causa de las clases explotadas y pueblos oprimidos contra el sistema imperialista mundial y las clases reaccionarias.

El Comité Central del (nuevo)Partido comunista italiano



MANIFIESTO PROGRAMA DEL (n)PCI
2ª edición de la traducción en castellano, agosto de 2017

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MANIFIESTO PROGRAMA DEL (n)PCI



Comisión Provisional del Comité Central del
(nuevo)Partido comunista italiano





Dedicamos este Manifiesto Programa
a todos los héroes de la primera oleada
de la revolución proletaria mundial



marzo 2008
2ª edición de la traducción en castellano, agosto de 2017

 

Instrucciones

(*). El expediente indica que en el contexto utilizamos una categoría, un concepto que, en nuestra concepción, tiene un significado bien definido y que no puede ser deducido del sentido común y corriente de los términos. El significado se explicará en el propio Manifiesto Programa más adelante.




Los títulos de las obras de los clásicos citados en las notas son algunos en italiano y otros en castellano y en todo caso las indicaciones dadas se refieren todas a las publicaciones disponibles en el mercado italiano. Sin embargo, creemos que nuestros lectores no tendrán problemas para encontrar en las publicaciones de su país los textos citados. Lo sentimos, pero no hemos podido hacer una mejor edición.



Premisa

El mundo en que vivimos es sacudido de punta a punta por fuertes convulsiones. Son las convulsiones de la muerte de lo viejo y del nacimiento del nuevo mundo, de la fractura del viejo mundo en dos campos: uno que va a morir, y el otro que va a crear la sociedad comunista, una nueva fase de la historia humana.

La burguesía tomó ventajas del período de decadencia que el movimiento comunista consciente y organizado (*) ha sufrido en la segunda parte del siglo pasado. Logró matar en muchos trabajadores la confianza de ser capaces de conocer la verdad, de cambiar el mundo, de construir un mundo nuevo que se ajuste a sus necesidades, sus mejores aspiraciones y sentimientos. Pero no logró matarla en todos. Nosotros, los comunistas, estámos vivos y millones de trabajadores guardan aquella confianza. Y los otros, aquellos en los cuales la confianza ha muerto, necesitan que nuestro contagio los revitalice, porque es la única manera por la cual pueden salir del caos y de la pesadilla en los cuales la burguesía los empujó, y en los cuales cada día más los hunde.

La nueva crisis general del capitalismo, (*) comenzada en los años ’70 del siglo pasado, impulsa la burguesía a ampliar y hacer más feroz la guerra de exterminio (*) no declarada que conduce contra las masas populares en todas partes, en todos los rincones del mundo, incluso en los países imperialistas, incluso cuando su guerra aún no se ha traducido en agresión militar ni en abiertas guerras civiles. La crisis material, moral, intelectual que aqueja a la humanidad entera y asusta a muchas personas, tanto entre las masas populares, como en la burguesía imperialista, confirma con su gravedad la profundidad de la transformación que la humanidad tiene que conseguir.

Las condiciones que la burguesía imperialista impone a las masas populares son tan feroces e intolerables, que la lucha contra la burguesía imperialista explota en mil formas, especialmente en los países oprimidos. Cuando los comunistas todavía no son capaces de ser la dirección de esta lucha, son las fuerzas políticas de otras clases que la encabezan, con los límites y formas dictados por su naturaleza.

Pero en la lucha para hacer frente a los efectos devastadores de las contradicciones del capitalismo, hechas de nuevo desgarrantes en todos los países por el proceso de su segunda crisis general, en todos los rincones del mundo renace el movimiento comunista. Renace sobre la base del marxismo-leninismo-maoísmo: (*) la concepción del mundo y el método de acción y de conocimiento extraído de la experiencia del movimiento comunista y, en particular, de la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria mundial.

El (nuevo)Partido comunista italiano es un componente del nuevo movimiento comunista internacional.

En este Manifiesto Programa nosotros los comunistas declaramos la visión del mundo que nos guía, las conclusiones que sacamos de los primeros 160 años del movimiento comunista, los métodos que utilizamos y los objetivos que buscamos para hacer de Italia un nuevo país socialista y contribuir así a la segunda oleada de la revolución proletaria que avanza en todo el mundo.

Este Manifiesto Programa es la base ideológica de la unidad del (nuevo)Partido comunista italiano.





Capítulo I

La lucha de clases durante los primeros
160 años del movimiento comunista
y las condiciones actuales


Introducción


En nombre de la Liga de los Comunistas, el primer partido comunista de la historia, Marx y Engels, hace 160 y más años, en 1848, expuso por primera vez, en el Manifiesto del partido comunista, la visión del mundo, el método de acción y conocimiento, los objetivos y la línea general de los comunistas. (1)

Ellos procesaron la experiencia de los trabajadores que luchaban contra la burguesía y por primera vez llegaron incluso a una comprensión científica de la historia pasada. Este es un proceso de historia natural: (2) una sucesión de modos de producción con la cual la especie humana ha abordado de manera gradual y resuelto los problemas de su supervivencia y, al hacerlo, ha transformado a sí misma y al mundo. Sólo a la luz de la historia de los modos de producción (*) es científicamente posible reconstruir la historia de los otros aspectos de la sociedad y la historia de la naturaleza humana. (3)

En particular, mostraron que los hombres y las mujeres no siempre se dividieron en clases de explotados y explotadores, oprimidos y opresores. (4) La división en clases surgió sólo en una determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas, en circunstancias que la hicieron ventajosa para la supervivencia y el desarrollo de la especie humana. (5) Las sociedades de clases prevalecieron sobre las sociedades primitivas, ya que, en esa etapa del desarrollo de la especie humana y de sus fuerzas productivas, costituían un entorno más favorable para la producción, un mayor desarrollo de las fuerzas productivas y el progreso intelectual y moral. (6) Sin embargo, el capitalismo ha creado las condiciones que hacen posible y necesaria la desaparición de la división de los hombres y mujeres en clases y, con ella, la extinción del Estado. (7) Este es, de hecho, en esencia, una herramienta con la cual la clase explotadora impone y conserva su orden social. En pocas palabras, el capitalismo ha creado las condiciones que hacen posible y necesario un nuevo orden social, el comunismo.

Ellos mostraron que, por su naturaleza, la burguesía debe desarrollar la productividad del trabajo. (8) Para hacer esto, ella hace las fuerzas productivas cada vez más colectivas. (9) Es esto que hace que sea cada vez más precaria la supervivencia del modo de producción capitalista. Las relaciones capitalistas de producción y el resto de las relaciones sociales, las percepciones, los sentimientos y los comportamientos relacionados con ellas, por todo un período histórico fueron factores favorables a la solución de los problemas de la existencia de la especie humana, al desarrollo de sus fuerzas productivas materiales, intelectuales y morales y a su progreso general. Ahora se han convertido en un obstáculo: sus actuales fuerzas productivas pueden ser para la humanidad la herramienta para avanzar sólo a través de una participación activa, consciente y organizada de las masas de los trabajadores. La especie humana puede progresar sólo a través de un acceso total de las masas de la población a las actividades específicamente humanas. (*) (2) Dicha participación no es compatible con los antagonismos de intereses propios del modo de producción capitalista. Estos antagonismos, más bien, hacen las fuerzas productivas en sí mismas un factor de destrucción de la civilización humana y de su entorno. Esta contradicción, su instinto de supervivencia y la actividad consciente y organizada del movimiento comunista llevarán a los hombres y a las mujeres a la superación del modo de producción capitalista y a ir más allá de la sociedad burguesa. Esto se ve facilitado por el hecho que la creación de las fuerzas productivas colectivas también crea en sí condiciones favorables para el crecimiento de la conciencia y organización de los trabajadores.

Los obreros ya estaban luchando de forma espontánea contra la burguesía, para mejorar su condición. Marx y Engels mostraron que, para lograr resultados duraderos y en gran escala, los obreros no tenían que limitarse a esto. Tenían sobre todo que luchar por su emancipación de la burguesía. La tarea específica de los comunistas es hacer de la lucha de los obreros una lucha consciente y organizada para superar el modo de producción capitalista y todas las relaciones sociales, las concepciones, los sentimientos y los comportamientos asociados a ese modo de producción. La lucha de la clase obrera contra la burguesía, por lo tanto, personifica la lucha entre el carácter colectivo de las fuerzas productivas que el modo de producción capitalista, por su naturaleza, impulsa sin parar y las relaciones de producción capitalistas, entre el nivel general de civilización que con el capitalismo la especie humana ha alcanzado y el propio capitalismo. Es inevitable que, en esta lucha, triunfe la clase obrera. Ella personifica el camino que toda la humanidad, para sobrevivir y progresar, tiene que lograr. La sociedad comunista reemplazará a la sociedad capitalista: una sociedad sin división de clases y sin más explotación del hombre por el hombre. En las sociedades que han existido hasta ahora, la constricción de la mayoría de los hombres y mujeres y su exclusión de la herencia intelectual y moral de la sociedad y de su riqueza eran la condición necesaria para el libre desarrollo de unos pocos y la acumulación de ese patrimonio y esa riqueza. A estas sociedades la clase obrera sustituirá “una asociación en la cual el libre desarrollo de cada uno será la condición del libre desarrollo de todos y todas”.

Las premisas del comunismo, las condiciones objetivas y subjetivas necesarias para su llegada, se forman entonces en la sociedad capitalista, a pesar de la dirección de la burguesía. (10) En algún momento, la clase obrera establecerá el socialismo: esta será la etapa de transición de la sociedad capitalista a la sociedad comunista, bajo el liderazgo de la clase obrera, una fase específica de la historia humana. Esta fase se iniciará con la conquista del poder político por parte de la clase obrera. La forma política de esta fase será la dictadura del proletariado. (*) (11) Los primeros pasos en el socialismo consisten en el uso de la forma más razonable que se conozca de las fuerzas productivas existentes, para el servicio del bienestar individual y social y en la organización de las actividades de trabajo, de la forma más respetuosa de la integridad y de la dignidad de quien las cumple. Durante el socialismo, terminará la parte bárbara de la historia humana. Poco a poco, desaparecerá la división de la humanidad en clases dominadas y dominadoras, en oprimidos y opresores, en explotados y explotadores. Se borrará la división de los hombres entre dirigentes y dirigidos, trabajadores intelectuales y trabajadores manuales. Gradualmente, se eliminarán las desigualdades económicas y culturales entre hombres y mujeres, adultos y jóvenes, entre la ciudad y el campo, entre los sectores, las regiones y los países avanzados y los sectores, regiones y países atrasados. Los seres humanos también gradualmente se volverán menos sumisos, más o menos ciegamente, a la naturaleza y las relaciones sociales creadas por ellos mismos, sin saberlo. (12) Con lo que, la humanidad va a poner sobre nuevas bases las relaciones entre su actividad económica (la estructura de las antiguas sociedades) y sus otras actividades (la superestructura de la vieja sociedad) y las relaciones entre sí y el medio ambiente en el que vive. El socialismo será el paso de los hombres y mujeres del reino de la necesidad al reino de la libertad. Será el comienzo de una nueva fase de la historia humana. Las fuerzas productivas de hoy ya involucran, se refieren, colegan y unen a personas de todos los rincones de la tierra, de cada región y país. Estas fuerzas productivas dejarán de ser administradas, creadas y dirigidas como asuntos privados de los individuos (capitalistas) o de sus asociaciones. Ellas serán gestionadas, creadas y dirigidas como un asunto común de todos los hombres y todas las mujeres, como instituciones sociales. De esta manera, las relaciones de producción se ajustarán al carácter ya colectivo de las fuerzas productivas. Las empresas dejarán de ser activos, propiedad, posesión y criaturas de los individuos o de grupos de individuos, que, a través de las empresas, producen mercancías. Se convertirán en colectivos de trabajadoras y trabajadores encargados de llevar a cabo un determinado servicio para la sociedad. Cada colectivo recibirá de la sociedad lo que es necesario para llevar a cabo la actividad que se le instruye. Cada uno de los miembros del colectivo tendrá derecho a una parte del producto social destinado al uso individual. El trabajo necesario será distribuido entre todos los miembros de la sociedad y se volverá para cada uno de ellos en una fracción secundaria de su actividad.

El comunismo era ya el movimiento práctico en acto de la transformación de la sociedad capitalista en la sociedad comunista. Gracias a la obra de Marx y Engels, también se convirtió en el objetivo perseguido conscientemente por el partido comunista. Se convirtió en la conciencia de la clase obrera en la lucha por el poder. Se convirtió en el instrumento de su dirección sobre el resto del proletariado y las masas populares. (13) El marxismo se convirtió en la visión del mundo del partido comunista y en su método de acción y conocimiento.

 

1.1. El modo de producción capitalista


1.1.1. La producción mercantil


La producción mercantil es la base sobre la cual germinó y se desarrolló el modo de producción capitalista. Esto, a su vez, ha hecho universal la producción mercantil: ha transformado y todavía está transformando en producción de mercancías una parte creciente de las actividades humanas.

La producción mercantil apareció en la historia humana hace mucho tiempo, en el contexto de sociedades en las cuales predominaba uno u otro de los modos de producción precapitalista (primitiva, patriarcal, esclavista, asiática, feudal, entre otros), cuando trabajadores individuales o grupos comenzaron a producir bienes o servicios para canjearlos por bienes y servicios producidos por otros. Surgió en sociedades en las cuales normalmente los trabajadores producían para el auto-consumo o para las personas que ellos por cualquier motivo mantenían (parientes de sangre, descendencia, entre otros) o producían para uso y consumo y bajo las órdenes de su amo, de su maestro o sus sacerdotes: en pocas palabras, de las clases dominantes y explotadoras.

Por su naturaleza, la producción mercantil implicaba y generaba relaciones, concepciones, sentimientos y comportamientos radicalmente diferentes de los asociados a otras formas de producción. Estas se basaban en vínculos naturales, es decir, similares a los encontrados en otras especies de animales (de la manada, de la descendencia, del género, de la familia, del clan, del barrio, de sangre, entre otros) o en las relaciones sociales específicamente humanas de dependencia personal (el esclavo del amo, el siervo del señor, el trabajador del clero, del notable o protector). La producción mercantil por el contrario, por su naturaleza, implicaba la libertad de todas estas limitaciones. Implicaba la igualdad y la libertad de los productores, su igual dignidad social. Al mismo tiempo, sin embargo, implicaba y promovía la división del trabajo entre los individuos y los grupos, y luego hizo uno dependiente de otro. Obligaba a todos los productores a conocer y cuidar los gustos y necesidades de sus clientes potenciales, es decir, de individuos con los cuales no tenían vínculos antes mencionados. Creaba entre los productores una dependencia económica mutua, que podía superar los límites de los lazos de sangre, las relaciones personales, la raza, la religión, la cultura, el idioma, el barrio: es decir, creaba una dependencia y un vínculo universal. El protagonista típico de la producción mercantil produce, vende y compra de acuerdo a su propia conveniencia, motivado por el interés propio. Pero él, para vivir, tiene que encontrar compradores y vendedores. Hasta entonces, cada hombre había sido capaz de vivir solo por su pertenencia a su propia comunidad. El individuo era un apéndice de su comunidad natural, carente de autonomía con respecto a ella: normalmente no podía sobrevivir fuera de ella. La producción mercantil, en cambio, libera el individuo del vínculo comunitario. Todo hombre puede sobrevivir gracias al vínculo comercial, que cada individuo puede establecer con cualquier otro que, a su vez, haga comercio. Él depende de todos las demás, pero de nadie en particular. Así nació el individuo en el sentido moderno del término: no depende de ningún otro individuo y depende de la sociedad de los otros individuos. La producción mercantil, realizada por trabajadores individuales, hace que cada individuo sea personalmente indiferente de cada otro, pero lo hace dependiente de la sociedad en su conjunto: no dependiente de esto o de aquello, sino de todas las personas con las cuales se relaciona directa o indirectamente a través del intercambio (el mercado). Practicando para un largo tiempo y en diferentes situaciones la producción mercantil, los hombres y las mujeres desarrollaron gradualmente un nuevo nivel de civilización.

Una relación similar entre hombres surgió en la forma de dependencia común de una calidad de los bienes y servicios que se negocian, llamada valor. De hecho, en igualdad de otras circunstancias, la relación se lograba y concluía felizmente sólo si el comprador y el vendedor convergían en el cálculo de las cantidades de objetos que se negociaban entre ellos; si estaban de acuerdo en su valor de cambio; si ambos lo reconocían y se le sometían. Así que había entre ellos una relación voluntaria, pero no arbitraria. (14) Era una calidad que los mismos bienes y servicios no tenían fuera de la sociedad mercantil y de la relación comercial.

Toda la arquitectura y la evolución de la producción mercantil, como también de la producción capitalista, que tiene sus raíces en la misma, se volvieron comprensibles sólo gracias al descubrimiento

- que el valor es la calidad de una cosa, pero no es más que una calidad que le atribuyen los productores de mercancias, dada la especial relación que tienen entre sí: el valor es una relación social, en la cual los hombres y mujeres dan a las cosas que producen y a los servicios que realizan una calidad particular y específica;

- que la determinación cuantitativa del valor (el valor de cambio) se da para cada mercancía por la cantidad (es decir, por el tiempo) de trabajo socialmente necesario para producirla. (15) (16)

La producción de mercancías ha sido la célula original de una nueva etapa superior de la civilización humana. Esta condujo a la raza humana a destacarse aún más radicalmente de otras especies animales. Marcó una separación adicional de la especie humana con las raíces que tenía en común con otros animales. Fue el comienzo de una transformación que llevará, a través del capitalismo, al comunismo. El comunismo superará, a través de la asociación voluntaria pero no arbitraria de los trabajadores, la indiferencia mutua que caracteriza a los productores de mercancías y que hace de cada uno de ellos un esclavo de sus relaciones sociales. Si tenemos en cuenta el camino de las viejas formas de producción a la producción mercantil y finalmente al comunismo, este camino aparece como negación de la negación. Justamente gracias a la conciencia y organización vinculada a esta superación, la sociedad comunista mantendrá no sólo los logros de civilización producidos por la producción mercantil, sino también la cohesión social que hasta ahora ha impuesto la clase dominante y que, por lo tanto, lleva su huella. Contendrá dentro de sí misma las condiciones para el desarrollo de unos y otra: será una asociación de personas que se reconocen como iguales y, por fin libres de la sumisión ciega e inconsciente tanto a la naturaleza como a sus relaciones sociales, dirigirán ellos mismos conscientemente las relaciones entre ellos y su vida colectiva. La necesidad no restringirá más sus actividades ni las relaciones sociales se impondrán como un poder ajeno para ellos, independiente de ellos, como su Dios. (12)

La producción de mercancías interpretada como producción mercantil realizada por individuos libres, los productores directos, es la producción mercantil simple. La producción de mercancías, la circulación de mercancías y el dinero que se originaron, han aparecido desde la antigüedad y en varios países, como aspecto marginal y auxiliar de otros modos de producción (primitiva, patriarcal, esclavista, asiática, feudal, etc.). La simple producción mercantil no pudo imponerse a gran escala, ni convertirse en la forma principal y predominante de producción de países enteros. De hecho, ella 1) no era compatible con las más avanzadas entre las condiciones sociales de la producción ya existentes (sistemas de riego, redes de carreteras, grandes obras públicas, etc.) y 2) no era compatible con las divisiones de clase ya arraigadas en las sociedades donde nació. Por lo tanto, la producción mercantil se estableció a gran escala sólo como producción mercantil capitalista. Esta, de hecho, combina la producción de mercancías con la división de la sociedad en clases y con las condiciones colectivas de producción que ya han sido procesadas por la humanidad en la historia anterior. La circulación de mercancías fue, de hecho, el punto de partida de la formación, a través de la transformación del dinero en capital, de una nueva clase dominante: la burguesía.

 

1.1.2. El nacimiento, la naturaleza y el desarrollo del modo de producción capitalista


El capitalismo comienza cuando el propietario de medios de producción y de bienes de consumo, o de dinero con el cual se pueden comprar (de ahí que el nacimiento del capitalismo implique, presuponga un cierto grado de desarrollo de la producción de mercancías), encuentra al obrero “libre” vendedor de su fuerza de trabajo (capacidad de trabajo). (17) En el capitalismo, la fuerza de trabajo toma la forma (el rol, la función) de una mercancía que pertenece al obrero: una mercancía que se vende (por el obrero) y se compra (por el capitalista), como cualquier otra mercancía. A continuación, en el capitalismo es un valor y un valor de cambio: esto se llama salario. La actividad del obrero, por lo tanto, toma la forma de trabajo asalariado. El valor de cambio de la fuerza de trabajo, como el valor de cambio de cada mercancía, se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción. Por lo tanto, el valor de cambio de la fuerza de trabajo es el valor de intercambio de bienes y servicios, necesarios para mantener al obrero individual en su estado actual de vida y trabajo en el país y en la época dada y mantener a su familia: es decir, para asegurar la reproducción de la mercancía llamada fuerza de trabajo. (18)

El obrero vende por un tiempo determinado su fuerza de trabajo a cambio del salario. El capitalista se convierte en propietario, para el tiempo dado, de esta mercancía y la consuma en su empresa, en la fábrica. La duración del trabajo de sus obreros es mayor de aquella (llamado “trabajo necesario”), necesaria al obrero para producir, en mercancías finales, un valor de cambio igual a aquello (el salario), que recibe a cambio de la fuerza de trabajo que ha vendido. El capitalista, es decir, hace de manera que el obrero produzca un valor de cambio, del cual no paga el equivalente. Se apropia de un valor de cambio adicional con respecto a aquello que anticipa con el salario. Este valor adicional se denomina plusvalía: es el producto del trabajo excedente, el trabajo que el obrero hace además del trabajo necesario. El capitalista explota al obrero y mejora (aumenta) su capital. De ello se desprende que, por su naturaleza, el capitalista está interesado en extender la duración del tiempo total de trabajo de sus obreros. Pero, por su propia naturaleza, está interesado también en la reducción de la duración del tiempo de trabajo necesario: es decir que está interesado en el aumento de la productividad del trabajo. Este uso de la fuerza de trabajo es el proceso de producción capitalista de mercancías: un proceso de producción de bienes y servicios, que es también proceso de creación de valor (ya que es desarrollado en el contexto de la producción de mercancías) y proceso de valorización del capital o extracción de la plusvalía (porque desarrollado dentro del modo de producción capitalista).

Esta es la esencia del modo de producción capitalista, descrito por K. Marx y F. Engels. (19)

Este proceso de explotación es la célula de la cual se desarrolló en el curso de unos pocos siglos toda la sociedad actual. Es la base sobre la cual se construye la arquitectura entera de la sociedad burguesa. Esta célula contiene en sí el antagonismo, que es la fuente de la lucha de clases irreconciliable entre los obreros, privados de todo, excepto de su fuerza de trabajo, y los capitalistas, los dueños de los medios de producción, de los bienes de consumo y de las condiciones generales, materiales e intelectuales de la producción y, sobre esta base, articuládos en clase dominante y gobernante de toda la sociedad.

El modo de producción capitalista nació en Europa a partir del siglo XI. Avances de la producción mercantil hacía el capitalismo habían tenido lugar en épocas anteriores y en otras regiones. Pero no habían tenido desarrollos. Así que no tienen importancia histórica, como no la tuvieron los viajes a América anteriores a aquello de 1492. Sin embargo, en el siglo XI, en algunas partes de Europa se inició un proceso que ya no se ha detenido. Por el contrario, se ha extendido a todo el mundo, ha conducido a la actual sociedad mundial y todavía influye en la evolución de toda la humanidad.

Por una combinación de circunstancias, en aquellas partes de Europa y en ese tiempo la producción mercantil había alcanzado un desarrollo bastante amplio. En su ámbito de aplicación apareció el capitalista, como la personificación del capital comercial. Compraba mercancías no para uso personal, sino para venderlas. Esta actividad no era para ganarse la vida, sino para aumentar su dinero. El siguiente paso fue cuando el capitalista, al mismo tiempo comerciante, pasó regularmente a encargar la producción de mercancías. Posteriormente, a partir del siglo XVI, el capitalista se convirtió en industrial: pasó a organizar por sí mismo la producción. Comenzó a negociar para el trabajo, en sus locales (manufacturas) y con sus medios de producción y sus materias primas, individuos que a su vez estaban libres de las ataduras de la servidumbre feudal, pero que también habían sido privados de la oportunidad de proveer a su propia vida de otra manera que con la venta de su fuerza de trabajo. Desde ese momento, la suerte del trabajador dejó de ser más o menos directamente vinculada a su servidumbre al trabajo, a su esfuerzo de trabajo o al medio ambiente en el cual vivía y pasó a depender principalmente del negocio de los capitalistas y de su relaciones de fuerza con el capitalista. Por otro lado, el interés del capitalista no fue sólo dejar trabajar a cada trabajador tanto tiempo y tan intensamente como fuese posible, sino también maximizar cuanto más posible la productividad de su trabajo.

La historia antecedente ya había centrado el patrimonio cultural y científico de la sociedad y su riqueza en las manos de las clases dominantes y había excavado entre ellas y el resto de la población una ranura que había crecido con el desarrollo del patrimonio y la riqueza cultural y científica. Pero, a diferencia de las clases dominantes que la precedieron, la burguesía, por su naturaleza, utilizó sistemáticamente el patrimonio cultural y científico y la riqueza, para elevar la productividad del trabajo de los obreros. En esto radíca la base de la superioridad de la sociedad capitalista sobre aquellas que la precedieron, la razón por la cual ella las suplantó.

Impulsada por su interés, a partir del siglo XVIII, la burguesía pasó desde la manufactura hasta la gran industria primero mecanizada y después informatizada. Ha puesto en marcha un proceso de socialización y extensa división del trabajo y ha destacado cada vez más la dependencia entre las distintas empresas (unidades de producción). Ha extendido la producción mercantil a un número creciente de antiguos sectores de trabajo: la minería, el transporte, la silvicultura, la agricultura, la pesca, los servicios. Ha creado nuevas áreas de producción mercantíl: investigación, comunicación, entretenimiento, juego, culto, salud, cuidado de niños y ancianos, educación, relaciones humanas, relaciones sexuales, servicios de todo tipo. Ha hecho dependientes entre ellos a los distintos sectores productivos, convirtiendo uno en mercados del otro. Ha puesto en relación uno a otros regiones y países hasta entonces sin relaciones economicas entre ellos. Ha utilizado, tratado, procesado o destruido a todos los materiales e instituciones que la historia le proporcionaba. Ha creado las naciones y los estados-naciones como superestructuras de su mercado y su base de inversión productiva y negocio. Se ha sometido a los viejos Estados y ha creado otros nuevos, poniendo a todos al servicio de la valorización del capital. Ha invadido y, de un modo u otro, ha hecho que el campo de sus negocios fuesen todos los países, no sólo de Europa, sino también de todos los demás continentes y los ha repartido entre países capitalistas y países oprimidos (colonias y semi-colonias). El trabajo asalariado se ha convertido en la relación de trabajo más común y las otras relaciones de trabajo han tomado de alguna manera su forma.

Las relaciones capitalistas de producción han sido un poderoso estímulo para el desarrollo de la producción, de las fuerzas productivas y de la civilización.

La búsqueda de ganancia ha llevado a la burguesía a expandir la producción, a perfeccionar la maquinaria y a mejorar la tecnología en la industria, en la agricultura, en el transporte, en los servicios: en todos los campos. Esto la llevó a crear grandes infra-estructuras, al desarrollo de la ciencia y la investigación científica en todas las áreas, a hacer la investigación y aplicación de sus resultados en la producción un sector productivo en sí mismo; a transformar el medio ambiente; a no retroceder en la cara de cualquier hazaña; a modificar la forma de todo el planeta. Su ilimitada e individual (unilateral) búsqueda de la ganancia empujó a la burguesía a abrumar hábitos y costumbres antiguos de siglos, a no detenerse frente a cualquier delito, a eliminar poblaciones y civilizaciones enteras, a empobrecer, contaminar y destruir a los recursos naturales y al medio ambiente.

Las clases dominantes anteriores habían todas explotado a los trabajadores, principalmente para satisfacer sus necesidades de consumo. Así que tenían en su propio consumo el límite de la explotación. Por el contrario, la burguesía no tiene como objetivo su propio consumo, sino el aumento de su capital: un objetivo, por su naturaleza, sin límites. Por lo tanto, ella alentó la explotación de los trabajadores y de los recursos naturales más allá de cuanto sea necesario para el consumo individual y colectivo de la clase dominante y lo empuja hacia adelante indefinidamente.

A pesar de esta capacidad incluso bárbara, no obstante, la burguesía abre horizontes ilimitados para la actividad práctica, intelectual y moral de hombres y mujeres. En el ámbito del modo de producción capitalista, la especie humana ha llegado a una etapa en su desarrollo, donde la principal limitación del desarrollo no es ni el medio ambiente natural, ni la productividad del trabajo, ni el nivel de conocimiento, sino el sistema social.

De lo dicho anteriormente, se destacan las razones de la superioridad económica y cultural del capitalismo sobre los viejos modos de producción (esclavitud, asiático, feudal, etc.), entre los cuales se desarrolló y del papel progresista que, durante todo un período histórico, la burguesía ha desempeñado en la historia de la humanidad. El modo capitalista de producción se estableció definitivamente en Europa en el siglo XVI, luchando contra el modo de producción feudal. Eso no implicaba sólo nuevas relaciones de producción y el fin de las corporaciones, de los monopolios, de las cortes feudales, del particularismo feudal, del papado y de la Iglesia Romana, del dogmatismo teológico y del oscurantismo clerical. (20) Exigió y también dio lugar a nuevas relaciones políticas. Para hacer espacio a su negocio, la burguesía impuso a las autoridades del viejo mundo su representación política: los parlamentos, las elecciones, la separación de poderes (ejecutivo, legislativo, judicial), la limitación de los poderes del ejecutivo, la subordinación de esto a las leyes y constituciones. Dio lugar a una masa de comportamientos de la población, concepciones y sentimientos incompatibles con el feudalismo. Definió o redefinió, de acuerdo con sus intereses, pesos, medidas, calendarios, códigos e instituciones de todo tipo.

El modo de producción capitalista se impuso en gran escala por primera vez en Gran Bretaña, donde, por diversas circunstancias, se podía utilizar el poder del viejo Estado para acabar con la resistencia feudal, hasta apropiarse de la agricultura que todavía era, aún más, la actividad económica más importante. Luego siguió Francia y poco a poco los demás países europeos y las colonias anglo-sajonas de pobladores (Norteamérica y Australia). La serie casi ininterrumpida de guerras, que constituyen la historia de Europa en los siglos XVI, XVII, XVIII, la Revolución Inglés (1638-1688), la Guerra de Independencia americana (1776-1783), la Revolución Francesa (1789-1815) y, por último, la Revolución europea de 1848, son las principales etapas de la lucha con la cual, en Europa Occidental, la burguesía eliminó, en la medida en que éste era necesario, el mundo feudal y manifestó su dirección.

El dominio global de Gran Bretaña y de los países anglo-sajones en la época contemporánea está muy estrictamente relacionado con esta primacía y con la profundidad con la que el modo de producción capitalista conformó a sí mismo en estos países, sobre todo en los EE.UU., las relaciones sociales.

Mientras que la burguesía llevaba a cabo su lucha contra el feudalismo, contra el Sagrado Romano Imperio y las monarquías feudales, contra el absolutismo monárquico, contra el oscurantismo de la Iglesia Católica Romana y del Papado, como parte de su modo de producción, una nueva clase, la clase obrera, iba creciendo numéricamente y adquería madurez cultural y fuerza política. La burguesía la obligaba a condiciones de trabajo y vida peores de lo que se había visto hasta entonces. Al mismo tiempo, sin embargo, se proclamaba y se exigía su libertad de la servidumbre feudal y clerical. Frente a esta servidumbre feudal, la burguesía enarbolaba las consignas de “libertad, igualdad y fraternidad” universal. En contra de la resistencia de los señores feudales y del clero, ella movilizaba a la misma clase obrera.

En el siglo XVIII en el país capitalista más avanzado, Inglaterra, el antagonismo entre la burguesía y los obreros ya estaba bastante desarrollado. El obrero era bastante diferente tanto del capitalista que del artesano, del aprendiz y de los pobres en general, como para dar lugar a rebeliones de varios tipos, individuales y colectivas, y a las primeras formas de organización de la clase. Los obreros participaron activamente en la Revolución Francesa, pero aún sustancialmente a remolque de la burguesía. En las primeras décadas del siglo XIX, en los países de Europa Occidental los obreros se opusieron a la burguesía cada vez más ampliamente. Así adquirían la conciencia de clase y la capacidad de luchar. Arrastraban a su paso en la pelea al resto de las masas populares. Se convirtieron en un problema para el orden público. (21) En la Revolución europea de 1848, aunque todavía fuese la clase media a cosechar los frutos de su lucha, ya participaron en calidad de una clase por sí misma. En junio de 1848, en París, sufrieron una represión feroz y de masa que en Francia marcó una clara ruptura entre las dos clases y también el fin de la república burguesa recién formada. La contradicción entre la burguesía y la clase obrera se había convertido en la principal contradicción de la sociedad.

Hasta entonces, los más grandes teóricos de la burguesía habían tratado de entender los orígenes, la naturaleza, las leyes del desarrollo y el papel histórico del modo de producción capitalista. La elaboración de las experiencias de la lucha de la clase obrera contra la burguesía llevó a un profundo conocimiento de todo eso. Por lo tanto, se comprendieron también las condiciones materiales en las cuales se desarrollaba y por las cuales estaba condicionada la lucha de la clase obrera. (22)

El capitalismo combina la servidumbre de la clase de los viejos tiempos con la libertad individual del vendedor y del comprador de las mercancías. Los hombres proletarios y las mujeres proletarias constituyen la mayor parte de la población, y en grados variables afectan y modelan sobre su propia imagen también a los demás trabajadores. Ellos tenían que estar al servicio de un puñado de hombres (la burguesía) y, al mismo tiempo, como productores y vendedores de una mercancía (fuerza de trabajo) y compradores del reluciente y cambiante mundo de la mercancías puestas a la venta por la burguesía, tenian que desarrollar cada unos actitudes, comportamientos y capacidades morales e intelectuales de protagonistas del mercado mundial y vivir a sus ritmos. Por un lado, el capitalismo necesita obreros embrutecidos como los trabajadores de la vieja sociedad; de trabajadores cuya principal aspiración es servir a sus amos que, además, la propia civilización burguesa ahora también ha despojado del halo del derecho natural o divino que consagraba a sus predecesores como depositarios del poder. Por otro lado, el capitalismo requiere de los proletarios la capacidad para cuidar cada uno su propios asuntos, en una sociedad en rápida evolución: una sociedad ahora libre de las coerciónes del hábito y consagradas por una larga tradición, que en los modos de producción anteriores dictaban “por la ‘eternidad’” la vida y el comportamiento de cada individuo, en función de la clase a la cual pertenecía, y el negocio que ejercía. El capitalismo es la contradicción en acto. Es por naturaleza un régimen de transición. No puede, como los viejos modos de producción, durar milenios como una forma de ser de las generaciones veníderas sin límite, equivalentes en lo esencial las unas a las otras, de forma similar, en muchos aspectos, a lo que es el caso de otras especies animales, a una velocidad en la que los cambios son por lo general lentos, casuales y en gran parte limitados a la minoría que constituye la clase dominante. En la evolución de la especie humana, el capitalismo tiene el rol histórico de la educación de masa de hombres y mujeres a una vida intelectual, moral, emocional y social como individuos libres e iguales; pero esta vida es incompatible con la naturaleza del mismo capitalismo, ya que es un orden de sociedad todavía intrínsecamente basado sobre la opresión de clase.

El capitalismo ha acelerado la evolución de la civilización y especie humana. Constantemente crea y soprime las condiciones de una vida superior para la masa de la población. (2) El capitalismo combina en sí mismo la antigua barbarie y la nueva civilización. Mantiene la vieja barbarie semi-animal del trabajador herramienta de su patrón y crea las condiciones de la nueva civilización comunista. A través de la evolución del capitalismo, las condiciones de la nueva civilización constantemente se multiplican y se arraigan. Las dos almas del capitalismo, entonces, se diferencian, se separan y se contraponen hasta excluirse mutuamente. La burguesía se vuelve tanto más reaccionaria, cuanto más ha completado su misión histórica de crear las condiciones de la nueva civilización comunista.

Las consecuencias más bárbaras de la supervivencia de su dominio

- los genocidios, las guerras, las hambrunas, las epidemias, la marginación, la alienación, la inseguridad, entre otras - no son peores de los acontecimientos que se repiten en las sociedades primitivas. Pero hoy son insoportables, porque ya superfluas y porque, consecuentemente, son nuevos los sentimientos y la cultura que la humanidad ha desarrollado. En su decadencia la burguesía pone en uso nuevamente, perpetúa e intensifíca, en una escala nunca antes alcanzada, a todos los comportamientos propios de la fase barbárica de la humanidad, pero con la conciencia que hoy tienen, los seres humanos los repudian. Nueva no es la barbarie que la burguesía evóca, perpetúa, impone y personifíca. Nuevos son los sentimientos y las ideas que la hacen intolerable y la situación práctica que la hace innecesaria.

Por un lado, miles de millones de hombres y mujeres se acercan en masas a las condiciones materiales, intelectuales y morales adecuadas de “la asociación en que el libre desarrollo de cada uno será la condición del libre desarrollo de todos”. Por otro, la clase dominante se cierra cada vez más en la preservación de la antigua opresión de clase y evóca, a su defensa extrema, todo el poder de las armas de la opresión, el embrutecimiento, la degradación y la destrucción a la producción de las cuales dobla todas las fuerzas productivas de la sociedad. Evóca en su apoyo a todas las viejas fuerzas del paraíso y del infierno, del cielo y de la tierra. Llama en su respaldo a los curas y profetas de todas las religiones y a los amantes de todos los vicios: les asegura un alcance ilimitado de acción y de expansión, y se beneficia tanto de sus actividad que de la represión de la misma. En los países capitalistas más avanzados, la burguesía ha hecho de todo bien y servicio una mercancía y del dinero el medio esencial de toda relación. Ella obliga entonces a cada proletario a utilizar la mayoría, sino toda su energía física, intelectual y moral a fin de obtener el dinero necesario para satisfacer las necesidades de una vida social básica. Envuelve cada proletario en una red de obligaciones, pagos, préstamos, plazos que obliga a dedicar, a cambio del salario, lo mejor de sus capacidades, para cumplir con la tarea que se le asigna como parte de la división social y técnica del trabajo, que en su conjunto hace funcionar y reproduce el sistema social que encarna la dominación de la burguesía. De aquí, un estado de degradación intelectual y moral universal, que la burguesía promueve de todo lado, que es el principal obstáculo para cualquier progreso civil y que el movimiento comunista debe derrotar para llegar a cumplir con su tarea.

La clase obrera se ha convertido en la fuerza dirigente del mayor progreso de la humanidad: la transformación, es decir, de la sociedad capitalista en sociedad comunista. El comunismo no es sólo el proceso práctico de transformación en curso, sino la concepción del mundo y el método de acción y conocimiento con los cuales esta nueva clase lleva su lucha. La primera oleada de la revolución proletaria mundial, con sus primeros países socialistas (*) fue el amanecer, al mismo tiempo brillante y todavía oscuro, de la batalla decisiva.

1.2. Las clases y la lucha de clases


1.2.1. El nacimiento de la división de la humanidad en clases


Desde hace 150 años y más en los países más avanzados, el orden social es lo que limíta la producción y la masa de la población, el proletariado, obtiene su participación en la distribución del producto, luchando principalmente contra la burguesía y el orden social que ella encarna. Esta es la razón por la cual, con la superación del capitalismo, se abre una nueva etapa en la historia de la humanidad. Antes que la humanidad alcanzara, con la sociedad burguesa, este nuevo estado, desde hace milenios, en todas las sociedades antes existidas, la principal fuente de empleo para la gran mayoría de hombres y mujeres, su mayor preocupación y su maldición, era la lucha contra la naturaleza para arrebatarle lo que es necesario para vivir. Por esta razón, la historia pasada de la humanidad tiene su base en la historia de sus modos de producción. (3)

Cada modo de producción se caracteriza por una combinación específica de las fuerzas productivas (5) y las relaciones de producción. (20) Esta combinación forma la estructura de la sociedad: la base material, económica, de su existencia y de su reproducción. Desde hace milenios, las fuerzas y las relaciones de producción han formado una unidad de contrarios, dos términos separados constitutivos de la estructura social, en relación de unidad y lucha entre ellos. Dichas fuerzas productivas han fomentado la aparición de ciertas relaciones de producción. Estas han fomentado el desarrollo de fuerzas productivas superiores, quienes a su vez han fomentado nuevas relaciones de producción.

Desde hace milenios hasta ahora, las relaciones de producción son principalmente relaciones entre las clases de explotados y explotadores, oprimidos y opresores. En todas estas sociedades, la lucha entre las clases dominantes y las clases oprimidas se ha combinado con la lucha para arrebatar a la naturaleza lo que es necesario para vivir. Estas dos luchas, desde hace milenios, han sido los principales motores del desarrollo de las sociedades divididas en clases. Sólo en la sociedad burguesa moderna, la investigación científica ha comenzado a adquirir el papel de tercera fuerza motriz. Esto hizo definitivamente obsoleto el robo del tiempo de trabajo de otras personas como fuente de riqueza social, en el cual se basaban y se basan todas las sociedades divididas en clases. (23)

Pero la división de la sociedad en clases no existió desde siempre. La división de los hombres y mujeres en clases se relaciona con una fase determinada del desarrollo de sus fuerzas productivas. El estudio de la prehistória y de las sociedades primitivas sobrevividas en la época histórica ha mostrado que en las sociedades de mayor antigüedad a las que alcanza nuestro conocimiento, no habían clases. Asimismo, ha permitido reconstruir, a grandes rasgos, los pasos por los cuales se formaron gradualmente. (6)

En las sociedades primitivas, la división del trabajo estaba relacionada con el sexo y la edad, más o menos como ocurre hoy en día en las especies animales superiores. Desde aquí, espontáneamente (es decir, sin que los seres humanos tuviesen conciencia de lo que, impulsados por las condiciones prácticas de su existencia, estaban haciendo en realidad) se desarrolló la división del trabajo entre los individuos y grupos dentro de cada comunidad. Se impuso porque hacía el trabajo más productivo. Un grupo de hombres o mujeres llevaban a cabo de forma permanente una actividad específica y tenían ciertas relaciones con otros grupos. (24) Con la división social del trabajo y las relaciones que la acompañaron en las condiciones primitivas en las que surgió, se desarrolló la propiedad privada de los medios y de las condiciones de producción, principalmente la utilización privada de la tierra y el ganado. Esta fue sustituyendo gradualmente el uso común. Las relaciones sociales se desarrollaron gradualmente hasta el punto en que algunos individuos no participaban más a la producción de las condiciones materiales de su existencia. Llevaban a cabo únicamente las actividades de las cuales quedaron excluidos los demás miembros de la sociedad y vivían con el producto del trabajo de estos. Este desarrollo interno a la comunidad se combinó con relaciones de saqueos, robos y sumisión entre las comunidades. La combinación de los dos procesos dio lugar a la división en clases en cada comunidad. Así nacieron las sociedades de clases.

La división de hombres y mujeres en clases de explotados y explotadores, oprimidos y opresores creaba un ambiente adecuado para el desarrollo de las fuerzas productivas y la aparición de niveles superiores de civilización. Sólo la separación en clases explotadoras y dominantes y explotadas y oprimidas obligaba a hombres y mujeres a producir de manera sistemática y creciente más cantidad de lo que ellos mismos consumían (plus-producto) y permitía que otros desarrollaran sistematicamente actividades en las cuales, en las condiciones dadas, los hombres y las mujeres no podían participar en masa. Por lo tanto, esta se impuso porque la supervivencia de la sociedad seguía siendo precaria. Las sociedades sin clases desde entonces sobrevivieron sólo como formas de civilización inferior, aisladas de la corriente principal. Estas fueron abrumadas y suprimidas gradualmente.

Por eso, la división de la humanidad en clases está ligada a ciertas condiciones que le daban un rol progresista. La sociedad burguesa hizo fracasar esas condiciones e hizo, al contrario, de la extinción de la división de la humanidad en clases, la condición necesaria de cada futuro progreso.

1.2.2. La lucha de clases y el Estado


La lucha de clase ha planteado, desde la antigüedad, al Estado como un instrumento de la clase explotadora: asociación de sus miembros para mantener a raya a las otras clases, para ajustar sus negocios y dirigir toda la sociedad. (7) Como bién explicó Lenin: “el Estado nace en el lugar, en el tiempo y en la medida en la cual las contradicciones de clase no pueden objetivamente reconciliarse”. El Estado es un instrumento de la clase explotadora para reprimir a las clases explotadas. Con el Estado, la clase explotadora tiene, para mantener en sujeción a las clases explotadas, nuevos medios que se combinan con la hegemonía moral y cultural de la clase dominante y con el poder y el rol general que juega todo orden social, una vez formado, ya que cada sociedad, para sobrevivir, necesita un orden social.

La esencia del Estado está en el hecho que la clase explotadora reclama por sí, como su monopolio y derecho exclusivo, el uso de la violencia y lo prohíbe a las otras clases. (25) En una sociedad dividida en clases de explotados y explotadores, cuyo contraste es irreconciliable, el monopolio de la violencia ejercido por una clase diferente de la de los explotadores objetivamente es incompatible con la constitución económica de la sociedad. (26) El uso persistente, generalizado y sistemático de la violencia por los explotados sólo puede conducir a la guerra civil. (27)

Monopolio de la violencia y derecho a explotar van de la mano. Pero cada clase gobernante ha tratado de alimentar a las clases oprimidas en la creencia que su monopolio de la violencia es el orden natural de las cosas, es la voluntad de Dios. Que la clase dominante es la depositaria de este monopolio, ya que sus miembros son de naturaleza superior intelectual y moralmente: más sabios, más educados, más dotados de un sentido de la justicia y del auto-control, más capaces de dirigir. Ha utilizado el estado de degradación en que ella mantiene a los miembros de las clases oprimidas para mostrar que ellos, por su naturaleza, harían un uso sin sentido de la violencia. Los verdaderos revolucionarios siempre han tenido como objetivo destruir este escudo ideológico del monopolio de la violencia en las manos de los explotadores. Han denunciado el uso sin sentido de la violencia en público y en privado por los miembros de la clase dominante: denuncia de la guerra, de la represión y de los crimenes de los ricos. Denunciaron y lucharon contra el embrutecimiento en que la clase dominante ha relegado y trata de mantener a las clases oprimidas: los prejuicios raciales, la opresión de las mujeres y de los niños, el odio entre las naciones, la defensa de los privilegios, la ignorancia, la depravación moral, la pobreza, la exclusión del patrimonio cultural de la sociedad. Promovieron la educación de las clases oprimidas al uso de la violencia y de las armas: “el poder crece desde el cañón del fusil”. Quién se opone al uso de la violencia por parte de las clases oprimidas y a su educación al uso de armas, no es un revolucionario: de una manera u otra, de manera consciente o no, favorece la conservación del orden social. (28)


1.2.3. Las dos clases fundamentales de la sociedad burguesa


Tras la afirmación del modo de producción capitalista, en la sociedad se formaron dos grandes clases opuestas: la burguesía y la clase obrera. (29)

En el comienzo, la lucha entre estas dos clases tomó la forma de lucha económica. Un grupo de obreros se organizaba y entraba en la lucha contra un solo capitalista, ahora en una y otrora en otra fábrica, para aliviar sus condiciones. Esta lucha se refería sólo a la distribución del producto y a las condiciones de trabajo, sin embargo, no se refería a las bases del sistema de explotación (sistema de producción) y a la superestructura política y cultural que lo defiende. El objetivo de las luchas de los obreros no era eliminar la explotación, sino mitigarla, aumentar los salarios y mejorar las condiciones de trabajo. Aunque limitada en sus objetivos, desde el punto de vista de todas las clases dominantes, esta lucha colectiva ponía en discusiónel orden natural de las cosas”: el sometimiento de los explotados a sus explotadores. Contra ella, luego descendieron en campo no sólo los propietarios afectados, sino todos los poderes del orden social, en primer lugar el Estado y el clero.

Por su parte, los capitalistas, además de recurrir al chantaje y a los despidos, desarrollaron en creciente escala los métodos y las técnicas de la división entre los obreros, enfrentando individuos y pequeños grupos a la masa de los obreros, a sus organizaciones de lucha y a su solidaridad de clase. La lucha puramente económica une a los explotados, para luchar con éxito contra los propietarios. Pero también puede dividir a los explotados, en la medida en la cual lleva algunos a acapararse el favor de los propietarios, para mejorar sus condiciones a las espaldas de otros explotados. La burguesía busca sistemáticamente de transformar cualquier contradicción entre ella y los explotados en contradicciones entre grupos explotados. Históricamente, esta primera forma de lucha desempeñó un rol importante, sin embargo, porque educó a los obreros y los llevó a organizarse. Al mismo tiempo, esta lucha también puso en luz sus propias limitaciones. La intervención del Estado y del clero en defensa de los capitalistas en la lucha económica, ayudó y todavía ayuda a los obreros a entender que su lucha tenía que asumir un carácter político y desbaratar todo el orden social. La burguesía había abierto, en un cierto sentido, el camino a los obreros: a través de propios órganos representativos, había impuesto límites a la libre actividad del Estado y leyes favorables a sus actividades. Incluso los obreros tenían que imponer al Estado enemigo reglas favorable a sí (lucha política para las reformas) y resistir a su represión. Por otro lado, tenían que forjar su propia concepción del mundo y, en última instancia, imponer un nuevo orden social.

Para defender su poder, la clase explotadora pretende presentar su Estado como una institución superior a las clases, expresión de toda la sociedad, y custodio responsable de los intereses generales de la sociedad. De hecho, el Estado democrático está por encima de cualquier capitalista individual y es una expresión de toda la burguesía. Así que los explotados tratan de forzar al Estado de la burguesía para que limite la explotación y la represión, a través de leyes y normas (lucha política por las reformas). Los explotadores tratan, a su vez, de usar las reformas para intensificar la explotación o de eludir las reformas. Las reformas crean condiciones, de las cuales las clases explotadas, si siguen una línea revolucionaria, toman la oportunidad para fortalecer su lucha. La lucha política para las reformas es un entorno favorable para la educación y la agregación de las clases oprimidas, en vista de la guerra civil. Esta, cuando no alcanza la victoria, produce reformas, que crean un entorno más favorable para el desarrollo de la lucha de las clases oprimidas. Esta es la dialéctica reforma-revolución, cuando las clases explotadas luchan por la emancipación (es decir, cuando el partido comunista tiene una línea justa).

En la sociedad burguesa, la prosperidad de la empresa capitalista no depende sólo de sus propietarios. También depende del curso general de los negocios. Por la propia naturaleza del sistema capitalista (la libre iniciativa económica individual del capitalista), el curso general de los negocios está fuera del control del capitalista individual y también de sus asociaciones y de su Estado. Así que, en última instancia, para solucionar sus problemas, a los obreros no era suficiente establecer una relación de fuerza con su dueño, e incluso imponer leyes y normas: tuvieron que cambiar el orden social.

La lucha contra la represión y la tendencia coyuntural de la actividad económica (por lo que, a momentos de intensa actividad siguen momentos de estancamiento a los cuales suceden nuevos momentos de intensa actividad) ayudaron y siguen ayudando a los obreros a entender que ni la lucha economica ni la lucha política por las reformas pueden liberar a la clase obrera de la miseria de su condición. La misma lucha por una distribución menos desigual de la riqueza puede desarrollarse con éxito a gran escala sólo si se combina y se dirige a partir de la lucha para establecer un sistema de producción comunista y, por lo tanto, un orden general de la sociedad de tipo comunista.

Con el marxismo, los obreros llegaron a la plena conciencia de su situación social. Su lucha se hizo más consciente, hasta tomar un carácter superior. Se convirtió en lucha política revolucionaria, lucha para derrocar la dominación de la burguesía, para construir su propio Estado y, a través del poder conquistado, crear un nuevo sistema de producción y un nuevo orden social, eliminar la explotación y su expresión histórica: la división de la sociedad en clases. Desde entonces, la lucha económica, la lucha por las reformas políticas, la lucha por el progreso intelectual y moral de las masas y la lucha contra la represión se convirtió en cuatro campos distintos de lucha, vinculados objetivamente el uno al otro, partes y aspectos de la lucha revolucionaria por el socialismo. Los economicistas (*) y espontaneístas evitan distinguir estos diferentes campos de la lucha de clases y hablan genéricamente de “lucha”. O los confunden, en reducir arbitrariamente el uno en el otro. En este caso, sus palabras de orden son variadas de acuerdo a los tiempos y circunstancias: sólo la lucha económica es “concreta”, politizar la lucha económica, transformar la lucha económica en lucha política, etc. La cara común y perjudicial de estas consignas de economicistas y espontaneístas consiste en ocultar el rol, la importancia y autonomía de la lucha política revolucionaria y en la prevención o freno del desarrollo de las formas y medios específicos de lucha de la política revolucionaria. En cualquier caso, los economicistas y espontaneístas no son capaces de combinar las diferentes luchas de una manera adecuada a la emancipación de la clase obrera y de las otras clases de las masas populares de la burguesía. El partido comunista es el órgano específico de la lucha política revolucionaria: promotor, organizador y líder de la lucha política revolucionaria. Es capaz de combinar las diversas luchas de una manera correcta. Debe promover y dirigir la lucha económica, la lucha por las reformas políticas, la lucha por el progreso intelectual y moral de las masas y la lucha contra la represión, de manera que cada una de ellas, y cada episodio de cada una de ellas, se convierta en una escuela de comunismo, (*) asegurando que contribuyan a crear las condiciones subjetivas del socialismo y servir a la lucha política revolucionaria. (30)

 

1.2.4. La lucha de la clase obrera se convierte en lucha por el comunismo


A pesar de todas las proclamas y reivindicaciones de democracia y de igualdad, y a pesar de los logros arrancados por las clases oprimidas en las sociedades democráticas burguesas que han tomado el lugar de la vieja sociedad monárquica, clerical y aristocrática, incluso en la sociedad burguesa la lucha entre las clases no se limita a la esfera de la vida económica. Es típico de los oportunistas y reformistas concebir la lucha de clases como algo que concierne las relaciones laborales y sólo la “distribución de la riqueza”, algo que se traduce en contratos y acuerdos entre capitalistas y obreros, entre las organizaciones de los empleadores y los sindicatos o, como mucho, en la “redistribución del ingreso” operada por el Estado. Ellos conciben y proclaman que las luchas reivindicativas son las únicas “luchas concretas”. Los más avanzados entre ellos conciben la lucha política pero sólo como una extensión de la lucha sindical (“politicizar las luchas reivindicativas”, “transformar las luchas reivindicativas en lucha política”). Es una concepción primitiva y limitada de la lucha de clases que también la burguesía acepta, cuando no se puede prescindir de ella. El sindicalismo burgués es la manifestación de eso. Más bién, en tiempos de tormenta, la burguesía opone la lucha económica y la lucha política por las reformas a la lucha política revolucionaria de las clases oprimidas. De hecho, no sólo para entender la razón de la existencia del poder político, sino también para entender las transformaciones que acontecen en su estructura y para entender el rol del poder político, en cada epoca y en cada país, es necesario hacer referencia a las relaciones entre explotados y explotadores en el momento historico y en el país que estamos considerando. Así que la lucha entre clases antagónicas se convierte en lucha por el poder político: toda lucha de clases es lucha, en última instancia, política”. La división en clases impregna desde su inicio toda la vida de la sociedad y afecta a todo el sistema de relaciones sociales. Ella se manifiesta en todos los ámbitos de la superestructura: la política, la ideología, el arte, y, en general, en toda la vida espiritual, en las concepciones y sentimientos, en la conducta y en la moral. La lucha de clases tiene sus raíces en la economía, en la relación entre explotados y explotadores, pero implica todo el orden social y tiene su solución aquí. El objetivo y la tarea de la clase obrera no es la “redistribución del ingreso” (o una diferente distribución de los ingresos), sino el cambio del orden social: es decir, la revolución política, y luego, sobre su base, la revolución social para crear la sociedad comunista.


1.2.5. La ampliación del rol del Estado en la sociedad burguesa


En la sociedad burguesa, el monopolio de la violencia se tradujo en un sistemático y creciente conjunto de herramientas profesionales de represión sobre la base de la división del trabajo: las fuerzas armadas, la policía, los servicios de inteligencia, los sistemas de control, los tribunales, las prisiones, los códigos, las leyes y los procesos. Ahora, en la sociedad moderna, eso absorbe enormes y crecientes recursos sociales y llegó a constituír un obstaculo para el desarrollo de las fuerzas productivas y la civilización. El secreto militar se combina con el secreto industrial y con la opresión de clase y juntos conspiran para obstaculizar la investigación científica y decelerar el desarrollo de las fuerzas productivas, y más generalmente, del conocimiento.

Al lado del rol de depositario monopolístico de la violencia, frente al crecimiento del caracter colectivo de la actividad económica y la proliferación de las actividades sociales, la burguesía ha desarrollado para su Estado, hasta el maximo compatible con el modo de producción capitalista, un otro rol: el de centro, que expresa la voluntad común de la sociedad y la actúa, organiza y dirige los asuntos sociales con un propio cuerpo de funcionarios públicos. Ella, por lo tanto, trató de hacer funcionar su Estado como órgano dirigente de la sociedad, como el depositario de su unidad, y como delegado y representante de toda la sociedad. Pero este rol está en contradicción con el antagonismo de las clases, que está en la naturaleza de la sociedad burguesa: en todos los países capitalistas, existen dos naciones distintas y potencialmente conflictivas. La pretensión de la burguesía imperialista que su Estado se convierta en el centro depositario de la voluntad de toda la sociedad alcanzó su máxima realización en el capitalismo monopolístico de Estado: su Estado se convertió en el centro de su negocios, de sus maquinaciones y de sus luchas intestinas. (31) El revés de la moneda es que ahora ella es obligada a llevar a cabo todas estas actividades tras la máscara hipócrita de la cura y control de los asuntos de toda la sociedad y de la observancia de las disposiciones legales vigentes (la “titiritaña de la política burguesa”). En la sociedad socialista, con la dictadura de la clase obrera, aquella que para la burguesía imperialista es una pretención económicamente inviable, se convertirá en realidad para la gran mayoría de la sociedad. Los obreros y los demás trabajadores tendrán en el Estado de la dictadura del proletariado una herramienta para reorganizar la sociedad, en acuerdo con sus intereses según los criterios intelectuales y morales más avanzados. Luego, poco a poco, con la desaparición de la vieja burguesía y la extinción de la división en clases y de las relaciones y concepciones derivadas de esa, se extinguirá el Estado como monopolio de la violencia. Se desarrollará, al contrario, un sistema de órganos de la asociación de todas y todos las trabajadoras y trabajadores, a través de la cual sean las mismas y mismos trabajadoras y trabajadores a gestionar sus asuntos comunes, los asuntos de la sociedad. (Véase el Capítulo V - Objeción 8)


1.2.6. La clase obrera es por su naturaleza la clase que dirige a las otras clases explotadas y oprimidas por la burguesía


La burguesía oprime y aplasta a otras clases, además de la clase obrera. Pero sólo la clase obrera puede hacerse cargo de la lucha común contra la burguesía imperialista y llevarla a la victoria final. La clase obrera, a diferencia de todas las otras clases de las masas populares, está directamente involucrada en la competencia entre las fracciones del capital y se ve directamente afectada por los efectos de las leyes que forman parte de la naturaleza del capital. Para el rol que desempeña en la sociedad capitalista, ella es la más consciente y organizada entre todas las clases proletarias y populares. Por fin, es la única entre las clases oprimidas que, por su rol en el sistema de producción capitalista, puede llegar en masa a concebir un nuevo superior sistema de producción y un nuevo superior orden social: el comunismo. Este es el único sistema social que supera definitivamente al capitalismo. De hecho, nace de condiciones creadas por el capitalismo mismo, resuelve sus contradicciones, permite el desarrollo de las fuerzas productivas con la eliminación en ellas del carácter destructivo contra seres humanos y medio ambiente que en el capitalismo en decadencia se ha vuelto a ser dominante, preserva y desarrolla los avances que el capitalismo y la producción mercantil han llevado a la civilización humana. La clase obrera puede mejorar de manera constante y en una gran escala su condición en la sociedad sólo con la abolición del sistema de producción capitalista y, más generalmente, de la propiedad privada de los medios de producción, con el establecimiento de relaciones de producción plenamente correspondientes al carácter colectivo ya alcanzado por las fuerzas productivas, poniendo el fin a toda explotación del hombre por el hombre, a todas las divisiones de clases y a la conectada división social entre trabajo intelectual y trabajo manual, entre trabajo organizativo y trabajo ejecutivo, entre gerentes y dirigidos, entre hombres y mujeres, entre adultos y jóvenes, entre ciudad y campo, y entre sectores, regiones y países avanzados y sectores, regiones y países atrasados, creando sentimientos, concepciones, comportamientos e instituciones correspondientes a la nueva sociedad. En la sociedad moderna, la clase obrera, cuando lucha, sirve de catalizador de las luchas del resto de las masas populares y, si sigue una línea no corporativa, pero de lucha contra la burguesía, toma fácilmente la dirección de todas las masas populares.

 

1.2.7. La lucha de la clase obrera por su propia emancipación y la extinción de la división en clases


El nacimiento de las clases fue el resultado de un desarrollo espontáneo. Los hombres y las mujeres, a millones y en el curso de millares de años, lo hicieron sin darse cuenta y sin tener ninguna noción de lo que en realidad estaban creando, impulsados por las necesidades de su propia supervivencia. (12) Por el contrario, la desaparición de las clases sólo puede ser el resultado de la lucha consciente y organizada de la clase obrera, que conduce al establecimiento de su dominación política, el socialismo. Este es el paso necesario en el camino de formación de una sociedad sin clases y de la asociación consciente de todas y todos las trabajadoras y trabajadores: la sociedad comunista.

La burguesía, por sus propios intereses y con la intención de hacer algo completamente diferente, crea inevitablemente las condiciones objetivas favorables a la lucha para establecer el socialismo: un grado de concentración del capital (y por lo tanto también de las obreras y los obreros) y de proletarización de las trabajadoras y trabajadores, un gran desarrollo de la producción. Es la clase obrera que debe crear las condiciones subjetivas para el establecimiento del socialismo: un cierto grado de organización y un cierto nivel de conciencia de las masas del proletariado. El partido comunista es una de estas condiciones y también el principal promotor de su creación. Puede crear las condiciones subjetivas del socialismo sólo en conjunción con las condiciones objetivas. Pero una vez que la burguesía ha creado las condiciones objetivas, y ellas en los principales países de Europa occidental han existido desde la segunda mitad del siglo XIX, la creación de las condiciones subjetivas se convierte en el factor decisivo para el establecimiento del socialismo.

La contradicción fundamental de la sociedad burguesa crea condiciones favorables para la elevación de la conciencia de la clase obrera y para su organización. La substitución del comunismo al capitalismo es un evento inevitable, en el sentido preciso que el capitalismo, hasta que desaparecerá, empuja y fuerza a la clase obrera para que asuma su rol. Cada vez que la clase obrera fallará en su tarea histórica, el capitalismo creará las condiciones para que en el seno de la clase obrera y de la sociedad surgan nuevas legiones de comunistas, que llevarán a la clase obrera a luchar por el poder y por el comunismo. Esta es la razón por la cual la lucha por el comunismo sigue imparable: renace después de cada una de las derrotas que acompañan su desarrollo, como han acompañado y acompañan el desarrollo de cualquier gran hazaña de la humanidad.

Pero la conciencia y la organización de la clase obrera se forman en la medida necesaria al establecimiento del socialismo sólo gracias a la actividad de propaganda y organización llevada a cabo por el partido comunista y a la experiencia práctica de la lucha de clases en todos los campos liderada por el partido, de acuerdo con una línea y un método adecuados. El partido comunista es la organización de la más alta conciencia de la contradicción entre la clase obrera y la burguesía y de la contradicción entre las masas populares y la burguesía imperialista. El partido comunista aprovecha estas contradicciones para cumplir su misión.

La revolución proletaria es más difícil que cualquier revolución anterior en la historia humana. Eso no solamente porque no se trata de una clase privilegiada que suplanta a otra y luego se forma adentro de la vieja sociedad, aprovechando el monopolio del patrimonio económico, cultural y moral ya constituido por la vieja clase dominante, que se apropia de ello y, como portadora de una forma de explotación en algunos aspectos más ventajosos para la misma clase dominante, termina por absorber en parte la vieja clase dominante de varias maneras. Pero también porque el nuevo modo de producción no se forma de manera espontánea, sino que requiere una participación consciente y organizada de las masas de trabajadoras y trabajadores: éstas nunca han tenido a su disposición ni conciencia ni organización y la burguesía de mil maneras las excluyó y las excluye sistemáticamente de la adquisición de conciencia y capacidad de organización. Y, por fin, porque la burguesía opone y opondrá una resistencia más tenaz, más feroz, más inteligente y más avanzada que cualquier otra clase dominante que la ha precedido. De hecho, utiliza y utilizará en su defensa todos los logros científicos y culturales y movilizará en su apoyo a todos los vestigios reaccionarios de la historia humana, con tanta más agresividad, cuanto más sus miembros no podrán ser reciclados en masa en la nueva clase dominante. Ellos han visto y verán, en la realización del socialismo, el fin de su mundo, para ellos entonces el fin del mundo.

A la experiencia práctica de la clase obrera y otras clases de las masas populares, la burguesía imperialista opone su influencia ideológica. Con su propaganda, con muchas actividades de desinformación, desviación, evasión, confusión e intoxicación, la burguesía imperialista intenta manipular la conciencia de las clases oprimidas y evitar que su experiencia se traduzca en sentimientos, concepciones e instituciones que las guíen a la victoria en la lucha de clases. La manipulación de la opinión pública ha tomado, en la sociedad moderna, el lugar de la pátina de la “verdad revelada”, las “verdades eternas” y los prejuicios que una vez el clero y los nobles cargaron sobre la masa de la población. Ella hace uso de instrumentos y métodos imponentes y refinados; ha dado lugar a nuevos sectores de producción y nuevas áreas de investigación científica; emplea un gran número de trabajadoras y trabajadores. Sin embargo, ella está lejos de alcanzar la eficacia conservadora del oscurantismo clerical de los viejos tiempos. Es típico de los derrotistas y de los liquidadores del movimiento comunista exagerar la eficacia de las operaciones de manipulación de la conciencia llevadas a cabo por la burguesía. Sin embargo, esta aumenta sin cesar los enormes recursos ya dedicados a ese tipo de transacciones, precisamente a causa de su limitada y decreciente eficacia en el tratamiento de la situación. Por la misma razón, ella ha tratado y trata con todos los medios, a pesar de las muchas contradicciones, de llamar en vida y dar nueva fuerza a la Iglesia Católica y a otras iglesias, a fin que impongan otra vez la pátina de plomo de su “verdad revelada”: el Papa de Roma con su Vaticano y su Iglesia se ha convertido de nuevo en un centro mundial de las clases dominantes, aunque ellas sean ateas o, por lo menos, no cristianas católicas. Derrotistas y liquidadores se niegan a analizar de manera abierta y franca los límites del movimiento comunista, que, en última instancia, son el principal obstáculo para su éxito. Además, ellos huyen y desvian de los esfuerzos necesarios para hacer sí que el movimiento comunista sea capaz, basándose en factores y condiciones favorables para nosotros, a hacer frente a la burguesía, en la medida necesaria también en el ámbito de la formación de la conciencia de clase.

La primera oleada de la revolución proletaria elevó mucho el nivel de conciencia y el grado de organización de las masas, no sólo en los primeros países socialistas, (*) sino también en los países imperialistas y en los países oprimidos. La obra nefasta de los revisionistas modernos (*) y el colapso de la mayor parte de los primeros países socialistas han cancelado sólo en parte ese progreso. Además, por su naturaleza, la sociedad capitalista hace vivir a las masas una experiencia práctica de transformación continua; las involucra en las luchas abiertas entre miembros de la misma clase dominante; recurre a la represión en cualquier caso en que la manipulación de la conciencia no sea suficiente.

La sustitución del comunismo al capitalismo es una ley objetiva de la sociedad capitalista. (32) Esta ley fue descubierta por Marx y Engels en el estudio de la naturaleza del capitalismo. Esta sustitución no está dictada por las concepciones y sentimientos de los hombres: está dictada por las relaciones prácticas que viven. Estas dan lugar a concepciones y sentimientos necesarios para hacer la sustitución real. La clase obrera actúa esta ley, transforma la realidad en conformidad con esta ley con su partido comunista, sus organizaciones de masas, sus luchas, su dirección sobre el resto del proletariado y las masas populares. Sólo el partido comunista, sin embargo, es capaz de dar a la clase obrera una orientación revolucionaria y hacer que la revolución socialista se vuelva una hazaña posible. La experiencia práctica empuja a la clase obrera para asumir el rol de dirigente de todas las demás clases de las masas populares, en su lucha contra la burguesía imperialista. Pero la experiencia práctica se convierte en conciencia y en línea de acción sólo a través de pasajes que, por la condición social en la cual la burguesía la relega, la clase obrera no puede cumplir de manera espontánea y en masa. El partido comunista, que es el destacamento de vanguardia y organizado de la clase obrera, es la expresión, en el más alto nivel de conciencia y organización, del rol dirigente de la clase obrera y lleva el conjunto de la clase a jugar este papel frente al resto de las masas populares. Se basa, de una manera científica y organizada, en la experiencia práctica de la clase obrera y las otras clases de las masas populares, para desarrollar su conciencia y su organización, hasta que sean capaces de establecer el socialismo. Los economicistas (*) y los espontaneístas niegan o subestiman el rol del elemento consciente y organizado en el desarrollo del movimiento comunista, se basan unilateralmente en la espontaneidad en lugar de elaborar la experiencia de los movimientos espontáneos, es decir predican y práctican el espontaneísmo y dejan a la burguesía el monopolio en el campo ideológico.

El estudio de la experiencia práctica permite al partido comunista también entender el origen, el significado real y el rol de las concepciones, sentimientos, estados de ánimo y el comportamiento de la clase obrera y de las otras clases de las masas populares y desarrollar líneas y métodos para su transformación. Mientras que, en general, no tiene resultado ningúno el esfuerzo de explicar la realidad existente buscando su origen en las concepciones, en los sentimientos, las aspiraciones y la voluntad de los individuos, grupos y clases sociales. La primera e indispensable fuente de sensaciones, sentimientos e ideas, por la que los seres humanos representan a sí mismos su vida y con que se orientan en las luchas que ella conlleva, es la experiencia de la producción y la lucha entre las clases, es decir, experiencia práctica que cada miembro de la sociedad lleva a cabo. El partido comunista elabora la experiencia de la clase obrera que lucha contra la burguesía y forja la conciencia y organización revolucionaria de la clase obrera.

Con un trabajo sistemático y organizado, el partido comunista puede y debe convertir esta experiencia práctica en teoría revolucionaria y conducir, ya en la fase de acumulación de las fuerzas revolucionarias(*) una actividad sistemática de propaganda y orientación de la clase obrera y de otras clases de las masas populares hacia la lucha de clase, la guerra civil y el socialismo: desde arriba”, a través de sus organismos y sus herramientas y “desde abajo”, a través de las organizaciones de masas, de las obreras avanzadas y obreros avanzados, y elementos avanzados de las otras clases de las masas populares. Es tarea específica del partido también fortalecer espiritualmente a la clase obrera y las otras clases de las masas populares y prepararlas también espiritualmente para su tarea histórica: establecer el socialismo. Una vez dadas las condiciones objetivas del socialismo, que en Europa existen desde más de un siglo, para la victoria de la revolución socialista el factor decisivo son las condiciones subjetivas. Un partido, que no se dedica a crear en las masas del proletariado la organización y la conciencia necesarias, traiciona su misión. Si falta un partido capaz de hacer esto, buscar en otra parte las causas de la falta de un movimiento revolucionario o de su derrota significa ocultar el verdadero problema. Cada balance de la lucha de clases que prescinde del rol del partido comunista es balance equivocado, espontaneista, liquidador, derrotista. El partido comunista es el factor decisivo para la creación de las condiciones subjetivas necesarias para el establecimiento del socialismo y la victoria de la lucha para establecer el socialismo, y es también el factor más difícil de construir. La razón por la cual la clase obrera todavía no ha establecido el socialismo en un país imperialista es la dificultad particular que encuentra, justamente en los países imperialistas, para construir un partido comunista a la altura de su tarea y de su rol.


La victoria del revisionismo moderno (*) en el movimiento comunista en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la recuperación de la influencia ideológica de la burguesía y del clero en las masas populares, los grandes logros arrancados por las masas gracias a la primera oleada de la revolución proletaria y al final de la primera crisis general del capitalismo, (*) la eliminación de esos logros que está ocurriendo desde hace treinta años hasta hoy en el ámbito de la segunda crisis general del capitalismo, (*) el renacimiento del movimiento comunista son procesos materiales y espirituales que se condicionan y determinan entre ellos. El partido comunista debe entender siempre mejor la relación dialéctica entre estos procesos y derivar de la comprensión de la combinación de estos eventos su línea para la acumulación de las fuerzas revolucionarias en la fase actual de la defensiva estratégica. (*) El progreso de la segunda crisis general del capitalismo es la base material de la derrota del revisionismo moderno y de cada partido y corriente reformista: la burguesía no puede conceder nada a las masas populares a través de los reformistas, más bién se toma otra vez lo que ha tenido que conceder. A su vez, la clase obrera y otras clases de las masas populares ya no tienen motivos para estar satisfechas con los reformistas. Estos pierden credibilidad ante las masas populares y se vuelven inútiles para la burguesía. Es la hora de la movilización revolucionaria (*) y de la movilización reaccionaria. (*) Una nueva oleada de la revolución proletaria avanza en todo el mundo.

 

1.3. El imperialismo, última fase del capitalismo


1.3.1. Los orígenes del imperialismo

En la segunda mitad del siglo XIX, el desarrollo económico de las sociedades burguesas más avanzadas de Europa occidental y América del Norte llegó a un punto de inflexión.

1. La división de la sociedad en clases y su antagonismo habían dejado de ser la condición más favorable para el desarrollo de las fuerzas productivas y se habían convertido en un obstáculo para ello. No en el sentido que las fuerzas productivas no se desarrollaran más, sino en el sentido que se fueron desarrollando a un ritmo menor de aquello que las condiciones alcanzadas permitían: los derechos de propiedad, la exclusión sustancial de las masas de las actividades específicamente humanas, (*) su opresión, el compromiso de la burguesía con la nobleza y el clero, el secreto industrial, comercial y militar, las crisis económicas recurrentes y otros aspectos de la sociedad capitalista obstaculizaban su desarrollo.

2. La producción y reproducción de las condiciones materiales de existencia de la sociedad ya no dependían más principalmente de la lucha de los seres humanos con la naturaleza, sino de su orden social.

Entonces fueron adquiridas las condiciones objetivas para una organización social superior, el comunismo. Desde entonces, una vez adquiridas las condiciones objetivas que hacen posible y necesario el inicio de la transición al comunismo (es decir, el socialismo), el factor decisivo de la transición se convirtió en las condiciones subjetivas: un nivel de conciencia y un grado de organización de las grandes masas del proletariado que haría sí que la clase obrera fuese capaz de dirigir a las masas populares, para derrocar el poder de la clase dominante y comenzar la transición del capitalismo al comunismo. La economía podía desarrollarse aún sin traumas, sólo como un apéndice de la política.

Por otro lado, dada la naturaleza de la clase dominante, la política no era capaz de gobernar la economía. La superestructura de la sociedad ya se había convertido en el cuello de botella del desarrollo de la estructura. La humanidad podía seguir avanzando en el desarrollo de sus relaciones económicas sólo si se creaban las condiciones políticas para dirigirlo: la dictadura del proletariado. De hecho, las primeras medidas que toma en la economía el proletariado una vez que ha tomado el poder, consisten, por necesidad, sólo con la imposición que las fuerzas productivas existentes se utilicen para el bienestar de la humanidad de la manera más razonable que hasta el momento conocemos y que el trabajo se haga de la manera más digna que hoy en dia sea posible. (33)


Con la Revolución europea de 1848, en los principales países de Europa occidental la burguesía había tomado definitivamente el predominio en el campo político sobre las clases feudales. Hace tiempo la burguesía tenía el predominio en el campo económico y en gran medida también en las relaciones de la sociedad civil y en el ámbito cultural: con la revolución de 1848 también tomó el predominio en el campo político. Pero en la transformación de la realidad de acuerdo con su propia naturaleza, (34) la burguesía tenía que tener en cuenta y tenía en cuenta tanto la resistencia de las clases de la vieja sociedad, cuanto la lucha de la nueva clase que ella creaba (la clase obrera), como también la ayuda posible de la primeras en su lucha contra la segunda. La revolución burguesa no terminó luego con la eliminación completa de las viejas fuerzas feudales (los monarcas y sus cortes, la nobleza con sus órdenes, el clero con sus iglesias, el Papado con su Iglesia Católica Romana, la burocracia, el poder judicial y los oficiales de carrera, etc.) por parte de la burguesía revolucionaria. Terminó con un acuerdo de la burguesía con las viejas fuerzas feudales. La base del acuerdo consistía en la subyugación a la burguesía de las viejas fuerzas feudales. Pero estas se comprometían a cooperar con la burguesía contra el proletariado, el campesinado y la pequeña burguesía, a cambio de concesiones sustanciales. (35) La estructura monárquica-aristocrática-clerical-burocrática del viejo Estado seguió existiendo, incluso en los países (como Francia), donde se proclamó una república, que en realidad resultó ser una “monarquía sin rey”, mientras que a su vez las monarquías se convirtieron en monarquías constitucionales, donde la burguesía tuvo un rol dominante, similar al que tenía en las repúblicas. Esa estructura estatal vieja siguió gobernando y disponiendo de las fuerzas armadas (donde, sin embargo, a las órdenes de los oficiales de carrera de la nobleza y la alta burguesía ingresaba la trupa del servicio militar obligatorio universal), la policía y la administración pública. Pero ahora su trabajo tenía que cumplir con la constitución y con las leyes promulgadas por las asambleas representativas de la burguesía. Estaba limitada por el poder autónomo de las asambleas electivas y por el poder autónomo de la carrera judicial (separación de los poderes). La monarquía, la nobleza, el clero, los oficiales de las fuerzas armadas y los grandes funcionarios estatales conservaban un gran poder político, una gran influencia social y privilegios de todo tipo: la Cámara Alta (Senado) y la exclusiva (el monopolio) de varios cargos públicos, bienes, rentas, ingresos, pagos que el Estado hace a las personas que ocupan puestos más o menos honoríficos como reyes, príncipes, caballeros, prelados, etc., diezmos para el clero, exenciones fiscales, inmunidades o poderes especiales en el campo de la educación, de la asistencia y de la legislación. Pero esos viejos grupos sociales de diversas maneras se amalgamaban a la alta burguesía. Incluso el poder judicial era de mil maneras vinculado a ésta. Cualesquiera que fuesen las leyes electorales, los terratenientes y la alta burguesía, junto con una parte de la media burguesía y de los estratos más ricos de los intelectuales, de los profesionales y de los funcionarios públicos, disfrutaban de un peso electoral desproporcionado a su número, a través del voto censitario y de su influencia social sobre las masas populares. Todo esto, en detrimento de los derechos democrático-burgueses de la pequeña burguesía, de los campesinos, de los artesanos, de los proletarios, de otros trabajadores pobres y de las mujeres: igualdad del voto universal, directo y secreto, libertad de expresión, de conciencia, de prensa, de reunión, de asociación y de huelga, etc. La administración pública, la policía, los militares, el clero, la nobleza y la alta burguesía de muchas maneras limitaban los derechos democráticos de las masas populares, incluso si tenemos en cuenta los derechos democráticos limitados a lo que es compatible con el orden social capitalista.

En este contexto, Marx y Engels propusieron e hicieron valer en el movimiento comunista una orientación que se centra en los siguientes conceptos y líneas de acción:

1. Sólo la clase obrera es capaz de emanciparse a sí misma de la burguesía.

2. Con el fin de emanciparse a sí misma de la burguesía, la clase obrera debe emancipar a toda la humanidad de la sujeción a sus propias relaciones sociales (alienación), de cada forma de explotación y opresión de hombres sobre otros hombres, de la división de la sociedad en clases.

3. La clase obrera encuentra en masa el camino de su propia emancipación sólo a través de su experiencia directa y práctica de lucha de clases y de organización: no es suficiente la propaganda y la formación teórica.

4. Los comunistas se distinguen de la masa del proletariado, ya que tienen una mejor comprensión de las condiciones, de los resultados y de las formas de la lucha de la clase obrera y gracias a esta comprensión empujan constantemente hacia adelante la lucha de la clase obrera.

5. La lucha de la clase obrera incluye las luchas reivindicativas sindicales y políticas, la intervención como clase autónoma en la lucha política burguésa a la cabeza del resto de las masas populares, la formación de asociaciones obreras y populares autónomas de la burguesía en todos los campos de actividad, la lucha contra la represión. La participación directa masiva a la lucha en estos cuatro frentes es la principal escuela de comunismo (*) para la clase obrera.

6. El establecimiento del socialismo tendrá lugar a través del derrocamiento por la clase obrera del poder político existente y la creación de su propio poder, la dictadura del proletariado.

7. Durante la fase socialista, la clase obrera tendrá que conducirse a sí misma y las otras clases de las masas populares para transformar, sobre la base de la propiedad pública de las fuerzas productivas y la gestión planificada de la economía establecida por la revolución, el conjunto de las relaciones sociales y los sentimientos, las concepciones y los comportamientos relativos a aquellas relaciones sociales, para acabar con todas las formas de explotación y opresión, para acabar con la sujeción a sus propias relaciones sociales y hasta la extinción de la división de la sociedad en clases y el Estado.

En esta orientación estratégica, el salto cualitativo y decisivo, histórico, de ruptura con la sociedad existente, quedó indicado en el sexto punto. ¿Cómo habría la clase obrera establecido el socialismo?

Por algunas décadas (1850-1890) los comunistas, entre ellos Marx y Engels, pensaron que, pronto, en los países capitalistas más avanzados de Europa occidental y América del Norte, la clase obrera tomaría el poder en un levantamiento popular (de trabajadores, artesanos, agricultores, otros trabajadores pobres, intelectuales revolucionarios, etc.) contra la alta burguesía y los restos de las antiguas clases reaccionarias aliadas con ella, establecería el socialismo y, a través de un periodo más o menos largo de guerras civiles e internacionales, habría realizado la transición del capitalismo al comunismo.

Sobre este punto, la realidad falló en contra de los comunistas y, en este punto, el movimiento comunista ha encontrado y sigue encontrando las mayores dificultades para trazar una línea adecuada a los problemas que tiene que enfrentar. En ninguno de esos países la clase obrera ha logrado, hasta el momento, establecer el socialismo. (36) Esta es la principal limitación por la cual, hasta ahora, el movimiento comunista ha pasado. Este límite ha afectado y tiene un impacto negativo en todo el movimiento comunista mundial. El Maoísmo, tercera y superior etapa del pensamiento comunista, basado en la evaluación de la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria, ofrece la respuesta a este problema con la estrategia de la guerra popular revolucionaria prolongada (o de larga duración). (*)


El curso de los acontecimientos confirmó las leyes propias del capitalismo, que Marx había descubierto y descrito. (37) Sin embargo, el curso ha mostrado:

1. que el sometimiento de toda la sociedad a los capitalistas (la subsunción (*) real de la sociedad en el capitalismo) y el establecimiento del modo de producción capitalista en el resto del mundo se llevaba a cabo, en parte, en formas distintas a las que Marx había predicho. Esas excluían una polarización completa de la sociedad en un puñado de capitalistas por un lado (supresión de las otras clases privilegiadas, centralización y concentración del capital) y una masa de proletarios del otro (la proletarización de la población), a pesar de ser la polarización una tendencia real;

2. que la creación de las “condiciones subjetivas del socialismoera un proceso que tenía que ser realizado dentro de la sociedad dirigida por la burguesía, que a su vez lo impedía con todas sus fuerzas, en cualquier forma o por cualquier medio: esto requiere una actividad del partido comunista de tipo más alto de aquella que Marx y Engels habían pensado.

Así, con la obra de Marx y Engels, los comunistas aún no habían llegado a un entendimiento de las condiciones, de los resultados y de las formas de la lucha de clase suficiente como para conducir a la clase obrera a establecer el socialismo. En consecuencia, la masa del proletariado no alcanzó un nivel de organización y conciencia suficiente para que la clase obrera tomara la dirección del resto de las masas populares y las guiara a abolir el poder de la burguesía y de las otras clases explotadoras, aplastar su resistencia, establecer el propio poder y comenzar la transición del capitalismo al comunismo. Contrariamente a las predicciones que Marx y Engels hacían a mediados del siglo XIX, la clase obrera no logró, por tanto, establecer el socialismo en ninguno de los primeros países capitalistas.


La burguesía había creado y continuamente incrementaba las condiciones objetivas del socialismo. La revolución socialista se había convertido en una tarea y en una necesidad práctica inmediata. Las condiciones subjetivas se habían convertido en el factor decisivo. Dado el hecho que en los primeros países capitalistas, estas condiciones no fueron creadas en la medida suficiente para el establecimiento del socialismo, en vez de pasar directamente al socialismo, los primeros países capitalistas entraron en una fase nueva e inesperada: la fase imperialista del capitalismo en la que nos encontramos hoy.

En el frente económico, las principales características del imperialismo consistieron en la prevalencia del monopolio sobre la libre competencia, en la prevalencia del capital financiero, resultante de la fusión del capital industrial con el capital monetario, sobre el capital empleado directamente en la producción de mercancías, en la prevalencia de la exportación de capitales con respecto a la exportación de mercancías, en la división completa del mundo en los países imperialistas y países oprimidos por las potencias imperialistas, la división del mundo entre los monopolios capitalistas.

Política y culturalmente, la burguesía perdió de manera paulatina su rol progresista. Cada vez más tuvo el carácter de una clase reaccionaria y opresiva. Continuó incrementando las condiciones objetivas del socialismo, pero este avance objetivo de la humanidad hacia el comunismo, realizado bajo la dirección de la burguesía, se hizo tanto más angustioso y destructivo de hombres y mujeres, cosas, medio ambiente y civilización cuanto más atrasado es el establecimiento del socialismo. (38)

El permanecer de la dominación de la burguesía en los países donde el capitalismo estaba más desarrollado, significaba que iba a cambiar la calidad del contexto internacional en el cual se colocaba la revolución socialista con respecto a eso en que Marx y Engels habían llevado a cabo sus actividades y a partir del cual habían dibujado la línea que enseñaron al movimiento comunista. No la revolución socialista, sino la revolución proletaria, combinación de revoluciones de nueva democracia y de revoluciones socialistas, pondría fin al modo de producción capitalista. (39) El imperialismo sería la fase de la putrefacción del capitalismo, de la contrarrevolución preventiva y la revolución proletaria. La situación económica, política y cultural de cada país asumió características inesperadas. Todo el mundo ya estaba preso en una sola red de relaciones económicas, políticas y culturales. Desde entonces, las condiciones de la revolución socialista en cada país ya no pudieron ser evaluadas sin tener en cuenta la situación internacional. El marxismo-leninismo reemplazó al marxismo como concepción del mundo del partido comunista y su método de procesamiento y conocimiento. (40)

El mundo había entrado en la fase imperialista del capitalismo, la fase de la decadencia del capitalismo y la revolución proletaria, en la que aún nos encontramos hoy. Tres grandes contradicciones dominaban ahora la historia de la humanidad: la contradicción entre la burguesía y la clase obrera, la contradicción entre los grupos y Estados imperialistas por un lado y por el otro las masas populares de los países oprimidos, la contradicción de los grupos y los Estados imperialistas entre ellos. La transición del capitalismo al comunismo no sería ni rápida ni fácil, a pesar que se había convertido para la humanidad en el único camino posible para el progreso. Mientras que no se hubiese logrado, la humanidad habría experimentado “los dolores del parto”. Ningún político realista podía ignorar más esto. Los acontecimientos ocurridos desde entonces lo han confirmado.


1.3.2. ¿Cómo se había llegado a ese punto de inflexión? Como se manifestaba?


Una serie cíclica de crisis económicas, que culminaron en los años 1815, 1825, 1836, 1847, 1857, 1867, después la Gran Depresión (1873-1895), habían impulsado la burguesía europea y americana a poner en marcha una serie de medidas para contrarrestar la tasa decreciente de ganancia. (41) En particular, ella había desarrollado las fuerzas productivas en gran escala, había dado una estructura monopólica a la producción capitalista y había extendido el radio de sus inversiones financieras y productiva en todos los continentes. En consecuencia, había aumentado fuertemente el carácter colectivo de la actividad económica, especialmente en los países capitalistas de Europa Occidental y América del Norte, y, por primera vez en la historia humana, había creado un sistema unitario de producción y consumo que incluya toda la población mundial.

En los países capitalistas la competencia entre muchos pequeños capitalistas había pasado poco a poco en segundo plano y los monopolios de un puñado de grandes grupos capitalistas se había convertido en la fuerza dirigente del proceso económico. Los pequeños capitalistas no habían desaparecido como grupo social, pero se habían convertido en dependientes 1. de los monopolios, sus únicos proveedores de bienes, sus únicos clientes o sus proveedores de tecnología, 2. del capital financiero a través de préstamos, hipotecas y seguros, 3. del Estado a través de reglamentos. Lo mismo había ocurrido con gran parte de la pequeña burguesía constituida por los trabajadores autónomos, los profesionales e intelectuales. El capital bancario y el capital productivo se habían fusionado en capital financiero. Esto en varias formas (depósitos, seguros, préstamos, hipotecas, mercado de títulos financieros, acciones, bonos, etc.) también había tomado el control de los ahorros y propiedades de las otras clases. (42)

Ante las dificultades que encontraba en la valorización del capital en sus países de origen, en la segunda mitad del siglo XIX, la burguesía europea y estadounidense había buscado espacios para las inversiones financieras y productivas y fuentes de ingresos en todos los rincones del mundo. Desde hace tiempo había ampliado hacia todo el mundo su red comercial y con esta había socavado las antiguas formas de producción que allí existían. No sólo esta red se hizo siempre más densa, sino que la exportación de mercancías pasó a un segundo plano, y la exportación de capital asumió el papel principal en las relaciones económicas internacionales. La burguesía unificó entonces el mundo de manera como lo podía hacer una clase de explotadores en competencia entre ellos. Así que en todas partes se despertó una resistencia feroz. Pero, a excepción de Japón, (43) la ahogó sin piedad y con éxito. De hecho, la resistencia estaba dirigida por las viejas clases dominantes y trataba de preservar o restaurar el viejo orden social del cual la invasión comercial burguesa hacía imposible la supervivencia. Demoliendo la resistencia de las viejas autoridades y aprovechando de sus debilidades y divisiones, la burguesía europea y americana colonizó y sometió a una explotación despiadada los pueblos de los países que aún no eran capitalistas. Y exportó por todo el mundo la explotación capitalista del trabajo asalariado. Pero en sus países de origen ya estaba luchando con la clase obrera y estaba aliada con lo que quedaba de las antiguas clases reaccionarias para mantener su orden social. Esto le hacía imposible llevar a cabo en profundidad la subversión de los viejos modos de producción que había encontrado en los países invadidos. Por lo tanto, se combina con las viejas clases dominantes y se apropia, a través de un sistema de interés, rentas, usura, patentes, concesiones, precios de monopolio a la compra y la venta, impuestos, malversaciones, robos, engaños y atracos, de una parte de la riqueza que continuaban produciéndose en los viejos sistemas de explotación. A estos, sin embargo, quitó los límites de costumbre, los empujó a su extremo. Con esto hizo imposible su perpetuación y aceleró en todas partes la revolución democrático-burguesa, que, pero, ella misma reprimía.


A finales del siglo XIX, el mundo está dividido en dos partes: un pequeño número de países imperialistas se había repartido y dominaban todo el resto del planeta formado por colonias y semicolonias donde vivía la mayor parte de la población mundial. El desarrollo desigual de los países se convirtió en una ley de este mundo unificado por la burguesía. El sistema colonial se convirtió en uno de sus pilares.

Los grandes monopolios de los países imperialistas comenzaron ya entonces a ramificarse en todos los países, a considerar el mundo entero como una sola área disponible para la valorización de su capital y a repartirse entre ellos la entera actividad económica mundial (internacionalización de la producción, la globalización, las multinacionales etc.): una tendencia que habría tomado un papel de liderazgo en la economía mundial después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los grupos imperialistas estadounidenses impusieron su ley en todo el mundo no incluido en el campo socialista.

Mientras que la burguesía creaba las condiciones objetivas del socialismo, estas y el trabajo de los comunistas también habían hecho nacer en masa en la clase obrera de los países capitalistas, en contraste con la ideología y las costumbres propias de la condición servicial a la que todos los obreros estaban sometidos, los sentimientos, las conductas, la conciencia, las actitudes y las habilidades organizativas necesarias para la nueva sociedad.

La Liga de los Comunistas (1847-1852) había creado las condiciones por el nacimiento del marxismo.

La Primera Internacional, la Asociación Internacional de los Trabajadores (1864-1876), desarrolló y comprobó en la práctica en los países más avanzados la línea marxista por la acumulación de las fuerzas revolucionarias y al hacerlo dirigió con éxito la lucha del marxismo contra las concepciones anarquistas y pequeño-burguesas del socialismo. Éstas rechazaban esta o aquella de las luchas necesarias para crear las condiciones subjetivas del socialismo y la lucha para establecer un nuevo estado, el estado de la dictadura del proletariado. La Primera Internacional difundió el marxismo entre los obreros avanzados y comunistas de todo el mundo. La burguesía reprimió salvajemente en la sangre la primera revolución proletaria, la Comuna de París (1871). Pero esta mostró por primera vez la clase obrera al poder, dio grandes enseñanzas (la necesidad del partido comunista de la clase obrera, la preparación de las fuerzas revolucionarias y la dictadura del proletariado) además hizo conocer el socialismo a los oprimidos de todo el mundo. (44)

En los partidos socialistas y socialdemócratas de la Segunda Internacional (1889-1914), el proletariado de la mayoría de los países capitalistas, en particular los europeos, comprendió en masa que las conquistas de sus propias luchas reivindicativas (económicas y políticas) podrían conservarse y desarrollarse sólo con la transformación socialista de la sociedad y estableció una amplia hegemonía sobre las clases populares. Se convirtió en la clase que encarnaba y personificaba la exigencia objetiva de la transición al comunismo y creó instituciones aptas para formar y expresar la voluntad de la nueva clase: su partido político, los sindicatos, varias otras organizaciones de masas. (45)

Desde entonces, desde el final del siglo XIX, la lucha contra el avance del comunismo para la conservación del orden social existente se convirtió en el principal aspecto de la actividad política y cultural de la burguesía. La burguesía se convirtió en conservadora y reaccionaria. Se había definitivamente acabado la era de la democracia burguesa y el papel progresista de la burguesía. La contrarrevolución preventiva, la cooptación de las fuerzas feudales restantes y las Formas Antitéticas de la Unidad Social (*) se convirtieron en herramientas indispensables de la dirección de la burguesía. (46)

 

1.3.3. La contrarrevolución preventiva


La contrarrevolución preventiva (*) se convirtió en el nuevo régimen político de los países burgueses más avanzados, de los países imperialistas. Históricamente (es decir, desde el punto de vista del desarrollo histórico, del progreso de la humanidad hacia el comunismo) es un gran paso adelante en comparación con los regímenes que la burguesía había establecido en Europa Occidental después de la revolución europea de 1848. El régimen de contrarrevolución preventiva tiene plenamente en cuenta el nuevo papel que las masas tienen en la vida social con respecto a lo que tenían en las sociedades que precedieron a la sociedad burguesa. Ahora no sólo la clase dominante organiza directamente el proceso productivo de la sociedad, sino el mecanismo de producción es hoy en día directamente social y todas las relaciones sociales están estrechamente ligadas con las relaciones de producción. La burguesía necesita de la cooperación de las masas populares y su Estado es responsable por el bienestar de las masas populares. En efecto, el bienestar de las masas populares depende ahora más de cómo está ordenada la sociedad que de la lucha contra la naturaleza. Con el régimen de contrarrevolución preventiva, sin embargo, la burguesía ha construido una barrera para el establecimiento del socialismo que el movimiento comunista no ha todavía logrado cruzar en ninguno de los países imperialistas.

Los EE.UU. eran el país en donde el modo de producción capitalista se había desarrollado con más libertad, menos obstaculizado por la herencia feudal. Fue allí que en contra del floreciente movimiento comunista americano la burguesía de finales del siglo XIX y principios del siglo XX desarrolló y probó la contrarrevolución preventiva.

¿En qué consiste la contrarrevolución preventiva?

Las relaciones sociales capitalistas son tales que la burguesía necesita un cierto grado de colaboración de los obreros, el proletariado y el resto de las masas populares. No logra explotar una masa hostil, basándose a lo largo principalmente en la fuerza y el terror. Este es uno de sus “talones de Aquiles”, que nosotros los comunistas podemos y debemos aprovechar. La burguesía necesita de los obreros para aumentar su capital. Incluso nosotros los comunistas necesitamos de los obreros: el mundo actual sólo lo pueden cambiar las masas populares dirigidas por los obreros. Desde el Manifiesto de 1848 nosotros los comunistas somos conscientes que “hacemos la historia”, sólo porque somos su vanguardia: el partido comunista no es otra cosa que el Estado Mayor de la clase obrera que lucha contra la burguesía. Nosotros los comunistas movilizamos y organizamos a los obreros para que tomen el poder, porque sin ellos somos impotentes. Las mejores teorías, los propósitos más generosos, el activismo más heroico no cambian la sociedad, si no son hechos propios por la masa de los obreros, si no se convierten en guía de la actividad de la masa de los obreros. La voluntad y los esfuerzos individuales para crear un nuevo mundo son eficaces si contribuyen a movilizar y organizar a los obreros. Los comunistas luego trabajan para aumentar la conciencia y la organización de los obreros y las masas populares. Por esta razón, a diferencia de los colistas, nosotros no vamos a hablar con los obreros de lo a que ya están interesados: vamos a hablar de lo a que deben interesarse para avanzar (movilizarse y movilizar, organizarse y organizar), luchar y ganar - y le toca a nosotros encontrar la manera de inducir a los obreros avanzados a escucharnos. A su vez, la burguesía para inducir a los obreros y las masas populares a colaborar con ella, para mantener o restablecer su colaboración, para prolongar su dominio debe evitar que nuestro trabajo sea exitoso.

En las primeras décadas del movimiento comunista, la burguesía había luchado contra el movimiento comunista consciente y organizado (*) a la manera antigua, más o menos como el viejo régimen de las monarquías absolutas, de la nobleza y del clero había luchado contra la burguesía para impedirle que tomara el poder político. Pero bien pronto el movimiento comunista hizo ineficaz o por lo menos insuficiente esos métodos. Esto fue muy evidente en Alemania en el período en que estaban en vigor la ley anti-socialista (1878-1891). Fue aún más evidente en los EE.UU., un país donde la herencia feudal eran más débiles. El movimiento comunista aprovechaba para la emancipación de los obreros y, a su paso, del resto de las masas populares de la burguesía, las nuevas condiciones sociales y políticas que la misma burguesía había creado y de las cuales no podía prescindir: las libertades individuales, la cultura y la educación, la libertad de asociación, la participación popular en la vida política, el reconocido y proclamado derecho universal a una vida digna y feliz. En resumen, todo lo que en la lucha contra el antiguo régimen la burguesía había proclamado derecho universal, el movimiento comunista gracias al diseño y la línea trazada por Marx y Engels lo traducía en herramientas concretas para la emancipación de los obreros de la burguesía: las ideas asimiladas por las masas se convirtieron en una fuerza material. La conciencia y la organización hacía de los obreros la fuerza dirigente de la sociedad.


Hasta cuando el proletariado había sido débil, la burguesía había sido revolucionaria. Había luchado por la democracia contra las relaciones de dependencia personal (patriarcales, esclavistas, feudales, religiosas, etc.) sobre las que se basaban las viejas sociedades; por la libertad, por la soberanía de los pueblos contra el feudalismo, el absolutismo monárquico y el oscurantismo clerical. Pero Bismarck la había oportunamente advertida: “La burguesía ha firmado un cheque en blanco. Antes o después el proletariado pedirá el pago”. El Papa de Roma no se quedó atrás.

De hecho, la extensión al proletariado, a las masas populares de los países imperialistas y a los pueblos de las colonias de los derechos de la democracia burguesa, del reconocimiento formal de la igualdad, en particular de la igualdad de derecho a competir para determinar la dirección del Estado y a gobernar, una vez que el movimiento comunista hizo valer todo esto en la práctica, entró en contraste antagonista con la necesidad de mantener la dictadura de la burguesía sobre las clases explotadas y sobre los pueblos oprimidos, necesidad que es inscrita en las relaciones económicas del país. En un país cuyos habitantes tienen entre ellos un sistema de relaciones económicas que es burgués (es decir, se basa en las relaciones mercantiles, la iniciativa económica y la propiedad de los capitalistas), el Estado debe primero defender y promover los intereses de la burguesía. En cualquier sociedad capitalista, la dictadura política de la burguesía es económicamente necesaria, a pesar del hecho que las formas que asume cambian de acuerdo a las circunstancias reales. Hasta que su orden social siga siendo burgués y por lo tanto la iniciativa económica sigue siendo dominio de los capitalistas, si los capitalistas no logran buenas ganancias toda la actividad económica del país se arruinará, y con ella se pone patas arriba la vida de todas las clases. La burguesía podría apalancar para movilizar la clase obrera y las otras clases de las masas populares a su servicio también en el campo político.

Desde cuando el proletariado fue capaz de crear partidos que participan de manera efectiva en la lucha política burguesa, de construir fuertes organizaciones sindicales, de crear una red de diversas organizaciones de masas y por lo tanto fue capaz de lograr, con eficacia, que también para la masa de la población valieran los derechos de la democracia burguesa que la burguesía se limitaba a proclamar, la burguesía ya no podía tolerar la democracia. Se convirtió inevitablemente en el centro de recogida de todas las fuerzas reaccionarias. En la actividad de sus autoridades y de su estado, la seguridad de su orden social (rebautizada “seguridad nacional”) ganó y tenía que ganar la delantera sobre el respeto de los derechos democráticos de las personas y de las asociaciones, sobre las leyes y sobre las constituciones. El contraste entre la esclavitud económica y social de la masa de la población y la democracia burguesa se convirtió antagónica. La legalidad burguesa sofocaba la burguesía.

Por otro lado, la burguesía no podía más excluir las masas populares de la actividad política corriente, si no estableciendo un régimen terrorista, con el riesgo de desencadenar una guerra civil. “El Estado soy yo”, proclamó Louis XIV (1638-1715) contra la burguesía que avanzaba pretensiones a la dirección política del país. Antes de la época burguesa, en el ámbito de las viejas relaciones de producción, el Estado era la promulgación del monarca y éste se mantenía en el poder por la voluntad de Dios. Mientras que la burguesía democrática había afirmado que el poder pertenece al pueblo, que el Estado es emanación, expresión y representante del pueblo, que el Estado tiene el deber de asegurar el bienestar de la gente: esto es lo que lo legítima a comandar. Claro que eran sólo palabras, ideas. Pero, cuando son asimiladas por las masas, las ideas se convierten en una fuerza material. Más el modo de producción capitalista se había establecido libremente sobre los viejos modos de producción, más las masas habían asimilado estas ideas. Esto había sido un punto de fuerza para la burguesía en su lucha contra el antiguo régimen, pero con el desarrollo del movimiento comunista se había convertido en un punto de debilidad. ¿Logra, de hecho, la burguesía gestionar su Estado a pesar de la participación de las masas populares? Depende de cómo participan las masas populares. ¿Logra la burguesía asegurar el bienestar a la gente, aunque sea entendido en el sentido estrecho en el que lo entiende la cultura burguesa?

Eso depende de varios factores y la burguesía imperialista no siempre los controla todos en todos los países. Todos estos problemas se planteaban en los EE.UU. con más intensidad que en cualquier otro país.

Dada la propiedad capitalista de las fuerzas productivas, la cooperación de la masa de los proletarios, aún hecha necesaria por el carácter colectivo asumido por las fuerzas productivas y por la importancia que la vida social había tomado, no podía realizarse en la forma de la participación universal consciente en la gestión de los negocios sociales. (2) Se requería entonces un vasto y complejo sistema de manipulación, corrupción y represión.

Esto es fácil de entender si consideramos el orden social capitalista en su forma pura, que el marxismo ha puesto en evidencia. En el capitalismo el proletario está legalmente libre, no está ligado ni a la tierra ni a ningún dueño. Él puede ir a pedir trabajo en la empresa de uno o del otro capitalista. Sin embargo, no puede ser libre con respecto a la burguesía como un todo. Desprovisto de los medios de producción, se ve obligado a tratar de vender su fuerza de trabajo y por lo tanto sufrir el yugo de la explotación. La burguesía necesita la libertad del vendedor y del comprador de las mercancías, pero por otra parte debe impedir que los proletarios se unan y reduzcan su explotación. Es decir, debe prevenir sea que suban sus salarios por encima del valor de su fuerza-trabajo sea que reduzcan el plus-trabajo: la diferencia entre el tiempo de trabajo efectivo y el tiempo de trabajo requerido para producir un valor igual al de la fuerza de trabajo. Así debe obstaculizar el crecimiento de la conciencia y la organización de las masas proletarias. Si le resulta imposible impedirla en absoluto, debe desviar y periódicamente demoler y hacer retroceder a las organizaciones y la conciencia de los proletarios. Debe romper periódicamente su legalidad democrática. Pero esto la contrapone violentamente a las masas populares. Crea una situación de guerra civil. Si no es suficiente con amenazar la guerra civil, hay que hacerla. Esto, además de ser malo para los negocios, para la burguesía es muy peligroso. Cuando la burguesía se opone con las armas a los obreros, tarde o temprano, los obreros también se arman.

Con la contrarrevolución preventiva, la burguesía intenta evitar de llegar a ese punto. Un eficaz régimen de contrarrevolución preventiva impide que la opresión de la burguesía sobre el proletariado y sobre el resto de las masas populares y su oposición terminen en una guerra civil. En la contrarrevolución preventiva la burguesía combina cinco líneas de intervención (cinco pilares que juntos mantienen cada régimen de contrarrevolución preventiva).

1. Mantener el atraso político y, más en general, cultural de las masas populares. Para ese fin, difundir activamente entre las masas una cultura de evasión de la realidad; promover teorías, movimientos y ocupaciones que mueven la atención, el interés y la actividad de las masas populares de los antagonismos de clases y la concentran sobre futilidades (diversión); hacer confusión e intoxicación con teorías reaccionarias y noticias falsas. En fin, impedir el crecimiento de la consciencia política con un adecuado articulado sistema de operaciones culturales. En ese campo, la burguesía revaluó e recuperó el rol de las religiones y de las iglesias, en primer lugar él de la Iglesia Católica, pero no podía limitarse a ellas, porqué una parte de las masas inevitablemente se salvaba de su presa.

2. Satisfacer los pedidos de mejoramientos que las masas populares avanzan con más fuerza; dar a cada uno la esperanza de poder vivir una vida digna y alimentar esa esperanza con algún resultado práctico; poner cada trabajador en una red de vínculos financieros (mutuos, cuotas, hipotecas, recibos, impuestos, alquileres, etc.) que lo ponen en cada momento a riesgo de perder individualmente todo o por lo menos mucho de su estatus social si no logra respectar todos esos vencimientos. Si en las luchas reivindicativas contra la burguesía las masas populares conquistaban tiempo y dinero, la burguesía tenía que dirigirlas a usarlos para la satisfacción de sus “necesidades animales”: tenía por lo tanto que multiplicar, y de hecho ha multiplicado, los medios y las formas de satisfacción de ellos de manera tal que agoten el tiempo y el dinero al alcanze de las masas populares. (2)

3. Desarrollar canales de participación de las masas populares en la lucha política de la burguesía en posición subordinada, siguiendo sus partidos y sus exponentes. La participación de las masas populares a la lucha política de la burguesía es un ingrediente indispensable de la contrarrevolución preventiva. La división de los poderes, las asambleas representativas, las elecciones políticas, y las luchas entre varios partidos (el pluripartidismo) son aspectos esenciales de los regímenes de contrarrevolución preventiva. La burguesía tiene que lograr que las masas perciban el Estado como si fuera de ellas, mientras que en realidad es de la burguesía imperialista. Los que quieren participar en la vida política, deben poder participar. La burguesía, pero, pone, y debe poner, la tácita condición que respeten el juego y las reglas de la clase dominante: no vayan mas allá de su orden social. A pesar de esa tacita condición, la burguesía, en todos casos, está desde ya obligada a dividir más netamente su actividad política en dos campos. Uno público, en el cual las masas populares son admitidas (el “teatro de títeres de la política burgués”). Otro, secreto, reservado al “personal de trabajo”. Respectar tácitamente esa división y adecuarse a ella se convierte en un requisito indispensable de cada hombre “responsable”. Pero, cada tacita regla es, obviamente, un punto débil del nuevo mecanismo de poder.

4. Mantener las masas populares y en particular los obreros en un estado de impotencia, evitar que se organicen (sin organización, un proletario está desprovisto de cualquier fuerza social, no tiene capacidad de influir en la dirección y en el desarrollo de la vida social); proporcionar a las masas organizaciones dirigidas por hombres de confianza de la burguesía (organizaciones que la burguesía hace construir para desviar a las masas de las organizaciones de clase, movilizando y sosteniendo sacerdotes, policías, y similares: las organizaciones “amarillas”, como la CISL, ACLI, la UIL, etc.), por hombres venales, individualistas, ambiciosos, corruptibles; evitar que los obreros formen organizaciones autónomas de la burguesía en su estructura y en su orientación.

5. Reprimir lo más selectivamente posible a los comunistas. Evitar a toda costa que los comunistas tengan éxito: o sea, que multipliquen su fuerza organizándose en partido; que desarrollen y asimilen una visión del mundo, un método de conocimiento y trabajo y una estrategia justos, que realicen una actividad eficaz; que recluten, que afirmen su hegemonía en la clase obrera. Corromper y cooptar a los comunistas, romper y eliminar los que no se dejan corromper y cooptar.

Con la contrarrevolución preventiva la burguesía intenta evitar que se creen las condiciones subjetivas de la revolución socialista: un cierto nivel de conciencia y un cierto grado de organización de la clase obrera y de las masas populares, autónomas de la burguesía. O, al menos, evitar que la conciencia y la organización de la clase obrera, del proletariado y de las masas populares crezcan más allá de cierto nivel. Por lo tanto, con la contrarrevolución preventiva la burguesía entra en competición con los comunistas, le contiende el ámbito de la conciencia y la organización de las masas y usa para este fin todo el poder de la sociedad que ella dirige. Hasta que la burguesía supere a los comunistas, su dominio se mantiene y su sistema político está salvaguardado.

¿Cuál de los dos contendientes ganará? Le corresponde a los comunistas aprovechar la superioridad de su visión del mundo y de su forma de trabajar, su identificación con los intereses estratégicos y generales de las masas, los puntos débiles de la contrarrevolución preventiva y de la burguesía en general. Así que desde este lado, el éxito de la contrarrevolución preventiva no está a priori del todo garantizado. Todas las políticas y las medidas que implementa la burguesía, son armas de doble filo. Su política cultural fraudulenta quita toda autoridad y credibilidad a cada “verdad eterna” y produce simultáneamente herramientas de comunicación y agregación. Sus organizaciones “amarillas” pueden ser revueltas en contra de ella, sobre todo cuando sus resultados no corresponden a las promesas. La represión y la lucha contra la represión despiertan la solidaridad e introducen a la lucha política. La participación de las masas en la lucha política, cuanto más se pone autónoma, tanto más obliga a la burguesía a crear escenificaciones políticas, a ocultar la verdadera política: en definitiva, hace que sea más difícil para la burguesía gestionar su Estado. El bienestar que la burguesía puede conceder a las masas depende del proceder general de su negocio y de la resignación de los pueblos oprimidos a la explotación. En última instancia, nos corresponde a nosotros, los comunistas, aprender a utilizar las políticas y medidas de la contrarrevolución preventiva en beneficio de la causa de la emancipación de los obreros y las masas populares de la burguesía.

La contrarrevolución preventiva requiere que los comunistas le hagan frente con principios, métodos e iniciativas adecuadas, distintos de los adecuados a una situación en la cual el Estado, además de serlo, también aparece como un cuerpo extraño, hostil y contrapuesto a las masas populares. Con la contrarrevolución preventiva la burguesía ha logrado hasta ahora evitar la victoria del movimiento comunista en los países imperialistas, principalmente debido a que el movimiento comunista no era ideológicamente avanzado en la medida suficiente para enfrentarla. En particular, lo ha logrado en los EE.UU., debido a que el movimiento comunista estadounidense aún no ha logrado desarrollar una concepción del mundo, un método de trabajo y una estrategia adecuados para superar aquel régimen y porque el imperialismo estadounidense por un largo período ha arrebatado recursos de todo tipo desde el resto del mundo. La contrarrevolución preventiva sin embargo está lejos de garantizar a la burguesía la derrota del movimiento comunista y la integración de las masas en su régimen, como varias corrientes derrotistas o militaristas (*) han sostenido y sostienen. Simplemente ha marcado una nueva forma y una nueva fase, más avanzadas y decididas, de la lucha entre el proletariado y la burguesía.

Cuándo y dónde la contrarrevolución preventiva falla o no es suficiente, la burguesía imperialista dispone del recurso de la movilización reaccionaria (*) de las masas populares. Ya ella transforma normalmente cada contradicción entre ella y las masas en contradicciones entre las masas: si cierra una empresa, pone a los trabajadores de una zona contra los de otra, cada grupo en defensa de su empresa; hace de manera similar cuando los despide, cuando produce marginados, cuando produce delincuentes; etc. Cuando su Estado no es capaz de asegurar el bienestar de las masas populares, la burguesía debe movilizar a las masas para hacerlo o en detrimento de otra parte de las masas o atacando, oprimiendo, robando y saqueando otros países, pueblos y naciones: la movilización reaccionaria de las masas populares. Pero incluso la movilización reaccionaria de las masas populares es un arma de doble filo. Si no alcanza su objetivo, si los países, los pueblos y las naciones agredidas resisten con eficacia, la movilización reaccionaria puede convertirse en movilización revolucionaria. (*) Por último, en todos los países la burguesía prepara medios, instrumentos y estructuras en vista de la guerra civil, prepara la guerra civil. Porqué recurrirá a ella si fallarán los otros sistemas usados para impedir la conquista del poder por parte de la clase obrera y las masas populares.

Estas son las condiciones políticas que cada partido comunista de los países imperialistas debe comprender en las líneas generales y en los rasgos específicos del país, dar a conocer y denunciar públicamente. Un partido que descuida estos aspectos o que no promueve su conocimiento por parte de las masas populares, no es un partido comunista. Pero aún más importante es que el partido comunista guíe la construcción organizativa y la actividad del movimiento comunista consciente y organizado, (*) y, en primero lugar, de sí mismo, de manera tal que sea capaz de enfrentarse con éxito a estas condiciones.

En la sociedad burguesa, menos que en las sociedades que la precedieron, no existen murallas chinas que separan a una clase de otra. Para crear un régimen de contrarrevolución preventiva la burguesía tuvo que cambiar también las relaciones entre los miembros y los grupos de la clase dominante. Las relaciones democráticas que se rigen por leyes y normas aceptados públicamente fueron reemplazadas gradualmente por el dominio de un puñado de miembros del capital financiero sobre la mayor parte de la burguesía y por relaciones antagónicas entre los representantes de las fracciones en las que el capital total de la sociedad está dividido. En cada país la burguesía imperialista convirtió en prácticas corrientes la militarización de la actividad estadal y de la sociedad entera, la manipulación de la información y de la opinión pública, la intoxicación y la desinformación, la subordinación de las instituciones políticas y sociales sea a la corrupción del capital financiero sea al control y a la infiltración de los órganos represivos, las tramas de la diplomacia secreta y de los servicios secretos, una amplia actividad política y de negocio realizada entre bastidores en el teatro de la política burguesa por unos pocos grandes capitalistas y otros del “personal de trabajo”, la formación de bandas armadas que huyen a las leyes y las leyes oficiales. Las sociedades secretas sobrevividas al período en que la burguesía (*) estaba conquistando el poder (masonería, mafia, órdenes de caballería, etc.) se transformaron en sociedades financieras y criminales.

La burguesía en el campo cultural puso en segundo plano la investigación y la difusión del conocimiento de los procesos físicos y sociales. Puso en el primer plano la cultura de la evasión, la elaboración y la difusión de teorías que ocultaban las relaciones sociales efectivas, defendían el orden existente y proclamaban su eternidad. Las concepciones y las prácticas religiosas y las relativas iglesias, contra las cuales la burguesía una vez había luchado, fueron redescubiertas por la burguesía y su autoridad fue impuesta de nuevo en un esfuerzo por preservar la cooperación de las masas populares y detener su desarrollo político.

En todas partes la burguesía dejó de luchar en contra de la monarquía, el clero, la nobleza y otras antigüedades del pasado que, de alguna manera, sobrevivieron a la revolución burguesa (las instituciones feudales, las iglesias, las prácticas oscurantistas, las sociedades secretas, etc.). Ella las recuperó, se hizo cargo de su defensa e las hizo aliadas contra el movimiento comunista. Bajo el liderazgo del Papa León XIII (1878-1903), la Iglesia Católica, su clero y su jefe recuperaron, en el nuevo papel de los defensores de la civilización burguesa, nuevo prestigio, incluso en los países protestantes. (47) Los concordatos y otros acuerdos parecidos se multiplicaron. La burguesía tomó la religión como un instrumento necesario para la dominación de las clases y los pueblos oprimidos. La burguesía atea impuso la enseñanza religiosa en las escuela y convirtió las religiones en religiones de Estado: ejemplar para Italia la reforma Gentile de la escuela. (48) Pero no sólo fueron la Iglesia Católica y su Papa: la burguesía renovó y le otorgó el rol de defensores del orden establecido y de guías de las masas populares a todas las instituciones y autoridades religiosas que la revolución burguesa aún no había eliminado, a pesar de las protestas y las disputas que esto estaba causando entre ellas mismas, ya que muchas de ellas pretenden tener la exclusiva.

El empresario burgués había despreciado y envidiado el parásito aristocrática y vicioso y luchado contra el clero reaccionario y oscurantista. En cambio la burguesía imperialista no tuvo ningún problema en dar la bienvenida a plagas aristócratas y clérigos entre los nuevos rentistas parásitos. Estos se convirtieron en miembros de la oligarquía financiera, sin tener que cambiar ni hábitos ni concepciones. El clero dio el ejemplo y bendijo en el nombre de Dios la conversión de la burguesía y de la nueva santa alianza. Lo que sucedió en los países imperialistas, se extendió gradualmente a los países oprimidos: las viejas clases dominantes y el clero fueron cooptados por la burguesía imperialista contra el avance de la revolución proletaria.

Esa recuperación se convirtió en una fuente de nuevas contradicciones y crisis y desarrolló en la burguesía nuevas actividades, que a su vez ponían límites en la valorización del capital: relaciones de dependencia personal, organizaciones criminales, la sustitución de la competencia económica con la violencia y la corrupción, la prevalencia de la discrecionalidad de los gobiernos, las administraciones públicas y sus representantes sobre las leyes, la combinación de los funcionarios públicos y políticos con los grandes capitalistas y su corrupción, la eliminación de los competidores, la guerra entre los grupos capitalistas cuyas relaciones no podían más ser mediadas por las leyes e instituciones comunes, válidas para todos, universales, etc.


1.3.4. Las Formas Antitéticas de la Unidad Social


Pero ni la represión, ni la manipulación de las conciencias, ni la diligente colaboración de las viejas iglesias y religiones habrían sido suficientes para detener el movimiento comunista. La burguesía tenía que hacer siempre más para lidiar con el carácter ya colectivo de las fuerzas productivas. Tenía que crear continuamente formas de gestión colectiva (asociaciones de capitalistas) que constituyeran una mediación de la propiedad individual capitalista de las fuerzas productivas con su carácter colectivo y que fueran, al menos en cierta medida y temporalmente, conforme para superar los efectos más devastadores producidos por el hecho que sobreviven las relaciones capitalistas de producción a pesar que las fuerzas productivas ya habían alcanzado su carácter colectivo. Marx las había llamado Formas Antitéticas de la Unidad Social (FAUS): (*) sociedad por acciones, asociaciones de capitalistas, cárteles internacionales sectoriales, bancos centrales, bancos internacionales, sistemas monetarios fiduciarios, políticas económicas estadales, entidades económicas públicas, contratos colectivos de trabajo, sistemas de seguros generales, reglamentos públicos de las relaciones económicas, entes supranacionales hasta al capitalismo monopolista de Estado y al sistema monetario fiduciario mundial. (*) (31) (42) (46)

Las FAUS asumieron un rol cada vez más importante en la estructura económica y política de la sociedad. Cada vez con mayor frecuencia dentro de la propia burguesía surgieron intentos y, aún más numerosas de los intentos, promesas de dar una dirección estable y de gran escala a la economía capitalista por medio del Estado o de los consorcios bancarios. Pero la sociedad burguesa se mantenía, en el complejo, compuesta por un gran número de capitalistas individuales, de productores individuales (pequeño burgueses) y de vendedores y compradores de mercancías y de fuerza de trabajo en competencia unos con otros. Se mantuvo así ingobernable. Plan de capital, empresa-país, cartel capitalista único mundial, gobierno mundial de la economía capitalista, etc., permanecieron y permanecen ilusiones o engaños y las FAUS superestructuras de eficacia limitada, precarias y frágiles. (49)

Sin embargo, ellas eran un indicio de la necesidad del comunismo, mostraban su viabilidad y creaban algunas herramientas materiales y culturales y algunas premisas del comunismo. Eran la transición de la sociedad capitalista a la sociedad comunista, por como podía lograrse dada la persistencia de la dirección de la burguesía que hacía esta transformación dolorosa, lenta, atormentada y devastadora. Lenin hizo notar en particular que el capitalismo monopolista de Estado constituía la preparación material más completa del socialismo, sin embargo, en la medida en que era posible hacerlo dentro del modo de producción capitalista, aunque entre él y el socialismo era necesario el salto constituido por la revolución socialista, es decir, que la dirección de la sociedad pasara de la burguesía imperialista a la clase obrera. Sólo con esta condición la transformación de la sociedad capitalista en la sociedad comunista habría tomado el camino final, así como el más directo, más rápido y menos doloroso: el camino socialista, de la transición bajo el liderazgo de la clase obrera.


1.3.5. El movimiento comunista al comienzo de la era imperialista


La estrategia que Marx y Engels habían propuesto al movimiento comunista consistía en recoger la antorcha de la democracia que la burguesía había dejado caer, asumir el poder durante un levantamiento popular y conducir hasta la eliminación de las clases feudales y sus instituciones la guerra contra la conciliación entre la burguesía y las viejas fuerzas feudales hasta eliminar la esclavitud económica y social de las masas populares a la burguesía, al clero y cualquier clase parasitaria y explotadora. Pero, al final, esta estrategia ha resultado insuficiente, como Engels mismo ha reconocido abiertamente. En los primeros países capitalistas no hubo más revoluciones democráticas. Las tareas esenciales de la revolución democrática ya se realizaron en la medida en que pudieran serlos en el ámbito del modo de producción capitalista. La revolución socialista tenía sus propias formas, claramente distintas de las de la revolución democrática. La estrategia propuesta por Marx y Engels no las definía suficientemente. En los países capitalistas más avanzados el movimiento comunista consciente y organizado sí había tomado el camino de la acumulación de fuerzas en el ámbito de la sociedad burguesa, pero nunca definió una estrategia para el establecimiento del socialismo, a pesar de la alarma lanzada abiertamente por Engels en 1895. A falta de una estrategia adecuada, la clase obrera ni siquiera trató de tomar el poder. La burguesía mantuvo por lo tanto el poder y entró en la fase imperialista del capitalismo. El imperialismo fue la putrefacción de la sociedad burguesa. Esta putrefacción estalló en toda su gravedad sólo con la Primera Guerra Mundial, pero fue percibida incluso antes en el movimiento comunista. De hecho, en él se abrió un enfrentamiento a nivel mundial entre dos líneas antagónicas. “La lucha entre las dos tendencias principales del movimiento obrero, el socialismo revolucionario y el socialismo oportunista, llena todo el período desde 1889 a 1914”. (50)

A nivel mundial, en el movimiento comunista consciente y organizado momentáneamente prevaleció la derecha. La derecha encarnaba la contra-tendencia, respecto a la principal tendencia histórica, la tendencia hacia el comunismo. La izquierda para prevalecer y dirigir a la clase obrera y el resto de las masas populares hacia la revolución socialista necesitaba elaborar una estrategia adecuada. Por la derecha era suficiente evitar que la izquierda lo hiciera. En este rol tenía el apoyo tanto espontáneo que consciente de la burguesía y fue ayudada por la dificultad objetiva que la clase obrera encuentra para elaborar su propio cuerpo de dirigentes (de intelectuales orgánicos) a causa de las condiciones sociales en las que el orden social capitalista la relega y porque la burguesía no escatima medios para suprimir, corromper y cooptar a los que se forman (aristocracia obrera (*)). La victoria de la derecha fue de hecho favorecida también por la inevitable formación de una aristocracia obrera (funcionarios del movimiento obrero) y una fuerte presencia en los partidos de la II Internacional de intelectuales que provenían de otras clases. Estos entraban en los partidos obreros atraídos por la hegemonía conquistada por la clase obrera, pero no fueron remoldeados de acuerdo con el papel que llevan a cabo en el partido. Entonces reproducían en él las características y las limitaciones de sus precarias condiciones sociales y de su subordinación ideológica a la burguesía. El socialismo oportunista tuvo su base teórica en el revisionismo (*) de E. Bernstein. Se argumentaba que era posible una transformación pacífica y gradual de la sociedad capitalista en la sociedad socialista porque, sostenía Bernstein, el capitalismo había de hecho tomado un camino diferente del que Marx había indicado, el camino de la atenuación de las contradicciones de clase, de la extensión ilimitada de los derechos democráticos a las masas y del gobierno consciente de la actividad económica de la sociedad por parte del Estado democrático. La rendición de los partidos socialdemócratas en 1914 frente al chantaje de la burguesía (o cooperar con el esfuerzo de la guerra o enfrentar la represión abierta y la guerra civil) marcó el final sin gloria de la Segunda Internacional y el fin de toda pretensión científica del revisionismo de Bernstein. El movimiento comunista consciente y organizado renació más fuerte en otra parte. (51) Recibió un nuevo impulso de la revolución de nueva democracia, (*) que triunfó en el Imperio ruso, como parte de la situación revolucionaria en desarrollo (*) creada por la primera crisis general del capitalismo (1900-1945).


1.4. La primera crisis general del capitalismo, la primera oleada de la revolución proletaria, el leninismo segunda superior etapa del pensamiento comunista


A principios del siglo XX los países capitalistas se enfrentaron por primera vez con el límite intrínseco del modo de producción capitalista que Marx había señalado: la sobreproducción absoluta de capital. (*) El capital acumulado ya era tan grande que si, en las condiciones sociales existentes, los capitalistas hubieran utilizado en la producción de mercancías todo el capital que estaban acumulando, la masa de ganancia se vería disminuida. Por lo tanto, sólo una parte del capital acumulado podía ser utilizado como capital productivo de mercancias. (*) (42) De ahí la lucha entre los grupos capitalistas, porque cada uno quiere aumentar su capital. De ahí la guerra inter-imperialista y la movilización reaccionaria de las masas populares: (*) la ruina de los “propios” capitalistas lleva a las ruinas la actividad económica de la masa de la población y su forma de vida e, incluso, pone en peligro su supervivencia en cada país, hasta que su orden social sigue siendo burgués. La sobreproducción de capital significa exceso de producción de todas las cosas en las que el capital se materializa: sobreproducción de medios de producción, sobreabundancia de materias primas, sobreproducción de bienes de consumo, sobreabundancia de fuerza de trabajo (desempleo crónico, despidos), sobreabundancia de dinero. Así que toda la vida de todas las clases viene desbaratada. Sólo a costa de dificultades crecientes, de una creciente degradación moral e intelectual de los individuos y de cataclismos sociales recurrentes, el proceso de producción y reproducción de las condiciones materiales de existencia de la humanidad y el intercambio orgánico entre el ser humano y la naturaleza eran todavía llevados a cabo como parte de las relaciones sociales capitalistas, las relaciones sociales de dinero y las relaciones sociales mercantiles. (52) En contraste con el progreso científico y técnico y con el poder de las fuerzas productivas operantes, tales relaciones hacían que, en cada país, por la masa proletaria de la población, la satisfacción de las necesidades básicas de una vida civil se hacía suficientemente complicada para que cada individuo, si no todos, viera absorber la mayoría de sus recursos intelectuales y morales y se viera mantenido alejado de las actividades específicamente humanas, (2) en un estado de degradación intelectual y moral diferente, pero no menos degradante y humillante del cual se había relegado la masa de la humanidad en las sociedades del pasado. Las relaciones sociales capitalistas, de dinero y mercantiles envolvían cada proletario en una telaraña de obligaciones y restricciones que lo empujaban a comportamientos individuales de los que ignoraba el efecto social, pero legitimados por el estado de necesidad, es decir necesarios para satisfacer las necesidades legítimas o de todas maneras consagradas en la cultura corriente. La codicia, el crimen y la indiferencia ante la suerte de los otros resultaban justificados por el estado de necesidad en el que las relaciones sociales colocaban a cada individuo. La efectiva impotencia del proletariado no organizado para influir en el curso de las relaciones sociales que lo empujan por cada lado, en combinación con la creciente división social del trabajo, generaba y legitimaba la irresponsabilidad de comportamientos individuales que, multiplicados por millones y miles de millones de personas y repetidos una infinidad de veces, generaban un curso colectivo de las cosas monstruoso y desastroso. En contra de este curso de las cosas, no la moral individual, sino la acción política era el arma que cada proletario consciente podía y tenía que empuñar.

Entonces explotó la primera crisis general del capitalismo (1900-1945). Ella nacía en la economía, pero la crisis económica no encontraba una solución en el ámbito económico, como al revés le estaba todavía sucediendo a las crisis cíclicas del siglo XIX. Ella se transformaba necesariamente en crisis política y cultural. Su solución exigía la revolución en el complejo de las relaciones sociales. Desde aquí una situación revolucionaria en desarrollo, (*) las guerras imperialistas y la revolución proletaria. Esta primera crisis general duró varias décadas y sólo terminó con la destrucción de las fuerzas productivas y con los trastornos de los órdenes, las instituciones y la cultura, que culminaron en la Segunda Guerra Mundial.

Al comienzo de la primera crisis general el mundo ya había sido todo dividido entre los grupos imperialistas y sus Estados. La burguesía imperialista defendía ferozmente, en cada país y a nivel internacional, los órdenes existentes (el sistema colonial, el estándar de oro en todo el mundo, el orden jurídico y legislativo, etc.) como formas de su poder. Pero por otro lado el capital ya había ocupado todos los espacios de expansión que eran posibles en el ámbito de esos órdenes, y no podía más ampliarse sin subvertirlos. Cada grupo imperialista entonces podía ampliar sus negocios y aumentar sus ganancias sólo ocupando el espacio de otro grupo imperialista. Las dificultades encontradas por la acumulación de capital trastornaban todo el proceso de producción y reproducción de las condiciones materiales de existencia de toda la sociedad, toda la estructura económica de la sociedad y su superestructura cultural y política. Las relaciones entre la burguesía imperialista y las masas populares desplegaron todo su antagonismo. La clase dominante ya no podía regular las relaciones entre los grupos que la componían ni podía mantener a raya a las masas populares con los viejos sistemas, ni las masas podían aceptar la desintegración social y los sufrimientos que la crisis general les llevaba y de la que la Primera Guerra Mundial fue la manifestación concentrada.

Comenzó entonces una situación revolucionaria en desarrollo. (53) El mundo tenía que cambiar. Los intereses creados y establecidos tenían que ser eliminados. La red de las relaciones comerciales y financieras tenía que ser disuelta. Un nuevo orden debía ser establecido. Ningún individuo, grupo o partido, ni una clase por sí sola, es decir, sin involucrar la mayoría de la población, sin movilizar la mayor parte de la población era capaz de liberar a la sociedad de la crisis en la que el desarrollo objetivo del capitalismo la había traído. Sólo una movilización general de las amplias masas podría eliminar relaciones, hábitos y prácticas establecidas y establecer otras nuevas, crear un nuevo orden social. Obligadas por la situación objetiva, las masas se habrían movilizado para establecer una nueva sociedad. La movilización de las masas era un evento objetivo, como en la montaña el escurrimiento de las aguas hacia abajo durante una tormenta. Era un evento cuyas causas motrices no residían en la iniciativa y en la conciencia de los individuos y partidos, sino que ellas creaban iniciativa y conciencia.

Dos rutas eran posibles. La burguesía transforma las contradicciones entre ella y las masas populares en contradicciones entre partes de las masas populares. La clase obrera moviliza a las masas populares contra la burguesía imperialista y sobre esta base, las organiza y las unen. En el juego y el objeto de la lucha política entre las clases, partidos e individuos era el camino a seguir.

1. La movilización de las masas populares dirigidas por algún grupo de la burguesía imperialista contra otras masas populares y dirigida hacia la instauración de un nuevo orden mundial aún capitalista a través de la destrucción de una parte del capital acumulado y de las fuerzas productivas que lo personificaban (movilización reaccionaria de las masas populares (*)).

2. La movilización de las masas populares dirigidas por la clase obrera a través de su partido comunista contra la burguesía imperialista y dirigida hacia el establecimiento de una sociedad socialista que quitaba de una vez por lo menos a la parte más importante de las fuerzas productivas existentes la naturaleza del capital (movilización revolucionaria de las masas populares (*)).

La movilización de las masas populares no es generada por el grupo, partido o clase que la dirige. Pero no hay movilización de las masas populares que no tenga una dirección. Ya desde el principio en el interior se encuentra la lucha por el liderazgo entre las dos clases, los dos caminos y las dos líneas y la movilización de las masas populares logra su objetivo sólo bajo la dirección de una de las dos clases antagónicas. (54)

En el movimiento comunista la comprensión más alta de la transformación que la humanidad estaba haciendo y de las fuerzas que en ella se enfrentaban fue expresada por Lenin (1870-1924). El leninismo se convirtió en la segunda etapa superior del pensamiento comunista.


El leninismo ha enriquecido y desarrollado el pensamiento comunista más allá del marxismo. Él dio contribuciones imprescindibles principalmente en tres campos:

1. la naturaleza y el papel del partido comunista en la preparación y la conducción de la revolución proletaria;

2. las características económicas y políticas del imperialismo y la revolución proletaria;

3. la dirección de la clase obrera sobre el resto de las masas populares y la alianza del proletariado de los países imperialistas con los pueblos oprimidos por el imperialismo.

El marxismo-leninismo fue la concepción del mundo y el método de trabajo que guió a los comunistas durante la primera oleada de la revolución proletaria.

Primero prevaleció la movilización reaccionaria. La burguesía imperialista tenía por todas partes el poder y en la II Internacional la izquierda no había podido contrarrestar con éxito la acción de los revisionistas porque no había llegado a un entendimiento bastante avanzado de las condiciones, resultados y formas en las que ahora se estaba desarrollando la lucha de clases. Por lo tanto, la II Internacional no había acumulado fuerzas revolucionarias de la calidad requerida para que la clase obrera y sus partidos comunistas fueran capaces de enfrentar con éxito la guerra civil en la que la burguesía los desafió. La burguesía precipitó a todos los pueblos en un período de agitaciones, de destrucciones, de sufrimientos y de masacres de dimensiones hasta ahora inéditas, que duraron más de treinta años. Europa y Asia fueron puestas a hierro y fuego. Las dos Américas, África y Oceanía fueron exprimidas para que contribuyeran a la guerra. En todos los países surgieron grupos burgueses los cuales, en nombre de salvar los intereses generales de su clase, tomaron la dirección sometiendo a sus propios intereses los de los otros grupos y se pusieron a la cabeza de la movilización reaccionaria de las masas populares, cuyas formas ejemplares fueron el fascismo en Italia y el nazismo en Alemania.

La movilización reaccionaria de las masas populares asumió, y no podía que asumir, la forma de la guerra entre Estados y la guerra civil. La burguesía imperialista no tenía otro camino, ni para “decidir” cuales intereses particulares tenían que ser sacrificados por la salvación de la clase y cuales tenían que establecerse como los nuevos intereses generales de toda la clase, ni para prevenir e impedir la revolución. En cada país imperialista para contrarrestar la inestabilidad del régimen político que derivaba de la crisis, el Estado de la burguesía imperialista tuvo que utilizar sus medios más avanzados para abrir nuevas áreas en el mundo para la expansión de los negocios de los grupos capitalistas del país. Los contrastes económicos entre grupos imperialistas y entre la burguesía y las masas populares se habían convertido en antagónicos y se transformaban en conflictos entre Estados imperialistas y en conflictos políticos dentro de cada país. El curso de la sociedad capitalista había puesto a la orden del día la alternativa o guerra o revolución. Pero en ninguno de los países imperialistas la clase obrera era capaz de enfrentar victoriosamente la guerra civil que la burguesía imponía. Por esto la burguesía imperialista movilizó grandes masas, en una escala nunca antes vista, contra otras masas, extranjeras o del mismo país y la guerra resumió el carácter más primitivo de guerra de destrucción masiva, aunque llevada a cabo con los recursos y medios más modernos y al mismo tiempo en contraste con la cultura y los sentimientos más avanzados que la humanidad había ya producido.

Los primeros años de la crisis general fueron dedicados a la preparación militar, política, económica y psicológica de la guerra. Después, la burguesía lanzó las masas a la Primera Guerra Mundial. Pero ya durante la Primera Guerra Mundial la clase obrera logró en varios países transformar la movilización reaccionaria en movilización revolucionaria de las masas (*) que la burguesía imperialista había movilizado y arrojado fuera del tradicional curso de sus vidas, para que dieran sus fuerzas y su sangre para defender sus intereses: ellas se volvieron contra quienes las dirigían y cambiaron de campo.

Los acontecimientos demostraron que entre todos los partidos de la II Internacional, sólo el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, dirigido por Lenin, había cumplido una acumulación de las fuerzas adecuada por calidad para hacer frente a la situación. Así, él logró convertir en el Imperio ruso la guerra imperialista en revolución proletaria. En 1917 fue capaz de aprovecharse de las condiciones creadas por la guerra imperialista y estableció el poder revolucionario en una parte importante del territorio del Imperio. Movilizó y organizó a las masas populares en torno al partido comunista (los soviets, la forma concreta del frente de las clases y de las fuerzas revolucionarias que el partido comunista debe agregar bajo su dirección para dirigir la revolución proletaria) y las movilizó en el plano militar creando sus propias fuerzas armadas (el ejército rojo, otra forma de organización de las masas populares que el partido comunista debe promover para llevar a cabo la revolución proletaria).

Contrariamente a las expectativas del mismo POSDR, el nuevo poder tuvo que enfrentarse a una larga y decisiva guerra civil (1918-1920). Las fuerzas reaccionarias del Imperio zarista movilizaron a sus órdenes la burguesía rusa y las fuerzas que estaban bajo su influencia. Fueron apoyadas por todas las potencias imperialistas. Estas, con sus países satélites, en la medida en que la situación interna de cada país permitía, lanzaron sus fuerzas al ataque del nuevo poder revolucionario, para sofocarlo en su nacer, repitiendo lo que en 1871 habían logrado las clases dominantes francesas y alemanas contra la Comuna de París. (55)

Pero, a diferencia de lo que había sucedido en la Comuna de París, el nuevo poder ahora estaba dirigido por un partido comunista a la altura de la situación y que no era aislado internacionalmente, más bien estaba apoyado por las fuerzas revolucionarias de todos los países, aunque las otras revoluciones proletarias estalladas en Europa (Alemania, Austria, Hungría, Finlandia, los países bálticos, etc.) fueron derrotadas y en otros países (Italia, Rumania, Polonia, Francia, etc.) el fermento revolucionario ni siquiera logró convertirse en el inicio de la conquista del poder, tanto eran atrasados los partidos comunistas locales y tanto la acumulación de fuerzas realizadas en el ámbito de la II Internacional era inadecuada para hacer frente a la guerra civil. En aproximadamente tres años de guerra civil y de resistencia a la agresión imperialista, el nuevo poder revolucionario instaurado en 1917 en Rusia fue capaz de aplastar a las fuerzas contrarrevolucionarias, a repeler la agresión imperialista y a imponer y consolidar su liderazgo en la mayoría del territorio del antiguo Imperio Ruso. En 1922 se constituyó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Con la Revolución Rusa de 1917 creció la primera oleada de la revolución proletaria que sacudió al mundo y ha abierto una nueva era para toda la humanidad. A nivel internacional, la revolución proletaria había conquistado y consolidado en la URSS una base territorial, su primera base roja. Su existencia y su actividad hicieron dar un salto de calidad a las fuerzas revolucionarias, tanto de los países imperialistas que de los países oprimidos. La revolución proletaria mundial asumió desde entonces en todos los países dos aspectos: la movilización revolucionaria de las masas populares del país y la defensa y consolidación de la base roja de la revolución proletaria mundial, la URSS.

Desde entonces, en cada país para la movilización revolucionaria el partido comunista se aprovechó de la ayuda organizativa e ideológica que venía de la base roja mundial de la revolución. A su vez, tuvo que combinar las tareas de la movilización revolucionaria de las masas populares de su país y la defensa y consolidación de la base roja formada por la Unión Soviética.

El partido comunista de la Unión Soviética tuvo que enfrentarse a las tareas que se derivaban de la función de base roja que la URSS llevaba a cabo para la revolución mundial y con las tareas de la transformación socialista de los diversos modos de producción (Lenin en 1919, el VIII congreso del PC(b)R enumeró seis modos de producción) que existían en el territorio del antiguo y atrasado Imperio Ruso.

En la movilización reaccionaria cada grupo imperialista tenía constantemente dos principios rectores: la guerra entre grupos imperialistas y la represión de la revolución proletaria. Desde el establecimiento de la primera base roja de la revolución proletaria mundial, la represión de la revolución en cada país asumió un aspecto local (lo de eliminar o de contener las fuerzas revolucionarias locales) y un aspecto internacional (la eliminación de la base roja de la revolución proletaria mundial). La movilización reaccionaria se debilitó cada vez que estos aspectos distintos entraban en conflicto y los grupos imperialistas eran desgarrados por los desacuerdos sobre las prioridades entre ellos. A las tres principales contradicciones de la época imperialista ya indicadas, se añadió desde entonces una cuarta contradicción: la contradicción entre el sistema imperialista y el campo socialista. A nivel mundial, desde el punto de vista de la revolución proletaria mundial, la fase de acumulación de las fuerzas revolucionarias (*) había traspasado en la fase del equilibrio estratégico: (*) el movimiento comunista ahora tenía una base territorial y sus propias fuerzas armadas que la burguesía no lograba eliminar.


La movilización reaccionaria de las masas se concretó en el establecimiento de regímenes terroristas de masas como el fascismo (1922), el nazismo (1933) y el franquismo (1936-1939), en la invasión japonesa de China y otros países asiáticos (1936-1945), en el estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

La movilización revolucionaria sacó fuerzas de la victoria lograda en Rusia. La clase obrera, a través de sus partidos comunistas creados como parte de la primera Internacional Comunista (1919-1943), tomó la dirección de las revoluciones democráticas antiimperialistas en varios países coloniales y semicoloniales. La culminación de estas fue la victoria de la revolución de nueva democracia (*) en China y el establecimiento de la República Popular de China (1949). La clase obrera lideró con gran fuerza en muchos países la lucha contra el fascismo, el nazismo y el franquismo. Defendió con éxito sus sistemas políticos establecidos en la Unión Soviética de los repetidos ataques de las potencias de la coalición imperialista (1918-1920 y 1941-1945) y de los sabotajes, de los bloques económicos, de la agresión furibunda de la burguesía imperialista que no retrocedió frente a cualquier delito. Logró desalentar a los diseños agresivos de los grupos imperialistas anglo-americanos que meditaban una segunda agresión contra la URSS y a impedir su confluencia contrarrevolucionaria con los grupos imperialistas alemanes, japoneses e italianos. (56) Con la gran victoria contra la agresión de los nazis y sus aliados (1945) logró crear democracias populares en Corea del Norte, Yugoslavia, Albania, Polonia, Alemania Oriental, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria. Puso en marcha la transición al comunismo de más de un tercio de la población mundial. Desarrolló las fuerzas revolucionarias en todo el mundo. Adquirió una gran experiencia en el campo totalmente inexplorado de la transición del capitalismo al comunismo, sintetizada en las obras de Lenin, Stalin (1879-1953), y Mao Tse-tung (1893-1976).


A pesar de estos grandes éxitos, durante la primera crisis general del capitalismo, la clase obrera, sin embargo, todavía no alcanzó un nivel de conciencia y de organización suficiente para ganar a la burguesía aún en los países donde esta era más fuerte, en los países imperialistas. En estos países, la clase obrera no había aún expresado su dirección ni bastante consciente de las tareas estratégicas, ni, por lo tanto, suficientemente capaz de identificar e implementar sistemáticamente las tareas tácticas relativas a la acumulación de las fuerzas de la revolución y la conquista del poder.

Los partidos socialistas existentes en estos países al inicio de la crisis general habían formulado claras posiciones contra la guerra que la burguesía estaba preparando (como el Manifiesto del Congreso Internacional de Basilea - 1912). Pero las declaraciones revolucionarias enmascaraban una línea política, una táctica y una organización reformista, todas internas al movimiento político burgués, impregnadas de ilusiones sobre el carácter todavía democrático de la burguesía. Las palabras escondían a los hechos en lugar de iluminarlos. La lucha política revolucionaria era por esos partidos unilateralmente confundida con la intervención en la lucha política burguesa: esta ahogaba a la primera. Estos partidos eran así absolutamente no preparados para asumir la dirección de la movilización de las masas y en 1914 fueron sumergidos y abrumados por el oportunismo y por el social-chovinismo.

Los partidos comunistas formados en los países imperialistas en el ámbito de la primera Internacional Comunista constituyeron por dondequiera un salto hacia adelante en comparación con los partidos socialistas. Sin embargo, no fueron capaces de ponerse a la altura de la situación. Se mantuvieron fuertes las corrientes de derecha, impregnadas de ilusiones sobre el carácter democrático de la burguesía y de falta de confianza en la capacidad revolucionaria de la clase obrera y las masas populares. La izquierda no entendió la naturaleza de la crisis general en curso, ni las características de la situación revolucionaria en desarrollo. Ella no logró, por lo tanto, desarrollar una línea correcta para la acumulación de las fuerzas revolucionarias. Ella consideró el régimen terrorista establecido por la burguesía imperialista en algunos países (Italia, Alemania, etc.), sus amenazas de desencadenar la guerra civil en otros y la colaboración de los Estados y grupos imperialistas de los llamados países democráticos con los Estados fascistas como una situación excepcional y de emergencia, como una anomalía en el curso de la historia y de la lucha entre las clases. El fascismo, el nazismo, las guerras y, en general, la movilización reaccionaria de las masas fueron por ellos consideradas en general como anomalías circunscritas y locales, excepciones y emergencias. No asimilaron la idea que, de hecho, la revolución socialista sólo procede levantando contra si misma una contrarrevolución potente, solo ganando la cual las fuerzas revolucionarias se vuelven capaces de fundar la nueva sociedad. Inútilmente Stalin repitió en esos años la ley ya enunciada por Marx que la lucha de clases se agudiza a medida que la clase obrera avance hacia la victoria. (57)

El desarrollo de la revolución proletaria a nivel mundial dividió en cada país la burguesía imperialista en dos alas opuestas y agudizó los contrastes entre ellas. Un ala derecha que creía posible y conveniente sofocar la revolución proletaria con la represión y con una colisión frontal. Una ala izquierda que consideraba posible y conveniente sofocar la revolución proletaria con una táctica más flexible: ganar tiempo, hacer algunas concesiones, fortalecer su influencia en las filas de la revolución, reprimir de manera selectiva, mejorar su relaciones de fuerza, dividir y corromper las filas revolucionarias hasta disgregarlas. La oposición entre las dos alas de la burguesía era un elemento de fuerza para la revolución. Pero en los países imperialistas el movimiento comunista, dados los límites de su izquierda, no supo aprovecharse de la división de la burguesía y vaciló constantemente entre la confrontación sectaria y la conciliación oportunista, entre sectarismo dogmático y colaboración sin principios, entre lucha sin unidad y unidad sin lucha. El ala derecha del movimiento comunista tenía buen juego para imponer una línea reformista, donde el partido comunista se desempeñaba como el ala izquierda de un partido político dirigido por la ala izquierda de la burguesía imperialista y la clase obrera dejaba de intentar tomar el poder. Los partidos comunistas de los países imperialistas en general dieron esta interpretación de derecha a la línea del Frente Popular antifascista, puesta en marcha por la Internacional Comunista en su VII congreso (julio-agosto 1935). En algunos de estos países las masas populares, guiadas por los respectivos partidos comunistas, condujeron grandes peleas y desplegaron un gran heroísmo en la lucha contra el fascismo, el nazismo y el franquismo y la reacción en general, luchas que han acumulado un gran patrimonio de experiencias y que aún constituyen el punto más alto alcanzado hasta ahora por la clase obrera de estos países en su lucha por el poder. El movimiento comunista alcanzó un gran prestigio en los propios países imperialistas y obligó a la burguesía a hacer grandes concesiones. Ella logró evitar que la primera oleada de la revolución proletaria tuviera éxito aún en los principales países imperialistas, pero tuvo que pagar un alto precio: las reformas que las masas lograron arrebatarles.

En los países coloniales y semicoloniales la línea de la revolución de nueva democracia, (*) con la que la clase obrera a través de su partido comunista asumía la dirección de la revolución democrático-burguesa, fue adoptada y aplicada sólo por algunos de los partidos comunistas, en particular por el Partido comunista de China, por el Partido del trabajo de Corea y por los partidos comunistas de Indochina, con grandes éxitos. En otros países coloniales y semicoloniales prevaleció la línea para dejar la dirección de la revolución democrático-burguesa en manos de la burguesía nacional que la llevó al fracaso. Aunque fracasadas, las revoluciones democrático-burguesas llevaron sin embargo a la desaparición del viejo sistema colonial y la transformación de las colonias en semicolonias o en países relativamente independientes.


1.5. La recuperación del capitalismo, el revisionismo moderno, la Gran Revolución Cultural Proletaria, el maoísmo tercera superior etapa del pensamiento comunista


El final de la Segunda Guerra Mundial también marcó el final de la primera crisis general del capitalismo. Durante esta primera crisis general el movimiento comunista había logrado grandes éxitos. Esto confirma que el enfoque seguido en este período por el movimiento en su conjunto era fundamentalmente correcto, aunque el movimiento comunista había fracasado la tarea de establecer el socialismo en los países imperialistas.

Precisamente estos logros y el viraje producido en el capitalismo les ponían al movimiento comunista nuevas tareas y mayores tanto en lo que respecta a los avances de la transición del capitalismo al comunismo en los países socialistas, cuanto en lo que se refiere a la tarea pendiente de la revolución socialista en los países imperialistas, como en lo que se refiere al desarrollo de la revolución de nueva democracia en los países coloniales y semi-coloniales.

Durante la primera oleada de la revolución proletaria se formaron países socialistas sólo en países semi-feudales o de otra manera capitalisticamente atrasados. Al comienzo de la década de los 50 ellos constituyeron un gran campo socialista que iba desde Europa Central hasta el sudeste de Asia e incluía un tercio de la población mundial. La base roja de la revolución proletaria mundial había aumentado considerablemente. Debido a la naturaleza de estos países, el desarrollo del socialismo era por ellos más difícil de lo que hubiera sido en los países imperialistas. Sin embargo, el movimiento comunista fue capaz de defender su existencia e imprimió un gran impulso a su desarrollo económico, cultural y social. Quedaba, sin embargo, el problema de trazar, en las nuevas condiciones de la reanudación de la acumulación del capital y la expansión de la actividad económica en los países imperialistas, una línea para continuar, a partir del nivel alcanzado en cada uno de los países socialistas, la transformación de las relaciones sociales hacia el comunismo y para jugar su papel en la revolución proletaria mundial. La gran influencia alcanzada por el movimiento comunista en los países imperialistas y en los países coloniales y semi-coloniales planteaba, en estos países, la tarea de llevar adelante la lucha por la victoria. El movimiento comunista tenía que dar un salto de calidad. En consecuencia, en el movimiento comunista internacional se abrió de nuevo un enfrentamiento global entre dos líneas opuestas.

Por un lado, la izquierda apoyaba la continuación de la lucha contra el imperialismo en tres frentes (países socialistas, países imperialistas, colonias y semi-colonias). Sin embargo, ella no tenía idea que la primera crisis general del capitalismo había terminado y que se estaba abriendo para el capitalismo (que en el mundo seguía siendo el sistema económico dominante) un período relativamente largo de recuperación de la acumulación de capital y de expansión de la actividad económica. Por lo tanto, no tenía una línea general adecuada a la situación y, en general, pecaba de dogmatismo.

En el otro lado, la derecha sostenía la línea de entendimiento y cooperación con la burguesía imperialista. Ella tenía su base teórica en el revisionismo moderno. En contraste con la ley reformulada por Stalin de la agudización de la lucha de clases, el revisionismo moderno argumentaba que la fuerza adquirida por el movimiento comunista atenuaba los antagonismos de clase, hacía posible una transformación gradual y pacífica de la sociedad, reducía la burguesía a consejos más mansos y la hacía propensa a concesiones y reformas. Ella interpretaba las reformas, las cuales bajo la presión del avance del movimiento comunista la burguesía concedía para no perder todo, como un cambio en la naturaleza del capitalismo. Según la derecha el sistema capitalista no generaba más crisis y guerras, como la tormenta genera el granizo. Esta fue la “nueva” teoría con la que se presentaron Jruschov, Togliatti, Thorez y los otros revisionistas modernos. En los países socialistas la derecha trataba de mitigar los antagonismos de clase, argumentaba que no había más ni división en clases ni lucha de clases porque ahora la victoria del socialismo era completa y definitiva. En las relaciones internacionales, sostenía la integración económica, política y cultural de los países socialistas con el mundo imperialista. Sustituía la coexistencia pacífica entre países con diferente sistema social y el apoyo a la revolución proletaria con la competencia económica, política y cultural de los países socialistas con los países imperialistas. En los países imperialistas la derecha proponía la vía parlamentaria y reformista al socialismo: las reformas de estructura y la expansión de los logros en las áreas económica, política y cultural hubieran gradualmente convertido la sociedad capitalista en una sociedad socialista. En los países semi-coloniales y coloniales la derecha se oponía a la continuación de las guerras antiimperialistas de liberación nacional y apoyaba la dirección de la burguesía burocrática y compradora (*) que pretendía arrebatar gradualmente concesiones a los imperialistas. (58)

Los trastornos políticos y económicos y las destrucciones operados durante la primera crisis general y en particular por las dos guerras mundiales habían abierto a la burguesía el espacio para una recuperación, aunque por el período de unas pocas décadas, de la acumulación del capital con la consiguiente nueva expansión en su ámbito del proceso de producción y reproducción de las condiciones materiales de la existencia. Los contrastes económicos entre grupos imperialistas y entre la burguesía imperialista y las masas populares se calmaron y esto aparentemente contradecía la ley de la agudización de la lucha de clases.

Bajo estas condiciones en el movimiento comunista prevaleció el revisionismo moderno, así como el comienzo del siglo había prevalecido el revisionismo promovido por Bernstein. Su éxito estaba favorecido, además que por el final, con la Segunda Guerra Mundial, de la primera crisis general del capitalismo sin que el movimiento comunista hubiera logrado prevalecer en cualquier país imperialista (que era y sigue siendo la principal limitación del movimiento comunista), por la debilidad de la izquierda del movimiento comunista en la comprensión de la novedad de las tareas que la nueva fase planteaba a los comunistas.

En los treinta años (1945-1975) siguientes a la Segunda Guerra Mundial, el modo capitalista de producción se pudo expander de nuevo en todo el mundo en el que la burguesía había conservado el poder.

En esta nueva situación, el proletariado y las masas trabajadoras de los países imperialistas, fuertes por la experiencia revolucionaria adquirida en el período anterior, lograron arrebatar una serie de mejoras en las condiciones económicas, laborales, políticas y cultural: mejoras de las condiciones materiales de existencia, políticas de pleno empleo y estabilidad del empleo, derechos de organización en el lugar de trabajo, derechos de intervención en la organización del trabajo, la atenuación de las discriminaciones de raza, género y edad, educación masiva, medidas de seguridad contra la invalidez y la vejez, servicios nacionales de salud, edilicia a precios regulados, etc. En todos los países imperialistas, empezando por los países anglosajones y los EE.UU., comenzó de hecho en esos años la construcción de un capitalismo con rostro humano, es decir de una sociedad en la que, aún dentro de las relaciones capitalistas de producción y trabajo asalariado (es decir de la capacidad de trabajo como una mercancía y el trabajador como vendedor de la misma), todos los miembros de las clases oprimidas poseían en todo caso los medios necesarios para llevar una vida normal y por el sustento y la educación de la gente a su cargo, habían en la vida productiva de la sociedad un rol en alguna medida adaptado a sus características, avanzaban razonablemente en la disminución de la fatiga, estaban asegurados contra la pobreza en caso de enfermedad, invalidez y vejez. La contrarrevolución preventiva encontraba la base económica para su éxito. En ese terreno en todos los países imperialistas se afirmaron los revisionistas modernos y los reformistas. Ellos en todos los países imperialistas asumieron el liderazgo del movimiento obrero como teóricos, propagandistas y promotores dentro de el movimiento obrero, del mejoramiento en el ámbito de la sociedad burguesa. Proclamaron que el desarrollo de la sociedad burguesa habría procedido sin límite de conquista en conquista, de reforma en reforma hasta transformar la sociedad burguesa en una sociedad socialista. Las banderas, las consignas y los principios que ellos levantaron fueron diferentes en cada país de acuerdo a las concretas condiciones políticas y culturales heredadas de la historia, pero de igual forma fue en ese período el rol de ellos en el movimiento político y económico de la sociedad.

Gracias a la nueva etapa de desarrollo del capitalismo, incluso en los países más dependientes de los grupos y los estados imperialistas, la dirección del movimiento de las masas fue tomada por los partidarios y promotores de la colaboración con los imperialistas, voceros de la burguesía burocrática o compradora. La mayoría de estos países se convirtió en semicolonias: constituyeron estados autónomos que dependían de uno o más grupos imperialistas (colonialismo colectivo). Algunos residuos feudales fueron de alguna medida limitados, sin embargo, al mismo tiempo, destruyendo las condiciones de reproducción de las grandes masas de campesinos que vertieron como pobres en la ciudad. Otros residuos feudales fueron asuntos por el imperialismo bajo sus alas y utilizados para apuntalar el colonialismo, como, por ejemplo, las estructuras religiosas de los países árabes y musulmanes. Creció el capitalismo burocrático y comprador.

En los primeros países socialistas (*) los defensores de la vía capitalista y los promotores de la restauración del capitalismo trajeron ellos también gran fuerza de la nueva etapa de desarrollo del capitalismo. Ellos encontraron en los revisionistas modernos encabezados por Jruschov, Brezhnev y Teng Siao-ping sus exponentes en los organismos de los Estados de los países socialistas, en las organizaciones de las masas y en los partidos comunistas. Ellos impidieron que se tomaran las medidas económicas, políticas y culturales necesarias para llevar a cabo la transformación de la sociedad hacia el comunismo. Colocaron sus países a la escuela de los capitalistas, imitando sus instituciones. Enlazaron estrechas relaciones económicas (comerciales, tecnológicas y financieras), políticas y culturales con los capitalistas hasta transformar los países socialistas en países económicamente y culturalmente dependientes y políticamente débiles. Jruschov, Brezhnev y sus secuaces transformaron el sistema de los primeros países socialistas en un régimen burocrático, anti-democrático, basado en la dependencia de la masa de la población por una serie de grupos de individuos privilegiados, destinados a preservar y desarrollar sus privilegios en connivencia con la delincuencia económica (que comenzó a desarrollarse a gran escala) y con grupos imperialistas internacionales. Sin embargo, es un error indicar el sistema económico formado por los revisionistas en los primeros países socialistas como capitalismo monopolista de Estado, como “modo de producción asiático”, como “capitalismo burocrático”, etc. Esto significa renunciar a examinar lo nuevo en sus lados avanzados y en sus lados atrasados y detenerse en las viejas formas en las que el nuevo es más o menos disimulado y manchado. Los comunistas deben estudiar el régimen de los primeros países socialistas, en sus diferentes y contrastantes fases de ascenso y descenso, empezando primero por sus características específicas, y no por las similitudes que inevitablemente se encuentran entre ellos y los países capitalistas. El intento de estudiar las especies superiores, más desarrolladas con las categorías de las especies más atrasadas extravía incluso en las ciencias sociales. Quien se entrega a engaños similares se priva de una gran experiencia de la que los comunistas deben hacer tesoro para cumplir con sus tareas. Es por esto que dedicamos un capítulo de este Manifiesto Programa al balance de la experiencia histórica de los primeros países socialistas.

En conclusión los treinta años siguientes al final de la Segunda Guerra Mundial constituyeron en sus conjunto un período de recuperación de la burguesía. Sin embargo las fuerzas revolucionarias para algunos años continuaron su avance y consiguieron algunos éxitos de gran importancia (Cuba, Indochina). Pero, sobre todo, resistiendo el revisionismo moderno se enriquecieron de la experiencia de la Gran Revolución Cultural Proletaria (1966-1976). En contracorriente respecto a la mayoría del movimiento comunista mundial, el Partido Comunista de China condujo de hecho una larga lucha contra el revisionismo moderno a nivel internacional y trató de llevar adelante la transición al comunismo en la Republica Popular China. Aunque la lucha del PCC no revirtió el curso del movimiento comunista mundial en lo inmediato ni logró impedir que el propio PCC cayera en las manos de los revisionistas, ella ha dejado a los comunistas de todo el mundo el maoísmo como tercera superior etapa del pensamiento comunista, después del marxismo y el leninismo, balance de la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria y la experiencia de la lucha de clases en los primeros países socialistas. El maoísmo ha enriquecido y desarrollado el pensamiento comunista con contribuciones esenciales principalmente en cinco campos:

1. la guerra popular revolucionaria prolongada (*) como forma universal de la revolución proletaria;

2. la revolución de nueva democracia en los países semifeudales oprimidos por el imperialismo;

3. la nueva naturaleza de la burguesía en los países socialistas y la lucha de clases durante el socialismo;

4. La línea de masas (*) como el principal método de trabajo y dirección del partido comunista;

5. La lucha entre las dos líneas como el principal medio para defender el partido comunista de la influencia de la burguesía y el desarrollo de la misma. (59)

El éxito del revisionismo moderno ha hecho retroceder el movimiento comunista de los resultados obtenidos al final de la primera crisis general del capitalismo. Pero el éxito de los revisionistas modernos fue inevitablemente temporal. Por su naturaleza el revisionismo es un freno al desarrollo del movimiento comunista, una contratendencia respecto a la tendencia principal y, en el peor de los casos, un regreso al capitalismo de donde necesariamente renace el movimiento comunista. El desarrollo práctico de los acontecimientos derivados de su éxito temporal ha enseñado a todos los comunistas que el revisionismo hace los intereses de la burguesía imperialista. El colapso al cual el revisionismo llevó a la final de los años ’80 a una gran parte de las instituciones creadas durante la primera oleada de la revolución proletaria, comparable en gravedad al colapso de los partidos socialdemócratas en 1914, ha creado uno de los requisitos previos para una nueva, y más alta, recuperación del movimiento comunista.


1.6. La segunda crisis general del capitalismo y la nueva oleada de la revolución proletaria


En los treinta años (1945-1975) después del final de la Segunda Guerra Mundial, la burguesía imperialista ha agotado de nuevo los márgenes de acumulación que se habían creado con las agitaciones y las destrucciones de las dos guerras mundiales. Desde los años setenta el mundo capitalista entró en una nueva crisis general por sobreproducción absoluta de capital. (*) La acumulación de capital ya no puede proseguir en el ámbito de los órdenes nacionales e internacionales vigentes. En consecuencia, el proceso de producción y reproducción de las condiciones materiales de existencia de toda la sociedad están desbaratadas ahora en un punto, ahora en otro, en medida gradualmente más y más profunda y en forma siempre más difusa.

Al parecer, los capitalistas están luchando ahora con la inflación y el estancamiento, ahora con la fluctuación violenta de los tipos de cambio entre las monedas; aquí con las deudas públicas enormemente acrecidas, allí con la dificultad de encontrar mercados para las mercancías producidas; un momento con la crisis y el auge de las Bolsas y otro momento con el sufrimiento causado por la deuda y el desempleo masivo. Ellos y su portavoz no pueden entender la causa unitaria de los problemas que los aquejan. Pero la sobreproducción del capital produce sus efectos, aún los capitalistas no lo reconozcan, e incluso si de ella no tienen conciencia alguna los intelectuales cuya comprensión de los acontecimientos no excede los horizontes dentro de los cuales los capitalistas están encerrados por sus intereses materiales, aunque algunos de estos intelectuales se proclamen marxistas e incluso marxistas-leninistas y marxista-leninista-maoístas. Los contrastes económicos entre los grupos imperialistas se vuelven de nuevo antagónicos: la torta para compartir no aumenta como sea necesario para valorizar todo el capital acumulado y cada grupo sólo puede crecer a expensas de los otros.

En todos los países imperialistas los contrastes económicos entre la burguesía imperialista y las masas populares se están poniendo de nuevo abiertamente antagónicos. En todos los países imperialistas, la burguesía está eliminando uno tras otro los logros que las masas trabajadoras habían desgarrado o abrogándolos (actualización de los salarios, la estabilidad del empleo, los contratos nacionales colectivos de trabajo, etc.) o dejandolas arruinarse o privatizando las instituciones en las que ellos actuaban (escuela de masa, seguridad social, sistemas de salud, industrias públicas, vivienda pública, servicios públicos, etc.). El capitalismo con rostro humano ya terminó su tiempo. En todos los países imperialistas, la burguesía está suprimiendo gradualmente esos reglamentos, normas, praxis e instituciones que en el período de expansión habían mitigados o neutralizados los efectos más desestabilizadores y traumáticos del movimiento de los capitales y los puntos extremos de los ciclos económicos. Ahora, en el ámbito de la crisis, cada fracción de capital encuentra que esas instituciones son un impedimento inaceptable a la libertad de sus movimientos para ganarse su espacio vital. La liberalización, la privatización de las empresas económicas estatales y en general públicas están a la orden del día en todos los países imperialistas. La consigna de la burguesía en todos los países es "flexibilidad" de los trabajadores, es decir, la libertad para los capitalistas de explotar a los trabajadores sin límites.

Esto hace que el régimen político sea inestable en todos los países imperialistas, hace que cada país sea menos gobernable con las instituciones, procedimientos, leyes y reglamentos que hasta ayer habían funcionados. Los intentos de sustituir pacíficamente estas instituciones, procedimientos, leyes y reglamentos con otras, que en Italia se resumen en la reforma de la Constitución, con regularidad terminan en humo. En realidad no se trata de cambiar las reglas, sino de decidir cuáles capitales deben ser sacrificados para que otros puedan valorizarse y ningún capitalista está dispuesto a sacrificarse. Entre los capitalistas sólo la guerra puede decidir. De hecho, en las relaciones entre los grupos burgueses la palabra ya no es principalmente para el acuerdo y la repartición, sino es principalmente para la lucha, la erradicación y las armas. Los intentos, a nivel nacional e internacional (ONU), para reducir la expresión política de los contrastes precisamente porqué estos están creciendo, el aumento de las clases dominantes en recurrir a procedimientos criminales y milicias extralegales y privadas, la creación de barreras electorales, el crecimiento de responsabilidades de los gobiernos y los aparatos administrativos, a expensas de las asambleas electivas, la restricción de las autonomías locales, la limitación por ley de huelgas y protestas, etc. están a la orden del día en todos los países imperialistas. Las medidas y, aún más, las operaciones represivas proliferan en todos los países. El aumento de la represión de las masas populares es la respuesta que la burguesía da universalmente a cada conflicto económico y social que ella misma genera. Cada Estado imperialista para dificultar el crecimiento de la inestabilidad del régimen político en su propio país debe recurrir cada vez más a las medidas que aumentan la inestabilidad de otros Estados: de la abolición en 1971 de la convertibilidad del dólar en oro y el sistema monetario de Bretton Woods, (46), a la política de las altas tasas de interés y la expansión de la deuda pública seguida por el gobierno federal de Estados Unidos en la decada de los ’80, a las medidas proteccionistas y de incentivo de las exportaciones comerciales siempre más adoptadas por cada Estado, a la guerra que se avecina entre los sistemas monetarios del dólar y el euro, a la agresión de los países oprimidos cuyas autoridades ponen obstáculos a la recolonización (principalmente los países árabes y musulmanes: Irak, Afganistán, entre otros). La “globalización” se ha convertido en la bandera que cubre y justifica las rapiñadoras agresiones de los Estados y los grupos imperialistas en todos los rincones del mundo, la nueva “política de las cañoneras”. La lucha por la supervivencia de su orden social empuja a la burguesía imperialista a ampliar y hacer más cruel la guerra de exterminio (*) no declarada que conduce contra las masas populares en todos los rincones del mundo. Millones de hombres y mujeres, niños y ancianos, de todas las edades, raza y país, mueren cada año por las guerras, las privaciones, la contaminación, el saqueo del territorio, la depravación y enfermedades tratables. Una parte importante de la humanidad es relegada a vivir en condiciones de pobreza, de exclusión social, de ignorancia, de embrutecimiento intelectual y moral, de precariedad. Esto contrasta no sólo con los sentimientos y las concepciones que ahora los hombres y las mujeres han desarrollado en masa, sino también con las posibilidades materiales e intelectuales disponibles y genera en las masas populares una resistencia cada vez más extendida y feroz. La lucha por la dirección de esta resistencia es el objeto de la lucha política de la época actual.

La crisis de sobreproducción absoluta del capital ha llevado a la segunda crisis general del capitalismo: una crisis económica que traspasa en crisis política y cultural. Una crisis global, una crisis prolongada.

La mayor parte de los países semicoloniales se volvieron primero un mercado donde los grupos imperialistas han vertido las mercancías que la sobreproducción de capital volvía excedentes; después, un campo que los mismos grupos han utilizado como fondos de capital de préstamo para los capitales que en los países imperialistas no podían ser utilizados como capital productivo que a una tasa decreciente de ganancia, o que, si utilizados como capital productivo, incluso habrían reducido la masa de las ganancias; finalmente un terreno que los grupos imperialistas deben invadir directamente para que sea un nuevo campo de la acumulación de capital. Los grupos imperialistas saquean los recursos ambientales y humanos de los países semicoloniales, los devastan y luego, a trabajo realizado, los abandonan y se desplazan a otros países. Los países semicoloniales están nuevamente reducidos a la condición de colonias, pero ahora de colonias colectivas de los grupos imperialistas, por lo que ninguno de ellos acepta ninguna responsabilidad por la conservación a largo plazo de las fuentes de ganancia y renta. La emigración salvaje y terrible de masas de trabajadores y una interminable sucesión de guerras son las consecuencias inevitables de esta nueva colonización.

En la mayor parte de los primeros países socialistas (*) los regimenes establecidos por los revisionistas modernos primero se han encontrado a sí mismos aplastados en las garras de la crisis económica en curso en los países imperialistas de las cuales se hicieron dependientes comercial, financiera y tecnológicamente; luego se derrumbaron, dejando al descubierto la fragilidad política de esos regímenes. La burguesía ha tenido que reconocer que era imposible restaurar gradualmente y pacíficamente el capitalismo y ha precipitado a estos países en un torbellino de miseria y de guerra, abriéndolos a la restauración violenta y a cualquier costo. El sistema imperialista se los tragó, pero no puede digerirlos. De hecho, han acelerado el progreso de la crisis general, incluso en los países imperialistas.

Todo esto va creando una nueva situación de guerra y revolución, similar a la que existía a principios del siglo pasado. El mundo tiene que cambiar, y cambiará inevitablemente. Los sistemas institucionales actuales de los países imperialistas y las actuales relaciones internacionales impiden la continuación de la acumulación de capital y, por lo tanto, inevitablemente, serán subvertidas. Serán las grandes masas, tomando uno u otro camino, a “decidir” si el mundo va a cambiar de nuevo bajo la dirección de la burguesía creando diferentes organizaciones de una sociedad todavía capitalista o si va a cambiar bajo el liderazgo de la clase obrera y en el ámbito del movimiento comunista, creando una sociedad socialista. Cualquiera otra solución se excluye por las condiciones objetivas existentes: los esfuerzos de los defensores de otras soluciones en la práctica jugarán una de estas dos soluciones que son las únicas posibles. Esta es la nueva situación revolucionaria que se está desarrollando y en la que se desarrolla y se llevará a cabo nuestro trabajo de comunistas. Las principales diferencias entre los comunistas y la confusión que aún reina en nuestra filas conciernen precisamente el reconocimiento que estamos de nuevo en una situación revolucionaria en desarrollo y la línea a seguir para desarrollar desde ella la revolución y llevarla hasta la instauración de nuevos países socialistas.

La burguesía imperialista busca superar la actual crisis por sobreproducción absoluta de capital y así conquistar un nuevo período de recuperación, con la integración de los antiguos países socialistas en el mundo imperialista, con la recolonización y con un mayor grado de capitalización de la economía de los países semicoloniales y semifeudales, (34) con una destrucción de capital de tamaño adecuado en los propios países imperialistas. Combina estas tres soluciones de manera diferente de país a país y de fase en fase. Cada una de estas soluciones nos lleva antes de todo a un período de guerras y conmociones. Toda guerra es y será, obviamente, presentada a las masas en la forma más halagüeña: de expedición humanitaria, de guerra por la paz, de guerra por la justicia, de guerra para la defensa de sus derechos y necesidades vitales, de guerra contra el terrorismo, de última guerra. Pero el resultado de este período y la dirección que tomará la movilización de las masas que en todo caso se desarrollará, y que la misma burguesía imperialista en todo caso tendrá que promover, será decidido por la lucha entre las fuerzas subjetivas de la revolución socialista y las fuerzas subjetivas de la burguesía imperialista. En definitiva, el dilema es: o la revolución precede la guerra o la guerra genera la revolución. (60)

La clase obrera en efecto puede superar la situación revolucionaria actual, tomando la dirección de la movilización de las masas populares y guiándolas a la lucha contra la burguesía imperialista hasta tomar el poder e iniciar la transición del capitalismo al comunismo en una escala mayor de lo que ha sucedido durante la primera crisis general. Este es el camino de la recuperación del movimiento comunista que ya está en marcha en el mundo, que tiene sus puntos cualitativamente más altos en las guerras revolucionarias populares ya en fase avanzada en algunos países (Nepal, India, Filipinas, Perú, Turquía).


1.7. La experiencia histórica de los primeros países socialistas


Hace más de un siglo, la clase obrera constituyó el primer Estado socialista, la Comuna de París (marzo-mayo 1871). La Comuna sólo duró unos meses y siempre estuvo en guerra por su supervivencia contra las fuerzas conjuntas de la reacción francés y del Estado alemán. Sin embargo, ella ha constituido, con su experiencia práctica y también por las matanzas, de dimensiones que desde mucho tiempo no se veían en Europa, con la que la burguesía trató de borrar hasta el recuerdo, una fuente de lecciones valiosas de las que se alimentó todo el movimiento comunista que siguió.

En consecuencia, como dijo Marx, “Paris obrera, con su Comuna, será celebrada eternamente, como el heraldo glorioso de una nueva sociedad”. (61)

Sin embargo, es durante la primera oleada de la revolución proletaria que la clase obrera ha formado en gran escala los primeros países socialistas. Ellos ofrecen una inmensa riqueza de experiencia para nosotros los comunistas.


1.7.1. ¿Qué es el socialismo?


Antes de ser una teoría, antes de existir en la conciencia de los comunistas, el comunismo comenzó a existir como un movimiento práctico, como un proceso mediante el cual las relaciones sociales de producción y las otras relaciones sociales se transforman para adaptarse al carácter colectivo que las fuerzas productivas han asumido en el ámbito del modo de producción capitalista.

El comunismo es el movimiento de toda la humanidad que se transforma a fin de sentar en las bases de su vida económica la posesión común y la gestión colectiva y consciente de sus fuerzas productivas por parte de los trabajadores asociados. La realización de este objetivo implica la transformación no sólo de las relaciones de producción, sino también de todas las relaciones sociales y, por tanto, también del ser humano mismo, la creación de un “hombre nuevo” por sus sentimientos, su conciencia, la manera de gestionarse él mismo y sus relaciones.

De acuerdo con el uso introducido por Marx, llamamos socialismo a la primera fase del comunismo, la fase de transición del capitalismo al comunismo. (62)

La transición del capitalismo al comunismo es un movimiento objetivamente necesario e inevitable. El carácter colectivo de las fuerzas productivas afirma inevitablemente en una cierta forma y medida sus derechos ya en la sociedad imperialista, incluso antes que haya instaurado el socialismo. En la sociedad imperialista estos derechos del carácter colectivo de las fuerzas productivas se expresan negativamente como intentos de subyugar a todo el movimiento económico de la sociedad burguesa, por lo tanto todos los capitalistas, a las “asociaciones de capitalistas” (Estado, entes económicos públicos, monopolios, sociedades financieras, etc.) que algunos capitalistas repetidamente buscan crear chocando cada vez con la imposibilidad de eliminar la división del capital en fracciones opuestas, dentro de cada país y en el mundo; como sumisión jerárquica y administrativa, además que económica, del resto de la población a estas asociaciones de capitalistas; como represión y asfixia de las más contradictorias y destructivas manifestaciones de las relaciones burguesas; como un intento de establecer la dirección y el control de los capitalistas sobre la conciencia y la conducta de las masas proletarias. En conclusión como intentos de reprimir las manifestaciones más destructivas de las relaciones capitalistas de producción que por su naturaleza no permiten ningún orden ni dirección.

Las Formas Antitética de la Unidad Social y en particular el capitalismo monopolista de Estado, de hecho, son la preparación de las premisas materiales, son la preparación material del socialismo más completa imaginable en el capitalismo, son la antesala del socialismo. (31) (63) Pero el salto de la sociedad capitalista, incluso la más preparada para el socialismo, al socialismo está constituido por la revolución socialista, por la eliminación del Estado de la burguesía y por el establecimiento del Estado de la clase obrera. El socialismo es la transformación de las relaciones de producción y del resto de las relaciones sociales promovida y dirigida por la clase obrera la cual con esta transformación logra su propia emancipación. Confundir las sociedades socialistas con las sociedades a capitalismo monopolista de Estado significa borrar la distinción entre las clases, hacer el interclasismo en el campo teórico y lleva a un intento desesperado de entender un modo de producción superior con las categorías del inferior.

Sin embargo, la transición del capitalismo al comunismo es un proceso complejo y de largo plazo. La toma del poder es sólo el principio, sólo da el vía a la transformación. ¿Cuál es la transformación que estamos tratando? Los trabajadores deben transformarse en masa con el fin que ellos mismos sean capaces de dirigirse a sí mismos y de encontrar las formas adecuadas de asociación y organización para realizar su liderazgo en su proceso de trabajo, sobre sí mismos y sobre toda la vida social. La transición del capitalismo al comunismo en la sociedad socialista se manifiesta en la creación de la dirección de todo el movimiento económico de la sociedad por la comunidad de los trabajadores. La sustancia de la transición del capitalismo al comunismo, que tiene lugar en la sociedad socialista, consiste en la formación de la asociación de trabajadores de todo el mundo que toma posesión de las fuerzas productivas ya sociales y ha instaurado entre sus miembros relaciones sociales que ella misma dirige.

En la sociedad burguesa ya se han establecido algunas premisas de la formación de esta asociación: el partido comunista y las organizaciones de masas. Sin embargo, ellas cubren una parte mínima de los trabajadores y todavía tienen muchas limitaciones con respecto a la igualdad real de los individuos que las componen (división dirigentes-dirigidos, hombres-mujeres, etc.). Ellas se ven reforzadas por las luchas revolucionarias a través de las cuales el proletariado llega a la conquista del poder. El pleno establecimiento de la asociación, su articulación en organizaciones e instituciones, la creación y consolidación de relaciones sociales adaptadas a la misma y la incorporación en la misma de toda la población son el resultado de todo el período histórico del socialismo: en esto principalmente consiste la transición del capitalismo al comunismo. Cuando esta asociación logrará la capacidad de dirigir todo el movimiento económico y espiritual de la sociedad, su formación será completada. Será también en este caso un proceso cuantitativo que dará lugar a un cambio cualitativo. Entonces no necesitaremos más ni el Estado ni el partido comunista y los dirigentes serán simples delegados para realizar ciertas funciones, reemplazables en cualquier momento porque miles de personas serán capaces de hacer ese trabajo igual de bien.

En la sociedad socialista, el carácter colectivo de las fuerzas productivas se expresa entonces de forma positiva como un impulso a la:

- transformación de la sociedad heredada del capitalismo,

- abolición de la propiedad privada y de grupo de todas las fuerzas productivas, incluyendo la propiedad privada de la fuerza de trabajo (“de cada cual según su capacidad”),

- eliminación de la división de la sociedad en clases,

- eliminación de la discriminación entre hombres y mujeres, entre adultos y jóvenes, las diferencias entre la ciudad y el campo y entre países, regiones y sectores atrasados y países, regiones y sectores avanzados,

- eliminación de la diferencia entre el trabajo manual y el trabajo intelectual,

- creación masiva de un gran nivel cultural y de las habilidades para llevar a cabo actividades organizativas, planificadoras y directivas,

- distribución de los bienes de uso individual implementadas de acuerdo con el principio de “a cada cual según su necesidades”,

- establecimiento de una comunidad mundial en la que el impulso para el desarrollo de la productividad del trabajo humano son la reducción de la fatiga y la duración del trabajo obligatorio y el crecimiento de las libres actividades creativas, de las actividades “propiamente humanas” y las relaciones sociales de cada individuo. (2)

Este proceso de transformación cuantitativa se traducirá en un salto de calidad, cambiará la naturaleza del trabajo: no será una condena y una obligación y se convertirá en la principal expresión de la creatividad de cada ser, la necesidad, la expresión y la manifestación primaria de su existencia social. (64)

La experiencia de la época del imperialismo y de las revoluciones proletarias ha confirmado lo que el análisis marxista del modo de producción capitalista ya había puesto de relieve: la transición de la humanidad del capitalismo al comunismo se realiza y se puede realizar sólo con un progreso en oleadas sucesivas cuyo motor es la lucha entre las clases. Con cada nueva oleada nuevos pueblos pasan al socialismo y la transformación de las sociedades socialistas hacia el comunismo va más adelante. A la ola sucede el reflujo: las transformaciones son absorbidas, distribuidas, materializadas, verificadas, corregidas, consolidadas, descartadas, bloqueadas o invertidas. Avances y retrocesos son inevitables mientras la humanidad en su conjunto se abre el camino hacia el comunismo. La burguesía y sus portavoces durante los períodos de avance luchan con determinación salvaje para apagarlos y sabotearlos y en cada reflujo se precipitan a proclamar que el comunismo es imposible, que el comunismo está muerto. Pero el capitalismo no resuelve ninguno de los problemas que habían llevado las clases oprimidas y los pueblos hacia el comunismo. Así que estos repetirán los intentos hasta que llegue el éxito. El proletariado y su portavoz también aprenden desde cada reflujo, acumulan las fuerzas materiales y espirituales con las que preparan el nuevo período de progreso que sigue invariablemente cada período de reflujo.



1.7.2. El socialismo triunfa en uno o en algunos países a la vez, no al mismo tiempo en todo el mundo


Los primeros países socialistas han involucrado una parte limitada aunque considerable de la humanidad, alrededor de un tercio. El movimiento comunista es por su naturaleza mundial. La unidad económica del mundo, creada por el capitalismo, se refleja en el carácter internacional de la situación revolucionaria que permite que la clase obrera tome el poder y el carácter mundial que tendrá el comunismo. (53) Sin embargo, el desequilibrio en el desarrollo material y espiritual de los diferentes países y de las diferentes partes de la economía mundial en el capitalismo se refleja en el hecho que la clase obrera ha ganado, y probablemente también en el futuro conquistará el poder en momentos distintos de un país a otro. Así que la transición del capitalismo al comunismo se iniciará en diferentes momentos y procederá a un ritmo diferente y con diferentes formas en los diferentes países. Incluso hoy en día, muchos países todavía tienen que hacer una revolución democrática que elimine las relaciones de dependencia personal (esclavistas, patriarcales, feudales, clericales, etc.): sólo sobre la base de esta revolución democrática será posible establecer el socialismo.

También el camino de la transición será necesariamente diferente, porque va a reflejar sea la diversidad de los puntos de partida (la profundidad de la revolución democrática, el grado de capitalización de la actividad económica y subsunción (*) de la sociedad en el capital, el nivel en el cual ya se afirmó el carácter colectivo de las fuerzas productivas), (9) (34) que la diversidad de los caracteres nacionales, que está lejos de haber desaparecido, aunque el capitalismo ha atenuado considerablemente el aislamiento de las naciones y de los países.

Haciendo el balance de la experiencia de los primeros países socialistas debe tenerse en cuenta que ellos han implicado sociedades englobadas en el sistema imperialista mundial, pero todavía no “realmente subsumidas” (34) en el capitalismo y en las cuales la revolución democrática aún no había cumplido su obra histórica. Su incorporación al sistema imperialista mundial impedía que ellos eliminaran las viejas relaciones de producción y cumplieran la eliminación de las relaciones de dependencia personal, si no estableciendo el socialismo. Ellos tuvieron que combinar la lucha para eliminar los viejos modos precapitalistas de producción, la lucha por eliminar las relaciones de dependencia personal correspondientes a éstos y la lucha para hacer colectivas fuerzas productivas que eran en manera preponderante todavía individuales, con el socialismo. Así las formas e instituciones del socialismo que vemos en los primeros países socialistas son muy diferentes de las que tendrá el socialismo cuando se establecerá en los países imperialistas. No es casualidad que ya a partir del II congreso de la Internacional Comunista Lenin y Stalin han sistemáticamente exhortado a los comunistas de los países imperialistas de no tomar a Rusia y la Unión Soviética como modelo.

A pesar de estas importantes diferencias, la experiencia de los primeros países socialistas está llena de lecciones para nosotros.


1.7.3. Las etapas por las cuales pasaron los primeros países socialistas


La vida de los países socialistas creados durante la primera oleada de la revolución proletaria abarca un período relativamente corto, desde 1917 hasta hoy. A pesar de la gran diversidad de país a país, en sus vidas los primeros países socialistas han atravesado fundamentalmente tres fases. (65)

La primera fase se inició con la conquista del poder por la clase obrera y su partido comunista (casi en todas partes a la cabeza de una revolución de nueva democracia). Se caracteriza por las transformaciones que alejan los países socialistas del capitalismo y de los modos precapitalistas de producción y los llevan hacia el comunismo. Es la etapa de la “construcción del socialismo”. Esta fase en la Unión Soviética duró casi 40 años (1917-1956), para las democracias populares de la Europa oriental y central aproximadamente unos 10 años (1945-1956), para la República Popular China menos de treinta años (1950-1976).

La segunda fase comenzó cuando los revisionistas modernos ganaron el liderazgo del partido comunista e invirtieron el sentido de la transformación. Es la fase que se caracteriza por el intento de establecer o restaurar el capitalismo gradual y pacíficamente. Ya no se realizan pasos hacia el comunismo. Los gérmenes de comunismo son sofocados. Se da espacio a las relaciones capitalistas aún existentes y se intenta hacer de manera que reaparezcan aquellas desaparecidas. Se camina al revés el sendero recorrido en la primera fase, hasta la propuesta patética de la NEP hecha por Gorbachov al final de los años ochenta! (66) Es la fase del “intento de restaurar pacífica y gradualmente el capitalismo”. Esta fase se inició por la URSS y las democracias populares de la Europa oriental y central más o menos en 1956 y se prolongó hasta el final de los años ’80, para la República Popular China se abrió en el 1976 y todavía está en curso.

La tercera fase es la fase de “tratar de restaurar el capitalismo a toda costa”. Es la etapa de la restauración a gran escala de la propiedad privada de los medios de producción y de la integración a cualquier precio en el sistema imperialista mundial. Es el escenario de un nuevo enfrentamiento violento entre las dos clases y las dos vías: ¿la restauración del capitalismo o la recuperación de la transición al comunismo? Esta fase se inició por la URSS y por las democracias populares de la Europa oriental y central más o menos en 1989 y todavía está en curso.


1.7.4. Los pasos ejecutados por los primeros países socialistas hacia al comunismo en la primera fase de su existencia


El socialismo es la transformación de las relaciones de producción, del resto de las relaciones sociales y las concepciones consecuentes para que se adapten al carácter colectivo de las fuerzas productivas y el fortalecimiento del carácter colectivo de aquellas fuerzas productivas para las cuales ese carácter es todavía secundario. Así que los progresos realizados por la clase obrera en la primera fase de la vida de los primeros países socialistas debe ser identificado en las relaciones de producción (propiedad de las fuerzas productivas, relaciones entre los trabajadores en el proceso del trabajo, la distribución del producto), en el resto de las relaciones sociales (política, derecho, cultura, etc.) y en las concepciones, en la conciencia de los hombres y de las mujeres.

¿Cuáles fueron los principales pasos hacia adelante?

1. El Estado y el poder político.

- Rol dirigente del partido de la clase obrera y creación de un sistema de dictadura del proletariado.

- Movilización de las masas para asumir tareas en la Administración Pública (organizaciones de masas y el partido comunista).

- Internacionalismo proletario y apoyo a la revolución proletaria en todo el mundo.

- Coexistencia pacífica entre países con diferentes sistemas sociales (contra la agresión que los Estados y los grupos imperialistas tendían a desencadenar contra los países socialistas).

2. La transformación en las relaciones de producción.

2a - Propiedad de los medios y condiciones de producción.

Eliminación de la propiedad privada de las principales estructuras de producción, eliminación de las relaciones comerciales entre las principales unidades de producción: asignación de las tareas productivas y de los recursos a través del plan, distribución planificada de los productos entre sectores y unidades de producción.

Transformación de las actividades individuales (agricultores, artesanos, etc.) en actividades de cooperación.

Obligación universal de realizar servicios comunitarios (trabajo socialmente útil).

Atenuación de la propiedad privada de la capacidad de trabajo, en particular de la capacidad de trabajo más cualificada.

Desarrollo del trabajo voluntario a gran escala para satisfacer las necesidades sociales (sábados comunistas).

2b - Relaciones entre las personas en el trabajo.

Eliminación de la discriminación contra las mujeres y las minorías raciales y nacionales.

Medidas de integración entre el trabajo manual y el trabajo intelectual (de dirección, de organización, de planificación, de administración, de contabilidad, etc.).

Distribución entre toda la población del trabajo necesario y trabajo intelectual (en los ámbitos cultural, recreativo, político, etc.).

Medidas de integración entre el trabajo sencillo (abstracto) y el trabajo complejo (concreto).

Integración de la ciudad y el campo: urbanización del campo.

2c - Distribución del producto entre los individuos. (67)

Eliminación de los ingresos no laborales (ganancias, rentas, intereses, derechos de autor, etc.).

Retribución de los trabajadores de acuerdo a la cantidad y calidad del trabajo realizado.

Incremento de la disponibilidad gratuita o casi gratuita de bienes de consumo de primera necesidad.

Prestación de algunos servicios según la necesidad (educación, salud, etc.).

Atribución de los privilegios que todavía no se pueden eliminar a la función en lugar que al individuo.

3. La transformación en las relaciones superestructurales.

Constitución de organizaciones de masas basadas en el centralismo democrático entregando a ellas la organización y gestión de un número creciente de actividades de la Administración Pública (reducción del rol de los funcionarios públicos profesionales).

Promover el acceso universal a la educación en todos los niveles y para todas las edades.

Eliminación de las religiones estatales, de los privilegios de las iglesias y libertad universal para todos los cultos y religiones, libertad de no profesar ningún culto y hacer propaganda al ateísmo.

Lucha contra las sectas y las sociedades secretas.

Difusión y profundización de la autonomía local en todos los ámbitos (políticos, culturales, económicos, educativos, de la justicia, del orden público, de los militares, etc.): los soviets en la Unión Soviética, las comunas en la República Popular China.

Reconocimiento de la maternidad y el cuidado y educación de los niños como una función social.

Emancipación de las mujeres de los hombres.

Emancipación de los niños y jóvenes de sus padres.

Lucha contra las discriminaciones raciales y nacionales.

Los intelectuales del sector cultural al servicio de los trabajadores y difusión de las actividades culturales entre los trabajadores.

Control de masa sobre los dirigentes y miembros del partido comunista.

Depuración periódica de los dirigentes y miembros del partido comunista.


1.7.5. Los retrocesos realizados por los revisionistas modernos en la segunda fase de la existencia de los primeros países socialistas


Los retrocesos realizados en la segunda fase de los países socialistas se identifican con los mismos criterios utilizados para identificar los progresos realizados en la primera fase.

1. El Estado y el poder político.

Supresión de las medidas destinadas a preservar la naturaleza de clase del partido (“partido de todo el pueblo”) y el sistema político (“Estado de todo el pueblo”) y apertura a los miembros de las clases privilegiadas.

Fin de las campañas de movilización de las masas para asumir nuevas y más amplias responsabilidades en los ámbitos económico, político y cultural.

Integración económica, política y cultural de los países socialistas en el mundo imperialista: sustitución de la coexistencia pacífica entre países con diferentes sistemas sociales y del apoyo a la revolución proletaria con la competencia económica, política y cultural entre los países socialistas y los países imperialistas.


2. La transformación de las relaciones de producción.

2a - La propiedad de los medios y condiciones de producción.

Introducción de la autonomía financiera de las empresas.

Atenuación del rol del plan en la distribución de los productos entre sectores y unidades de producción.

Introducción de las relaciones directas entre las unidades de producción y el intercambio de bienes y servicios.

La expansión de la propiedad individual (en el campo, en el comercio minorista, en las prestaciones del trabajo entre privados).

Eliminación de la obligación universal de realizar un trabajo socialmente útil.

Atenuación de la función social del trabajo voluntario.

2b - Las relaciones entre las personas en el trabajo.

Atenuación o eliminación de las medidas para la integración y combinación de trabajo manual e intelectual (de gestión, organización, planificación, administración, contabilidad, etc.).

Atenuación o eliminación de las medidas que implementaban la participación de toda la población al trabajo necesario y que promovían la participación de los trabajadores manuales en el trabajo intelectual (en los ámbitos cultural, recreativo, político, etc.): exaltación de la profesionalidad, a expensas de la orientación política e ideológica de los dirigentes.

Ampliación de la división entre trabajo simple (abstracto) y trabajo complejo (concreto).

Aflojamiento de las medidas dirigidas a combinar la ciudad y el campo.

Desarrollo desigual entre regiones y por lo tanto la promoción de las contradicciones entre las masas.

2c - Distribución del producto entre los individuos.

Legitimación de los ingresos no laborales (ganancias, rentas, intereses, derechos de autor, etc.).

Uso de los aumentos salariales para silenciar contradicciones entre las masas y la autoridad.

Rol principal atribuido a los incentivos económicos individuales para aumentar la productividad del trabajo.

Reducción de la disponibilidad libre o casi libre de productos de primera necesidad.

Reducción de la oferta de servicios de acuerdo a las necesidades (educación, salud, etc.), introducción de dos categorías de servicios (públicos y privados), y deterioro de los servicios públicos.

Legalización y legitimización moral del enriquecimiento individual.

3. La transformación en las relaciones superestructurales.

Transformación de las organizaciones de masas (que antes eran principalmente órganos de participación de las masas populares en la gestión de la vida social) en órganos de la Administración Pública o en órganos de control sobre las masas populares.

Disminución de las organizaciones de masas privadas de autoridad y de las autonomías locales.

Atenuación de la lucha por la emancipación de las mujeres de los hombres.

Reevaluación del rol de la familia en relación con los niños y los jóvenes.

Concesiones de privilegios a las iglesias y al clero a cambio de cooperación y lealtad al poder político.

Aumento del rol de los funcionarios profesionales en el desempeño de funciones sociales.

Autonomía de los intelectuales de los trabajadores.

Abolición del control de masa sobre los dirigentes y sobre los miembros del partido comunista.

Abolición de la depuración periódica de los dirigentes y miembros del partido comunista.

Sustitución de la fidelidad a los líderes y a la organización y de la disciplina como principales criterios de pertenencia al partido comunista en lugar de la entrega a la causa del comunismo, de la línea política y del vínculo con las masas.


1.7.6. ¿Cómo fue posible que los revisionistas modernos tomaran el poder?


La posibilidad de volver atrás es inherente a la naturaleza de los países socialistas. Negar esto es negar que la lucha de clases continúa incluso después que la clase obrera ha ganado el poder.

En general, los países socialistas en la primera fase de su existencia han hecho grandes avances en la transformación de la propiedad de los medios de producción, el primero de los tres aspectos de las relaciones de producción. “La transformación socialista de la propiedad es para nosotros cumplida en lo esencial”, decía Mao en los años ’60. Pero todavía había propiedad individual en pequeña medida y la propiedad de grupo de trabajadores aún estaba presente en gran escala (granjas colectivas, comunas, cooperativas). También era un problema aún no resuelto en gran medida el problema de la eliminación de la propiedad privada de su fuerza de trabajo, incluso de la mano de obra más calificada: ingenieros, intelectuales, científicos, entre otros. Esto por lo que concierne el primer aspecto de las relaciones de producción.

En los países socialistas al final de la primera fase la masa de los trabajadores aún estaba lejos de poder dirigirse directamente, todavía estaba lejos de esa condición, en las palabras de Lenin, donde “incluso una cocinera puede dirigir los asuntos del Estado”, Aunque muchos trabajadores habían hecho avances en este sentido, y aunque las condiciones materiales para lograr esta condición han sido, en el marco histórico, totalmente planteadas por el propio capitalismo. (68) Hasta que los miembros de la población no estén en masa en esta condición, quien dirige no es un simple delegado a realizar una función socialmente necesaria, reemplazable en cualquier momento con miles de otros igualmente capaces. Él tiene un poder personal que la gran mayoría de los otros individuos no son capaces de ejercer y que todavía es socialmente necesario: no se puede eliminar simplemente (cómo con las palabras, y no con los hechos, sostienen los anarquistas). Esto por lo que concierne el segundo aspecto de las relaciones de producción y las relaciones superestructurales.

Los países socialistas al final de la primera fase aún estaban lejos de ser capaces de hacer una distribución de los productos basada en el principio de “a cada quien según sus necesidades”, a pesar que se habían realizado algunos progresos en esta dirección y que las condiciones materiales para lograr esta condición fueron, en el marco histórico, totalmente planteadas por el propio capitalismo. (69) En la medida en que esta condición no se realizó, los que dirigen para realizar sus tareas tiene condiciones de vida y de trabajo que los demás miembros de la población no tienen en masa. La distribución “a cada quien según la cantidad y la calidad de su trabajo” crea por sí misma grandes disparidades entre los individuos, tiende a restablecer relaciones de explotación y también abre mil destellos a violaciones del mismo principio “a cada quien según la cantidad y la calidad de su trabajo”. Esto por lo que concierne el tercer aspecto de las relaciones de producción y las relaciones superestructurales. (70)

En los países socialistas, en la primera fase de sus vidas, se habían hecho grandes pasos adelante en poner la cultura, el arte y la ciencia al servicio de los trabajadores, de manera que el patrimonio cultural, artístico y científico sirviera a los trabajadores para comprender y resolver los problemas de su vida espiritual y material. Sin embargo, la cultura, el arte y la ciencia seguían siendo sectores dominados en gran parte por la concepción burguesa. Intelectuales, artistas y científicos se consideraban personas especiales y vivían, en muchos aspectos, una vida retirada y privilegiada. La masa de la población gozaba en medida todavía limitada del patrimonio cultural, artístico y científico de la sociedad.

En cada uno de los campos indicados de la vida social, en los primeros países socialistas había una feroz lucha entre la burguesía y la clase obrera. En los países socialistas la burguesía está constituida por lo esencial de aquella parte de los líderes de la nueva sociedad (del partido, del Estado, de las organizaciones de masas, de la administración pública, de las otras instituciones sociales) que se oponen a la transformación y siguen el camino del capitalismo. (71) Su presencia alimenta tendencias y sueños de restauración. Tendencias y sueños de restauración conducen inevitablemente a tentativas de restauración. Este es un dato objetivo que estará presente a lo largo de la era socialista, en todos los países socialistas.

¿Qué es lo que convierte a esta posibilidad en realidad? Los errores de la izquierda. Fueron esos errores, acumulándose sin ser corregidos, que se pusieron sistemáticos hasta ser una línea de instauración o de restauración del capitalismo y de sofocamiento de los gérmenes de comunismo y permitir que la dirección fuera tomada por los promotores y partidarios de la restauración.

El error es inherente a cada nueva experiencia, que no tiene precedentes. El estudio en profundidad de la experiencia de los países socialistas y la cooperación fraterna con los comunistas de los primeros países socialistas proporcionarán a los comunistas la oportunidad de evitar cometer los errores hechos en los primeros países socialistas y en general la posibilidad de cometer menos errores. La lucha entre las dos líneas en el partido comunista, la conciencia de la lucha de clases, el conocimiento de la burguesía de los países socialistas, la práctica de la crítica y la autocrítica, y en general las enseñanzas acerca de la lucha de clases en la sociedad socialista resumidas en el maoísmo, permitirán a los futuros países socialistas de proceder más lejos.

La razón principal de la caída de los regímenes revisionistas a finales de los años ochenta fue la crisis general del mundo capitalista. Ella ya no permitía que continuara la erosión lenta y gradual del socialismo. La burguesía, que gobernaba los países socialistas ya no era capaz de hacer frente a las deudas con los bancos y las instituciones financieras internacionales, no era capaz de movilizar a las masas de los países socialistas para hacer frente a las consecuencias de la cancelación de la deuda externa y se redujo a la liquidación de los bienes y recursos de los países socialistas en el mercado imperialista, precipitando así la crisis económica interna que se convirtió en una crisis política. La burguesía de los países imperialistas necesitaba nuevos campos de inversión, nuevos ingresos y nuevos mercados; también se enfrentaba con dificultades cada vez mayores a la acción de perturbación que los países socialistas llevaban en sus relaciones con las masas de los propios países imperialistas y con las semicolonias y en las relaciones entre los propios grupos imperialistas. La burguesía tuvo que jugar todo por todo: un juego doloroso para las masas, pero muy arriesgado para la burguesía. Se quitó la máscara y la lucha entre las dos clases y las dos vías ahora está de nuevo abierta en todos los países socialistas.


1.7.7. Las enseñanzas de los primeros países socialistas


En su corta existencia, los primeros países socialistas

1. han demostrado que para establecer el socialismo la clase obrera tiene que tener un partido comunista y han proporcionado enseñanzas grandes y extensas sobre la naturaleza de este partido;

2. han enseñado que para establecer el socialismo la clase obrera debe tomar la dirección del resto del proletariado y de las masas populares (frente);

3. han demostrado que para establecer el socialismo la clase obrera debe construir sus fuerzas armadas, que debe destruir el viejo Estado y la vieja Administración Pública de la burguesía, que tiene que establecer su propia dictadura;

4. han demostrado que la clase obrera debe mantener su dictadura por tiempo indefinido;

5. han demostrado que la clase obrera debe movilizar a las masas, organizarlas y capacitarlas para asumir tareas cada vez más grandes en la administración pública, en la economía y en la superestructura a través de un articulado sistema de organizaciones de masa;

6. han enriquecido enormemente las enseñanzas de la Comuna de París, y mostrado que la dictadura del proletariado combina en una relación de unidad y lucha la creciente participación de las masas organizadas en la gestión de la vida social con la acción de las instituciones del Estado basadas en la jerarquía y la profesionalidad (ver el capítulo 3.1 punto 2);

7. han proporcionado una demostración a gran escala que el comunismo es posible. En la primera fase de su existencia han dado una respuesta afirmativa práctica y a gran escala a la pregunta a la que Marx y Engels habían dado por las fuerzas de las cosas una respuesta sólo teórica; (72)

8. han mostrado de que grandes empresas son capaces las masas populares dirigidas por la clase obrera;

9. han proporcionado una enorme masa de experiencias concretas sobre cómo organizar la vida y transformar las relaciones sociales en todos los ámbitos de la vida económica, cultural, artística, científica, etc.;

10. han demostrado que, una vez establecidos, los países socialistas no pueden ser vencidos por cualquier agresión externa (en Hungría en 1919 la República de los consejos fue sofocada en los primeros meses);

11. han demostrado que la lucha de clases continúa incluso después de la conquista del poder, e incluso después de haber en lo esencial transformado las relaciones de propiedad de los medios de producción (trabajo muerto);

12. han demostrado que la cultura y en general las actividades superestructurales son el campo en el cual la resistencia de la burguesía es más tenaz y más difícil de ganar;

13. han demostrado que en los países socialistas la burguesía, de la cual pueden venir intentos de restauración, está constituida en su mayor parte de esa parte de los dirigentes del partido, del Estado, de la Pública Administración, de las organizaciones de masas que se oponen a los pasos que se pueden y se deben cumplir hacia el comunismo;

14. demostraron que la involución (el camino al revés) es un proceso posible, pero difícil y lento, y tanto más difícil cuanto más avanzada es la transformación hacia el comunismo y cuanto más las masas han sido protagonistas activas del proceso de transformación.

La historia de la tercera fase de los países socialistas confirma que la restauración del capitalismo es imposible, sino como un proceso de agitación y de decadencia general de la sociedad, que tomará un período no se sabe cuan largo. Es imposible retraer pacíficamente los hombres y las mujeres formados por el socialismo a vivir en un sistema inferior: deben ser deformados, estropeados y violados en una medida que hasta el momento no podemos imaginar. Más de 15 años después de la “revolución democrática” los países socialistas siguen siendo el eslabón débil del imperialismo, los países en los que el destino de la burguesía es más inseguro.

Al igual que la Comuna de París fue la guía de los comunistas para hacer su trabajo en la primera oleada de la revolución proletaria, la experiencia de la Unión Soviética, de la República Popular China, de los otros países socialistas y de la Revolución Cultural Proletaria van a ser la guía de los comunistas en el desempeño de sus funciones en la segunda oleada de la revolución proletaria.


1.8. Conclusiones


La experiencia de la lucha de clases que hemos resumido nos enseña que el comunismo se ha vuelto económicamente necesario además que posible. Es decir, es económicamente posible y necesario que la clase obrera tome el poder. El movimiento político de las sociedades burguesas, por razones económicas que la burguesía no puede eliminar, es tal que se producen periódicamente largos períodos de crisis e inestabilidad política (situaciones revolucionarias de largo plazo). Para el inicio de la transición, es necesario para la clase obrera resolver los problemas políticos y culturales de su transformación en clase dirigente, en esencia que tenga un “verdadero” partido comunista, para aprovechar de esas situaciones revolucionarias para acumular fuerzas hasta llegar en condiciones favorables a una confrontación decisiva con la burguesía imperialista y establecer su propio poder como el único poder político en todo el país.

Respecto a los comunistas que llevaron a cabo su tarea en la primera oleada de la revolución proletaria, ¿qué es lo que ha cambiado?


1. Tenemos a nuestro favor la experiencia de la primera crisis general, de la primera oleada de la revolución proletaria y la experiencia de los primeros países socialistas. Estas experiencias se resumen en el maoísmo, tercera superior etapa del pensamiento comunista, después del marxismo y el leninismo.


2. El fracaso del revisionismo moderno como política proletaria es ahora evidente para todo el mundo: toda su pretensión de ser “el socialismo realmente realizado” y de ser científico ha sido desenmascarada por la práctica.


En los países socialistas, los revisionistas modernos durante mucho tiempo han tratado de restaurar pacíficamente el capitalismo corroyendo y corrompiendo paso a paso las instituciones y estructuras de la sociedad socialista, haciendo imposible su operar, haciendo que las contradicciones se pudrieran, volviendo a dar espacio en los ámbitos económicos, políticos y culturales a todos los elementos y todas las prácticas atrasadas heredadas de la vieja sociedad burguesa o feudal. El proyecto de restauración pacífica del capitalismo pero fracasó gracias a la resistencia de las masas. Los revisionistas modernos sólo han logrado precipitar los países socialistas en el caos y llevar la situación a un punto tal que un nuevo enfrentamiento abierto se ha puesto inevitable. Los revisionistas modernos han ido a pique, su lugar ha sido tomado por los defensores abiertos de la restauración, decididos a lograrlo a costa de toda violencia y coacción, a costa de cualquier sacrificio y sufrimiento de las masas. La delimitación de los frentes entre los partidarios de la recuperación del avance hacia el comunismo y los partidarios de la restauración del capitalismo, las nuevas “guardias blancas” y el despliegue de sus fuerzas componen el proceso que se manifiesta en las escaramuzas de estos años.

En los países imperialistas, los revisionistas modernos han podido surgir y consolidarse gracias a la fase de expansión y desarrollo económico que estos han habido en los treinta años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Ellos han sido los organizadores y líderes de las instituciones y prácticas en las cuales el proyecto de construir un capitalismo con rostro humano se ha materializado y han sido los predicadores de la ilusión que este podía durar y expandirse indefinidamente. Desde cuando hubo el viraje y la burguesía comenzó a desmantelar una tras otra las instituciones y las prácticas del capitalismo con rostro humano, disminuyó el terreno en el cual se apoyaban los revisionistas modernos y comenzó su inexorable declive. El reformismo ha perdido la base real (las conquistas económicas, políticas y culturales) que le daba fuerza, se ha convertido y se está convirtiendo cada día más en reformismo sin reformas, en ambiciones desmesuradas, en aventurerismo, en discurso vacío del cual las masas se escapan. La fuerza de los grupos y partidos reformistas y sus viejas organizaciones de masas (sindicatos, etc.) procede del apoyo de las masas proporcionalmente cada vez menos y cada vez más de los favores de la burguesía. Pero la burguesía podrá siempre menos confiar en los reformistas para gobernar las masas y luego cada vez menos concederá sus favores a ellos, aunque ellos siguen siendo su último recurso para dividir a las masas suficientemente para reprimirlas con éxito: de hecho ellos abren el camino para la movilización reaccionaria de las masas, de la cual, pero, al menos en parte, se convertirán también en víctimas.

En los países semicoloniales la conciliación con el imperialismo ha mantenido la mayoría de los países semicoloniales en un estado de atraso económico y cultural, dependencia y fragilidad política. Llamado en el lenguaje de los imperialistas “países en desarrollo”, el crecimiento económico y cultural se mantuvo por la mayor parte de ellos un espejismo. El desarrollo de la crisis general tira incansablemente día tras día la cortina de los “milagros económicos” y pone al desnudo la explotación, la pobreza, el hambre y los crímenes que la burguesía imperialista ocultaba con esta cortina. La dominación del imperialismo y de los grupos indígenas feudales y capitalistas-burocráticos y compradores destruyó las condiciones aunque sean primitivas de supervivencia de grandes masas, tiró la mayor parte de la población mundial (que vive en estos países) en un estado de marginación y de sub-alimentación crónica que la empuja cada vez más a la emigración salvaje hacia los países imperialistas. En casi todos los países semicoloniales, sin embargo, han aumentado el proletariado y las fuerzas revolucionarias. La codicia y la avaricia de los banqueros imperialistas y sus servidores locales hacen de la revolución de nueva democracia la única forma de supervivencia para las grandes masas.


3. La contradicción entre el carácter colectivo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción capitalista se ha vuelto más abierta y más aguda. El proceso de producción de las sociedades actuales se ha vuelto aún más profunda y difusamente obra colectiva de un organismo mundial; cada parte de esto sólo puede funcionar si también funcionan las otras y gracias al funcionamiento de todas las otras. En los sesenta años y más transcurridos desde el final de la Segunda Guerra Mundial han sido aun más reducidos los ámbitos de los sistemas autónomos o locales de producción. En el plano económico, el mundo se ha convertido en sentido más estricto en un organismo único, aunque perturbado en su funcionamiento cada vez más por las contradicciones, precisamente por el carácter capitalista de las relaciones entre las partes que lo constituyen. La unidad del mundo creado por el capitalismo se vuelve más profunda, pero propio por esto las formas burguesas de esta unidad se convierten siempre más en una fuente de malestar, de opresión, de rebelión, de guerras, de revoluciones, de destrucción y saqueo. En efecto, los capitalistas y sus seguidores pretenden que el funcionamiento de un organismo de ese tipo se siga basando en la posesión individual de las fuerzas productivas y sobre el robo de tiempo de trabajo de otras personas, como en los días en que el funcionamiento y el resultado de las fuerzas productivas dependían principalmente de los recursos y de la energía de la persona o grupo que las gestionaban. En la sociedad burguesa los especuladores se han convertido en los “héroes de nuestro tiempo”. Es imposible eliminar esta contradicción si no se elimina el capitalismo: los conflictos que desgarran las sociedades imperialistas y la sociedad mundial (incluyendo, en particular, la destrucción del medioambiente que en los últimos cincuenta años se ha convertido en una contradicción universal) en última instancia derivan de dicho contraste fundamental, aunque se deriven de él a través de una serie de pasos intermedios que a veces dan a las manifestaciones concretas apariencias completamente diferentes. La realidad es que los que tienen dinero y por lo tanto pueden tener la iniciativa económica, quieren y necesitan ganar ya y mucho, el máximo y las masas tienen que perder sus energías para ellos, destruyendose a sí mismas y destruyendo las condiciones de sus vidas.


4. La burguesía no tiene ninguna posibilidad de poner fin directamente a la crisis actual, sólo puede atropellar al mundo de nuevo en un largo período de guerras y revoluciones de dimensiones que hoy ni siquiera imaginamos.

Las estructuras que dirigen el proceso de producción de la sociedad actual (el capitalismo monopolista de Estado, el capital financiero, los monopolios mundiales) son superestructuras, excrescencias del capitalismo viejo estilo hecho de productores capitalistas, comerciantes y banqueros, especuladores y acaparadores, productores y vendedores de bienes que aún constituyen la mayor parte de la sociedad burguesa. (73) Esas estructuras se apoyan en la gran base de la producción mercantil capitalista y la propiedad privada capitalista de las fuerzas productivas. Cada asociación de capitalistas y todos los acuerdos entre los capitalistas son, por lo tanto, temporales y funcionales para el beneficio de los capitales individuales y son minados desde adentro por la contradicción entre las distintas fracciones del capital. La alabada capacidad de los Estados y asociaciones nacionales e internacionales de los capitalistas para planificar el movimiento económico de la sociedad, para dirigirlo de acuerdo con un plan previamente trazado, para controlar y dirigir el movimiento económico, político y cultural de la sociedad, en definitiva la pretensión de haber entrado en un nuevo modo de producción, el neo-capitalismo, que superaría las debilidades del viejo capitalismo, se revela ante nuestros ojos una ilusión de algunos, una mentira interesada de otros, una pesadilla alucinada de otros más. El plan del capital ha existido sólo como jactancia de cabezas de huevo del capital y como especulación de los “obreristas” (*) y de sus maestros de la “Escuela de Fráncfort”. (74) (75)


5. La clase obrera es más numerosa y más extendida en el mundo y la proletarización ha crecido. La expansión del modo de producción capitalista en China, en India, en muchos otros países de Asia, de América Latina y de África ha multiplicado las fuerzas impulsoras del nuevo orden social. La globalización, la expansión de los monopolios internacionales (multinacionales) y la emigración masiva que la burguesía imperialista impone a las masas en todo el mundo, están creando un proletariado internacional como una figura concreta: el internacionalismo proletario adquiere nuevos medios de fuerza. Grandes masas han tenido con los primeros países socialistas una experiencia reciente, práctica y directa del socialismo.


6. La lucha de las mujeres por su emancipación y para tomar un rol de iguales en la vida social se ha convertido en un componente más importante y más consciente del movimiento comunista. Con el desarrollo que la humanidad ha tenido dentro del modo de producción capitalista, fueron finalmente eliminadas todas las condiciones objetivas en las que durante milenios se ha basado la subyugación de las mujeres a los hombres: la procreación como una obra esencial para la conservación de las especies, la fuerza muscular como un componente esencial de la fuerza de trabajo y la actitud al combate, etc. La discriminación contra las mujeres, como la discriminación racial, la religión y otros aspectos de los atrasos de la sociedad, sólo sobrevive porque es útil a la burguesía para prolongar la supervivencia de su orden social. La burguesía dificulta la emancipación de la mujer, ya que aprovecha cada división entre las masas populares, porque alistó para su apoyo a todas las fuerzas que sobrevivieron desde el pasado (en particular la Iglesia Católica) y porque la movilización de las mujeres para asumir en la vida social un rol de igualdad con los hombres contrasta con la necesidad que tiene la burguesía para mantener el complejo de las masas en un estado de sometimiento. En contrario, la lucha contra el capitalismo requiere la movilización de las trabajadoras y de las amas de casa de las familias trabajadoras, la lucha por el establecimiento del socialismo requiere la movilización de las mujeres de las masas populares, la marcha hacia la sociedad comunista exige la eliminación de las desigualdades entre hombres y las mujeres: tres factores que hacen necesaria la asunción por parte del movimiento comunista de la emancipación de la mujer como su objetivo y abren el camino a la movilización de las mujeres por su emancipación. La lucha de las mujeres por su propia emancipación se ha convertido en una componente del movimiento comunista y aumenta el área de los motores de la nueva oleada de la revolución proletaria. (76)


7. El desastre ecológico se ha convertido en una demostración objetiva y universal de la necesidad de superar el modo de producción capitalista.

a. El crecimiento ilimitado de la producción de mercancías como vehículo de la producción de la plusvalía que, por su naturaleza, el capital empuja hacia adelante sin límites,

b. los efectos de la competencia entre capitalistas productores de mercancías sobre la naturaleza de los productos y sobre el proceso de producción (de la forma de la producción sobre el contenido de producción),

c. la exclusión en masas de la mayoría de la humanidad de las actividades específicamente humanas, (2)

d. el crecimiento del consumo de masas como un instrumento de orden público (uno de los pilares de la contrarrevolución preventiva), (*)

e. la propiedad privada de los recursos naturales,

f. la anarquía relacionada con la división del capital entre varios capitalistas,

g. el freno que el modo de producción capitalista pone a la investigación científica y a la aplicación de los descubrimientos científicos a la producción de bienes y servicios y al resto de las actividades humanas,

son los siete factores que han producido e incrementado el saqueo de los recursos naturales, la contaminación ambiental y la devastación del planeta al punto tal que la eliminación del modo capitalista de producción se ha convertido en un requisito para la supervivencia de la especie humana. La experiencia ha refutado todas las teorías con las que algunos exponentes y simpatizantes de la burguesía han tratado de atribuir el desastre ecológico a otras cosas en lugar que al propio capitalismo. En particular, se ha mostrado que no depende del crecimiento de la población o de la cantidad limitada de recursos naturales. No es casualidad que ellos empezaron a lanzar sus profecías cuando la población mundial era un tercio de la actual. Los recursos que los hombres le toman al medio ambiente, y aún más las condiciones del recambio entre la especie humana y el resto de la naturaleza cambian con el tipo de actividades que los hombres realizan, con los progresos en el dominio de los seres humanos sobre la naturaleza, es decir, con los avances en la ciencia y la tecnología, con el orden social. La asociación cada vez más abierta de la ecología burguesa con la opresión de clase (los que pueden pagar pueden contaminar, los que no pueden pagar deben encogerse) y con la discriminación racial y nacional (los países oprimidos no deben alcanzar el nivel de vida de los países imperialistas) hacen que sea cada vez más claro el carácter de clase de la catástrofe ambiental. (76) Esto amplía el campo de las fuerzas que la clase obrera puede movilizar en su lucha contra el capitalismo y por la instauración del socialismo.


La nueva crisis general ha generado y genera una nueva situación revolucionaria en desarrollo. Las masas populares son impulsadas por la condición objetiva para movilizarse e incluso la clase dominante deberá empujar la movilización de las masas populares para hacer frente a los problemas de la clase dominante. Ella tratará de mantener su liderazgo sobre ellas desarrollando su movilización reaccionaria. No tiene otros caminos. La tarea de los comunistas en los próximos años es que prevalezca la dirección de la clase obrera en la movilización de las masas, transformándola en la movilización revolucionaria, en la lucha por el socialismo.

¿Cómo podemos lograr este objetivo?

Las masas populares se movilizan para resistir el avance de la segunda crisis del capitalismo. El desbaratamiento material y espiritual hoy en curso entre las masas es la forma en la cual ellas tratan de hacer frente a las situaciones en frente a las cuales las pone el avance de la crisis.

La resistencia de las masas al avanzar de la crisis incluye por un lado la defensa de las conquistas arrancadas (aspecto defensivo), por otro la lucha contra el régimen que las elimina, por otro más la lucha contra la represión con la que la clase dominante intenta sofocar individuos y organizaciones patrocinadoras de la resistencia (aspecto ofensivo). (77)

Esta es la tarea que las masas deben cumplir y sobre este terreno chocan las dos clases antagónicas, la burguesía imperialista para retener el poder y la dirección sobre las masas populares y la clase obrera para ganarlas.

Esto define la línea general del partido comunista en los próximos años:

Unirse estrechamente y sin reservas a la resistencia que las masas oponen y opondrán al proceder de la crisis general del capitalismo, comprender y aplicar las leyes según las cuales esta resistencia se desarrolla, apoyarla, promoverla, organizarla y hacer que prevalezca en ella el liderazgo de la clase obrera hasta convertirla en lucha para establecer el socialismo, adoptando como método principal de trabajo y dirección la línea de masa”.

La aplicación consecuente de esta línea general lleva el partido comunista a definir, con base en el balance de la experiencia, las líneas particulares que han de aplicarse en cada país y etapa por etapa, las formas de lucha y las formas consecuentes de organización (la vía a la revolución proletaria en su propio país).

 

Capítulo II

El movimiento comunista en Italia


2.1. Evaluación de la experiencia de la lucha de clases en nuestro país


2.1.1. La premisa y el contexto del movimiento comunista en Italia


Fue propio en Italia, que comenzó a desarrollarse el modo actual de producción capitalista que a lo largo de los siglos se extendería a toda Europa y de ella al mundo. Se despegó de la pequeña producción mercantil que vivía al margen y en los pliegues del mundo feudal, de la riqueza monetaria concentrada en las manos del clero y de los señores feudales, del lujo y del esplendor de la Iglesia y de las cortes feudales más avanzadas. Ya en el siglo XI Amalfi y otras ciudades de la península habían desarrollado una economía capitalista a un nivel relativamente alto. La principal forma de capital era el capital comercial, que ya hemos descrito en el capítulo 1.1.2. de este MP. El desarrollo del modo de producción capitalista continuó desde entonces durante algunos siglos en diversas partes de la península.

El desarrollo del capitalismo es, en el ámbito político, en la base de las guerras que en los siglos XI-XVI arreciaron en la península, trajeron la ruina de muchas familias y cortes feudales y llevaron en la península un golpe incurable al ordenamiento feudal. En el ámbito de la cultura es la base de la exuberante cultura de la época y de la influencia que por segunda vez en su historia, Italia tuvo en Europa y en el mundo. (78) La razón a la base de los contrastes políticos y culturales de los siglos XI-XVI es la lucha entre el naciente modo de producción capitalista y el mundo feudal que oponía una feroz resistencia, sobre todo porque encontraba apoyo y alimento en las relaciones con el resto de Europa en ese momento más atrasado. Es sólo a la luz de esta lucha que los diversos episodios de la vida política y cultural de la época dejan de ser una sucesión y una combinación de eventos aleatorios y arbitrarios y emerge la relación dialéctica que los une. (79)

El Papado fue la causa principal por la cual en la península no se ha formado una gran monarquía absoluta, cuando ellas se formaron en el resto de Europa, durante los siglos XV y XVI. Dada la fuerza que tenía entonces el Papado, era todavía inconcebible una unidad estatal de la península construida eliminando el Estado Pontificio. Por otra parte, ni a las otras potencias europeas ni al Papado convenía que la península fuera unificada políticamente bajo la soberanía del Papa. Para los otros Estados europeos era intolerable un Estado que combinara la autoridad internacional de la corte papal con los medios políticos y económicos de un Estado que comprendiera toda la península. Por otra parte para ponerse a la cabeza de un vasto país, incluidas regiones económica e intelectualmente ya muy avanzadas en el desarrollo burgués, el Papado hubiera tenido que transformarse en la semejanza de las otras monarquías absolutas. Esta transformación habría involucrado en un destino similar a los de otras dinastías europeas. Eso era incompatible con su rol internacional y su naturaleza inherentemente feudal. (80) No es casualidad que las iniciativas adoptadas por los Papas para ponerse a la cabeza de una unificación de la península fueron esporádicas y poco realistas.

En la península la lucha entre el naciente modo de producción capitalista y el viejo mundo feudal dio un giro en el siglo XVI. Con la reforma protestante el Papado perdió su poder en varios países europeos. En la península con la Contrarreforma él se impuso con decisión a la cabeza de las otras fuerzas feudales, salió victorioso de una lucha feroz e impusó un nuevo orden social. En esto, las instituciones y las corrientes burguesas eran sofocadas o mortificadas y los residuos feudales (principalmente el Papado) ocupaban el puesto de mando. Sin embargo, fue imposible borrar todo lo que ya había sucedido. Sobre todo porque los elementos, las instituciones y los portavoces del desarrollo burgués en la península (de las relaciones comerciales, la economía monetaria, la investigación científica, las libertades individuales, etc.) encontraron alimento en las relaciones con el resto de Europa, ahora más avanzado. La Contrarreforma aspiraba a ser un movimiento internacional, por el cual no podía cortar todos los lazos entre la península y el resto de Europa. El mismo Papado para triunfar había tenido que favorecer la intervención de los Estados europeos en la península. Pero en el resto de Europa la influencia de la Contrarreforma fue nula (en los países protestantes, hostiles al Papado) o atenuada (por el interés de las monarquías absolutas). Así que el desarrollo del capitalismo y de la conectada sociedad burguesa continuó y mantuvo su influencia sobre toda la península. También aquí por lo tanto continuó, aunque bajo diferentes condiciones, la decadencia de las instituciones y las relaciones feudales. Pero estando ellas a la dirección del país, su decadencia determinó desde entonces la decadencia de todo el país, esa decadencia respecto a los otros países europeos de la cual Italia no se recuperó ni con el “Risorgimento” en el siglo XIX y de la cual aún no ha recuperado (“imperialismo mendigo”, “anomalía italiana”, etc.).

La Contrarreforma detuvo en la península el desarrollo de las relaciones capitalistas de producción. Reprimió y de muchas maneras redujo la actividad empresarial de la burguesía. La indujo a renunciar en todo o en parte a los negocios y a convertirse en propietaria de la tierra, aún manteniendo su residencia en la ciudad. Con la reforma del clero y gracias también a la desaparición del rol político de los terratenientes feudales, reforzó la hegemonía de la Iglesia sobre los campesinos. (81) Se estableció en cada clase el monopolio de la Iglesia en la dirección espiritual de las mujeres y en la educación de los niños. Se interrumpió la separación de las actividades manufactureras de la agricultura realizadas por los capitalistas. Las industrias que siguieron existiendo y en algunos casos aún, con dificultad, a desarrollarse, no tenían como clientes a los campesinos que, por otra parte, constituían la gran mayoría de la población. La separación económica entre el campo y la ciudad se acentuó. En términos generales, en los tres siglos siguientes, la economía en la península resultó por todas partes basada sobre una masa de campesinos excluidos de la actividad mercantil: ellos producían en forma primitiva y en el ámbito de las relaciones serviles todo lo que le era necesario para vivir y cuanto tenían que entregar a los propietarios, al clero y a las autoridades. Los propietarios de las tierras, en su mayoría ciudadanos, las autoridades y el clero, sea que consumieran directamente sea que se comercializaran en las ciudades o en el exterior lo que extorsionaban a los campesinos, sin embargo, lo malgastaban parasitariamente. (82) Las ciudades ya tenían y mantuvieron una abundante población. Ella estaba compuesta por funcionarios, empleados, trabajadores de servicios públicos, policías, soldados, ociosos, ladrones, prostitutas, artesanos, intelectuales, artistas y profesionales que satisfacían, pagados principalmente en efectivo, a las necesidades y los vicios de los terratenientes, la autoridades y el clero. Las ciudades, en particular el caso de Roma y Nápoles, se convirtieron por lo tanto en enormes estructuras parasitarias: consumían lo que el clero, los terratenientes y las autoridades extorsionaban a los campesinos y no les daban nada a cambio a ellos. Italia permaneció políticamente dividida en varios Estados. Cada uno de ellos se hizo cada vez más una versión atrasada y en escala menor de las monarquías absolutas del resto de Europa. Durante tres siglos, desde la primera mitad del siglo XVI hasta la primera mitad del siglo XIX, la península fue dominada políticamente, una detrás de otra, por Francia, España y Austria, según los equilibrios que se formaban en otros lugares entre las potencias europeas.

Por lo tanto, Italia es un ejemplo histórico de cómo, cuando un país ha desarrollado una manera de producción superior, si la lucha entre las clases que son portadoras del viejo y del nuevo modo de producción no termina con una transformación revolucionaria de la entera sociedad, termina con la ruina común de las dos clases. (83)

Italia como Estado único e independiente fue creado hace poco más de 150 años, entre 1848 y 1870, cuando el reino de los Saboya se extendió a toda la península. La burguesía que dirigió la unificación ha dado el nombre de “Risorgimento” a este momento a y su obra. Con este nombre pomposo ella pretendió representar en la resurrección imaginaria de una nación que nunca había existido, la obra de construcción de una nación (“hacer los italianos”, dijo realísticamente Massimo D’Azeglio) que no podía lograr en la realidad porque hubiera requerido la movilización de la masa de la población.

El movimiento por la unidad y la independencia fue un efecto y reflejo de la evolución general de Europa, con el cual la burguesía de la península y sus intelectuales habían mantenido una estrecha relación, a pesar de la Contrarreforma. En particular, fue un aspecto del movimiento puesto en marcha por la Revolución Francesa de 1789 y culminado en la Revolución Europea de 1848. Esta, de hecho, dio el paso a la unidad y la independencia de Italia y de Alemania, los países sede de las dos instituciones políticas más típicas del mundo feudal europeo: el Papado y el Sacro Imperio romano alemán.

A mediados del siglo XIX, el modo de producción capitalista ya se había desarrollado completamente en Inglaterra, Bélgica, en grandes zonas de Francia y en otros lugares. Había subido la actividad industrial en un sector económico independiente de la agricultura y lo había puesto como el centro de la producción y reproducción de las condiciones materiales de existencia de la sociedad. Había conquistado en cierta medida también la agricultura, y había desarrollado claramente el antagonismo de clases entre el proletariado y la burguesía y que estaba empezando a entrar en la época imperialista.

¿Cuál era en la península la posición de las diversas clases con respecto al proceso a lo que el movimiento europeo las empujaba? La unificación política de la península y el desarrollo capitalista de su economía implicaba inevitablemente la abolición del Estado Pontificio y luego en todo caso iba en detrimento del clero y del resto de las fuerzas e instituciones feudales. Pero el obstáculo no era insuperable. El Papado había llegado al fondo de su declive. El apoyo de las potencias europeas al Papado se atenuó en gran medida. El resto de las instituciones feudales había seguido el Papado en su decadencia. No pocas de las familias nobles restantes ya eran asimiladas a la burguesía o subordinadas a ella por hipotecas y otros gravámenes. La burguesía italiana no podía permanecer ajena al movimiento europeo que al precio de sus intereses, perjudicados por la burguesía de los países vecinos que ya había entrado en una fase de expansión más allá de sus fronteras nacionales. La burguesía tenía por lo tanto mucho que ganar de la unificación y la independencia, pero el sistema social establecido por la Contrarreforma oponía directamente gran parte de ella a los campesinos. La variopinta población urbana dependía económicamente del parasitismo de las clases dominantes: era, por lo tanto, incapaz de un movimiento político propio. El proletariado, en el sentido moderno del término, era aún débil numéricamente y aún más políticamente: por lo tanto, era excluido que tomara la dirección del movimiento. En Milán, donde más estaba desarrollada, la clase obrera fue la fuerza principal de la revolución del 18 de marzo de 1848, hizo las barricadas y pagó de persona las consecuencias, pero fue la burguesía a cosechar los frutos también de esa revolución. Para los campesinos, que en el siglo IX constituían todavía una gran parte de la población de la península, los problemas prioritarios eran la posesión de la tierra y la abolición de la opresión feudal restante. Sin embargo, ellos estaban dispersos, disponibles para ser arrastrados en rebeliones cada vez que otros crearon una oportunidad para ellas, pero constitucionalmente incapaces de desarrollar una dirección propia independiente del resto de la burguesía y del clero.

El resultado de estos intereses de clase en conflicto fue que el movimiento por la unificación y la independencia de la península fue dirigido por el ala conservadora de la burguesía, los moderados de derecha liderados por Cavour bajo la bandera de la monarquía de los Saboya. Ella logró que trabajaran a su propio servicio, incluso el ala revolucionaria y popular de la burguesía, la izquierda cuyos exponentes más ilustres fueron Mazzini y Garibaldi. Esta de hecho no quería tomar la dirección de los campesinos. El movimiento de los campesinos por la tierra y por la abolición revolucionaria de las opresiones feudales restantes trató de abrirse camino en el curso de la lucha por la unificación política de la península, pero fue aplastado por la burguesía en su lucha por la unificación y la independencia de la península.

Debido a su conflicto de intereses con los campesinos, la burguesía unitaria tuvo que renunciar a movilizar a la masa de la población de la península para mejorar sus condiciones materiales, intelectuales y morales. Renunció, por lo tanto, también a establecer su hegemonía, su dirección moral e intelectual sobre la masa de la población. Esa reforma moral e intelectual de masas sin embargo era necesaria para un buen desarrollo del modo de producción capitalista. Pero el propósito de realizarla se redujo a intentos y esfuerzos poco realistas de grupos burgueses marginales. Sólo la movilización masiva de la población para mejorar sus condiciones podía de hecho crear una nueva moral independiente de la religión, que extraería sus principios, sus criterios y sus normas de las condiciones prácticas de existencia de las mismas masas. La historia unitaria de nuestro país está marcada en todos los aspectos por este desarrollo, en el Sur y en las zonas montañosas del Centro y del Norte más que en otros lugares. Fue el incipiente movimiento comunista, con sus legas, sus mutuas, sus cooperativas, sus círculos, sus sindicatos, sus cámaras de trabajo, su partido que, desde el “Risorgimento” en adelante, asumió el papel de promotor de la iniciativa práctica de las masas populares y por lo tanto, también de su emancipación de una concepción supersticiosa y metafísica del mundo y de su emancipación de los preceptos morales que se derivan de las condiciones sociales del pasado. Un poco a la vez se formó una vanguardia de los trabajadores. Ellos, a medida que se liberaban del barro del pasado (sostenido por el poder y el prestigio del Estado, de la Iglesia y de las otras autoridades y organizaciones paralelas de la clase dominante), con limitaciones, errores y vacilaciones, pero también con tenacidad, heroísmo y continuidad, en lugar de usar su propia liberación en términos de emancipación y capacitación personal, se organizaron para multiplicar sus fuerzas y difundir más ampliamente la reforma intelectual y moral necesaria para poner fin a la decadencia inaugurada por la Contrarreforma. Esta reforma es ya de hecho la reforma necesaria para salir del caos en que la dominación de la burguesía imperialista también ha llevado a nuestro país, para construir una Italia comunista.

Teniendo que reforzar la subyugación y explotación de la masa de los campesinos, la burguesía unitaria tuvo que apoyarse en la Iglesia que desde tiempo aseguraba las condiciones morales e intelectuales de esa subyugación y evitaba por lo tanto que fuera necesario recurrir en cada paso a las constricciones de las armas y los otros medios coercitivos del Estado. La burguesía redujo al mínimo indispensable las transformaciones impuestas a la Iglesia para adaptarse al nuevo orden político en el país. Asumió la defensa de gran parte de los intereses y privilegios del clero y pagó en diversas formas un rescate por aquellos que inevitablemente tuvo que abolir. También aseguró a los funcionarios, notables y dignatarios de los viejos Estados el mantenimiento de los patrimonios, de los privilegios, y en muchos casos también de los roles de los cuales los viejos gobiernos los habían dotados. Cargó al nuevo Estado incluso las deudas contraídas por los Estados suprimidos. En fin, donde, con la ayuda de la Iglesia y con las fuerzas ordinarias de su Estado no podría garantizar la represión de los campesinos, delegó fuerzas armadas locales (la mafia siciliana y las otras organizaciones afines) para reprimir campesinos bajo la alta protección y supervisión de su Estado. (84)

En resumen, debido a su conflicto de intereses con los campesinos, la burguesía unitaria no podía acabar con las fuerzas feudales residuales: el Papado, su iglesia, la monarquía, los propietarios de latifundios y las restantes instituciones, sectas, órdenes, congregaciones y sociedades secretas del mundo feudal. Ella optó por su integración gradual en la nueva sociedad burguesa. De hecho así aconteció. Pero, integrándose, han a su vez marcado y permanentemente contaminado los más importantes aspectos políticos, económicos y culturales de la formación socio-económica burguesa italiana. Los burgueses italianos quedaron a medio camino entre su rol como “funcionarios del capital”, con la tensión a invertir la plusvalía extorsionada a los trabajadores para aumentar aún más la producción y los hábitos del clero y otras clases dominantes feudales tendientes a utilizar para su propio lujo y suntuosidad lo que extorsionaban a los trabajadores. Esta es la base de la “anomalía italiana”, lo que de específico presenta la burguesía italiana con respecto a la burguesía de los demás países europeos: su muy lamentada escasa propensión a la inversión productiva, a la investigación, al riesgo, etc. (82)

El “Risorgimento” fue entonces un movimiento anticampesino. Los campesinos, es decir la gran mayoría de los trabajadores de la península, no sólo no tuvieron ni la tierra ni la abolición de los residuos abusos feudales, pero tuvieron que asumir, además de sus obligaciones con los antiguos propietarios, también las nuevas cargas impuestas por el nuevo Estado: impuestos y el servicio militar. En consecuencia, el “Risorgimento” entre los campesinos generó un estado endémico de rebelión. Formaron en todas partes durante años una masa de maniobra para aquellos que en las filas de la nobleza y el clero se oponían a la unificación de la península o, más concretamente, chantajeaban las autoridades del nuevo Estado con la amenaza de movilizar a los campesinos en contra de ellos. (85) Este papel de los campesinos terminó sólo cuando y en la medida en la cual la clase obrera estableció su propia dirección sobre su movimiento de rebelión contra las condiciones intolerables en las cuales la burguesía unitaria los había reducido y los integró en el movimiento comunista.

El “Risorgimento” no fue directamente una revolución en las relaciones sociales. Sin embargo, estableció en la península un sistema político diferente (la unificación política) y determinó una inserción diferente de la misma en el contexto político y económico europeo. La burguesía unitaria dio paso a una serie de transformaciones y obras (red de comunicación de carreteras y ferrocarriles, sistema escolar nacional, fuerzas armadas y de policía, desarrollo industrial y científico, sistema hospitalario y de higiene pública, obras públicas, aparatos y gastos de representación del Estado, etc.) que modificaron las relaciones de producción que la Contrarreforma había marcado. Con el fortalecimiento general de las relaciones comerciales y capitalistas y con la expansión de las obras públicas, el mercado de la tierra tuvo un gran impulso. La tierra se convirtió en un capital y su rendimiento se comparó con el de los capitales invertidos en los otros sectores. (86) Esto y el desarrollo del comercio interno e internacional transformaron siempre más las relaciones en el campo entre propietarios y campesinos en relaciones mercantiles y capitalistas. La expulsión masiva de los campesinos del trabajo agrícola que siguió, el reclutamiento de los campesinos para las obras públicas, la emigración al exterior, el desarrollo industrial en las ciudades del Norte y las migraciones internas cambiaron la composición de clase del país.

Así que no sólo las masas campesinas no fueron movilizadas para transformar su propia condición, sino que ellas subieron, con sufrimientos y tribulaciones innarrables, la transformación que la burguesía imponía a ellas por la fuerza de sus propias relaciones económicas y del propio Estado. Italia, sin embargo, se convirtió en un país imperialista. Desde entonces hablar de “terminación de la revolución burguesa” en Italia, en un sentido diferente de aquello que se aplica a todos los demás países de Europa, e ir a pescar los “residuos feudales” para sostener esta línea, se ha convertido en una bandera del oportunismo derrotista de la única ulterior transformación que el movimiento comunista podía y tenía que cumplir en nuestro país: la revolución socialista. (87)

La revolución burguesa contra el campesinado es la causa del nacimiento de la “cuestión campesina”. Esta se resolvió sólo en los veinte años siguientes a la Segunda Guerra Mundial, con la eliminación de los campesinos. Pero también es la causa del nacimiento de la “cuestión meridional”, de la “cuestión vaticana”, del rol político y social de organizaciones armadas territoriales semiautónomas del Estado central como la mafia siciliana y de otras características específicas de la burguesía italiana que todavía perduran.


2.1.1.1. La revolución burguesa inconclusa

Con la unificación la burguesía mantuvo vivas muchas de las viejas instituciones, relaciones y costumbres feudales con su localismo, contentándose de superponer a ellas los órganos del nuevo Estado. Ellas fueron absorbidas solo gradualmente en la nueva sociedad burguesa. Así se conservó por largo tiempo la diversidad social de las diversas regiones y en parte sigue existiendo aunque en los veinte años siguientes a la Segunda Guerra Mundial la masa de campesinos fue expulsada del campo y millones de personas se han visto obligadas a emigrar de sur a norte y de noreste a noroeste. Esta es la razón por la cual en Italia los contrastes entre las clases y los contrastes entre sectores productivos se han convertido repetidamente en contrastes territoriales y han puesto en peligro la unidad del Estado (movimientos federalistas y secesionistas). La cuestión de la gran industria por décadas ha sido principalmente la cuestión de Lombardia, Piamonte y Liguria; la cuestión de las pequeñas y medianas empresas fue principalmente la cuestión de Véneto y Emilia-Romagna; la cuestión del latifundio, de la pequeña producción con su colorido mundo de pequeños propietarios, trabajadores autónomos y dependientes, del semi-proletariado y del público empleo ha sido principalmente la cuestión de las regiones meridionales. (88) Las características específicas de cada región y área en parte se mantienen y el movimiento comunista debe tomarlas debidamente en cuenta, hoy en la lucha por establecer el socialismo y mañana en el ordenamiento que la revolución socialista establecerá. En particular, debemos apoyar y fomentar, en principio, los movimientos nacionales (Sardegna, Sud Tirolo, etc.): independientemente de la capacidad de las pequeñas naciones de lograr efectivamente una vida autónoma, su movimiento es hoy un aspecto importante de la lucha de las masas populares contra la burguesía imperialista para la defensa y la extensión de sus derechos democráticos.


La Iglesia fue el mayor beneficiario del carácter anti-campesino del “Risorgimento”. La burguesía no condujo con energía, y dada su naturaleza no podía conducir con éxito una actividad para eliminar o al menos reducir la hegemonía intelectual y moral que la Iglesia tenía en los campesinos, en las mujeres y en parte de la población urbana. Su iniciativa fue casi nada en el plano moral, en el comportamiento individual y social, para promover una moral adaptada a las condiciones de la sociedad moderna. La burguesía renunció a formular y promover en términos de la moral (de principios y normas de comportamiento individual) el complejo de relaciones sociales (de la sociedad civil) que su Estado protegía con violencia y expresaba en términos jurídicos en su jurisprudencia. Lo poco que la burguesía hizo con la escuela pública, tuvo un efecto limitado porque concernió sólo la escuela a la que sólo fue admitida una minoría de las nuevas generaciones. El analfabetismo, la influencia de la Iglesia en las escuelas inferiores, especialmente en el campo y la permanencia de un difundido sistema de colegios y escuelas dirigidos por el clero prolongaron la hegemonía de la Iglesia en la formación intelectual y moral de las nuevas generaciones. El Estado se limitó a entrenar a los candidatos a la capa superior de la clase dominante: inevitablemente, para ser por lo menos a la altura de sus tareas, tenían que tener una formación intelectual y moral diferente de la que la Iglesia impuso, a través de la burguesía, a las clases de las masas populares y en general a las mujeres.

No sólo faltaron por completo en el “Risorgimento” y en las décadas sucesivas la movilización masiva de la población para mejorar sus condiciones económicas, la educación, las condiciones higiénicas y sanitarias, etc. y para promover todos los demás aspectos de la iniciativa de masa que sólo una revolución campesina y la confianza en sí mismos confortada por los resultados habrían desarrollado en millones de individuos. Pero hubo nada menos que los esfuerzos combinados de la Iglesia, del Estado y de gran parte de la clase dominante para someter, reprimir y desalentar la iniciativa práctica, y aguas arriba, la emancipación moral e intelectual de la masa de los hombres y mujeres. La migración del campo a la ciudad fue utilizada sistemáticamente para fortalecer la hegemonía eclesiástica en las ciudades: las parroquias explotaron su rol como oficina de empleo para extender el control eclesiástico sobre los obreros y los otros trabajadores de la ciudad.

La lucha de la burguesía para una renovación general moral e intelectual del país se redujo a iniciativas privadas no coordinadas y en gran medida sectarias y elitistas, idealistas porque prescindían del movimiento práctico que sólo hubiera podido hacerlas convertir en iniciativas de masa. (89) En la sociedad burguesa se puede construir un partido sobre una visión del mundo y un programa político. Las masas populares se pueden movilizar y unir sólo en un movimiento práctico, para un objetivo práctico, como hubiera sido precisamente el mejoramiento de sus condiciones a través de la conquista de la tierra y la eliminación revolucionaria de la opresión feudal restante, objetivo que el ala izquierda de la burguesía unitaria no pudo hacerlo propio. (90)

Se agregan a todo esto

- una duradera contraposición que luego se instauró y luego se mantuvo entre la masa de la población y las autoridades del nuevo Estado que se presentaban sólo o principalmente en el papel de la policía, el cobrador de impuestos o el portero,

- el servicio militar obligatorio al servicio de un Estado enemigo impuesto después de la unificación del país,

- la acción de instigación y boicot promovida por la Iglesia y otros grupos hostiles a la unificación del país de los cuales la burguesía había respetado completamente el poder social (riqueza, prestigio y con frecuencia cargos públicos).

En particular, la Iglesia, por un lado obtuvo por el nuevo Estado riquezas, privilegios y poder y por el otro se hizo pasar por un patrón y portavoz de las masas populares en frente a la autoridad del nuevo Estado en una posición sistemática de chantaje.

La legislación del nuevo Estado, y aún más su aplicación y la actividad práctica de las autoridades del nuevo Estado y su administración pública tutelaron los intereses de la Iglesia y apoyaron su inclusión en las nuevas condiciones de la riqueza del país. La Iglesia y su “aristocracia negra” romana transformaron, en las condiciones dictadas por ellas mismas, sus propiedades de terrenos y bienes inmuebles tradicionales en nueva riqueza financiera.

La falta de capital para la inversión es un lamento que ha acompañado toda la historia de nuestro país después de la unificación y que los historiadores burgueses, clericales y no, han revertidos, complacientes, en sus tratados de historia para justificar la pobreza persistente de gran parte de la población y la subordinación económica y política de Italia a la burguesía alemana, francesa e inglés. De hecho los capitalistas empresarios e incluso el Estado tuvieron recurrir en gran medida a los préstamos de los bancos de préstamo y de instituciones financieras extranjeras y las bolsas de valores extranjeras para financiar la inversión y el gasto público. En realidad, cuando comenzó el “Risorgimento”, la economía monetaria ya estaba muy desarrollada en Italia y la riqueza monetaria del país era abundante y concentrada. Pero ella fue utilizada solamente muy poco para las inversiones capitalistas. Propio el carácter anticampesino del “Risorgimento” impidió que se crearan las condiciones de clase y políticas necesarias para que la riqueza monetaria del país se canalizara hacia el desarrollo económico y civil del país y para que la tributación fuera transparente, ecuamente repartida y a la altura de los gastos de la Administración Pública. Los terratenientes continuaron hasta después de la Segunda Guerra Mundial a quitarles a los campesinos las rentas y las prestaciones personales que les habían quitado antes de la unificación. Pero, ¿dónde paraban esas rentas? En su mayor parte, y la Iglesia fue el ejemplo más macroscópico, los propietarios de tierras no eran capitalistas que invirtieran en empresas industriales lo que le quitaban a los campesinos. Eran parásitos que continuaban a despilfarrar como lo habían hecho antes de la unificación, en las ciudades o en el extranjero. La especulación financiera, la usura, la especulación en terrenos y bienes inmuebles, las inversiones financieras en el exterior, el acaparamiento, los gastos para el consumo, el lujo y la pompa de los ricos y la magnificencia de la Iglesia y las autoridades públicas, los gastos de representación y de prestigio continuaron absorbiendo una gran parte de la riqueza monetaria y de la fuerza de trabajo del país, así como, en paralelo, la retórica, la teología y el arte de picapleitos continuaron absorbiendo una gran parte de sus energías intelectuales.

La Iglesia se quedó como el centro promotor y principal fuente del parasitismo de la clase dominante que, a través de mil canales y capilares, ha contaminado en los 150 años de historia unitaria y todavía contamina todo el país, absorbe gran parte de sus fuerzas productivas, ocupa una parte importante de su fuerza de trabajo e impone su sombra y su huella de maldad y dicta su ley en todas partes de nuestro país. No es casualidad que en Italia la caridad, los favores y las limosnas siempre han sido y son en proporción inversa a los derechos de las masas populares y a los salarios. Es el “conservadurismo benevolente”: los trabajadores están a merced del buen corazón de los ricos, los ricos no tienen que exagerar - la cultura feudal a la que la Iglesia ha puesto el vestido de la fiesta: la doctrina social de la Iglesia! El encaje que la mafia y otras organizaciones criminales pretenden, no es que su forma específica de este estado general de explotación parasitaria que ahora se fusionó en el parasitismo general de la burguesía imperialista. (91)

En lugar de sacar los recursos financieros para el desarrollo de los bolsillos del parasitismo que había encontrado hasta secarlas, la burguesía unitaria expandió el gasto público para financiar y ampliar el viejo parasitismo que se convirtió en una nueva plaga. Estos gastos se suman a los que el nuevo Estado tuvo que hacer para crear las condiciones de un Estado moderno, independiente y con un mínimo de autoridad en el contexto europeo y se extendieron: es suficiente considerar simplemente la gran cantidad de oficiales de alto rango y funcionarios públicos que se pusieron en los primeros años del Reino, ya que ellos absorbieron gran parte de la burocracia y las fuerzas armadas de los Estados suprimidos.

En conjunto, las cargas heredadas y las nuevas, hincharon enormemente el Gasto Público. Fueron correspondientemente subidos los impuestos que en las primeras décadas azotaron principalmente los campesinos. Estos y el servicio militar obligatorio aumentaron aún más su hostilidad hacia el nuevo Estado. Crearon un terreno más favorable a las maniobras y a los chantajes de las fuerzas antiunitarias, en primer lugar del Papa y de la Iglesia que también eran los mayores beneficiarios de la política de la burguesía unitaria. La hostilidad de los campesinos, resultado de las condiciones objetivas y exacerbada por la instigación de las viejas autoridades y en particular de la Iglesia, hizo necesarios gastos adicionales para el orden público (basta pensar en el costo de la “guerra al Brigantaggio” (85) y la seguridad nacional.

Otra queja que acompañó toda la historia de nuestro país después de la unificación y que los historiadores burgueses, clericales y no, complacientes han vertido en sus tratados de historia es la estrechez del mercado interno. ¿Pero cuál fue la fuente de esta estrechez?

Los campesinos fueron durante muchas décadas después de la unificación, hasta después de la Segunda Guerra Mundial, la mayoría de la población. Fueron cargados sin medida imaginable de las viejas rentas y de los nuevos impuestos. La carga total se duplicó con la Unidad, de acuerdo con estimaciones fiables. (92) La situación de los campesinos se vio agravada por el hecho que en algún momento el Estado para cobrar el dinero que él no tenía la fuerza para asumir a los ricos como impuestos, subastó y vendió las tierras públicas y de los conventos, suprimiendo sin ninguna compensación los “usos cívicos” (pastoreo, recolección de madera, etc.), de los cuales los campesinos desde tiempos inmemoriales disfrutaban en estas tierras. Los usos cívicos, junto con las mesas de los conventos, habían sido las fuentes de lo que la masa de los campesinos, sobre todo los más pobres y más aún en los peores años, habían hasta ese momento usado para sobrevivir.

Por lo tanto, es evidente que en estas condiciones los campesinos no compraban ni herramientas agrícolas, ni bienes instrumentales para mejorar la productividad de su trabajo, ni bienes de consumo. Se contentaban con poco, y ese poco trataban de producirlo directamente ellos mismos (economía natural). De ahí la primera causa de la estrechez del mercado interno.

De hecho, el mercado interior consistía 1. de la demanda de los capitalistas para la inversión y del gasto público para la adquisición de bienes, 2. de la demanda de los capitalistas y de las clases parasitarias para su consumo, 3. de la demanda de bienes de consumo y equipos por parte de las familias y de los trabajadores urbanos, 4. de la demanda de bienes de consumo y herramientas por parte de los campesinos y sus familias. El capital se crea parte de su mercado mediante la separación de la agricultura de las actividades manufactureras auxiliaras y complementarias (hilado, tejido, producción de instrumentos, construcción, elaboración de productos agrícolas, etc.) que en el marco de una economía natural las familias campesinas realizan para ellas y sus amos y erigiéndole en sectores productivos propios de la economía mercantil y capitalista que venden sus productos entre sí y a las familias campesinas (división social del trabajo). Esta última cuota del mercado interior (las familias campesinas) era particularmente importante para el capitalismo italiano post-unitario, porque las dos primeras cuotas por su naturaleza y por larga tradición eran en gran parte satisfechas por la oferta de los países más avanzados de Europa. Además, el rol del mercado interno se incrementó por el hecho que inmediatamente después de la finalización de la unificación de Italia comenzó la Gran Depresión (1873-1895) con el estancamiento o incluso la reducción del mercado exterior.


2.1.1.2. El Estado con soberanía limitada

El nuevo Estado nunca afirmó plenamente su soberanía única sobre toda la población que vive dentro de sus fronteras, aunque esta disfrutara de muy poca o ninguna autonomía local. Ni nunca tuvo la voluntad de instaurar su soberanía única ni la confianza que el tenia la fuerza para hacerlo. En el Centro y Norte del país el nuevo Estado asumió en propio el ejercicio de la violencia, la represión y la tutela del orden público y contó con la Iglesia que mantuvo a raya a los campesinos y las mujeres sobre quienes ejercía un liderazgo efectivo intelectual y moral. En el Sur la dirección intelectual y moral de la Iglesia sobre los campesinos era menos fuerte. Aquí el Estado sostenía zona por zona la fuerza social capaz de mantener a raya con medios propios a los campesinos, dictar la ley y las reglas y hacerlas cumplir. Obviamente tenía que estar de acuerdo en que cada una de ella dictara sus propias leyes y sus propias reglas y las hiciera respectar a su manera, incluso en el contexto de un cierto reconocimiento de una cierta supremacía del Estado. (93)

La Iglesia ha sido la causa principal y el mayor beneficiario también de la limitación de la soberanía del nuevo Estado. Ya al cumplirse de la Unidad de Italia, la burguesía reconoció a la Iglesia y se comprometió públicamente y por ley a cumplir con exenciones, inmunidades y extraterritorialidad. Con la Ley de Garantías Papales (1871) el nuevo Estado dejó al Papa y se comprometió a no ejercer en ningún caso y de ninguna manera sus autoridades (judiciales, policiales, aduaneras, militares, fiscales, etc.) sobre una parte de la ciudad de Roma y sobre las relaciones que el Papa y su corte tenían con el clero italiano y con los países extranjeros. Puso también a disposición incuestionable del Papa 50 millones de liras por año, más de los impuestos que el Papa obtenía del Estado Pontificio. (94)


De hecho, la Iglesia, con el Papa a la cabeza, siguió funcionando en todo el país como un poder soberano, un Estado dentro del Estado, con su red de funcionarios (esencialmente restados a la autoridad del Estado) que desde el centro cubría todo el país hasta el pueblo más remoto. También tenía la ventaja que ahora eran la policía, el poder judicial, la administración penitenciaria del nuevo Estado, que operaban en todo el país, que hacían respetar sus intereses, su poder, sus especulaciones y su prestigio, y asumían la responsabilidad de todo esto delante de las masas populares. Los funcionarios de la Iglesia eran seleccionados, entrenados, nombrados y dados de alta a la sola discreción del Papa o de los dirigentes superiores (obispos) delegados por él para ese propósito. Pero ellos disfrutaban de la renta de las propiedades diocesanas y parroquiales, de edificios públicos y de otras prerrogativas y poderes sobre la población (bautizos, bodas, funerales, etc.). El nuevo Estado se conformó con establecer que para gozar de los beneficios, de los poderes y de las inmunidades, garantías, protecciones y exenciones protegidas por la autoridad del nuevo Estado, los altos funcionarios (los obispos) nombrados por el Papa también tenían que contar con la aprobación del Estado: cosa que de hecho por tácito acuerdo el Estado nunca hizo faltar. La Iglesia, si por un lado hacía la fronda, por el otro lado cada vez más exigía al Estado, amenazando con hacer peor (en su intriga internacional y la incitación de los campesinos y las mujeres) y confiando en el sometimiento moral y el miedo que despertó en la Corte y en la mayoría de los miembros de más alto rango de la clase dominante. Esta fue, de hecho, en gran parte compuesta por personas piadosas sobre las cuales la amenaza de excomunión, de las penas en el infierno mañana en el más allá y de las maldiciones de Dios aquí en la tierra tenía un gran efecto. Armados con esta situación, la Iglesia, la “aristocracia negra” romana, parientes y hombres de confianza del Papa y de los demás miembros de la Curia en Roma participaron, por su propia cuenta y en nombre de la Iglesia, al “Saqueo de Roma” (especulación sobre la tierra y sobre la propiedad inmobiliaria) que tuvo lugar en las décadas después de la unificación y a la especulación financiera cuyos escándalos desde entonces han repetidamente desbarato el sistema financiero y bancario de todo el país, hasta los recientes negocios Sindona (Banca Privada Italiana), Calvi (Banco Ambrosiano), Parmalat, Fazio. Estas actividades de la Iglesia no tuvieron y no tienen efectos sólo financieros. Ellas paralizaron el sistema judicial del Estado, que tiene que parar cada vez que va a pisar representantes o agentes de la Iglesia. Limitaron el poder legislativo del Estado, que debe contenerse cada vez que las normas afectan a los intereses de la Iglesia - que están presentes en todos los campos. Condicionaron el aparato investigativo y policial del Estado. Aumentaron el secreto con el cual la propia burguesía rodea a las actividades de su Estado y de su Administración Pública. Echaron una sombra sobre la fiabilidad de todo el sistema financiero y estatal italiano y disminuyeron su papel en el sistema capitalista internacional. Cosas de las cuales obviamente se aprovecharon y se aprovechan todos los aventureros nacionales y extranjeros que tienen interés en hacerlo.

La situación de doble soberanía (o soberanía limitada) determinada por la supervivencia de la Iglesia ha contribuido a preservar y crear otros poderes soberanos del país. El más conocido entre los de antigua data, al margen de la Iglesia, es la mafia siciliana. En el momento de la unificación de la península siguió siendo un poder, de hecho reconocida y delegada por el Estado italiano, en el oeste de Sicilia. Más tarde amplió su campo de acción en los EE.UU., Italia y otros países. La situación de la soberanía limitada en la que se encuentra el Estado italiano desde su nacimiento, es el origen de la situación actual. Bajo la aparente soberanía oficial del Estado italiano, en Italia hay ámbitos territoriales y relaciones sociales en los cuales no vale su ley. Operan una serie de poderes soberanos, independientes del Estado italiano. Cada uno dicta sus reglas y tiene sus propios medios para imponer su voluntad y ejerce una influencia extralegal sobre las autoridades del Estado y sobre la Administración Pública. Esta es ampliamente infiltrada por cada uno de los poderes soberanos. Cada uno de ellos tiene los hombres que les deben su carrera y su rol en la Administración Pública. Estos operan entonces en la Administración Pública y en nombre de ella, pero de acuerdo a los lineamientos de un poder que no lleva oficialmente ninguna responsabilidad de sus operaciones y comportamientos que él controla. El Vaticano es el más importante de estos poderes. En nuestro país hoy en día no hay rincón o entorno en el cual él no pueda obtener informaciones y ejercer su influencia. Tiene una influencia en el país mucho más extendida, eficaz y centralizada que la del Estado oficial. Además, puede hacer uso de gran parte de la estructura del Estado y de la Administración Pública. Al Vaticano siguen los imperialistas estadounidenses (directamente y a través de la OTAN), los grupos sionistas, la mafia, la camorra, la n’drangheta y otros grupos del crimen organizado y cuántos otros tienen la voluntad y los medios para tomar ventaja de la situación. Los acontecimientos de la Logia masónica P2 mostraron una de las maneras de hacerlo.

Sin embargo, la doble soberanía Estado/Iglesia en la península tiene un carácter particular. Ella ha creado un régimen único en su genero. Su singularidad radica en el hecho que en Italia la Iglesia no es una religión. La religión es sólo un pretexto y un disfraz ideológico de una estructura político monárquica feudal. Esto tiene en Roma y en cada rincón del país directores designados por el monarca. Ellos son seleccionados sobre la base de su lealtad al jefe, juran lealtad a él, y la fortuna y el rol de cada uno de ellos dependen de la sola voluntad del monarca cuyo poder es absoluto y que pretende ser de origen divino. A sus fieles la Iglesia demanda lealtad y obediencia. Sus opiniones y su experiencia no influyen en las decisiones de la Iglesia: por el contrario, ellos deben cumplir con las decisiones de la Iglesia. Sus directivas no se pueden poner en discusión e incluso pretenden de disfrutar de una autoridad divina. Ella y su líder absoluto, el Papa, forman el gobierno supremo de última instancia de Italia. Ella no anuncia ni programas ni directrices ni orientaciones y ni presenta un balance de su trabajo, ya que no le reconoce al pueblo italiano algún derecho a votar y tampoco de opinión. Este gobierno, oculto e irresponsable, pero dirige el país a través de una estructura estatal que pretende ser, como en cualquier república burguesa constitucional, legitimada por la voluntad popular y tener en su cabeza un parlamento y un gobierno que deben ser sancionados por el voto popular. Oficialmente, esta estructura es el único Estado. A diferencia de cualquier otra monarquía constitucional, los límites de las responsabilidades entre el Estado constitucional y la Iglesia son arbitraria y secretamente, sin discusiones, decididos caso por caso por la Iglesia. Propio esto le confiere al sistema una cierta dosis de precariedad, pero también la flexibilidad que permite relaciones de unidad y lucha con todos los demás poderes autónomos que existen en el país. Un régimen similar no se describe en ningún manual de doctrinas políticas, pero no por esto es menos real y es él con el cual el movimiento comunista tiene que lidiar en nuestro país. La historia de su formación pasó por cinco fases diferentes.


Fase 1

La burguesía llevó el “Risorgimento” con la intención de crear su propio Estado, pero reconociendo que para gobernar necesitaba la colaboración de la Iglesia, dada la hostilidad de los campesinos. Manzana de la discordia era la delimitación de las competencias entre las dos instituciones. Se tuvo entonces una fase de guerra no realizada, de armisticio Estado/Iglesia, que se resume, por lo que concierne el Estado en la Ley de Garantías y por lo que concierne a la Iglesia en la línea de “no éxpedit”. (95) Esta fase va alrededor de 1848 a 1898. En la burguesía todavía tienen peso algunas corrientes que quisieran promover su propia hegemonía directa sobre las masas populares y deshacerse de la Iglesia. La brecha entre el ala izquierda de la burguesía unitaria y el emergente movimiento comunista italiano unificado aún no está clara. La burguesía le da a la Iglesia el tiempo y las condiciones para reorganizar sus fuerzas en Italia y en todo el mundo. En la segunda parte del siglo XIX, la burguesía pasa a nivel internacional a la fase del imperialismo, de la contrarrevolución preventiva, de la movilización de las fuerzas feudales residuales en una nueva “santa alianza” para detener el avance del movimiento comunista. Es la transformación que ya se ha descrito en el capítulo 1.3. de este MP. La Iglesia Católica, directa entre 1878 y 1903 por el Papa León XIII, se aprovecha de esta situación internacional para salir del paso en el cual la puso la unificación de la península. Se convierte en el principal apoyo de la burguesía imperialista a nivel internacional y desde esta nueva condición enfrenta la definición de su nuevo rol en Italia.


Fase 2

La burguesía y la Iglesia reconocen, con acuerdos como el Pacto Gentiloni (1913), que deben trabajar juntos en el interés común contra el movimiento comunista, dividiéndose las tareas. El movimiento comunista ha ya alcanzado una buena autonomía ideológica y política de la burguesía. Para mantenerlo a raya y limitar la naciente relación obrero-campesinos, la burguesía pide a la Iglesia de restaurar y fortalecer su hegemonía sobre los campesinos y sobre las mujeres debilitada por el avance del movimiento comunista y tomar iniciativas para establecer su hegemonía al menos sobre una parte de los obreros. La Iglesia acepta el reto, pero necesita la ayuda de la burguesía para hacer este trabajo con un resultado incierto. Esta fase anda más o menos desde los movimientos campesinos y obreros de 1893-1898 hasta 1928. Los católicos participaron en las elecciones parlamentarias y en la actividad parlamentaria en apoyo al gobierno. La Iglesia crea organizaciones de masas en cada clase y rango, sobre todo entre los trabajadores para bloquear el avance del movimiento comunista, impedir la unidad de los obreros y dificultar la unidad obrero-campesina. Con ellas, la Iglesia apoya la acción del gobierno, de la empresa líbica (1911) a la participación de Italia en la Primera Guerra Mundial (1915-1918). Cuando la guerra comienza a producir una revuelta general de las masas populares, cuyo punto culminante es la Revolución de Octubre, la Iglesia asumió el liderazgo del movimiento para la conclusión de un armisticio. Ante la rebelión generalizada de las masas populares después de la conclusión de la guerra, la Iglesia acepta el fascismo, dictadura terrorista de la burguesía imperialista, como una solución necesaria para el gobierno para restaurar el orden. Ella apoya su llegada al poder y la consolidación del régimen.


Fase 3

La burguesía, por boca de Benito Mussolini (1883-1945) reconoce formalmente la soberanía particular de la Iglesia a cambio de su compromiso oficial y público de lealtad a las autoridades del Estado - sobre la base de un juramento hecho a Dios por el cual la Iglesia puede disolver sus funcionarios cuando quiera, mientras que los delitos contra el Estado de los cuales estos son responsables, están protegidos por la inmunidad y que de cualquier forma van a prescrivir. El Tratado del Laterano, el Concordato y el Acuerdo Financiero, firmados el 11 de febrero 1929 inauguraron esta fase que se prolongará hasta 1943. La Iglesia renuncia oficialmente a la pretensión de restablecer el antiguo Estado Pontificio y recibe en compensación de los impuestos perdidos la cifra de 750 millones de liras en efectivo, 1 mil millones en Letras del Tesoro al 5% al portador y una interminable serie de privilegios, bienes, derechos, exenciones e inmunidades. Pero el fascismo era también el último intento de la burguesía para convertirse en único propietario del país y por lo tanto políticamente independiente de la Iglesia. La Iglesia contrató cuidadosamente y recaudó todo lo que el fascismo le dio, pero se opuso con firmeza al intento liderado por la burguesía a través del fascismo para construir su propia hegemonía directa sobre las masas populares. A este lado del fascismo corresponden un esfuerzo y un dinamismo excepcionales de la burguesía para fortalecer la estructura económica y política del país. Durante el fascismo ella ha tratado de extender el poder del Estado italiano en el Mediterráneo y ha introducido muchas de las innovaciones en el nivel estructural de los cuales también vivió el régimen DC: Banco Central, la industria estatal, grandes obras públicas, centros de investigación, consorcios agrícolas, instituciones de seguridad social, etc. Es decir las innovaciones y las instituciones que se resumen en la creación de un sistema de capitalismo monopolista de Estado. Pero, el intento de la burguesía terminó en forma desastrosa para ella. El fascismo se vio abrumado por el resultado de la guerra y por el avance del movimiento comunista. El riesgo que la clase obrera italiana guiara a las masas populares para establecer el socialismo nunca había sido tan grave. Para evitar el riesgo, la burguesía volvió completamente a la Iglesia y al imperialismo estadounidense. Sus ambiciones de gobernar políticamente el país terminaron para siempre.


Fase 4

Es la fase de la dirección de la Iglesia sobre el Estado legal a través de la Democracia Cristiana: una fase que va aproximadamente desde el 1947 al 1992. Con el acuerdo del imperialismo norteamericano, Italia se convirtió en un nuevo tipo de Estado pontificio ampliado. La Iglesia es la autoridad moral más alta del régimen, una especie de monarquía constitucional pero sin constitución. El Estado legal opera bajo su alta e indiscutible dirección. La Iglesia dirige el Estado oficial y gobierna el país indirectamente a través de su partido, la DC. La Iglesia mantiene intacta e incluso refuerza su estructura territorial (curias, parroquias, asociaciones, órdenes y congregaciones religiosas, escuelas, hospitales e instituciones de beneficencia, instituciones financieras, etc.) independiente de aquella del Estado y además estrecha una fuerte alianza con el imperialismo americano para llevar a cabo la lucha a nivel internacional contra el movimiento comunista. El imperialismo estadounidense de todas maneras se instala en Italia incluso directamente, con sus propias fuerzas. El Estado oficial sostiene la autoridad papal, en la medida requerida por las necesidades de la Iglesia y en la medida permitida por la composición real de clases del país y de las relaciones de fuerza internas e internacionales resultados de la derrota del nazifascismo a manos del movimiento comunista. La Constitución del Estado oficial es una ficción: cada institución republicana tiene que fingir que lo toman en serio (y luego engañar a las masas), mientras que en realidad la Constitución sólo sirve para ordenar las actividades subordinadas de las organizaciones del Estado legal, en silenciar, con las promesas que se ejecutarán en un futuro indefinido las necesidades de los “amigos del pueblo” y dibujar un velo de buen aspecto en las relaciones reales. A cambio, el Vaticano no tiene ninguna responsabilidad por las consecuencias de su gobierno. Es en fin, un poder irresponsable y de última instancia, tácitamente aceptado por todos los signatarios del “pacto constitucional” y de sus herederos.


Fase 5

Es la fase actual, caracterizada por una intervención más directa de la Iglesia en el gobierno del país. La crisis política, un aspecto de la crisis política general del capitalismo, arrebató en 1992 el régimen DC establecido al final de la Segunda Guerra Mundial. La Iglesia se ve obligada por las circunstancias a participar más directamente en el gobierno del país. Los contrastes entre los grupos imperialistas y los conflictos entre la burguesía imperialista y las masas populares han llegado a un nivel tal que los líderes políticos de la burguesía ya no pueden formar una estructura estable y confiable, que gobierne el país en nombre del Vaticano tácitamente, dándole lo que él y su Iglesia necesitan y que al mismo tiempo se las arregla para ser una expresión de una mayoría electoral, por lo que la opinión pública está manipulada e intoxicada. Estamos en la fase actual: la fase de la putrefacción del régimen DC cuyos venenos plagan nuestro país y del renacimiento del movimiento comunista en la segunda oleada de la revolución proletaria que avanza en todo el mundo.

El objetivo del movimiento comunista es el establecimiento de un nuevo orden social: el ajuste de las relaciones de producción al carácter ya colectivo de las fuerzas productivas y el ajuste correspondiente del resto de las relaciones sociales, las ideas y sentimientos que corresponden a las relaciones sociales. La revolución política, la conquista del poder político por la clase obrera a la cabeza del resto de las masas populares, es la premisa indispensable de la revolución social. Ganar el poder político en Italia, en concreto significa sobre todo eliminar la Iglesia: los otros pilares del actual régimen político (el imperialismo estadounidense, las organizaciones criminales, los partidos y las otras organizaciones políticas de la burguesía, los sionistas, la Confindustria, etc.) tienen de hecho un rol auxiliar. El Vaticano y la Iglesia son el pilar principal del régimen político que impone y mantiene el dominio de la burguesía imperialista en nuestro país, en defensa de su orden social. No es posible para la clase obrera dirigir las masas para establecer la dictadura del proletariado sin eliminar al Vaticano y su Iglesia. En Italia no se puede hacer ninguna revolución social sin eliminar este obstáculo. Por lo que es esencial para nosotros los comunistas, por un lado llevar a la clase obrera y las masas populares esta tarea y por el otro distinguir claramente la lucha por hacer realidad la tarea política de eliminar el Vaticano y su Iglesia, y con ellos el régimen político del cual son el eje principal, de la lucha por hacer realidad la reforma moral e intelectual de la que las masas necesitan para tomar aquel rol dirigente, sin el cual no es posible un nuevo orden social a la altura de las fuerzas productivas, materiales y espirituales, que hoy tiene la humanidad.

La primera lucha es entre las clases antagónicas y en última instancia las masas populares tendrán que resolverla con la fuerza.

La segunda lucha es una transformación interna a las masas populares, que se refiere a las contradicciones no antagónicas y puede ser llevada a cabo y resuelta sólo a través de un movimiento de las masas populares mismas, y se refiere a las contradicciones en el seno del pueblo. Obviamente, las dos luchas son en muchos aspectos vinculados. La Iglesia y la burguesía necesitan de la religión, y la religiosidad de las masas populares encuentra en la Iglesia una manera fácil de cumplimiento.

La burguesía y la Iglesia tienen todos los incentivos para confundir las dos luchas, para defender su poder en la sombra de la religión. En cambio, es en el interés de las masas, de la clase obrera y nuestro, de nosotros los comunistas, distinguirlas más claramente posible.

La eliminación de la Iglesia y el Vaticano es un asunto de todo el movimiento comunista internacional, dado el rol contrarrevolucionario que el Vaticano y su Iglesia desarrollan a nivel internacional, en paralelo con el rol de policía mundial que juega el imperialismo estadounidense. Sin embargo, en el cumplimiento de esta tarea internacional, el movimiento comunista italiano tiene un rol especial, similar a lo que el movimiento comunista estadounidense tiene en el cumplimiento de la tarea internacional de eliminar el imperialismo estadounidense


2.1.2 El primer Partido comunista italiano


Después de la unificación política de la península (1861), en nuestro país la lucha entre las clases fue muy aguda, con una gran participación de las masas populares. La misma sin embargo, sea en Italia como en los otros países imperialistas, fue caracterizada por las particulares dificultades encontradas por la clase obrera, propio en los países imperialistas, en dotarse de un partido comunista a la altura de su propio rol, capaz de llevar a cabo del régimen de contrarrevolución preventiva que la burguesía ha erguido en defensa de su ordenamiento social.

A partir del alcance de la unidad política del país comenzó el desarrollo del movimiento comunista como movimiento consciente y organizado. El objetivo estratégico de los comunistas era el de movilizar la clase obrera a la lucha para instaurar el socialismo. Los mismos debían sobre todo alcanzar la autonomía ideológica y separarse organizacionalmente del ala izquierda de la burguesía unitaria. Los objetivos políticos con los cuales debieron medirse fueron:

1. La influencia del ala izquierda de la burguesía unitaria entre los trabajadores urbanos: esta ala de la burguesía era revolucionaria, unitaria y anticlerical, pero sin embargo lo era de modo idealista y como consecuencia inconcluyente porque era anti-campesina.

2. La contradicción entre la burguesía unitaria y los campesinos, que eran la gran mayoría de la población y la hegemonía reaccionaria (del clero y de la nobleza antiunitaria) sobre los campesinos.

3. El monopolio de la Iglesia católica en la dirección espiritual de las mujeres y en la educación de las nuevas generaciones.

Estos objetivos eran análogos a aquellos que los comunistas deberían enfrentar en otros países europeos, incluyendo el compromiso con el cual la burguesía concluyo en 1848 su revolución política en Europa Occidental. (35) Las diferencias entre la burguesía unitaria y la Iglesia presentaban algunos aspectos favorables para el desarrollo del naciente movimiento comunista: la lucha entre el clero y la burguesía colocaba públicamente el carácter antipopular de ambos y la lucha que conducían el uno contra la otra debilitaba ambos.

Los comunistas italianos recibieron una gran ayuda del movimiento comunista internacional, que era más avanzado del italiano.

Marx y Engels evidenciaron, muy bien a la luz, el carácter inconcluyente e irrealista del revolucionarismo del ala izquierda de la burguesía unitaria, específicamente el de Mazzini, carácter que lo llevaba inevitablemente a adoptar la dirección del ala derecha de la burguesía unitaria.

La lucha conducida por la I Internacional (1864-1872) en contra de los anárquicos, así como también las lecciones de la Comuna de Paris (1871), ayudaron mucho al naciente movimiento comunista italiano a desarrollar su propia autonomía ideológica y organizativa del ala izquierda de la burguesía unitaria (Andrea Costa 1851-1910), a dar una orientación no corporativa a las reivindicaciones económicas y a su vez dirigir su atención hacia el movimiento campesino, no importando la hegemonía que aun los reaccionarios le ejercían.

La II Internacional (1889-1914) y la obra asidua de Engels sostuvieron y guiaron el movimiento comunista para reforzar, aun mas, la propia autonomía ideológica del ala izquierda de la burguesía y para crear, después de obtener un cierto grado de autonomía ideológica, una amplia red de organizaciones proletarias en el campo educativo y cultural (círculos, publicaciones, escuelas nocturnas, asociaciones deportivas, asociaciones musicales, etc.); en el campo económico (cooperativas y casas de créditos); en el campo sindical (sindicatos de categorías, cámaras de trabajo, confederaciones sindicales nacionales), para finalmente fundar el Partido socialista italiano (1892).

En los primeros años del siglo XX en Italia el movimiento comunista consciente y organizado ya era organizativa y políticamente autónomo del ala izquierda de la burguesía aproximadamente tanto como lo era en el resto de Europa; al contrario era el movimiento comunista lo que ejercía, como en el resto de Europa, una cierta influencia sobre la burguesía y atraíba su mejores elementos. En cambio su autonomía ideológica estaba, como en la mayor parte de los países europeos, aun muy limitada en relación a la necesaria para enfrentar con efectividad los objetivos políticos que la situación internacional y nacional colocaba a la orden del día. Uno de los mayores y tangibles logros de este período, fue la instauración de una conexión intima entre el movimiento comunista y el movimiento campesino, que al fin rompía con la hegemonía del clero y de los nobles antiunitarios en el movimiento campesino. (96)

Durante la primera crisis general de sobreproducción absoluta del capital (1900-1945) y la situación revolucionaria en desarrollo derivada de esta crisis, hubo un primer período, durante y después de la Primera Guerra Mundial (Bienio Rojo), durante el cual existía un difundido movimiento revolucionario de las masas. Si se analiza este período bajo la luz de la teoría de la guerra popular revolucionaria prolongada, (*) es evidente que la acumulación de las fuerzas revolucionarias alcanzada en los años anteriores y la guerra imperialista habían creado una situación en la cual el movimiento comunista podía progresar únicamente pasando desde la primera a la segunda fase de la guerra popular revolucionaria, cosa que conllevaba a la creación de las fuerzas armadas revolucionarias (*) y existían condiciones favorables para la creación de estas fuerzas. La burguesía imperialista italiana se encontró en una inmensa dificultad: la misma todavía no había elaborado un régimen de contrarrevolución preventiva eficaz, y el viejo estilo de represión ya no bastaba.

Sin embargo al movimiento revolucionario le hacían falta características adecuadas a las necesidades del momento: la acumulación de las fuerzas revolucionarias alcanzada en los años anteriores no había apuntado conscientemente al pasaje a una fase superior, y mucho menos había puesto espontáneamente a las premisas indispensables para ese pasaje superior. El PSI no buscó ni siquiera adoptar la dirección del movimiento, de hecho era inadecuado a sus objetivos. (97) La burguesía imperialista hizo frente a la situación, recurriendo ella misma a la movilización reaccionaria de las masas. Fue la primera en el mundo en crear un régimen de dictadura del terror de la burguesía imperialista: el fascismo. El fascismo respondía a una necesidad defensiva de la burguesía italiana: el régimen de contrarrevolución preventiva era en Italia para ese entonces aun muy débil, como para que la burguesía enfrentase a la llamada revolucionaria de las masas populares.

La burguesía italiana se ilusionó de poder con el fascismo también establecer su directa hegemonía sobre las masas populares, eliminando el movimiento comunista y emarginando a la Iglesia. Entre los obreros buscó establecer su hegemonía haciendo hincapié sobre algunas concepciones y prácticas atrasadas que aún persistían en el movimiento comunista, en particular sobre el corporativismo.

Las luchas reivindicativas y sindicales son actividades de las cuales los obreros, y en general los proletarios, no pueden hacer a menos. Las mismas son para ellos una escuela de comunismo de la cual no pueden precindir. Un partido comunista que no dirigiese las luchas reivindicativas y sindicales de los obreros y en general de los proletarios, no tenía aun la fuerza para dirigir la revolución socialista, no reuniría en sí mismo todos o al menos la mayor parte de los obreros avanzados, no sería en conclusión aun ese Estado Mayor del cual la clase obrera necesita para conducir con éxito la guerra popular revolucionaria prolongada, hasta instaurar el socialismo.

La lucha política revolucionaria de la clase obrera para instaurar el socialismo, pero no es la prolongación de sus luchas reivindicativas, ni mucho menos su radicalización, alargamiento o generalización, ni siquiera su politización, tampoco su transformación en lucha política. La concepción corriente en la II Internacional y entre los anarcosindicalistas, que después los trotskistas trajeron, junto con otras concepciones atrasadas, entre los comunistas, confundía, en cambio, el movimiento de las clases obreras para la mejoría de sus propias condiciones, con el movimiento para emanciparse de la burguesía e instaurar el socialismo. Dicha concepción ahogaba la vía a la revolución en el alargamiento y la generalización de las luchas reivindicativas. (98)

El leninismo había conducido y condujo una lucha enfebrecida y decisiva en contra de esta concepción, propia de todos los economicistas, que aísla a la clase obrera del resto de las masas populares y abre el camino del corporativismo.

Con el fascismo en Italia, en su scala más grande en Alemania con el nazismo, la burguesía buscó aprovechar entre los obreros esa concepción atrasada para instaurar su propia hegemonía haciéndoles ver, bien sea a ellos como a los campesinos y a otras clases de las masas populares, la posibilidad de mejorar sus propias condiciones gracias a la eliminación del movimiento comunista, de sus propósitos internacionalistas y de su lucha de clases y gracias a la explotación de otros pueblos, naciones o países. Esta es la sustancia de la movilización reaccionaria de las masas populares, de la cual el fascismo fue la primera edición a nivel mundial.

Es también gracias a la ayuda de la primera Internacional Comunista y la Unión Soviética que el movimiento comunista italiano logró superar la trampa tendida por la burguesía a través del fascismo. Es gracias a sus impulsos que en 1921 se fundó el primer Partido comunista italiano, y que el mismo, a partir de 1923, fue puesto bajo la dirección de Antonio Gramsci (1891-1937). Este fue su primer y único gran dirigente. Gramsci trató de volverlo en el partido revolucionario de la clase obrera. (99) En la lucha en contra del régimen fascista, que el PCI dirigió dentro del cuadro de la Internacional Comunista, el partido logró alcanzar a las masas populares y a las clases obreras un nivel de fuerza el cual no habían jamás tenido, que finalizó con la guerra partigiana (Resistencia) en los años 1943-1945. (100) Sin embargo, bajo su dirección la clase obrera no logró la conducción de las masas populares de nuestro país para instaurar el socialismo. ¿Por qué?

Durante su fundación el partido recogió, sin duda alguna, la parte más avanzada de la clase obrera italiana. El, sin embargo, no logró realizar el objetivo de la bolchevización, como transformación de un partido que reunía ya las partes mejores de la clase obrera, en un partido revolucionario.

¿En qué consiste el carácter revolucionario del partido comunista?

Primero que todo en la teoría revolucionaria que lo guía, es decir, en la concepción materialista dialéctica del mundo, y también en el método materialista dialectico del conocimiento y de la acción de sus miembros y de sus organizaciones.

En segundo lugar, en su estatuto de Estado Mayor de la clase obrera. Eso organiza su actividad, emplea sus fuerzas y las que puede movilizar, define sus organizaciones y su funcionamiento, la selección, la formación y las relaciónes de sus miembros y de sus dirigentes, en función de la conquista del poder por parte de la clase obrera.

En tercer lugar, en su capacidad, que se basa en las características antes mencionadas, de elaborar una línea especifica y concreta para avanzar hacia la instauración del socialismo (su estrategia, la vía a la revolución socialista) en nuestro país y de perseguirla con firmeza cumpliendo con flexibilidad todas las operaciones tácticas que las diferentes situaciones ameritan.

El objetivo de la bolchevización del partido fue colocado claramente por la Internacional Comunista ya desde los años ’20. El PCI había declarado la bolchevización como el objetivo fundamental del partido. (101) Las Tesis de Lione habían declarado también que “no existe en Italia otra posibilidad de una revolución que no fuese la revolución socialista”, y habían además con grande iluminación colocado en guardia al partido sobre las desviaciones de la derecha. (102)

Pero en la practica el partido no logró combinar la lucha en contra del fascismo con la lucha por la revolución socialista. Cayó en la desviación derechista, que consistió en colocarse como el ala izquierda de la coalición de todas las fuerzas que conspiraban para la caída del fascismo.

El partido, dirigido por su ala derecha (del cual Togliatti fue el jefe), rechazó sistemáticamente de conducir las masas populares para hacer valer sus propios intereses materiales y espirituales, incluso arriesgando que la burguesía recurriera al terrorismo y a la guerra civil y afrontarla sobre este terreno decisivo.

El ala izquierda del partido (Pietro Secchia (1903-1973) fue su exponente más importante) se limitó a hacerle oposición, a lamentarse de los límites del partido en la movilización de las masas populares. Fue paralizada por una concepción dogmatica de la disciplina de partido y la concepción que la insurrección era la estrategia de la revolución socialista. (103)

Los limites del partido comunista italiano en la comprensión de las leyes de la revolución socialista en Italia se manifestaron también en los siguientes siete hechos:

en el hecho de ser sorprendido del camino represivo del régimen fascista en el año 1926 (encarcelación de toda la dirección del partido);

en el hecho que en el 1943 fue sorprendido por los sucesos del 25 de julio y del 8 de septiembre;

en el hecho sustancial que no se había preparado para la guerra civil, cual salida inevitable de la crisis general del capitalismo y de la movilización reaccionaria de las masas populares (fascismo);

en el hecho que durante la guerra partisana no mantuvo con firmeza su autonomía política, obligando, parado firmemente en esta posición, a las demás fuerzas antifascistas para unirse a la guerra en contra de los fascistas y nazistas;

en el hecho que condujo la guerra partisana más como una campaña militar, que como un instrumento para crear y reforzar el poder popular;

en el hecho que no se dio cuenta que con el final de la Segunda Guerra Mundial el sistema capitalista, sin importar su debilitamiento gracias a los sucesos del movimiento comunista mundial y la caída del sistema colonial, había salido de su primera crisis general;

en el hecho que aceptó ejercer el rol que era indispensable para el régimen de la DC para consolidarse: ocultar el poder monárquico del Vaticano, esconder el carácter ficticio de la Constituyente y la Constitución, avalar el carácter democrático del régimen de “soberanía limitada” que tácitamente el Vaticano y los imperialistas de los EE.UU. impusieron al país, minimizar el significado de la instalación política y militar del imperialismo de los EE.UU. en Italia, liquidar la fuerza política y militar que las clases obreras y las masas populares habían alcanzado.

En los años de su grande y gloriosa lucha en contra del fascismo, el partido osciló más de una vez entre asilamiento sectario y dogmatico, y colaboraciones oportunistas (sin principios) y revisionismo; entre lucha sin unidad y unidad sin lucha, como también hicieron otros partidos comunistas europeos de la primera IC.

El balance de su experiencia confirma que el partido comunista debe tener una concepción del mundo y un método de trabajo materialista dialectico y que debe elaborar una estrategia para la conquista del poder justa y suficientemente concreta: una estrategia que los oportunistas entienden como impensable, pero que en realidad es ese “preparar y organizar” la revolución que ya Lenin nos había enseñado.

Si no alcanza este nivel, por muy grande que sean los heroísmos y la disciplina, el partido comunista no está en la posibilidad de utilizar a su favor con tácticas flexibles las diferentes y cambiantes circunstancias. No tiene ningún sentido práctico discutir de táctica, sin tener una estrategia. Gracias a la dirección de la primera IC el PCI realizó justas e importantes operaciones tácticas a mediano plazo, pero no logró elaborar una estrategia conforme a las condiciones especificas de nuestro país y en relación a la situación internacional en la cual estaba inmerso. En conclusión, no logró alcanzar sus objetivos, sin importar la heroicidad de la gran parte de sus miembros y dirigentes.

Estudiada a la luz de la teoría de la guerra popular revolucionaria prolongada, la historia del PCI es muy rica de grandes e importantes enseñanzas.

La misma muestra que la guerra imperialista y la obra del movimiento comunista internacional crearon en los años ’40 las condiciones suficientes para que el partido comunista creara sus propias fuerzas armadas y de ese modo entrara, forzadamente, en la segunda fase de la guerra popular revolucionaria: sin dar este paso no podía avanzar.

La misma muestra además que el partido no tenía conciencia de lo que en realidad estaba haciendo. De modo especial la misma muestra que la izquierda del partido no estaba absolutamente preparada, desde el punto de vista ideológico y político, para asumir la dirección del partido.

La misma muestra además que a causa de esto el movimiento comunista, cuando faltaron las condiciones externas que lo habían obligado a avanzar, retrocedió desde la segunda a la primera fase de guerra popular revolucionaria. (103)

A causa de los límites y errores de su partido, la clase obrera no conquistó el poder a pesar que la burguesía con el fascismo se fuese metida en una situación así difícil que le quitó desde ese entonces en adelante cualquier intento de independencia política. El poder quedó en manos de la burguesía imperialista que creó un régimen político enganchado sobre el rol prevalente de la Iglesia dirigida por el Vaticano bajo la supervisión de Estados Unidos: el régimen de la Democracia Cristiana (DC) que gobernó desde entonces el país y lo gobierna aún hoy, a pesar de la fase de putrefacción en la cual el régimen entró en 1992.

Este régimen se consolidó gracias al largo período (1945-1975) de empuje y desarrollo de la acumulación capitalista y de expansión del aparato productivo que el mismo capitalismo tuvo en todo el mundo.

Las masas populares y la clase obrera en aquellos años lograron arrancar a la burguesía grandes mejoras en el campo político, económico y cultural a través de sus luchas solo reivindicativas. El PCI se convirtió en el intérprete orgánico de esta fase de las relaciones de la clase obrera y las masas populares de nuestro país con la burguesía imperialista. Por esta razón en aquellos años el PCI fue contemporáneamente el partido de la clase obrera italiana en el sentido preciso del término, que casi todos los obreros activos en la organización y movilización de su clase eran miembros del mismo PCI, y uno de los partidos de la corriente revisionista moderna guiada por el PCUS.

El período de 1945-1975 fue, también en nuestro país, el período del “capitalismo de rostro humano”. Esto fue tanto más desarrollado cuanto más fuerte fue el movimiento comunista: esto confirma que las reformas fueron el subproducto, la herencia de la revolución no cumplida.

Durante ese período se desarrollaron grandes transformaciones en la composición de clases de nuestro país. De estas nos ocuparemos también en el capítulo 2.2 de este MP. Esas forman el contexto en el cual hoy promovemos el renacimiento del movimiento comunista. Las principales son las siguientes diez:


1. La eliminación de los campesinos dedicados a la economía de autosuficiencia.

La subsunción (34) de la producción agrícola en el capitalismo, la expulsión en masa de los campesinos y de los trabajadores de la tierra, las migraciones al exterior y al interior, del Sur al Norte y del Noreste al Noroeste, del campo a las ciudades, han enormemente reducido el número de trabajadores agrícolas y cambiado su naturaleza como clase. Despoblando los campos el régimen de la DC resolvió la “cuestión de los campesinos” creada durante el “Risorgimento” por la burguesía unitaria. El puesto de las familias y de las empresas de los campesinos fue ocupado en su mayoría por empresas capitalistas, por tierras baldías, por zonas turísticas o por villas de ricos italianos o extranjeros.


2. El crecimiento del número de proletarios no obreros.

El gran desarrollo de la Administración Pública, de los servicios públicos, de las cooperativas y de los entes sin fines de lucro crearon unos millones de proletarios no obreros, próximos por muchas similitudes a la clase obrera. Ellos ocuparon el puesto de los campesinos como los más cercanos y los más seguros aliados de la clase obrera en la lucha para instaurar el socialismo.


3. El crecimiento de las mujeres que trabajan como proletarias.

En gran contraste a las doctrinas reaccionarias que el régimen de la DC proclamaba, en el periodo en el cual ese régimen ha dominado en nuestro país, la segregación de las mujeres en las familias y entre los muros domésticos fue eliminada en gran escala, obviamente en el modo burgués: es decir en el modo más tormentoso para las masas populares y en primer lugar para las mujeres mismas. Creció el número de las mujeres que participaban a la producción, bien sea como proletarias o como trabajadoras autónomas. La lucha de las mujeres por su emancipación económica, intelectual y sentimental de los hombres, la lucha por la equidad salarial, por alcanzar un rol de paridad en la vida social, por la maternidad consciente, por una organización social de la vida de los niños y los ancianos, por una relación digna entre hombres y mujeres, por la libertad de las relaciones sexuales de la moral medieval patrocinada por la Iglesia Católica, por una efectiva igualdad de los derechos, estas reivindicaciones hicieron a las mujeres obreras y a las mujeres de otras clases de las masas populares una componente del movimiento comunista aún más importante que en el pasado. Muchas mujeres se han ya liberado de la influencia de la Iglesia Católica y del clero. Esto ha debilitado fuertemente la hegemonía moral e intelectual del clero, pero esta hegemonía era la base del poder político del Vaticano y su utilidad para la burguesía. Ahora más que nunca y en modo más directo la Iglesia Católica y el Vaticano son los jefes de la oposición burgués para la emancipación de la mujer. La lucha para eliminar el poder político de la Iglesia Católica y del Vaticano es un aspecto esencial de la revolución socialista en nuestro país y este aspecto está estrechamente ligado a la lucha de las mujeres por su emancipación. (76)


4. El gran desarrollo de los servicios ofrecidos por empresas capitalistas.

El nombre de los trabajadores empleados por empresas capitalistas que producen y venden servicios sobrepasa actualmente al número de trabajadores empleados por empresas capitalistas que producen y venden bienes. Los trabajadores de estas empresas no poseen aún la experiencia de organización, de lucha sindical y de lucha política adquirida por la clase obrera proveniente de las empresas capitalistas industriales. Los trabajadores de los servicios están haciendo ahora en estos años la escuela de lucha de clases que los obreros de la industria han realizado decenas de años atrás. Las condiciones para aprender rápidamente están dadas. Con la experiencia y la lucha de clases, alcanzarán los trabajadores de las empresas capitalistas tradicionales, y van a constituir juntos la nueva clase obrera que instaurará el socialismo.


5. La formación de una amplia “aristocracia obrera”.

En nuestro país la aristocracia obrera comprende varios centenares de miles de individuos. Esa está compuesta por promotores, dirigentes, organizadores, funcionarios de organizaciones populares como sindicatos, partidos, cooperativas, asociaciones, patronatos, casas editoriales, periódicos, radios y TV entre otras, por personas elegidas o designadas a formar parte de organismos de representación, organismos de participación, comisiones de estudio. Se trata de una masa de individuos que inmediatamente e individualmente adquieren las mayores ventajas intelectuales, morales y sociales, que se traducen en prestigio y privilegios sociales, resultado de la fuerza del movimiento de trabajadores y las masas populares y que por regla reciben al menos una parte importante de sus ingresos anuales gracias al rol que ejercen. Cada miembro de la aristocracia obrera posee socialmente un rol que la sociedad burgués niega al simple proletario, “vale” socialmente tanto cuanto a un cierto número de proletarios (un sindicalista habla a un cierto número de proletarios, posee relaciones con ellos, y los influencia). Un sector numeroso e importante de la aristocracia obrera está constituido por dirigentes y funcionarios de los sindicatos reconocidos por el régimen vigente en el país y otros sindicatos. Aquellos entre los miembros de la aristocracia obrera, que se valen de sus condiciones sociales para favorecer los intereses de los trabajadores y de las masas populares, constituyen la izquierda de la aristocracia obrera. Aquellos que usan su condición social a los fines y ventajas personales favoreciendo parientes, conocidos o amigos, constituyen la derecha de la aristocracia obrera. Estos no hacen más que replicar el sistema democristiano-mafioso del clan, de las familias, de los amigos, entre otros. Con el avanzar de la crisis general, de la resistencia y la lucha de clases, la izquierda y la derecha de la aristocracia obrera están destinadas a dividerse, siempre mas claramente o con las masas populares o con la burguesía imperialista. La izquierda de la aristocracia obrera se colocará al servicio de los trabajadores y las masas populares y contribuirá al renacimiento del movimiento comunista y en particular modo a la renovación del movimiento sindical. El partido comunista tiene que orientarla y hacerla una componente suya. La derecha de la aristocracia obrera por inercia de las cosas deberá forzadamente alinearse siempre aún más a la derecha burgués, perdiendo seguidores entre los trabajadores, convirtiéndose inútil para la burguesía, a menos que se convierta en una eficaz promotora de la movilización reaccionaria de las masas populares. Las formas, los tiempos y la repartición de la aristocracia obrera entre el ala izquierda y el ala derecha dependerán de la línea del partido comunista y de las acciones que este conducirá sobre ella, bien sea directamente o a través de los obreros y el resto de las masas populares. (104)


6. La inmigración de los obreros desde países ex-socialistas y de países oprimidos por el imperialismo.

De un país de migrantes, Italia se convirtió en un país de inmigración. La movilización y organización de estos nuevos trabajadores y la combinación de estos nuevos trabajadores con los trabajadores autóctonos es una nueva tarea, pero el movimiento comunista italiano no puede prescindir de ella. Este objetivo, ya por si mismo difícil, es aún más difícil por la debilidad del movimiento comunista a nivel nacional e internacional. (105) Por otra parte, la inmigración constituye una de las vías por la cual se constituye concretamente un proletariado internacional. Es decir, un instrumento precioso para el movimiento comunista, para promover una unidad más fuerte internacionalista de la clase obrera. El partido comunista debe movilizar trabajadores autóctonos y trabajadores inmigrantes para obtener una absoluta paridad de derechos civiles, sindicales y políticos. La sobre-explotación y la opresión de los trabajadores inmigrantes debilitan también a los trabajadores autóctonos. El partido comunista debe movilizar todos los trabajadores en la lucha en contra de la burguesía imperialista y de este modo unirlos.


7. La deslocalización de las unidades productivas y el desempleo crónico.

La clase obrera es hoy, en Italia como en el mundo, más concentrada de como nunca lo ha sido. Algunos grandes monopolios mundiales poseen cada uno centenares de millones de empleados esparcidos en varios países. También por esta vía se ha constituido un proletario internacional como un sector especifico del proletariado. Esta situación ofrece al movimiento comunista otra posibilidad de promover la unidad internacionalista de la clase obrera. Por otra parte, han disminuido las empresas que reúnen en un único lugar decenas de miles de trabajadores, pero aún se encuentran un gran número de grandes e medianas empresas. La burguesía atiende organizar unidades productivas más pequeñas, combinar en el mismo lugar trabajadores empleados por empresas diferentes y sometidos a contratos y condiciones diversas, deslocalizar empresas y cambiar con frecuencia organización del mismo trabajo, generalizar las relaciones del trabajo precario, atípico, informal, entre otras. Esto permitirá al movimiento comunista de “contagiar” más fácilmente la entera clase obrera, una vez que haya alcanzado una relación solida con los obreros avanzados.


8. La proletarización de los trabajadores autónomos.

La masa de los trabajadores autónomos esta en realidad compuesta por individuos siempre menos autónomos. Muchos trabajadores autónomos dependen estrictamente de los monopolios industriales y de los servicios para sus ventas, para los suministros y para la adquisición de tecnología, de los bancos para su financiamiento, del Estado para las leyes y los reglamentos que enmarcan su actividad, para el régimen fiscal, para las contribuciones públicas a su presupuesto. Esto abre grandes horizontes de hegemonía para el movimiento comunista, una vez superadas las tendencias corporativas y afirmado su rol de promotor de la lucha de todas las masas populares en contra de la burguesía imperialista.


9. La constitución de la Unión Europea y la creación de la moneda única europea.

La unificación de Europa inició después de la Segunda Guerra Mundial, como proyecto de la burguesía imperialista de Estados Unidos para movilizar aún más a Europa en contra del movimiento comunista y la Unión Soviética. En el inicio de los años ’70 con la nueva crisis general, el proyecto fue tomado en manos por los grupos imperialistas franco-alemanes. Ellos lanzaron a gran escala su ofensiva para crearse “un espacio vital” en Europa, para usarla en su competición internacional en contra de EE.UU.. La Unión Europea tiene un futuro solo como intento de los grupos imperialistas franco-alemanes de unirse y coalizar bajo su dirección todos los capitalistas europeos y sus respectivos países para una nueva repartición del mundo en contra del predominio de los grupos imperialistas de EE.UU., y también para guardar su predominio sobre las masas populares europeas a pesar de la crisis general, favoreciendo la abolición de las conquistas que durante la primera oleada de la revolución proletaria las masas populares europeas han arrancado. La Unión Europea ha dado y está dando un gran soporte a la burguesía en la eliminación de las conquistas y ha creado además un cuadro político nuevo, pero aún precario. De hecho, los grupos imperialistas alemanes actúan y se encuentran prensados. Por una parte los grupos imperialistas de EE.UU. no pueden conceder más nada a sus socios, más bien extraen de cada país capitales, recursos y hombres para mantenerse a flote dentro de los mismos EE.UU.: la contrarrevolución preventiva en EE.UU. posee como pilar fundamental las concesiones económicas a las masas populares estadounidenses. Quedarse subordinados a los grupos imperialistas de EE.UU., quiere decir, contribuir para mantenerlos de pie; sin embargo con consecuencias politicas nefastas en Alemania, porque también allí la contrarrevolución preventiva se apoya en las grandes concesiones económicas. Por otra parte sobre los grupos imperialistas alemanes recae la pesadilla el recuerdo de como finalizó su último intento de conquistar con Hitler un “espacio vital”. Una pesadilla inquietante porque para competir realmente con los grupos imperialistas de EE.UU., los grupos imperialistas franco-alemanes deberán comenzar a imponer una mayor disciplina a las mismas masas populares en Alemania.

En relación al Vaticano y a Italia, la Unión Europea coloca en juego el rol político de la Iglesia en nuestro país. La alternativa es sobrevivir a costa de los grupos imperialistas de EE.UU., que no otorgan más nada. Esta es la alternativa por la cual seguramente optará el Vaticano si su diseño no encontrará una incontenible oposición dentro de las masas populares italianas. De hecho, quedando bajo la tutela de los grupos imperialistas de EE.UU. permitiría al Estado Pontificio de alargar su existencia, salvaguardando aquello que para el Papado es de suma importancia y esencial dentro de Italia: las condiciones y los recursos para alcanzar libremente, a expensas de las masas populares italianas, su “misión divina en el mundo”.

Para los comunistas italianos el reforzar el nexo internacionalista con los partidos comunistas de los otros países europeos es aun más importante que en el pasado. Nosotros debemos movilizar las masas populares para preservar sus intereses y luchar sea en contra del polo imperialista de EE.UU., sea en contra del polo imperialista europeo. Sus intereses tienen que ver directamente con el renacimiento del movimiento comunista internacional.


10. El nacimiento de la “cuestión ambiental”.

En los decenios sucesivos a la Segunda Guerra Mundial el régimen de la DC mostró en gran escala su capacidad de destrucción física y moral, hacia los hombres y hacia el medio ambiente, también sobre el patrimonio artístico y sobre la herencia histórica. El período del gran desarrollo económico mundial que coincidió con la primera fase del régimen (1945-1975), colocó plenamente a la luz estas características. La destrucción moral y ambiental producida durante cincuenta años de régimen de la DC no posee precedentes dentro de la historia moderna italiana. El régimen de la DC ha tenido una concepción del poder similar a la que tenían el Papado y la Iglesia en la Edad Media. De ese modo el régimen de la DC prestó mucha atención a los problemas de la estabilidad del poder y al consenso de las masas, pero estuvo indiferente a todas aquellas cuestiones del bienestar de las masas populares, bien sea a corto como a lejano plazo, como la protección y conservación del medio ambiente. A su vez el movimiento comunista dominado por los revisionistas no ha hecho de esta actitud del régimen de la DC un problema de orden público.

El desastre territorial, ambiental y moral acontecido en Italia y realizado por parte de la DC se combinó, como agravio nacional, con la devastación ambiental producida por parte del sistema capitalista a nivel mundial. La búsqueda de mayores ganancias, las empresas que tienen como objetivo la producción de sus ganancias, implican que cada capitalista explote a los hombres y las mujeres, a los recursos y al ambiente según su inmediato interés económico y que el sistema aumente exponencialmente de año en año el volumen de su producción, condición necesaria para el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y de sus ganancias. Esto genera un curso de las cosas suicidas para la humanidad. Poner fin la capitalismo se convirtió en una cuestión de vida o muerte. La incompatibilidad del sistema capitalista con el progreso de la humanidad se convierte una evidencia también si se considera la protección del ambiente, en el cual la humanidad vive. Sólo el renacimiento del movimiento comunista y la formación de nuevos países socialista crearan las condiciones para enfrentar de manera racional, sistemática e internacionalmente la cuestión ambiental. Los comunistas deben apoyar y promover miles de luchas específicas, aunque en su inmediatez contradictorias entre ellas, sobre las cuestiones ambientales y deben hacer de manera que cada una de ellas contribuya, más allá de la soluciones temporaneas, a la acumulación de las fuerzas revolucionarias y funcionen como escuela de comunismo, contribuyendo así a dar soluciones a los problemas específicos, y a crear las condiciones para una solución definitiva sobre la cuestión ambiental. La cuestión ambiental es una cuestión netamente relacionada a la lucha de clases. El interclasismo nos conduciría al desastre ecológico. (76)


2.1.3. Los primeros intentos para reconstruir el partido comunista


En nuestro país la lucha en contra del revisionismo moderno fue la continuación de la lucha en contra de la desviación de la derecha que desde siempre acompañó la vida del partido.

En el VIII congreso (diciembre de 1956) la derecha del PCI, colocándose a salvo del éxito alcanzado por el grupo revisionista de Kruscev en el XX congreso del Partido comunista de la Unión Soviética (febrero de 1956), liquidó cuanto quedaba de las bases programáticas comunistas.

Hasta entonces la desviación de la derecha, según la cual el partido comunista era el ala izquierda de una formación progresista dirigida por la burguesía que luchaba para modernizar el país, eliminar los residuos feudales y alargar de este modo los derechos democráticos a las masas, se había presentada en el partido como una línea provisoria para seguir en espera de tiempos mejores.

Desde ese entonces viene colocada como línea estratégica, coherentemente con la concepción de los revisionistas modernos. Ellos de hecho afirmaban que la fuerza alcanzada por la clase obrera hacía de manera que ya no era necesaria la revolución socialista y hacía posible un pasaje gradual y pacifico al socialismo. La vía pacífica, democrática, parlamentaria al socialismo a través de las reformas de estructuras y el alargamiento continuo de los derechos democráticos de las masas, esta fue proclamada la vía italiana al socialismo y propuesta además en sede internacional como modelo (eurocomunismo).

Después del VIII congreso la lucha espontánea, instintiva y difundida en contra de la derecha retomó un nuevo vigor. Esa dio un salto cualitativo en la segunda mitad de los años ’60, en el ámbito de la lucha lanzada a nivel internacional por el Partido del trabajo de Albania y sobre todo por el Partido comunista chino. (106) Nació entonces el movimiento marxista-leninista y luego en 1966 el Partido comunista de Italia (Nueva Unidad) que se disolvió al inicio de los años ’90 para confluir en Refundación comunista (RC).

La causa de la debilidad del PCd’I y de todo el movimiento marxista-leninista fue la misma ya vista que llevó a la izquierda del PCI a la derrota en relación al ala de la derecha: la insuficiente autonomía ideológica y teórica de la burguesía y la consecuente falta de una estrategia para la conquista del poder. El movimiento marxista-leninista, por algunos aspectos, fue constantemente limitado por el dogmatismo: prueba de esto está en el hecho que no reconoció jamás que existía una tercera superior etapa del pensamiento comunista, el maoísmo y que jamás comprendió los límites y errores de la izquierda del PCI, aunque luchara en contra de la derecha del PCI. Por otra parte ese mismo movimiento marxista-leninista se confundió con varias desviaciones “de izquierda” (bordighistas, anarcosindicalistas, entre otras) que eran una vieja enfermedad del movimiento comunista italiano con la cual el PCI no había jamás arreglado las cuentas.

Al final de los años ’60 y en el inicio de los años ’70 en Italia como en otros países fue una tiempo de grandes luchas (el ’68 y el Otoño caliente). La lucha por arrancarle a la burguesía nuevas conquistas de civilización y de bienestar alcanzó su cúspide y llegó a su límite: para ir más allá debía transformarse en una lucha para la conquista del poder e instaurar el socialismo. La lucha en contra del revisionismo moderno alcanzó un gran desarrollo en el campo político en los años ’70 cuando desde las luchas reivindicativas de la clase obrera y de las masas populares nació un difundido movimiento de lucha armada, personificado por las Brigadas Rojas.

Este movimiento recogía y daba expresión política a la necesidad de conquistar el poder y transformar la sociedad que las mismas luchas reivindicativas alimentaban en la clase obrera y en las masas populares. De ahí vinieron el apoyo, la adhesión y el clamor de las masas populares en relación a las Brigadas Rojas, testimoniados por su enraizamiento en las grandes fábricas (FIAT, Alfaromeo, Siemens, Pirelli, Petrolchimico, entre otras), pero aún más por las medidas que la burguesía adoptó para contrastar esta influencia, aislarlas de las masas y luchar contra la persistencia de su influencia también después de su derrota.

Con sus iniciativas prácticas las Brigadas Rojas rompieron con la concepción de la forma de la revolución socialista que había predominado entre los partidos comunistas de los países imperialistas en el curso de la situación revolucionaria en desarrollo 1900-1945. (107) A diferencia del Partido comunista de Italia (Nueva Unidad), las Brigadas Rojas iniciaron a regular las cuentas con los errores y los limites que habían impedido a los partidos comunistas de llevar a cabo en los países imperialistas la victoria en la situación revolcionaria generada por la primera crisis general del capitalismo. De este hecho viene la riqueza de las enseñanzas que podemos recoger de su actividad, en especial a propósito de la acumulación de las fuerzas revolucionarias (que es la tarea principal de la primera fase de la guerra popular revolucionaria prolongada (*)) y del pasaje de la primera a la segunda fase (*) de esta (construcción de las fuerzas armadas revolucionarias (*)).

Ellas todavía no lograron liberarse de la influencia de la cultura burgués de izquierda, en especial de la versión proveniente de la Escuela de Fráncfort (75) que el revisionismo moderno había convertido en cultura corriente y por esto casi por completo sin oposición. Este hecho tuvo dos importantes consecuencias:

1. Las Brigadas Rojas no lograron corregir los errores de análisis de la fase que tenían su fundamento en la cultura de la Escuela de Fráncfort. En cuanto a la relación entre las masas populares y la burguesía imperialista, confundieron la fase final de la lucha de las masas populares para arrancar conquistas en el ámbito de la sociedad burgués con el inicio de la revolución. En cuanto a las relaciones entre los grupos y los Estados imperialistas, confundieron la atenuación de las contradicciones conectada al periodo de 1945-1975 de empuje y desarrollo del capitalismo, con la desaparición definitiva del antagonismo. Ignoraron la alternancia de las crisis generales del capitalismo con períodos de recuperación de la acumulación del capital: los años ’70 eran justo el pasaje del periodo de recuperación y desarrollo después de la Segunda Guerra Mundial, a la nueva crisis general por sobreproducción absoluta de capital.

2. Las Brigadas Rojas no lograron apropiarse conscientemente del método de la línea de masas (*) para quedarse a la vanguardia del movimiento de las masas también en la nueva fase producida desde el inicio, en la mitad de los años ’70, de la nueva crisis general. No hicieron un balance justo del movimiento comunista: combinaron ilusiones en los revisionistas modernos, en los países socialistas y en los partidos comunistas dirigidos por ellos, con el abandono de la experiencia histórica del movimiento comunista a causa del suceso que los revisionistas modernos habían logrado alcanzar en ello.

En consecuencias de estos errores, el nexo entre las Brigadas Rojas y las masas dejó de crecer y más bien empezó a descender, las Brigadas Rojas se dedicaron a maldecir el retraso de las masas y se ahogaron en el militarismo (*) (teoría de la “suplencia”). (*) De esta manera favorecieron el ataque de la burguesía que se centraba en el aprovechar sus errores y límites para aislarlos de las masas.

Es por causa de estos pasos no cumplidos y de esta autocritica no desarrollada hasta el final, que su nexo con las masas populares, más que desarrollarse, se debilitó y que las Brigadas Rojas fueron arrasadas por la ofensiva de la burguesía, a la que también colaboraron los revisionistas modernos porque la derrota de las Brigadas Rojas era empresa vital para ellos. (108)

La lucha conducida por la Brigadas Rojas muestra, por tercera vez en la historia del movimiento comunista de nuestro país, después del Bienio Rojo y la Resistencia, como en un país imperialista se pueden presentar las condiciones para el pasaje de la primera a la segunda fase (*) de la guerra popular revolucionaria de larga duración. (*) La misma muestra, por otra parte, que la posibilidad de aprovechar con suceso las condiciones favorables, depende estrictamente de la calidad de la acumulación de las fuerzas revolucionarias realizada antes que las condiciones favorables se presenten.

El PCd’I y las BR constituyen los dos mayores intentos fallidos de reconstrucción del Partido comunista. Ambos buscaron dar respuesta a esta necesidad de la clase obrera y las masas populares en nuestro país. Pero ni una ni otra alcanzaron sus objetivos. Para recoger los aspectos positivos producidos por ellos y poder obtener enseñanzas de su experiencia, es indispensable comprender los motivos de su derrota.

La historia del movimiento comunista está llena de victorias y derrotas. Ambas nos muestran que las contradicciones entre la teoría y la práctica se manifiestan en las contradicciones entre teoría revolucionaria y construcción de la organización revolucionaria, entre el partido revolucionario y el movimiento de las masas y en otras aún. ¿Cuál es la justa relación entre los dos términos de cada una de estas contradicciones? La historia del movimiento comunista nos enseña:

1. la unidad de dos términos, uno puede proceder en su desarrollo más allá de un cierto límite solo si el otro se desarrolla también en la medida adecuada;

2. que en la lucha de la clase obrera por el poder, en general, con algunas excepciones, la prioridad es para el primer término (es decir la teoría), aunque en absoluto, es decir considerando las cosas en un horizonte más amplio, la prioridad es para el segundo término (es decir la práctica).

De hecho, en términos generales la teoría del movimiento comunista es el reflejo en nuestra mente, es la elaboración de la experiencia práctica de la lucha de la clase obrera y de las masas populares. Marx y Engels diseñaron una teoría revolucionaria elaborando la experiencia de la lucha de los obreros. Pero gracias a esta teoría de ellos es que el movimiento comunista ha creado la Internacional y los partidos socialistas en un primer momento y comunistas en un segundo momento. Lenin resumió la lucha que se condujo en los primeros años de nuestro siglo: “sin teoría revolucionaria, no puede existir movimiento revolucionario”. Mao Tse-tung en 1940 hizo el balance de la revolución china diciendo: “Por casi veinte años nosotros hemos hecho la revolución sin tener una concepción clara y justa de la revolución, actuábamos ciegamente: desde aquí salen las derrotas que hemos sufrido”.

Análogamente, en términos generales el partido revolucionario es un producto de la rebelión de las masas oprimidas. Pero en las condiciones en las cuales llegó el movimiento comunista, solo gracias a la actividad del partido comunista el movimiento de las masas oprimidas logra desarrollarse más allá de un nivel elemental y reivindicativo. Los comunistas no lograron construir un partido comunista a la altura de su rol y su objetivo de promover y dirigir la guerra popular revolucionaria de larga duración, esto impidió la instauración del socialismo en los países imperialistas. No es “la integración de la clase obrera en el sistema capitalista”, no es “la incorporación de las relaciones de producción capitalista en las fuerzas productivas” (en conclusión, la desaparición de la contradicción entre las relaciones de producción y fuerzas productivas), como afirma la Escuela de Francfort, (75) aquello que impidió la revolución socialista en los países imperialistas. El anillo que faltó fue el partido comunista adecuado a la tarea histórica y a su propio rol, y lo que es esencial para hacer el partido comunista adecuado a su rol histórico es la concepción del mundo sobre la cual se funda y por la cual orienta su actividad. Es decir, la solución está en la lucha entre las dos líneas durante la construcción del partido comunista.

La burguesía trata con todas sus fuerzas de detener la construcción de un partido así. Es un aspecto esencial de la contrarrevolución preventiva. A través de la represión cuando no puede hacer más nada, pero normalmente con su influencia entre los mismos comunistas. En cada partido comunista y en cada uno de sus organismos, delante de cada pasaje y decisión importante, está una izquierda y una derecha. La izquierda refleja la posición de la clase obrera que lucha por el poder; mientras que la derecha refleja la posición de la burguesía. La derecha personifica la influencia de la burguesía en el movimiento comunista y la vehicula. La burguesía está en el poder desde hace siglos y heredó mucho de las anteriores clases explotadoras. La clase obrera lucha por el poder solo desde hace 160 años y lo ha ejercido sólo por breves períodos y sólo en algunos países donde el capitalismo estaba muy poco desarrollado.

Por consiguiente, la burguesía aun hoy tiene una experiencia de poder incomparablemente más vasta que la de la clase obrera. En el campo sobre-estructural la burguesía tiene un sistema completo de concepciones, líneas y métodos. Su concepción del mundo se ha consolidado en hábitos y prejuicios. Ha adquirido la fuerza, la evidencia y la obviedad del lugar común. Por esto en los partidos comunistas la derecha tiene la vida más fácil que la izquierda. La derecha se apoya en lo que ya existe, es evidente, es obvio, es costumbre, “siempre se ha hecho así”, “todos lo piensan así”. La izquierda debe elaborar, descubrir, sumergirse en lo nuevo, arriesgarse a cometer errores, corregir la ruta hasta encontrar el camino hacia la victoria. A la derecha no le hace falta una teoría revolucionaria; la izquierda no puede proceder sin ella y debe elaborarla. La derecha se puede hacer fuerte con los errores de la izquierda y por la confusión de la contradicción entre teoría revolucionaria e influencias de la burguesía con las contradicciones entre teoría justa y teoría errada, entre lo nuevo y lo viejo. La derecha obstaculiza la creación de una teoría revolucionaria, la izquierda la promueve y sin teoría revolucionaria no puede dirigir. Al comprender la situación, los errores del partido benefician a la derecha y son nocivos para la izquierda.

La izquierda del PCI no logró elaborar una teoría de la revolución socialista en nuestro país durante la primera crisis general del capitalismo, aunque el partido se hubiese propuesto guiar la revolución socialista. Por esto la derecha logró tomar el poder en el partido. Mao nos enseñó que si un partido no aplica una línea justa aplica una errada, que si no aplica conscientemente una política, aplica una a ciegas. Es muy difícil que el partido comunista pueda alcanzar la victoria con una línea aplicada a ciegas, es más probable que una línea aplicada a ciegas favorezca lo que ya existe, o sea la dirección de la burguesía, en vez de lo que debe surgir: la dirección de la clase obrera.


El Partido comunista de Italia y las Brigadas Rojas no comprendieron que:

para avanzar hacía falta un balance de la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria y de la construcción del socialismo que era sintetizada a su nivel más alto en el maoísmo;

el revisionismo moderno no solo consistía en el rechazo de la revolución como medio para instaurar el socialismo, sino que aprovechaba los límites de la concepción del mundo y del método de dirección y de trabajo de los comunistas: es preciso superarlos para combatir el revisionismo moderno;

el capitalismo también en nuestro país estaba al final de un periodo de desarrollo y que la segunda crisis general del capitalismo apenas se anunciaba.

Por eso sus intentos de reconstruir el partido comunista fueron ofuscados.



2.1.4. El régimen DC y su putrefacción


Fue solo durante los años ’70 que el sistema capitalista mundial pasó del periodo de recuperación de la acumulación de capital y desarrollo de la economía, que había comenzado después del fin de la Segunda Guerra Mundial, a la segunda crisis general por sobreproducción absoluta de capital. También en nuestro país eso implicó que la clase obrera y las masas populares ya no pudieran arrancar conquistas progresivas, duraderas y a larga escala a la burguesía con luchas reivindicativas. El acuerdo (1975) Confindustria-sindicatos para el “punto único de contingencia” que aumentó los salarios inferiores y redujo las diferencias salariales fue la última conquista de la serie que había marcado el periodo del “capitalismo de rostro humano”. La clase dominante comenzó a eliminar progresivamente, una otra tras otra, las conquistas hasta entonces arrancadas. El proceso continuó normalmente hasta 1992, primero con los gobiernos del “compromiso histórico” y después con el CAF (Craxi, Andreotti, Forlani). Desde entonces, con la crisis del régimen DC y el inicio de la fase de su putrefacción, el proceso de eliminación de las conquistas fue fuertemente acelerado. Desde entonces cambió el rol político de los partidos, corrientes y escuelas reformistas: se volvieron “reformistas sin reformas”.

En consecuencia, empezó la crisis imparable de los revisionistas modernos. Los revisionistas, desde hace tiempo le habían subordinado a la burguesía las instituciones que ellos dirigían (partidos, sindicatos, cooperativas, asociaciones culturales, editoriales, periódicos, fiestas, etc). En Italia como en todos los otros países esas instituciones tenían un rol político efectivo, gracias a la hegemonía sobre las masas populares que el movimiento comunista había conquistado durante la primera oleada de la revolución proletaria mundial. Subordinadas a la burguesía ellas han sufrido en primer lugar las consecuencias de su crisis y han anticipado su suerte. La nueva fase del movimiento económico ya no permitía combinar sumisión política a la burguesía imperialista y conquistas de civilización y de bienestar para las masas. El PCI inició en 1991 su disolución que todavía estaba en curso (PRC, PdCI, etc.). Por el contrario de los que dicen los nostálgicos de la practica revisionista de revestir la colaboración con la burguesía de sagrados principios y de un fraseo comunista (de Cossutta a Rossanda, de Ingrao a Bertinotti), Occhetto que disolvió el PCI en 1991 no rompió con sus predecesores, sino que fue el ejecutor testamentario del fracaso del proyecto de conciliación entre las clases y de subordinación de la clase obrera a la burguesía imperialista llevado a cabo por los revisionistas modernos dirigidos primero por Togliatti y después por Longo y Berlinguer.

Los intentos de continuar esa práctica fueron representados por el PRC, el PdCI y por partidos y grupos menores. Estos intentos fallan y fallarán uno tras otro, porque falta la base material sobre la que el PCI revisionista se había regido. Junto a ellos también se va en crisis la hegemonía burguesa sobre la aristocracia obrera. La aristocracia obrera es buena para la burguesía hasta que logre manipular las masas. Es buena para las masas hasta que traduce en reformas y concesiones efectivas aunque en el ámbito del modo de producción capitalista las demandas de las masas. Con la crisis del régimen DC la aristocracia obrera pierde su apoyo en las instituciones y en el gobierno. Esto y la desilusión que se difunde entre las masas por los resultados de su actuar, erosionan la base de su poder: el consenso de las masas y la capacidad de manipularlas. Las formas, los tiempos y los efectos directos del fracaso de los revisionistas modernos, de sus aspirantes sucesores y de la aristocracia obrera serán decididos por la lucha política en curso. Es en el curso de esta lucha que el nuevo partido comunista italiano puede y debe recoger, educar y acumular las fuerzas revolucionarias que harán de Italia un nuevo país socialista.


El régimen DC está en crisis, pero la solución de reemplazo solo puede surgir de las luchas entre grupos imperialistas y de la lucha entre las masas populares y la burguesía imperialista a la que la segunda crisis general del capitalismo está dando lugar. Italia es un caso particular del problema general. La crisis política no es italiana, es general. Hacer que Italia sea un nuevo país socialista es el resultado que nosotros los comunistas podemos, debemos y queremos dar a esta crisis en Italia, contribuyendo así a la segunda oleada de la revolución proletaria mundial: a la victoria de la revolución socialista o de la revolución de nueva democracia en otros países.

Durante esta lucha resolveremos definitivamente, para nosotros y para el movimiento comunista internacional, también el problema del Papado, de su Iglesia y de su rol contra-revolucionario, anticomunista a nivel internacional. Gracias al régimen DC, de hecho, el Papado y su Iglesia han ligado su destino al del Estado de la burguesía imperialista en Italia.

El fascismo, régimen terrorista de la burguesía imperialista, había sido el último intento de la burguesía italiana para absorber en la Administración Pública y para gestionar en el ámbito de un régimen público, aunque el mismo era necesariamente terrorista y extralegal, las distintas formas y los diferentes aspectos de su dominación sobre las masas: desde las obras de caridad, hasta la intimidación y la eliminación de los comunistas y otros sus opositores. No obstante el gran esfuerzo implementado por la burguesía italiana durante los veinte años, el fascismo se concluyó en modo catastrófico para la burguesía que lo había promovido: su Estado y fuerzas armadas disueltas, una clase obrera fuerte, el país ocupado. La misma solo se salvó gracias a los límites del PCI, la ocupación de EE.UU. y el Vaticano. El resultado fue la creación de un nuevo Estado Pontificio ampliado. El Vaticano con la DC creó la versión específicamente italiana de un régimen de contra-revolución preventiva.

En sus cincuenta años de vida, el régimen DC desarrolló ulteriormente una particularidad de la sociedad burguesa italiana. Esta consiste en el hecho que las actividades (financieras y políticas) que se desarrollan fuera y contra la ley oficialmente vigente, la violencia paraestatal y privada, los complots y las intrigas que se han vuelto instrumentos de la actividad económica, comercial y financiera de los grupos imperialistas en cada país imperialista (y de aquí se desbordan, siendo exportados a los países dependientes), estas características modernas y de vanguardia de la burguesía imperialista, en Italia se desarrollaron ricamente combinándose con las viejas sociedades secretas, con las viejas asociaciones criminales, con las sectas, iglesias, órdenes religiosas y caballerescas, en particular con las organizaciones de la Iglesia (congregaciones eclesiásticas y laicas, conventos, diócesis, parroquias, obras pías, cofradías). La síntesis de esta particularidad es la existencia de un gobierno de hecho, el Vaticano con su Iglesia, que dirige el gobierno oficial, legal.

El Vaticano y su Iglesia son un residuo medieval en la sociedad moderna. Lo que en Europa hizo que las Autoridades medievales fueran funcionales y necesarias (la defensa y la supervivencia de las poblaciones en un contexto caracterizado por invasiones, epidemias, precariedades, caristias), desapareció con las sociedades medievales. Del rol de las Autoridades medievales el Vaticano y la Iglesia han conservado solo el derecho a exigir de las poblaciones los recursos necesarios para su opulencia y magnificencia y para imponer a las poblaciones las condiciones requeridas para el ejercicio de su autoridad. Por consiguiente, un rol y una concepción del poder puramente parasitarios que no soportarían la prueba de los hechos si el Vaticano y la Iglesia asumieran directamente el rol de gobernar el país. Esto se había hecho evidente en el viejo Estado Pontificio. La dirección indirecta permite, en cambio, que esta concepción del poder se traduzca concretamente en un pulpo que chupa parasitariamente los recursos e impone constricciones a la población de un país moderno, mientras las Autoridades legales, oficiales se ocupan como pueden del resto de las tareas que el Estado absuelve en una sociedad burguesa. Con esta condición, el Vaticano y la Iglesia pueden sobrevivir en el Estado Pontificio creado con el régimen DC. El Vaticano y la Iglesia exigen completa libertad de acción en todos los campos que consideran atinentes al ejercicio de su “misión divina en la Tierra” en Italia y en el mundo y se sirven de los recursos del país que según el juicio de los dos necesitan. En relación a los comportamientos personales de sus súbditos, los mismos toleran cualquier cosa siempre que los comportamientos contrarios a sus preceptos sean practicados sin ostentación, discretamente, sin “provocar escándalo”, que no sean legitimados por leyes y actos de la Administración Pública, que no se conviertan en signo de rebelión a la autoridad del Vaticano y la Iglesia y exteriormente los súbditos no les hagan faltar la expresión de su obsequio al magisterio de la Iglesia. Por consiguiente, el Estado legal puede ordenar sobre todo como mejor le parece, excepto sobre lo que el Vaticano y la Iglesia consideran atinentes a sus intereses, prestigio y autoridad. Fieles a su concepción medieval del poder, estos muestran indiferencia ante las condiciones materiales, morales e intelectuales de la población, con la única condición que la rebelión de las clases oprimidas por las condiciones que les impusieron no pongan en peligro el orden existente. Proveer a esto era tarea del Estado legal del régimen DC. Al mismo régimen los imperialistas de EE.UU. no le pedían más.

El régimen DC toleró entonces lo que las masas populares habían conquistado con su lucha victoriosa contra el fascismo y que ningún poder habría podido cancelar sin recurrir al terror y a la guerra civil y se encargó que las reivindicaciones llevadas a cabo por el movimiento comunista fuesen satisfechas en medida suficiente para no convertirse en un peligro para el régimen. En esta tarea, por treinta años (1945-1975) el régimen DC fue ayudado por la coyuntura económica internacional, además que por la colaboración del viejo PCI. Este, de hecho, se comprometió tácitamente a no superar los límites propios del régimen DC. La burguesía a su vez se conformó con la libertad de guiar sus asuntos, bajo la protección del régimen DC. Obviamente tuvo que entenderlos de manera estrecha, avara y mezquina. Tuvo que dejar al parasitismo del Vaticano y de su Iglesia todo el campo de acción, sobre el terreno material, moral e intelectual, que los mismos querían y fue a su vez ampliamente participe, hecho al que lo predisponían no solo las condiciones generales de la burguesía específicas de la época imperialista (capitalismo decadente y parasitario) pero también su historia particular. Allí yacía su crónica debilidad y sumisión en el contexto internacional.

El carácter moderno del régimen DC en la historia de nuestro país consistió en esto: la burguesía tomó en cuenta que es imposible gestionar la represión de la clase obrera y de las masas populares en el ámbito de la Administración Pública y de una actividad codificada en leyes. Desarrolló a gran escala las más variadas formas de represión extralegales: privadas y criminales, abiertas y ocultas. El régimen DC combinó magistralmente, con la complicidad y el apoyo determinantes de los revisionistas modernos, la creación de sindicatos amarillos con los grupos fascistas y con la intimidación y la emboscada mafiosas. En ello fue maestra la burguesía imperialista de los EE.UU., quien fue la primera que creó un régimen eficaz de contra-revolución preventiva. Las viejas asociaciones feudales (una para todas: la mafia siciliana) se desarrollaron ricamente y asumieron formas modernísimas, transformándose en las actuales, de vanguardia de la burguesía imperialista, en su marcha triunfal hacia el abismo. Luciano Liggio fue a la escuela de Agnelli, lo superó y le dio vida a una nueva multinacional financiera, mundial y global. Después del fascismo, Italia le regaló a todo el mundo otro nombre: mafia.

En el régimen democristiano se combinaban pues características generales, comunes a todos los regímenes políticos expresión de la burguesía imperialista en el periodo después de la Segunda Guerra Mundial, en el periodo llamado del “capitalismo de rostro humano”, con características específicas propias, dictadas por rasgos específicos de la composición de clase de nuestro país, la historia de nuestro país, los grupos políticos que representaban el régimen. Ellos provenían de las asociaciones católicas, de las organizaciones parroquiales y, en el Sur, de las tradicionales excrecencias intelectuales del poder de los grandes propietarios de tierras. Entre los aspectos característicos del régimen democristiano estaban pues el clientelismo, el asistencialismo, la conservación de las condiciones de reproducción de un cierto tipo de burguesía rural y urbana y empresas capitalistas individuales, la mitigación de los efectos más traumáticos del capitalismo a través del sector económico público, el gasto público y la caridad. El régimen DC se ocupó del bienestar de las masas populares solo en la medida en que el movimiento comunista hacía de ello un problema de orden público y, por consiguiente, un problema político. En consecuencia, se ocupó de ello de mala gana, a la fuerza, de manera limitada y mezquina, con lo menos posible, lo indispensable, arrastrando el resto del mundo. Los recursos de la sociedad y sus medios de acción nunca fueron movilizados por el régimen para encontrar soluciones duraderas para los problemas de las masas. Las soluciones tampón, la asistencia y la caridad privadas eran sus recursos.

Los rasgos peculiares del régimen DC se habían combinado bien con las características generales del dominio de la burguesía imperialista del periodo del “capitalismo de rostro humano”. Estos, en cambio, hacían que este régimen fuese inadecuado para gestionar las relaciones con las masas populares según las exigencias del nuevo periodo caracterizado por la crisis económica iniciada en los años ’70. La crisis económica llevaba al extremo los aspectos específicos del régimen DC y con esto los hacía incompatibles con la dominación de la burguesía imperialista: en un periodo de vacas gordas la asistencia sirve para arreglar las cosas y para redondear los ángulos; en un periodo de vacas flacas lleva al “despilfarro del patrimonio”. El Gasto Publico, el déficit de presupuesto, la Deuda Pública, los desequilibrios financieros, la corrupción, el degrado de los servicios crecieron exponencialmente en los últimos años de los gobierno CAF. Craxi fue el exponente emblemático de esos años.

El régimen DC entró en crisis cuando, por causa de la crisis general, se hizo imposible para la burguesía imperialista seguir dando respuesta a las aspiraciones de las masas, cuando éstas se expresaban con fuerza, con la política clientelista, a través del uso de la Publica Administración y del sector económico estatal y público en general. Cuando, debido a la crisis general, el IRI (Instituto de Reconstrucción Industrial) ya no pudo absorber y mantener con vida las empresas en quiebra y el mismo cerró sus empresas.

A esta causa se añade que, en el contexto de la crisis general, los contrastes entre grupos de la misma burguesía imperialista, italianos y extranjeros, se agudizaron cuando los grupos imperialistas franco-alemanes lanzaron nuevamente a gran escala su ofensiva para crearse un “espacio vital” en Europa, util para ellos en la competencia internacional. La Europa de Maastricht no podía embarcar el régimen DC.

Hasta 1992, el régimen DC había proclamado que era capaz de resolver el problema del trabajo y en general el de la vida de las masas. En este sentido había aceptado el “reto del comunismo”, de manera limitada y mezquina, únicamente reivindicativa y pasiva, en la que la ponían los revisionistas modernos. La renuncia, desde 1992 practicada y declarada, de la Administración Pública a asegurar un trabajo para todos y resolver los problemas de la supervivencia de las masas populares, delegando esta tarea a las empresas capitalistas, los empresarios y la iniciativa privada, es la declaración de fracaso del régimen DC ante el callejón sin salida a la que llevó al país: la nueva crisis general. Para algunos, equivale a la fuga del rey en 1943 de cara al callejón sin salida en la que se escondió con el fascismo.

La declarada abdicación de la Administración Pública de la burguesía imperialista, de su Estado a “crear trabajo” y en general a resolver los problemas de la vida de las masas, disfrazada con dificultad con la reintroducción del tristemente célebre “listado de los pobres” donde les prometía alguna limosna, desde el “nuevo welfare” hasta la “flexi security” y otras analogas instituciones, era más grave de lo que puede parecer.

- porque la misma llega en un contexto económico en el cual es imposible que la gran mayoría de la población resuelva individualmente estos problemas. El carácter colectivo alcanzado por las fuerzas productivas ha coartado, hoy más que 50 años atrás, la posibilidad que los individuos singularmente puedan resolver a larga escala los problemas de su vida (agricultura de auto-subsistencia, pequeños trabajos, entre otros). La burguesía que rechaza como si fuera “asistencialismo” el objetivo de ocuparse a través de los poderes públicos de solucionar los problemas de las masas, las condena a muerte como población en exceso, porque la iniciativa privada de los capitalistas no lo logra debido a la crisis general (guerra de exterminio no declarada);

- porque esta abdicación llega en un momento en el cual en toda Europa la burguesía imperialista adopta la misma línea de conducta, constreñida por la competencia con los grupos imperialistas de EE.UU.. De hecho estos, en la lucha generada por la crisis general, a parte de sacudír la misma sociedad americana, hicieron valer todo el peso de la hegemonía mundial que habían heredado de la historia pasada, su rol de proveedores de la moneda fiduciaria de todo el mundo, la red de sus interés constituidos que es análoga a un pulpo que chupa y aplasta a todos los países restantes, aunque si a menudo para hacerse valer deben desempolvar la política de los cañones que marcó el final del imperio británico.

La crisis del régimen de la DC abre un amplio espacio de acción al nuevo movimiento comunista. La crisis coloca al desnudo los límites del régimen y lleva al extremo sus caracteres antipopulares. En esta situación el no cuenta más con el apoyo de los revisionistas modernos. El regimen no le aseguró más al Vaticano y a su Iglesia los recursos y las condiciones que les había asegurado por más de 50 años. La burguesía debe eliminar las conquistas que las masas populares han arrancado, no puede conceder nada más. Se redujo a destellar las ganancias de las participaciones bajo la bandera del imperialismo de EE.UU. a la agresión y los saqueos de los países oprimidos (Irak, Afganistán) y de los ex países socialistas (Yugoslavia). El único programa que la burguesía puede presentar es el programa común de la burguesía imperialista. A este punto todas las ideas, las afirmaciones de derechos y las promesas que los revisionistas han empleados durante décadas para enmascarar el triste presente, los ideales que en conjunto al clero y sus monaguillos han inscrito en la Constitución y que las masas populares han ampliamente asimilado, pueden convertirse en una fuerza material en contra del régimen que no les puede satisfacer más, que de sacrificio en sacrificio tiene que negarlas, si el nuevo movimiento comunista las convierte en su bandera. Los frutos de la primera oleada de la revolución proletaria pueden y deben convertirse en una fuerza para la segunda oleada.

Los revisionistas modernos dejaron acontecer por décadas la ficticia actuación de teatro de títeres de la política burgués. Ellos más bien participaron, desarrollando un rol indispensable a la burguesía para obtener un buen resultado par la ficción. El nuevo movimiento comunista puede y debe hacer valer la irrupción de las masas populares en este teatro que, para el rol que tiene en el régimen de la contrarrevolución preventiva, debe ser en algunas medidas abierto a las masas. Debe llevar a las masas populares a irrumpir sobre la escena bajo su dirección, descubriendo de este modo, por experiencia directa, que es una escenificación, así se irá a detener el recital. La burguesía estaría constreñida a cerrar el teatro. Hoy, la gobernabilidad del país es para la burguesía un problema siempre aún más difícil. La gobernabilidad es la pretensión de tener la aparente representación popular a través de un guión realizado por el Vaticano, los imperialistas estadounitenses, la Confindustria y los otros patrones menores del país. Será una experiencia directa por la cual, si el partido comunista será a la altura de imprimir la justa dirección, las masas populares sobrepasarán las ilusiones y los más profundos desordenes de la actual pesadilla; que los mantiene en las ilusiones que sea posible liberarse sin destruir el viejo poder, de liberarse de la miseria de la explotación del hombre por el hombre, del degrado moral e intelectual, de la misma crisis ecológica, sin abolir la economía capitalista y la economía mercantilista.


2.1.5. La construcción del nuevo partido comunista italiano


La Pública Administración de la burguesía imperialista se retira, abdica la tarea de proveer a crear trabajo y en general de proveer a la solución de los problemas elementares de la vida de las masas populares, que de todas formas ya concebía de manera mezquina, grosera y vulgar.

La clase obrera con su nuevo partido comunista acepta el desafío: las masas populares pueden encontrar su vía y resolver todos los problemas de su vida e ir más allá en el progreso; la clase obrera puede dirigirlas en esta empresa, en modo que de su experiencia práctica aprendan a organizarse y a resolver los propios problemas inmediatos y a tomar en sus manos su propia vida. El obstáculo principal a superar para que las masas puedan resolver sus problemas es la dirección de la burguesía imperialista, el régimen que tiene su fundamento central en la Iglesia. Eliminar la dirección de la burguesía imperialista e instaurar la dirección de la clase obrera es el deber histórico que se pone el partido comunista por los próximos años.

El nuevo partido comunista retoma en sus manos las tesis del primer partido comunista en su congreso de Lione (enero de 1926): Italia es un país imperialista y no existe posibilidad de una revolución popular que no sea la revolución socialista. No hay otra vía de avance para la clase obrera, para el proletariado, para las masas populares, que no sea la revolución socialista.

Los revisionistas modernos de Togliatti y Berlinguer habían declarado que la revolución socialista ya no era necesaria para la clase obrera y las masas populares de nuestro país, que las masas populares de nuestro país podían resolver los principales problemas haciendo reformas sobre reformas hasta generar una sociedad socialista, que el sistema capitalista no producía más crisis ni guerras. La realidad ha mostrado que sus tesis no estaban más en pie, que servían solo a disgregar y a corromper el viejo partido y conducirlo de este modo a su destrucción.

La burguesía elimina bajo nuestros ojos las conquistas que las masas populares han arrancado a través de su sudor y sangre en el período 1945-1975 y que los revisionistas habían asegurado que habrían seguido creciendo hasta crear una sociedad socialista; se multiplican los crimines de la burguesía imperialista en contra de las masas populares de nuestro país, en contra de los trabajadores inmigrantes, en contra de los países oprimidos por el imperialismo, en contra de los países ex socialistas. Solo la eliminación de la burguesía imperialista permitirá a las masas populares a dedicar sus propias energías en satisfacer sus necesidades elementales, en resolver los problemas de su vida y en crear esa humanidad superior que corresponde a las posibilidades de la época actual, a las mejores aspiraciones y los sentimientos más avanzados de las masas populares. (2) Solo la clase obrera puede eliminar la burguesía imperialista del poder y de este modo tomar la dirección de las masas populares y la sociedad, para conducirlas a realizar sus objetivos.

En contra de este repliegue de la burguesía imperialista a causa de la crisis general (los equilibrios financieros entre las partes que la conforman, la competencia y la lucha desalmada entre los grupos imperialistas), el partido comunista debe guiar la movilización de las largas masas en cada uno de los campos, a cada nivel y a través de cualquier medio.

La crisis política y cultural de la burguesía imperialista obliga a las masas a movilizarse. La defensa de las conquistas arrancadas durante los treinta años de “capitalismo de rostro humano” y la rebelión en contra del actual régimen hasta su eliminación, son los dos componentes (defensa y ataque) de la resistencia de las masas para enfrentar la crisis. Todos aquellos que están dispuestos a luchar en contra del actual régimen, deben encontrar en el partido comunista la dirección más segura y justa, no importando cuales sean las razones declaradas de su lucha. La clase obrera debe convertirse en el centro de la movilización de las masas, en la guía de su resistencia, ya que todo esto procede de la crisis general del capitalismo. (109)

La línea general del nuevo partido comunista italiano en su labor con las masas es:

unirse estrechamente y sin reservas a la resistencia que las masas oponen y opondrán al proceder de la crisis general del capitalismo, comprender y aplicar las leyes según las cuales dicha resistencia se desarrolla, apoyarla, promoverla y además organizarla bajo la guía de la clase obrera hasta transformarla en lucha para hacer de Italia un nuevo país socialista, utilizando como principal método de trabajo y dirección la línea de masas”.


El primer paso en el camino de este amplio trabajo de masas para hacer de Italia un nuevo país socialista era la reconstrucción del partido comunista.

La tarea principal en la reconstrucción del nuevo partido comunista consistió en elaborar su estrategia por la conquista del poder a partir del balance de la experiencia aproximadamente de los 160 años de luchas del mismo movimiento comunista y del análisis concreto de las relaciones económicas, políticas y culturales en nuestro país y de sus relaciones internacionales. Poner en práctica la línea general del partido y el análisis de las experiencias realizada empezando por la concepción materialista dialéctica del mundo y usando el método del materialismo dialectico (marxismo-leninismo-maoísmo (*)) han permitido al partido de descubrir la via para recoger y acumular a las fuerzas revolucionarias, hasta que la relación de las fuerzas entre la burguesía imperialista y la clase obrera será revertida, y la clase obrera podrá tomar el poder (la via a la revolución socialista en nuestro país).

Lenin y Mao nos enseñaron que un partido debe tener una concepción, clara y fundada sobre un escrupuloso examen de la realidad, de la vía correcta que el partido deba seguir para conducir la clase obrera a conquistar el poder. Los oportunistas de cualquier tipo siempre se opondrán a esta tesis. Defender y aplicar especialmente esta tesis es particularmente importante en nuestro país.

El movimientismo es una tendencia difundida, es una enfermedad histórica del movimiento comunista italiano: la tendencia a subestimar el rol de la teoría revolucionaria, a olvidarse de ella y a tratar con suficiencia e impaciencia a las personas y las iniciativas que desarrollan y difunden la teoría revolucionaria. Es una tendencia que es el reflejo especular de la tendencia constituida por los intelectuales académicos “de la izquierda”, que no son parte de las organizaciones revolucionarias, que se ocupan de problemas que no tienen nada que ver con los verdaderos problemas del movimiento práctico y que no se preocupan de verificar en el movimiento práctico sus teorías.

El movimientismo es una tendencia que aún cuando hace un llamado a la práctica, no es para nada práctico.

- En la práctica nosotros tenemos la necesidad de un partido compacto, disciplinado, fuerte y a largo plazo un partido revolucionario puede ser compacto y disciplinado sólo si sus miembros están unidos sobre una misma concepción del mundo (para los movimientistas este comportamiento viene relacionado a una secta, por esta razón los comunistas son acusados a menudo de ser sectarios) y si personifica eso que une a los obreros más allá de sus diferencias y contrastes de categorías según su menester, o según su cultura, nacionalidad, sexo o tradición para constituirlos como una nueva clase dirigente de las masas populares: la concepción comunista del mundo y el objetivo de instaurar el socialismo.

- En la práctica nosotros tenemos la necesidad de un partido que sepa orientarse en los desafíos de la política, que sepa orientar a las masas: la capacidad de orientación de un organismo complejo como lo es un partido no se improvisa ante los acontecimientos. Es el fruto de una educación del partido para considerar y comprender los objetivos y el contexto de la propia lucha.

- En la práctica nosotros tenemos la necesidad de un partido unido a las masas de manera profunda y en miles modalidades, de este modo las masas mismas lo alimentarán y a su vez el alimenta al movimiento de las masas. El nexo entre las masas y el partido está fundado principalmente en la actividad política, pero el partido no logrará jamás desarrollar su objetivo educativo en relación a las masas, para obtener de ellas no sólo seguidores de la política del momento, pero también nuevos comunistas, si no es basado sobre una teoría revolucionaria.

Este es también la enseñanza universal del movimiento comunista. Pero para nosotros los comunistas italianos la cuestión de la concepción del mundo y la teoría revolucionaria recubre una importancia especial por la particularidad de nuestra nación. Durante el siglo XVI las fuerzas feudales guiadas por el Papado sofocaron la naciente burguesía. Sofocaron (con la hoguera, la prisión, con el terror, con la tortura y con la corrupción) también la reforma intelectual y moral que había acompañado a la naciente burguesía y que tuvo sus máximos exponentes en Niccolò Machiavelli, Francesco Guicciardini, Giordano Bruno, Galileo Galilei e Tommaso Campanella. Desde entonces en nuestro país la Iglesia Católica, más allá de las apariencias y de los fuegos fingidos al estilo de Benedetto Croce, continúa a mantener el monopolio en el campo de la cultura y de la concepción del mundo, de la teoría. El “Risorgimento” no cambió sustancialmente la situación. Los hijos de la gran burguesía italiana fueron educados en las escuelas de los sacerdotes, hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando iniciaron a frecuentar las escuelas de los imperialistas estadounidenses.

Es necesario entonces para el proletariado de nuestro país, para llevar a cabo la propia emancipación, también realizar un salto muy grande en el campo teórico y principalmente romper con la indiferencia, la renuncia y la delega para crear en el campo de la teoría: comportamiento que era una característica de la burguesía italiana y que finalizó por ser una peculiaridad nuestra como nación. Ya en las Tesis de Lione del viejo PCI (1926) Antonio Gramsci afirmó que “El Partido Comunista de Italia… no encuentra… en la historia del movimiento obrero italiano una vigorosa y continua corriente de pensamiento marxista como patrón de referencia” (Tesis 25). El concepto es reiterado en las primeras tres tesis del mismo capítulo IV de las Tesis de Lione.

El propósito, urgido por Togliatti y por los otros revisionistas modernos del viejo PCI, por una hegemonía cultural y espiritual del proletariado en la sociedad italiana antes de la conquista del poder, es irrealista no importando la debilidad de la burguesía italiana en este campo. Para ser la cultura dominante se necesita tener los instrumentos de clase dominante. La clase obrera puede hacer de su cultura, la cultura dominante sólo construyéndose los instrumentos de clase dominante, es decir, instaurando su poder. Además, la experiencia de los países socialistas mostró que la clase obrera encuentra mucha dificultad a tomar el poder en el campo cultural, ya que la división entre trabajo manual y trabajo intelectual es una de las divisiones de clases que en el socialismo es eliminada solo gradualmente. Pero el núcleo racional de la lucha conducida por Antonio Gramsci para obtener una reforma intelectual y moral y la hegemonía cultural y espiritual del proletariado, radica en el hecho que el partido de la clase obrera italiana, para alcanzar su objetivo político, debía convertirse en el portador de una teoría revolucionaria que rompiese con la tradición clerical antes, y después estadounidense de la clase dominante en nuestro país. La derrota de las Brigadas Rojas en los años ’80 fue debida substancialmente a su sumisión a la hegemonía cultural de la burguesía de izquierda, a sus carencias en el campo teórico. La indiferencia por la lucha en el campo teórico, ya difundida tenazmente en el movimiento comunista italiano desde sus inicios hasta nuestros días, en contraposición con las luchas e iniciativas practicas, es hija de la indiferencia y de la renuncia que son las características de la burguesía italiana en este campo a partir de su misma derrota en el siglo XVI.

Para nosotros es más difícil superar un obstáculo que se ha convertido en parte de nuestra tradición nacional. Por estas razones es necesario que dediquemos en este campo más energías que los compañeros de otros países, porque “sin teoría revolucionaria el movimiento revolucionario no puede desarrollarse hasta alcanzar su victoria”. El origen y la peligrosidad de los negadores de la teoría revolucionaria se encuentran particularmente en nuestra tradición nacional. Las organizaciones como Lucha Continua y Autonomía Obrera son el peor fondo del movimiento heredado por nosotros. La derrota del movimiento durante los años ’70 lo demostró.

Los que se oponen al trabajo para definir nuestra estrategia (la inercia, el no hacer nada, la pasividad, entre otras, son una forma de oposición), si hacen referencia al materialismo histórico, realmente se refieren a una caricatura del materialismo histórico. El materialismo histórico nos enseña de donde provienen las ideas, pero el materialismo dialectico nos enseña que las ideas una vez asimiladas por los hombres, una vez que se vuelven guías de las acciones de las masas, se convierten en una fuerza material que transforma el mundo. Nos enseña además la importancia de las ideas en la actividad práctica de los hombres y en la lucha de clases. La clase obrera necesita de ideas justas, necesita de una concepción del mundo y de un programa.

Quien descuida el trabajo para definir la estrategia del partido, o es contrario (o indiferente) a la construcción del partido o tiene una concepción movimentistica del partido, es decir, concibe el partido sólo como una organización de lucha, de la misma manera que Lucha Continua o de Autonomía Obrera o de una Organización Comunista Combatiente. (*) Lenin, Mao, y otros eminentes revolucionarios comunistas han indicado muchas veces que la teoría revolucionaria es la condición indispensable para que un movimiento revolucionario pueda desarrollarse hasta alcanzar la victoria. “El movimiento es el todo, el fin es nada”, afirmó en 1899 Bernstein, el padre de todos los oportunistas y promotor del primer movimiento revisionista. No el comunismo, pero esta es la concepción de los que se oponen a la definición de nuestra estrategia y en general a la elaboración de una teoría revolucionaria para la revolución socialista en nuestro país.

Sobre la base de estos criterios, en la mitad de los años ochenta, algunos compañeros provenientes de organizaciones en general pertenecientes al marxismo-leninismo-maoísmo y del vasto movimiento de lucha en contra de la represión, se agruparon con el objetivo de crear las cuatro condiciones para reconstruir el partido comunista:

1. formar compañeros capaces de reconstruir el partido de manera que estuviese a la altura del objetivo que la segunda crisis general del capitalismo y la consecuente situación revolucionaria en desarrollo ponen a esto y que tendría plenamente en cuenta la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria;

2. desarrollar el trabajo sobre el programa del partido, su método de trabajo, el análisis de la fase y la línea general del partido;

3. involucrar a la reconstrucción del partido a los trabajadores avanzados, en especial los obreros avanzados, los jóvenes y las mujeres de las masas populares;

4. crear las bases financieras para el futuro partido comunista.

De acuerdo con este propósito estos compañeros condujeron una lucha entre las Fuerzas Subjetivas de la Revolución Socialista en nuestro país más avanzadas en el campo de la reconstrucción del partido comunista. Así, nació la “caravana del nuevo partido comunista”. Las organizaciones y los compañeros de la “caravana”, entre las cuales desempeñaron un rol particularmente importante el Coordinamiento de los Comités en Contra de la Represión, la Redacción de la revista Rapporti Sociali, los Comités de Apoyo a la Resistencia – para el Comunismo (CARC), la Asociación de Solidaridad Proletaria (ASP) y otras organizaciones de masa a ellas conectadas, fueron el terreno de la lucha entre las dos líneas en el movimiento comunista italiano.

A través de esta experiencia política, organizativa y de lucha, una parte del movimiento comunista de nuestro país logró construir en 1999 en la clandestinidad la Comisión Preparatoria del Congreso del (nuevo) Partido comunista italiano, conformar los primeros Comités de Partido, y en octubre del 2004 constituir el (nuevo) Partido comunista italiano.


2.2. Análisis de clases de la sociedad italiana


En el campo económico la crisis general en curso divide y siempre más dividirá la población de nuestro país en dos campos netamente distintos y en contraposición:

- por una parte aquellos que logran vivir sólo si logran trabajar: estos constituyen el campo de las masas populares;

- por otra parte el campo de la burguesía imperialista constituido por todos aquellos que gozan de todas las ventajas sin trabajar, o en otros casos trabajan pero no lo hacen para vivir, sino para aumentar su riqueza. (110)

El trabajo guiado por el partido para recoger y acumular las fuerzas revolucionarias busca hacer coincidir lo más posible la contraposición en el campo político con aquella creada por la crisis general en el campo económico. Más el enfrentamiento político diverge del enfrentamiento económico, en mayor grado “la política es sucia”, ya que mayor es el rol que tienen en la vida política el engaño, la corrupción, la intimidación, el chantaje, la ignorancia, el mal habito, la inercia, el aislamiento, el clientelismo, la dependencia personal y los perjuicios.

Cuanto más exactamente el enfrentamiento político es el reflejo del enfrentamiento económico, tanto más la lucha política corresponde a la lucha entre intereses verdaderamente contrapuestos y que la profundización de la crisis general rinde antagónicas, tanto más vendrá el fin de la “desligación de las masas de la política” y tanto mas generosamente las mismas masas populares volcarán sus energías en la lucha política.

La clase obrera ofrece a todos aquellos que pertenecen al campo de las masas populares una solución de vida y de trabajo, la única para algunos y la mejor para otros, adecuada a la condición concreta de la sociedad moderna, correspondiente a las posibilidades creadas por las actuales fuerzas productivas cuando son empleadas del modo más razonable que hoy podemos concebir y realizar, para el bienestar material y espiritual de todas y todos en el ámbito de un sistema social en el cual “el libre desarrollo de cada uno es la condición del libre desarrollo de todos”. (111)


¿Cuál es la consistencia de los dos campos, y cuáles son la relaciones al interno de cada uno de ellos?

Análisis de clases de la sociedad italiana

 

2.2.1 Burguesía imperialista


El capital financiero unifica de alguna manera todos los ricos. De hecho en los países imperialistas cada patrimonio, empresa o actividad puede ser transformado en un patrimonio financiero que produce una renta. A los fines de la lucha el partido debe distinguir entre estas clases, estratos y categorías: empresarios, dirigentes de empresas, financistas, rentistas (gente que vive de la renta), altos funcionarios, altos prelados, grandes profesionales, oficiales de nivel superior, entre otros.

Cada alto funcionario y dirigente de la Administración Pública o de las empresas privadas, cada profesional, cada artista de fama, cada oficial de nivel elevado, cada administrador de patrimonios o de entes de una cierta categoría, cada prelado de alto rango, cada hombre político de fama si no posee ya un patrimonio personal por herencia o estado social, en breve tiempo lo acumula y entra a conformar la categoría de los rentistas o la categoría de los capitalistas y financistas de varios sectores de la economía (sociedad financiera, bancos, seguros, industrias, comercio, agricultura, servicios). (112)

Sin cometer grandes errores podemos afirmar que pertenece a este campo cada individuo propietario de un patrimonio fructífero no inferior a 2 millones de euro, donde alrededor percibe o puede percibir 100 mil euro de ganancia anual neta, o que desempeña mansiones o actividades las cuales están conectadas a cualquier titulo con un ingreso anual neto no inferior a 100 mil euro o que llega a ese ingreso mediante la combinación de ingresos de trabajo y ingresos de capital. Nuestro país es un país imperialista, además es el centro del grupo imperialista del Vaticano y de la iglesia católica con sus congregaciones y sus órdenes. Alrededor del 10% de la población pertenece a este campo, incluyendo también los familiares de los titulares del patrimonio o de la actividad, es decir 6 millones de personas aproximadamente.

Este es el campo de aquellos que son enemigos de la revolución socialista por condiciones objetivas para sus propios intereses personales. Ellos gozan de privilegios que el actual orden social reserva a las clases dominantes. Con algunas excepciones, es para ellos espontaneo concebir el actual orden social como el mejor de los mundos posibles. Obviamente pueden existir casos de individuos que “traicionan” su clase social pasándose a la parte de las masas populares.


2.2.2. Masas Populares


Las masas populares comprenden la entera población menos aquellos que pertenecen al campo de la burguesía imperialista. Las masas populares son aquella parte de la población que para vivir debe trabajar, que vive, al menos en parte, gracias al propio trabajo y no puede vivir solo gracias a la explotación del trabajo de otros. Las masas populares son el campo más amplio a las cuales la clase obrera puede aspirar extender su dirección en la medida que la crisis general proceda. Este campo comprende también las clases actualmente enemigas de la clase obrera. La clase obrera es parte de las masas populares.

Incluyendo también los pensionados, los inválidos y los familiares, conjuntamente en Italia las masas populares llegan a 51 millones de persona aproximadamente. (113)


a. Proletariado

Los proletarios son los trabajadores que para vivir deben vender su fuerza de trabajo, su sueldo proviene al menos en parte principal de la venta de la propia fuerza de trabajo. En Italia llegan a mas o menos 15 millones. Con los familiares y los pensionados llegan a 36 millones.


a1. Clase obrera

Está constituida por los trabajadores asumidos de los capitalistas para valorizar los capitales produciendo mercancías (bienes y servicios). (114)

Es necesario que quien los asuma sea un capitalista (industrial, agricultor, de servicios, banqueros, financistas) y que los asuma no porque presta servicios personales en fundaciones, entes “sin fines de lucro”, sino en una empresa donde el principal objetivo es la valoración del capital.

Entre los obreros existen divisiones objetivas políticamente importantes, como trabajadores simples y trabajadores calificados, obreros o empleados, obreros de ciudad y obreros de localidades del campo; divisiones determinadas por ingresos que no provienen de la venta de la fuerza de trabajo, las dimensiones de la empresa, el sector a la cual pertenece esa misma, el sexo y la nacionalidad. Es importante destacar que no son obreros los empleados de empresas capitalistas los cuales realizan un trabajo que, al menos para una parte importante, es trabajo de dirección, organización, proyecto y contraloria del trabajo de otras y otros por cuenta del capitalista (para dar un índice primitivo y aproximativo, pero simple, podemos decir que estos pertenecen a la categoría de todos los empleados que reciben un salario anual neto superior a 50 mil euros). (115)

Los obreros así señalados en Italia son aproximadamente 7 millones (de los cuales casi 1 millón de trabajadores en grandes empresas, con más de 500 empleados). Incluyendo los familiares y pensionados llegamos a 17 millones.

Esta es la clase obrera que dirigirá la revolución socialista. El partido comunista es su partido.


a2. Otras clases proletarias

Los pertenecientes a las clases abajo indiciadas son los aliados más estrechos y más cercanos a la clase obrera. Muchos trabajadores durante el curso de sus vidas pasan da una de estas clases a la clase obrera y viceversa. Esto refuerza aun mas los nexos entre estas diversas clases y la clase obrera (y conlleva en la clase obrera virtudes y defectos de estas clases).

En Italia son aproximadamente 8 millones. Con los familiares y pensionados llegan a 19 millones. Se dividen en las siguientes tres clases principales:

- Los empleados (excluidos los dirigentes) de la Publica Administración central y local y de los entes paraestatales;

- Los trabajadores empleados de empresas no capitalistas (empresas familiares, artesanales y otras empresas que los propietarios crean y gestionan no para valorizar su capital sino para alcanzar un ingreso);

- Los trabajadores agregados a los servicios personales (camareros, choferes, jardineros, etc.).


b. Clases populares no proletarias

La crisis general coloca siempre estas clases en la alternativa: ¿Aceptar la dirección de la clase obrera o confluir en la movilización reaccionaria? Son clases más que todo diversas entre ellas y heterogéneas en su interno, con nexos en el proletariado y en la burguesía imperialista.

Se distinguen dos grandes grupos:

uno está conformado por los trabajadores (siempre menos) autónomos que son propietarios de los medios del propio trabajo (artesanos, campesinos, bodegueros y transportistas);

el otro está conformado por trabajadores formalmente empleados pero con altas competencias, que ofrecen prestaciones por las cuales no son fácilmente reemplazables. Ellos poseen las características de vendedores de servicios y no de proletarios.

¿Cuál será su comportamiento practico en el futuro? Será decidido principalmente por la lucha política entre la clase obrera y la burguesía imperialista. Son clases que tienden a seguir el más fuerte. Por ahora es cierto que no podrán continuar en el futuro viviendo como en el pasado.

En Italia son aproximadamente 6 millones. Con los familiares y pensionados llegan a 15 millones. Incluyen las siguientes 7 clases principales:

- Trabajadores autónomos que ordinariamente no emplean otros trabajadores;

- Propietarios de empresas individuales o familiares los cuales obtienen sus ingresos provenientes por una parte importante de su trabajo y solo en medida menor de la explotación del trabajo ajeno;

- Pequeños profesionales, socios de cooperativas de producción y afines;

- Trabajadores empleados en empresas en que desarrollan trabajos de cuadros de nivel inferior por lo tanto participan en parte a los roles propios del capitalista (índice aproximado: ingresos anuales netos entre 50 y 100 mil euros);

- Ahorristas y pequeños propietarios (con ingresos no por trabajo inferiores a 50 mil euros netos anuales)

- Personas que entre los ingresos por trabajo y del capital acumulan entre 50 y 100 mil euros al año;

- Personas que “luchan por subsistir en algún modo” (lumpenes, extralegales pobres, prostitutas, etc.).


2.2.3. Conclusión al análisis de clases


Este análisis de las clases es aproximado no solo en las cifras (las estadísticas estadales no permiten de hacer más) pero también en las categorías. El trabajo de investigación del partido permitirá de verificar, refinar, corregir este análisis. Se trata de rendir más concreto nuestro conocimiento de las relaciones económicas en las cuales los individuos son insertados, de la manera de como los individuos obtienen como vivir.

Entre sus criterios de trabajo del partido está también aquello de definir constantemente en cada caso, y en el mejor modo posible, la clase de origen de cada uno de sus miembros y la clase a la cual pertenece cada miembro de las organizaciones de masas, cada colaborador, el grupo en el cual se desarrolla su trabajo. Esta práctica ayudará a conducir mejor el trabajo especifico, y también a completar y mejorar el análisis de clases de la sociedad (sobre el análisis de clases se basa todo el trabajo del partido) y a comprender mejor el nexo entre la condición objetiva de clase y el posicionamiento político, así como la ley según la cual la primera se transforma en el segundo.

 

Capítulo III

El partido comunista lucha para hacer de Italia un nuevo país socialista


3.1. Lo que hemos aprendido de la historia de la revolución proletaria – Principios guía del (nuevo) Partido comunista italiano


Una situación revolucionaria en desarrollo está delante de nosotros. En el curso de esta, es totalmente posible hacer de Italia un nuevo país socialista. El primer paso hacia el socialismo es la conquista del poder político por la clase obrera en el curso de un movimiento revolucionario. (33) El éxito de esta empresa depende principalmente por factores subjetivos, y en última instancia por la visión del mundo que guía el partido comunista italiano, su línea, la capacidad y determinación de su organización en su aplicación y el renacimiento del movimiento comunista internacional.

Cada propósito de reformar el capitalismo es absolutamente no realista. La crisis general del capitalismo ha traído y trae la burguesía en ampliar y hacer más feroz la guerra de exterminio no declarada que ella conduce en todas partes, en todos los rincones del mundo, incluso en los países imperialistas, contra las masas populares. Frente a nosotros hay sólo dos caminos: la movilización revolucionaria de las masas populares contra la burguesía imperialista para llevar a cabo la revolución socialista o la movilización reaccionaria de las masas para combatir otras masas populares y dar una nueva forma al orden capitalista: la revolución o la guerra.

El capitalismo se desarrolla de acuerdo a sus propias leyes. Las luchas reivindicativas y la participación de las masas populares a la lucha política burguesa, si se llevan a cabo con orientación revolucionaria, obliga a los capitalistas a alejarse momentáneamente, ahora aquí, ahora allí, de sus objetivos y a apartarse de las leyes de su orden social. (37) Estas luchas, además de satisfacer en alguna medida las necesidades inmediatas, son para las trabajadoras y trabajadores escuelas de comunismo que la dirección del partido comunista puede hacer que sean particularmente formativas. (30) Pero los capitalistas de una manera u otra tan pronto como sea posible regresan a su camino. En las filas de la burguesía es la derecha que arrastra la cuerda. Entre las fuerzas políticas burguesas, es la derecha burguesa quien dirige. En definitiva, la movilización reaccionaria de las masas es la única manera de salir de la crisis que la burguesía puede actuar. La burguesía de izquierda sigue a la burguesía de derecha aunque vacilando, moderando, lloriqueando. Ella está tanto más siguiendo la derecha, cuanto más es débil el movimiento comunista. Entre las fuerzas políticas burguesas la izquierda burguesa es sometida a la derecha burgués.

En esta fase, los reformistas son “reformistas sin reformas”: por esto están crónicamente en crisis y van corriendo detrás de la derecha burguesa. Cuando el movimiento comunista volverá a ser fuerte, los reformistas y la izquierda burguesa se pondrán de nuevo a correr atrás de este para mantener la influencia de la burguesía en las masas populares, para desviarlas de la revolución. En el movimiento comunista ha sido apoyada amplia y reiteradamente la tesis que los reformistas y la izquierda burguesa en general son los peores enemigos del movimiento comunista. (104) Esta tesis es fundamentalmente errónea y debilita políticamente el movimiento comunista. Los reformistas y la izquierda burguesa son el vehículo de la influencia de la burguesía en las filas del movimiento comunista. Son un peligro para nuestra causa sólo en la medida en que son capaces de influir en la conducta del partido comunista, alimentar en nuestras filas el oportunismo y el revisionismo por imitación, dependencia ideológica o corrupción, o el sectarismo y el dogmatismo por reacción defensiva: en sustancia, son capaces de actuar en nuestras contradicciones internas. Es decir, son un peligro para nosotros solamente en la medida en que la independencia ideológica, política y organizativa del partido comunista de la burguesía es todavía incierta. Si, en contra, el partido comunista pudiera defender sus filas de la influencia de la burguesía (en otras palabras: si la izquierda trata en una justa manera las contradicciones en el seno del partido y conduce de manera correcta la lucha entre las dos líneas dentro del partido), el partido comunista puede y debe utilizar los reformistas y en general la izquierda burguesa sea para ampliar su trabajo de masas y movilizar a los sectores de las masas más dependientes de la burguesía y por lo tanto más resistentes a la acción directa del partido, sea para debilitar la burguesía ampliando sus contradicciones internas de las cuales los reformistas y la izquierda burguesa son expresión.

Para la clase obrera, para las trabajadoras y trabajadores y para el resto de las masas populares, la única manera de salir de la crisis actual es la movilización revolucionaria, la revolución socialista y la instauración de la dictadura del proletariado.

Todo propósito de instaurar el socialismo sin revolución y sin derrotar a la feroz y furiosa resistencia de la burguesía (en otras palabras: sin guerra civil) es una ilusión o un fraude. La clase obrera y el resto de las masas populares deben estar decididas a aplastar la resistencia de la burguesía. El partido comunista debe educarlas para esta determinación revolucionaria. Sólo si tienen esta determinación pueden salir del caos en que la burguesía las ha empujado y en donde las hunden cada día más. Cuando las masas populares establecen su poder político para crear un nuevo orden social, o ellas aniquilan sin vacilación toda oposición política de la burguesía o la burguesía aplasta a las masas populares. Desde la Comuna de París (1871), al Bienio Rojo en Italia (1919-1920), a España (1936-1939), a Indonesia (1966), a Chile (1973), a Nicaragua, la historia ha demostrado en repetidas ocasiones esta verdad. El curso de las cosas hoy lo confirma.


1. En la sociedad moderna creada por el capital sólo dos clases tienen una posición que les permita hacerse cargo de las principales actividades económicas y hacer que funcionen; entonces sólo dos clases son capaces de gestionar el proceso de producción y reproducción de las condiciones materiales de existencia:

- La burguesía en el ámbito de la relación de capital sobre la base de las relaciones mercantiles y la propiedad capitalista de las fuerzas productivas;

- La clase obrera sobre la base de la propiedad pública de las fuerzas productivas por parte de las trabajadoras organizadas y trabajadores organizados en el partido comunista y en las organizaciones de masas (Frente) y de una gestión unitaria y planificada por lo menos de las principales actividades económicas.

Por lo tanto, en la sociedad moderna son económicamente viables sólo el poder de la burguesía imperialista y el poder de la clase obrera. Sólo estas dos clases pueden mantener el poder político. En la sociedad moderna, salvo circunstancias excepcionales y de corta duración, cualquier Estado y Gobierno, cualquier régimen político se basa en una de estas dos clases. En la sociedad moderna, el Estado o es monopolio de la burguesía imperialista (entonces dictadura de la burguesía) o es un monopolio de la clase obrera (y, por tanto, la dictadura de la clase obrera, la dictadura del proletariado). Las formas en que se organiza la clase dirigente, las instituciones a través de las cuales elabora su curso de acción, toma las decisiones y las pone en práctica, las formas en que organiza sus relaciones con otras clases son diferentes, dependen de las situaciones concretas, además de su naturaleza. Obviamente las formas de la burguesía imperialista son profundamente diferentes de las de la clase obrera. La burguesía es una clase compuesta de grupos e individuos que compiten entre sí. Es una clase explotadora y reaccionaria que se opone, por sus intereses prácticos y su rol social, a la gran mayoría de la población. Ella busca constantemente transformar las contradicciones entre ella y las masas populares, en contradicciones entre partes de las masas populares. Mientras que la clase obrera debe luchar por su propia emancipación, debe luchar por el comunismo, debe luchar para acabar con la división de la humanidad en clases, para la extinción del Estado y para el autogobierno de las masas populares organizadas, es decir para un poder público constituido por las mismas masas organizadas. Así que la dictadura del proletariado debe movilizar y organizar a las masas en mayor medida posible y cada vez más, tiene que crear las condiciones materiales, morales e intelectuales para su creciente participación en el ejercicio del poder. Con su poder político debe movilizar todos los recursos de la sociedad para educar a las masas para gobernarse a sí mismas a través de la práctica del auto-gobierno. El partido comunista y el Estado de la dictadura del proletariado “no regalan los peces a las masas, sino que enseñan a las masas a pescar”. Nada debe hacerse desde arriba, de lo que las masas pueden ser movilizadas para hacer por sí mismas. El partido comunista y el Estado de la dictadura del proletariado deben ser maestros en la movilización de las masas para construir en todos los campos la nueva sociedad que necesitan y tomar las riendas de su destino en medida creciente.


2. La experiencia de los primeros países socialistas (véase el capítulo 1.7.) ha demostrado que el proletariado debe mantener su dictadura indefinidamente. El debilitamiento de la dictadura del proletariado en el nombre del “Estado de todo el pueblo” fue una de las líneas de las cuales la burguesía aprovechó para sabotear, corromper y corroer los primeros países socialistas hasta conducirlos a la ruina.

En cuanto al papel histórico que tiene que realizar y el trabajo que tiene que hacer, el Estado de la dictadura del proletariado es la represión de la vieja burguesía y sus tentativas de restauración desde dentro y desde afuera; es la lucha por la movilización, organización y transformación en masa de las trabajadoras y trabajadores en clase dirigente; es la lucha por la movilización y organización de todas las masas populares para que asuman cada vez más la dirección de sus vidas y convertirse en protagonistas de la sociedad socialista; es la reorganización racional inmediata de las fuerzas productivas existentes con el fin de satisfacer en la mayor medida posible las necesidades de las masas populares y dar al trabajo la organización más respetuosa posible de la dignidad de las trabajadoras y trabajadores asociados; es la lucha por la transformación por etapas de cada forma de propiedad privada de las fuerzas productivas en propiedad colectiva de todos las trabajadoras y trabajadores asociados; es la lucha contra todas las desigualdades sociales, contra los privilegios materiales y culturales, en contra de las viejas relaciones sociales, en contra de las concepciones y sentimientos que reflejan las viejas relaciones de clase; es la lucha para evitar que las capas dirigentes y económica, intelectual y políticamente privilegiadas se consoliden y formen nuevas clases dominantes (capas dirigentes y privilegiadas seguirán existiendo durante mucho tiempo, incluso en el socialismo y por razones objetivas las masas sólo poco a poco podrán deshacerse de ellas); es el apoyo a las fuerzas revolucionarias proletarias de todo el mundo; es la lucha por un enlace internacional cada vez mayor entre todos los pueblos y entre todos los países.

Resumiendo, es la lucha por la adaptación, en cada país y a nivel internacional (mundial) de las relaciones de producción, del resto de las relaciones sociales, de las concepciones y de los sentimientos al carácter colectivo de las fuerzas productivas, por el desarrollo del carácter colectivo de las fuerzas de producción que aún son poco colectivas y por el acceso en masa de todas y todos a las actividades específicamente humanas. (2)

Este es el contenido, el programa de la dictadura del proletariado, el trabajo que tiene que hacer. La dictadura del proletariado desaparecerá sólo con la desaparición de la división de la humanidad en clases y del mismo Estado. Entonces desaparecerá hasta el partido comunista. No habrá más necesidad de una organización específica de la vanguardia de clase obrera, las y los comunistas. Con la extinción de la división de la humanidad en clases, también terminará la lucha de clases.

En cuanto a la forma de la dictadura del proletariado, a cuál forma es la más adecuada para la realización de este trabajo, el movimiento comunista ya ha acumulado una rica experiencia, a partir de la Comuna de París hasta los primeros países socialistas. Estos, en particular, han aportado lecciones decisivas. (116)

La dictadura del proletariado no puede tener la forma de la democracia burguesa, incluso la forma más perfecta de la democracia burguesa imaginable. La burguesía forma y selecciona a sus líderes políticos, sus intelectuales orgánicos, sus notables, a través de la concurrencias en sus tráficos corrientes, en las relaciones de su sociedad civil. El sistema multipartidista, las campañas electorales de vez en cuando, las asambleas representativas permiten a aquellos dirigentes de la sociedad civil de establecerse como dirigentes del Estado a través del voto de las masas. Aún depurado de todas las incrustaciones y los residuos feudales y todas las degeneraciones imperialistas que han realmente acompañado, las primeras antes y las segundas después, todas sus manifestaciones concretas, se trata de un método de acción política que bien se corresponde con los caracteres de la sociedad burguesa pero no con los caracteres de la sociedad socialista. Este método de formación y selección de los dirigentes políticos implica la división en clases, el conflicto de intereses entre las clases, entre los grupos y entre los individuos, la propiedad privada, las relaciones mercantiles y capitalistas. El sistema multipartidista es imposible sin la propiedad privada.

Para la burguesía un régimen es más democrático cuanto más a los empresarios, banqueros, profesionales, intelectuales y, en general, los individuos más calificados, más talentosos, enérgicos, ambiciosos y decididos a utilizar sus talentos y sus artes para cumplir con su ascenso social, permite liberamente de surgir, de hacer carrera, de crearse un círculo de relaciones personales, de enriquecerse, de presentarse a las masas como sus líderes políticos: cuanto más un régimen fomenta y permite a cada individuo en hacer un camino parecido. Incluso en el mejor de los casos imaginables, por lo que puede estar abierta a los cambios sociales, la sociedad burguesa por su naturaleza es una sociedad elitista.

En el ámbito de la sociedad burguesa, el proletariado forma y selecciona sus dirigentes políticos, sus intelectuales orgánicos, en el curso de la lucha de clases: por lo tanto es a través de su partido comunista, de sus organizaciones de masas, de sus luchas y movimientos de todo tipo.

En el socialismo, régimen de transición del capitalismo al comunismo, la burguesía, además de la burguesía del viejo tipo (de los miembros de las viejas instituciones y relaciones burguesas y de las viejas profesiones liberales en medida en que todavía existen), se compone de un nuevo tipo de burguesía: de los dirigentes del partido comunista, de las organizaciones de masas, de los organismos económicos, de las instituciones públicas y de los organismos estatales que utilizan su poder para impedir o dificultar el crecimiento de la participación de las trabajadoras y trabajadores y el resto de las masas populares al ejercicio del poder, que se oponen a los nuevos avances posibles en la transformación de las relaciones de producción y el resto de las relaciones sociales. Este nuevo tipo de burguesía existirá durante mucho tiempo, durante el período de transición del capitalismo al comunismo.

Para el proletariado y para el resto de las masas populares, el régimen de la sociedad socialista es tanto más democrático cuanto más y mejor los recursos de toda la sociedad se utilizan para ampliar una participación cada vez mayor de la masa de la población a las condiciones materiales, morales e intelectuales de una vida civil y al ejercicio del poder. Los recursos destinados a ampliar la participación de las masas populares deben ser tanto mayor, cuanto mayor es la desigualdad en el desarrollo material, moral e intelectual que persiste entre el directivo y directo, organizativo y ejecutante, trabajo intelectual y manual, hombres y mujeres, adultos y jóvenes, ciudad y campo, sectores, regiones y naciones avanzadas y sectores, regiones y naciones atrasadas: en una palabra, cuánto mayores son todavía las desigualdades de clase y desigualdades con carácter de clase. (76) En el socialismo las obreras y los obreros y las otras trabajadoras y trabajadores ejercen el poder participando en las actividades del partido comunista y organizaciones de masas y eligiendo, como miembros de los colectivos de empresa o territoriales, sus delegados, poniéndolos a prueba y formándolos a través del ejercicio del poder, y revocándolos. El sistema de la dictadura del proletariado está formado por:

- los colectivos de base, constituidos en los lugares de trabajo y territoriales: ellos eligen, controlan y revocan a sus delegados,

- las organizaciones de masas en las que cualquier persona con un mínimo de voluntad puede participar y en las que todas y todos son solicitados en participar,

- el partido comunista en donde los más enérgicos y generosos participan con el apoyo y el control de sus compañeros de trabajo o vivienda.

Este sistema, si es guiado por una concepción y un método de trabajo justos, promueve una creciente participación de las masas populares en el poder y permite eliminar los dirigentes que se oponen a los nuevos pasos adelante hacia el comunismo.

La experiencia de los primeros países socialistas ha demostrado que en este sistema coexisten y tienen que coexistir dos diferentes estructuras de poder.

1. Una estructura está formada por los colectivos de base, por las organizaciones de masas y por el partido comunista y tiene instituciones constituidas en conformidad con la división social del trabajo. La participación directa de las masas populares en esta estructura es promovida en todas las formas. El campo de las competencias de esta estructura se extiende a medida que avanza la marcha hacia el comunismo. La amplitud de este campo y la cuota de las masas populares que participan activamente en esta estructura son de hecho los principales índices de cuanto la sociedad de un país ha progresado hacia el comunismo.

2. La otra estructura está formada por un Estado en el sentido tradicional de la palabra. Se compone de instituciones públicas al parecer similares en muchos aspectos a las que existen en los países capitalistas: un gobierno, una administración pública, un poder judicial con sus prisiones y tribunales, las fuerzas armadas del Estado, las policías y las policías secretas, secreto de Estado sobre sus actividades decisivas. Los órganos de esta estructura son cuerpos separados del resto de la sociedad. Se componen de profesionales desconectados de los normales colectivos de trabajo y obligados por su disciplina y jerarquía. Cada órgano no actúa por la movilización popular que despierta, sino basado en la fuerza y los medios adquiridos directamente y de acuerdo con los criterios y órdenes de arriba.

Esta segunda estructura es una limitación voluntaria, consciente, reconocida y necesaria de la democracia de las masas populares. La extensión de sus tareas es tanto mayor cuanto más atrasado está el país y mayor es la presión a la que está sujeto desde el exterior. Se dedica a garantizar la defensa del país, el orden público, la justicia y otras funciones del Estado en la medida en que la primera estructura aún no es capaz de hacerle frente.

Entre las dos estructuras, hay una compenetración y una relación de unidad y lucha que reflejan el estado de las relaciones de clase en el país y evolucionan a medida que avance la transición. En última instancia la segunda estructura actúa por delega de la primera que toma directamente en sus manos las funciones de la segunda, a medida que sea capaz de hacerlo.

En los países socialistas el sistema político burgués (sistema multipartidista, periódicas campañas electorales, asambleas representativas) permitiría a los dirigentes competir entre sí para conquistar el favor y el voto de las masas, pero no proporcionaría ningún canal para promover la participación más amplia posible de las masas al ejercicio del poder. No permitiría que las masas se formen una experiencia de ejercicio del poder ejerciéndolo. No permitiría ningún control real, efectivo y con conocimiento de los hechos de las masas sobre los dirigentes. Mantendría (o traería de vuelta) las masas al margen del poder. Consolidaría la capa de los dirigentes y promovería la transformación de los dirigentes en una nueva clase, la burguesía especifica de los países socialistas. Este es el proceso (la combinación de transformaciones, en sinergia o concatenadas entre sí) que los revisionistas han logrado hacer en los primeros países socialistas y es el proceso que en primer lugar los debilitó políticamente y luego los llevó al colapso.

Así que nosotros, los comunistas estamos luchando para establecer un sistema político basado

1. en colectivos de base (consejos), formado en los lugares de trabajo y territorialmente;

2. en los delegados elegidos, controlados y revocables por los colectivos de base;

3. sobre la participación más amplia posible y creciente de las organizaciones de masas en la actividad politica;

4. Sobre la participación de los elementos más avanzados y más generosos en la actividad del partido comunista.

Todo el sistema tiene que funcionar de acuerdo con el principio del centralismo democrático: elección de todos los organismos de abajo hacia arriba, obligación de cada delegado y de cada organismo de dar periódicamente cuenta de sus actividades al organismo que lo eligió y al organismo superior, severa disciplina y subordinación de la minoría a la mayoría, las decisiones de los órganos superiores dentro de su jurisdicción son incondicionalmente vinculantes para los órganos inferiores.

La lucha de clases en todo el país y la lucha entre las dos líneas en el partido comunista ofrecen las únicas garantías reales que en virtud de un sistema de este tipo se puede lograr la obra de la dictadura del proletariado. El partido comunista debe promover, organizar y dirigir la lucha de clases en la sociedad y la lucha entre las dos líneas en el partido.


3. La clase obrera está compuesta por los colectivos de las unidades productivas capitalistas. Se formó subjetivamente antes en las luchas reivindicativas, económicas y políticas, en las que los obreros se opusieron a la burguesía, después en la lucha por el poder. Ella completará su formación como clase dirigente en el ejercicio del poder mismo. La clase obrera puede y debe dirigir las otras clases de las masas populares en la lucha contra la burguesía imperialista, a establecer el socialismo y a llevar a cabo la transformación de sí mismas y de toda la sociedad hacia el comunismo.

La experiencia de todas las revoluciones proletarias (desde la Comuna de París en 1871 en adelante) nos enseña que el movimiento revolucionario de la clase obrera puede desarrollarse más allá de un nivel elemental y puede alcanzar la victoria sólo si está dirigido por un partido comunista, y si la clase obrera, el proletariado y el resto de las masas son estruturados en un sistema articulado de organizaciones de masas. La clase obrera se constituye como la clase dirigente constituyendo el partido comunista. El partido comunista es el instrumento más difícil de construirse y decisivo por la constitución de la clase obrera en clase dirigente y es también la culminación de esta transformación.


4. El partido comunista debe ser, y es capaz de cumplir su función sólo si es:

- La parte de vanguardia y organizada de la clase obrera, que encarna y desarrolla la conciencia de la clase obrera en la lucha por el poder y es la herramienta de su dirección sobre el resto del proletariado y las masas populares;

- El partido de la clase obrera, en el sentido que lucha por establecer el poder de la clase obrera y el comunismo;

- El reparto de vanguardia de la clase obrera en el sentido que es la conciencia de la clase obrera en lucha por el poder, es el intérprete consciente de un proceso especialmente en su inicio en gran medida espontáneo, conoce las leyes de la revolución sin las cuales no sería capaz de dirigir la lucha de la clase obrera;

- Una parte de la clase obrera, en el sentido que en el partido están los mejores elementos de la clase obrera, los más devotos a la causa del comunismo, los más combativos, los más ricos de experiencia de lucha e iniciativa, los más influyentes y disciplinados: en el partido puede haber y, en general hay, también elementos de otras clases los cuales han hecho propia la causa del comunismo, pero los obreros son el componente indispensable;

- Departamento organizado en el sentido que es un conjunto disciplinado de organizaciones que todas están coordinadas por un centro del cual siguen las directivas con absoluta disciplina, y al cual están vinculados de acuerdo a los principios del centralismo democrático;

- La forma más alta de organización de la clase obrera en el sentido que promueve y dirige todas las demás organizaciones de la misma clase y es el instrumento de su dirección sobre el resto del proletariado y las masas populares, promotor y dirigente de las más variadas organizaciones de las masas que recoge y dirige hacia el objetivo común, reuniéndolas en un único frente;

- El instrumento de la dictadura de la clase obrera: primero para establecer la dictadura de la clase obrera y luego para consolidarla y ampliarla y actuar para que se desarrolle la transición hacia el comunismo.

La forma básica, principal y decisiva de organización del partido comunista es la célula en el lugar de trabajo, cuyos miembros orientan, movilizan y dirigen sus compañeros de trabajo: el partido comunista es realmente tal, es realmente el Estado Mayor de la clase obrera que lucha por el poder sólo cuando en sus filas están organizados todos o al menos gran parte de las obreras y los obreros avanzados, que dirigen moral, intelectual y prácticamente el resto de la clase obrera. (117)

Entre estos caracteres del partido comunista, dadas las tradiciones de nuestro país, la experiencia del primer Partido comunista italiano y la situación en la cual se forma el nuevo partido, tenemos que enaltecer el hecho que el partido es la conciencia de la clase obrera en la lucha por el poder, intérprete consciente de un proceso en gran medida espontáneo.

Para conducir la revolución a la victoria el partido comunista debe haber asimilado suficientemente el materialismo dialéctico como concepción del mundo y como método de pensamiento y acción, expresado en el marxismo-leninismo-maoísmo y saber aplicarlo al examen concreto de la situación concreta de la revolución socialista en nuestro país para obtener las líneas generales, las líneas particulares, los métodos y las medidas de su actividad. (118) El partido debe tener una buena comprensión del movimiento económico y político de la sociedad, de las tendencias objetivas en acción, de las clases en las que la sociedad está dividida, de las fuerzas motrices de la transformación de la sociedad, de los posibles éxitos de cada paso que compone la transformación en marcha. Así que la investigación es una parte importante e indispensable de su método de trabajo. El movimiento revolucionario para ganar debe ser dirigido por un partido comunista que aplique de manera creativa el balance de la experiencia pasada (el marxismo-leninismo-maoísmo) a la experiencia concreta del movimiento revolucionario en nuestro país. La historia del movimiento comunista de nuestro país está llena de episodios de lucha en los cuales las masas y los militantes individuales han prodigado heroísmo e iniciativa revolucionaria, pero no han logrado la victoria debido a la falta de una dirección (un partido comunista) basada sobre una justa teoría de la revolución socialista en nuestro país. Por lo tanto, es una cuestión de responsabilidad hoy para nosotros los comunistas ocuparnos de traer desde la experiencia esta teoría. Si el partido tiene una línea justa, él conquistará todo lo que aún no tiene y va a superar todas las dificultades. Sólo si el partido tiene una teoría revolucionaria, puede dirigir un movimiento revolucionario que, inevitablemente, es en gran parte espontáneo e inconsciente, dadas las condiciones en las cuales la clase dominante actual confina las masas populares. Sólo con una justa dirección del partido el movimiento revolucionario puede desarrollarse y lograr la victoria.

La revolución socialista está hecha por la clase obrera, por el proletariado y por las masas populares: el partido comunista es la dirección, el Estado Mayor de esta lucha. Es un partido de cuadros que dirige una lucha de masas. Así que es parte de las masas y profundamente unido a las masas con el fin de ser capaz de entender las tendencias y desarrollar las tendencias positivas.

El partido comunista se construye por etapas.

La primera etapa es la constitución de los comunistas en partido sobre la base de su unidad ideológica y la reunión de las condiciones organizativas mínimas indispensables.

La segunda etapa es la consolidación y fortalecimiento del partido comunista a través del reclutamiento de los obreros avanzados al partido comunista: el partido se convierte así en la vanguardia organizada de la clase obrera.

La tercera etapa es la transformación del partido comunista en el Estado Mayor efectivo de la clase obrera, capaz de dirigir la clase obrera a realizar la línea para la conquista del poder que el partido comunista ha elaborado a partir de la experiencia de la propia clase obrera.

Cada etapa se desarrolla en la que sigue. La verificación y confirmación de la bondad de la línea seguida por el partido comunista en una etapa están en el logro de la etapa superior.

Miles de iniciativas, miles de organizaciones y relaciones de organización, miles de luchas reivindicativas, protestas, rebeliones, motines componen el movimiento práctico. El partido debe entender las razones fundamentales y unitarias de ellas y hacer de cada una de ellas una escuela de comunismo. (30) Así que el partido debe adquirir aquella conciencia que permite a aquellos que la asimilan, de trabajar de una manera sistemática para desarrollarlas y fortalecerlas, liberarlas de los tropiezos y límites producidos por la influencia que tiene en ellas el viejo mundo de las relaciones y la cultura de la clase dominante, ponerlas juntas en una fuerza victoriosa capaz de eliminar el viejo mundo de la burguesía y comenzar la construcción del nuevo mundo comunista. Es esta la conciencia sobre la cual se basa la unidad del partido y gracias a la cual el partido es capaz de dirigir el movimiento de las masas a la victoria de la revolución socialista.

El partido debe estar unido entorno a la política y concepción del mundo y el método de acción y conocimiento del proletariado, el materialismo dialéctico, que permiten obtener la línea justa desde el análisis de la experiencia de la lucha concreta que conduce y de la situación concreta.

Sobre esta base, el partido conduce con éxito la lucha contra la influencia de la burguesía en sus filas (la lucha entre las dos líneas), consolida su propia unidad, refuerza su propia organización, crea y fortalece sus vínculos con las masas.

La unidad del partido se consolida con la aplicación rigurosa del centralismo democrático, la verificación de las ideas en la práctica, la unidad con las masas, la práctica de la crítica-autocrítica-transformación, la formación de los cuadros, la lucha entre las dos líneas, la depuración. El partido comunista es el partido de la clase obrera, pero en ella ejerce su influencia incluso la burguesía. La vida del partido está inevitablemente influenciada por las contradicciones de clase (la lucha entre las dos líneas), por la contradicción entre lo nuevo y lo viejo, por la contradicción entre lo verdadero y lo falso. Esto es un hecho objetivo: sólo si lo reconocemos, podemos comprenderlo y combatirlo con eficacia.

Transformación significa cumplir programática y sistemáticamente ciertas acciones, obligarse a repetir ciertas conductas, hasta cuando ellas no hayan producido una nueva forma de ser.

Cada transformación cualitativa es el resultado de un proceso de acumulación, multiplicación, crecimiento cuantitativo. Para lograr una transformación cualitativa se debe 1. identificar lo que debe multiplicarse y 2. realizar este proceso de multiplicación por todo el tiempo necesario.

A los efectos de la acción del partido el colectivo es más importante que el individuo. La operación del colectivo, su orientación, su asimilación del materialismo dialéctico, su capacidad para recoger y procesar la experiencia, su eficiencia en el cumplimiento de sus tareas institucionales determinan la acción del partido. Pero cada colectivo se compone de individuos o colectivos de menor nivel. Sería un error pedir a cada uno de ellos la capacidad de síntesis y de acción que requiere el colectivo: lo importante es que ellos sean complementarios entre ellos. Pero cada uno de ellos debe ser empujado a crecer y puesto en las mejores condiciones para el crecimiento.

El principal método que emplea el partido para cumplir con su tarea de dirigir a la clase obrera, el resto del proletariado y las masas populares es la línea de masas. (119)

El partido lleva a cabo su labor de agitación y propaganda y su labor de organización entre las masas sobre la base de su línea política. Guía y dirige el movimiento de las masas con el fin de desarrollar las fuerzas de la revolución, para fortalecerlas y recogerlas, bajo la dirección de la clase obrera. Su objetivo no es buscar consensos, ni que las masas acepten sus propias concepciones, sino el de dirigir el movimiento de las masas en la lucha contra la burguesía imperialista para establecer la dictadura de la clase obrera. En las luchas reivindicativas de las masas populares, del proletariado y de la clase obrera el partido siempre persigue el objetivo que sea una escuela de comunismo y de recoger y acumular fuerzas revolucionarias. Conduciendo la actividad de defensa de las conquistas de las masas, el partido prepara las condiciones para el ataque.

El partido conduce la agitación entre las masas, pero se distingue netamente de los aventureros y los intrigantes e individuos que utilizan la agitación de las masas como mercancía de intercambio para su ascenso en la jerarquía del régimen: estos “agitan a las masas” sin idea a dónde ir, sin ocuparse en asimilar la experiencia del pasado, sin ocuparse de identificar y superar los límites para los cuales el proletariado en nuestro país en el período 1900-1950 no logró tomar el poder. Hoy en día estos movimientistas y especuladores de las luchas de las masas convergen con esos viejos oportunistas que antes de la caída de los revisionistas modernos se proponen como “conservadores del comunismo” (PRC, PdCI, etc.) y cuya función real es paralizar en el lodazal de una política estéril de resultados revolucionarios, pero envuelta en fraseología comunista, las energías que el colapso de las organizaciones revisionistas libera.

El partido comunista se sienta en la escuela de las masas, aprende a dirigir la lucha que las masas están librando contra la burguesía imperialista en el ámbito de la segunda crisis general del capitalismo. Pero el partido se pone en la escuela de las masas no en el sentido de ser confundido con las masas o “agitar a las masas” a la manera de los subjetivistas y economicistas, sino en el sentido de aprender de

- la experiencia del primer “asalto al cielo”: la Revolución de Octubre, la experiencia de los primeros países socialistas, la Internacional Comunista, la lucha contra el fascismo y la Resistencia, la revolución anti-imperialista, la Gran Revolución Cultural Proletaria;

- la experiencia negativa de los regimenes de los revisionistas modernos: para avanzar debemos aprender también de los errores que la burguesía y sus portavoces por el contrario tratan de usar contra nosotros;

- la experiencia del movimiento de masas y revolucionario de nuestro país, la lucha de la clase obrera y la resistencia que las masas populares oponen al avanzar de la crisis general del capitalismo.

El partido se deriva de esta experiencia una visión del mundo, una teoría de la revolución, un programa, una línea política y una línea organizativa sobre los cuales teje en el ámbito de la clase obrera, del proletariado, del resto de las masas populares y de toda la sociedad las consiguientes relaciones de organización, dirección e influencia. Para un comunista hoy el meollo principal del problema no es cuánto las masas “están en agitación”, porque dada la situación revolucionaria en desarrollo, las masas presentan e inevitablemente presentarán siempre más un terreno fértil para la acción de los comunistas, sino cuanto el partido ha aprendido a realizar las funciones que hacen que sea capaz de dirigir el movimiento de las masas hasta la victoria de la revolución socialista. (120)

El partido comunista está vinculado a las masas populares. Pero no en el sentido que se derrite en las masas populares, se pone a su nivel, sigue sus tendencias y opiniones. Está vinculado en el sentido preciso que se dirige a los obreros avanzados, recluta a los mejores, los más dispuestos a ser comunistas y a través de ellos dirige el resto de la clase obrera y se basa en la experiencia de la clase obrera para sacar su propia línea y su propia concepción. Se dirige a los miembros más avanzados de las otras clases de las masas populares, recluta aquellos que muestran ser capaces de evolucionar y convertirse en comunistas y a través de la clase obrera dirige el resto de las masas populares.

La función específica de la iniciativa del partido en cualquier situación dada, es reunir y movilizar las fuerzas motrices de una de las posibles soluciones en contraposición a las otras. Pero es el movimiento práctico y, en particular, económico de la sociedad que en su curso genera en cada situación concreta sea los posibles objetivos de las fuerzas políticas comunistas sea las fuerzas para su realización. Obtener las condiciones materiales de la existencia es todavía hoy la principal ocupación y la fuerza motriz de la gran mayoría de los seres humanos: la relación de las actividades dirigidas a esto es el ámbito en el cual se desarrolla la vida de todos los individuos y el devenir de la entera sociedad. Las tendencias hacia el subjetivismo, propia de la aristocracia proletaria de los países imperialistas que trae en las masas la influencia de la burguesía, a menudo han hecho olvidar hasta a los comunistas estos principios fundamentales de la concepción materialista de la historia. La consecuencia ha sido y es la proliferación de conceptos, directrices y políticas específicas arbitrarias y por lo tanto perdedoras.

Es el movimiento práctico de las masas, organizado o espontáneo que sea, lo que transforma la sociedad. Una teoría se convierte en poder transformador de la sociedad sólo si se materializa en un movimiento práctico, como orientación de su acción. Una teoría revolucionaria surge solamente como elaboración y síntesis de un movimiento práctico. El partido entonces reconoce y afirma la primacía del movimiento práctico como fuente de conocimiento, como operador de la transformación de la sociedad y como medida de última instancia de la verdad de cualquier teoría de la revolución. El partido no se presenta a las masas doctrinariamente proclamando una nueva verdad que le pide aceptar, ni pide de unirse a él para profesar una nueva teoría. El partido intenta obtener de la experiencia común del movimiento de las masas la razón que está en los eventos que la componen. Así que nunca dice a las masas: dejen de luchar, lo que están haciendo es inútil, primero deben hacerse una conciencia y darse una teoría. En contra, trata de entender cual es la verdadera razón por la cual las masas están luchando y cual es la verdadera fuente de su fuerza y de extraer de esto una línea para ir a la victoria. La línea es una cosa que para proceder las masas deben hacer propia y poner en práctica. El partido sólo tiene que encontrar la manera efectiva de llevarla a las masas. (121)


5. En su trabajo de masas el partido debe aprovechar las tendencias positivas que se desarrollan en las masas populares, las concepciones y los sentimientos progresistas que la primera oleada de la revolución proletaria y la misma propaganda mentirosa de la izquierda burguesa han arraigado en las masas populares y debe aprovechar las debilidades de la contrarrevolución preventiva. El proceder de la crisis general del capitalismo y la ejecución del programa común de la burguesía imperialista ponen al descubierto las debilidades de la contrarrevolución preventiva.

En cada país imperialista la represión adquiere un rol cada vez mayor entre los instrumentos de gobierno de la burguesía imperialista. Tenemos que movilizar a las masas populares también en este frente, desarrollando la denuncia, las iniciativas de solidaridad y la resistencia a la represión. El desarrollo cada vez mayor de la represión y, por el contrario, de la resistencia a la represión, de la lucha contra la represión y de la solidaridad mueven gradualmente el campo de batalla entre la burguesía y las masas populares hacia la guerra civil, educan las masas populares a distinguir entre lo que es de su interés, y por lo tanto, legítimo, de lo que es legal (es decir, que no esté prohibido por las leyes promulgadas por la burguesía), las educan a la ilegalidad, a reconocer por experiencia directa al Estado como un instrumento de la clase dominante, como un organismo enemigo que tiene que ser derrotado.

En cualquier país imperialista la crisis política hace cada vez más difícil para la burguesía gobernar su Estado manteniendo las apariencias de la representación popular y de la participación de las masas populares en la lucha política burguesa. Hay que hacérselo aún más difícil persiguiéndola en su propio terreno, llevando las masas populares a entrar en la titiritaña de la política burguesa desvelando la verdadera naturaleza de todo lo que sucede detrás de las escenas, hasta obligar a la burguesía a cerrar titiritaña y violar su propia legalidad.

En cada país imperialista las organizaciones de las masas populares, en primer lugar los grandes sindicatos del régimen y en segundo lugar la amplia red de asociaciones, son siempre menos capaces de satisfacer las mejores aspiraciones y los mejores sentimientos de las masas populares, siempre menos pueden satisfacer sus demandas elementares de una vida digna para todos y condiciones dignas de trabajo. En toda organización se debe sostener la izquierda para que incluya al centro, aísle la derecha y tome en sus manos la dirección. No se deben crear asociaciones a parte directa por el partido, excepto cuando sea necesario para evitar la pérdida de las personas que los agentes de la burguesía expulsan de las grandes organizaciones de masas. Nuestro objetivo no es infiltrar miembros del partido para que dirijan estas grandes organizaciones. Nuestro objetivo es movilizar a la izquierda, fortalecerla para que se una con el centro, aísle la derecha y tome la dirección, conquistar al comunismo los elementos más avanzados, reclutar en el partido a los mejores elementos.

El partido debe dirigir y promover la movilización de las masas populares en defensa de todos los logros que la burguesía imperialista busca eliminar; debe apoyar cualquier grupo de trabajadores (grande o pequeño que sea) que defiende una de sus conquistas (sea la que sea) de la burguesía imperialista que quiere eliminarlas: de la libertad de huelga, al lugar de trabajo, a la seguridad en el trabajo, a las pensiones, a la protección del medio ambiente, a la vivienda, a la educación, a la salud, a los servicios. En las luchas de defensas las masas aprenden por su experiencia directa que todo sacrificio que la burguesía alcanza imponer llama a otros sacrificios; que para ganar hay que ampliar la lucha y convertirla en una cuestión de orden público, en un problema político; que las dificultades que se presentan dentro de una sola empresa particular, de una sola institución, pueden resolverse solamente a nivel político. En fin, que la propiedad y la iniciativa privadas que sustentan el capitalismo están en desacuerdo con la realidad de las cosas, conducen a las masas en dificultades inextricables y las someten a mayores sufrimientos. Cada empresa particular está en crisis porque la sociedad en su conjunto está en crisis. En general, la crisis de la empresa no puede ser resuelta por la empresa, sino sólo con la acción política.

El partido debe dirigir y promover la movilización de las masas a participar directamente en la solución de los problemas de sus propias vidas, a reunirse y desarrollar sus propias instituciones y defenderlas, a desarrollar la producción para satisfacer sus necesidades, a dar un avance revolucionario también a las iniciativas del hoy llamado “tercer sector”, al “sin fines de lucro”, al voluntariado, al “comercio justo y solidario”, a los Centros Sociales, etc., ganándolos a las tendencias burguesas que quieren convertirlos en guetos, a convertirlos en empresas para que se aprovechen del trabajo precario, mal pagados y el rebusque informal, a convertirlos en instrumentos para la corrupción y la formación de nuevos dirigentes burgueses, para dar riendas sueltas a la desesperación.

El partido debe dirigir y promover la movilización de las masas para tomar a la burguesía imperialista los recursos necesarios para proveer directamente a la solución de los problemas de su propia vida (dinero, edificios, medios de producción, medios de transporte, etc.), recursos que la burguesía imperialista desperdicia en gran escala.

El partido debe extraer y generalizar las enseñanzas de las luchas de defensa, aprender y generalizar las leyes por las que se realizan. Una victoria en gran escala y duradera de la defensa es imposible debido a la crisis, pero en todos los casos se puede ganar, impedir, retrasar o reducir el ataque de la burguesía imperialista. En cada lucha de defensa el partido debe fomentar la organización de las masas, reconocer la izquierda, fortalecerla y organizarla para que aprenda a conquistar el centro y aislar a la derecha.

Todo esto está estrechamente ligado a la lucha por el poder, a la lucha por establecer un nuevo orden social. Sólo la perspectiva de un nuevo orden social permite a las masas populares escaparse del chantaje de los patrones y de sus políticos. Estos, en efecto, en frente a cada problema particular tratan sistemáticamente de hacerle ver a las masas populares la solución en la lucha y en competencia con otras masas populares. Sólo la lucha por el poder puede proporcionar continuidad, conducir a la expansión y asegurar el éxito a la lucha de las masas populares por la defensa de sus logros y por la supervivencia, para poner fin a la condición de despido en la que la burguesía imperialista relega una parte creciente de las masas, para desarrollar sus energías y satisfacer sus necesidades.

En cada lucha de defensa el partido debe tomar fuerzas para el ataque. Si no se realiza el ataque, es imposible desarrollar la defensa a gran escala y mejorar las posibilidades de ganar. La falta del ataque frena las masas, incluso en la defensa.

Recoger las fuerzas para el ataque significa entender y hacer emerger las razones de las victorias y de las derrotas, generalizar los métodos que conducen a la victoria y luchar contra aquellos que conducen a la derrota, elevar por todos los medios el espíritu de lucha de las masas y su confianza en sí mismas, conducir la parte más combativa a realizar una mayor movilización de los demás, reclutar a las organizaciones de masas y el partido, fortalecer la organización del partido, promover la agregación y la organización de las masas, reunirlas en un frente liderado por el partido y emplear las fuerzas disponibles en las tareas tácticas de ataque, con el fin de adquirir experiencia y desarrollar una línea ganadora de acumulación de las fuerzas revolucionarias.


6. Aunque sobrevivan en la actualidad las naciones y todavía hayan muchos Estados, el capitalismo ya ha unificado el mundo entero en el ámbito económico y hasta cierto punto también en el ámbito político y cultural. Así que el socialismo puede definitivamente establecerse solo como sistema mundial. A su vez cada oleada de la revolución proletaria unifica más el mundo, y acerca a los países y a las naciones. El retorno estable y a tiempo indeterminado a un mundo fragmentado en varias islas autosuficientes es un objetivo no sólo reaccionario, sino inalcanzable.

Las crisis generales del capitalismo son crisis mundiales y mundial es también la situación revolucionaria en desarrollo resultante. Sin embargo, la revolución proletaria (revolución socialista o revolución de nueva democracia) puede ganar en algunos países y no desarrollarse o ser derrotada en otros. Su éxito también depende de factores particulares específicos de cada país.

El primer paso de la revolución socialista en todos los países es la destrucción del Estado existente y la creación de un nuevo Estado. En cada país, la burguesía imperialista tiene hoy su Estado y ese Estado es lo que tenemos que derrocar.

Todo esto confirma tanto la necesidad de la formación de los partidos comunistas en cada país en particular, cuanto la necesidad de su cooperación internacionalista, de la creación de una nueva Internacional Comunista. Donde hay países plurinacionales, el partido comunista también y con fuerza particular ha de promover la lucha contra la opresión nacional y el chovinismo nacionalista, apoyar el derecho de todas las naciones a disponer de sí misma hasta separarse y unir los trabajadores y las masas populares de todas las nacionalidades en la lucha común contra la burguesía imperialista y su Estado.

Para derrotar sus respectivos enemigos los diferentes “destacamentos nacionales” de la clase obrera deben aprender unas de otras, trabajar juntas y apoyarse mutuamente. Esto es lo que vimos ocurrir en el curso de los 160 años del movimiento comunista, en formas más o menos desarrollada en función de las diferentes etapas: en una manera organizada en la Liga Comunista (1847-1852), en la Primera Internacional (1864-1876), en la Segunda Internacional (1889-1914), en la Internacional Comunista (1919-1943), en el Kominform (1947-1956); informalmente en otros períodos en los que no existía un organismo internacional.

La burguesía realiza la unidad económica del mundo en el ámbito de las relaciones de producción capitalistas y de las relaciones burguesas. Así que esta unidad tiene la forma del mercado mundial y de la exportación de capitales, de la competencia, del desarrollo desigual, de la opresión y de la explotación de los países más débiles por parte de los países más fuertes, de la formación de aristocracias obreras en algunos países y de la explotación hasta el agotamiento de los obreros en otros países, de la división de todo el mundo entre unos pocos grupos imperialistas, de la opresión de los grupos imperialistas más débiles por los más fuertes, del exterminio de las poblaciones que no pueden resistir a la intromisión de los capitalistas, de la feroz dominación imperialista, de las guerras mundiales, de la superpoblación del mundo que condena a poblaciones enteras a la extinción, de la lucha entre las naciones para la supervivencia, el “espacio vital”, el “lugar de bajo del sol” (la guerra de exterminio no declarada). (122)

Por el contrario, a medida que la revolución proletaria avanza, la unidad económica del mundo está descubriendo poco a poco, por saltos, con pasos adelante y pasos atrás, su forma adecuada a nivel superestructural en la formación de los partidos comunistas en cada país, en su colaboración más o menos estrecha y más o menos organizada, en la creación de organizaciones de masas internacionales, en la creación del campo socialista. En el futuro asumirá otras formas más avanzadas.

La clase obrera de cada país aprende de las de los otros países y está enseñando a las de los otros países. El desarrollo de su lucha depende de la tendencia de la economía mundial, del sistema de las relaciones internacionales, etc. La clase dominante de un país coopera con las de los otros o choca con ellas. Todos ellos son tantos aspectos del carácter internacionalista del movimiento comunista en un país. Es un carácter objetivo, que existe independientemente del nivel de comprensión del mismo por parte de cada movimiento comunista nacional y de la actividad consciente que cada movimiento comunista nacional ejerce en este campo a través de su partido comunista y sus organizaciones de masas. El partido comunista debe ser consciente de este enlace internacional, desarrollarlo, hacerlo valer, valorizarlo en sus actividades, traducirlo en formas de organización.

El partido comunista de cada país tiene el deber de hacer triunfar la revolución en su país, de colaborar con los partidos comunistas de los otros países y por lo tanto contribuir al éxito de la revolución a nivel mundial.


3.2. El Estado de la burguesía imperialista y la lucha para instaurar el socialismo


El partido debe contrarrestar entre sus miembros toda concepción y tendencia a basar la existencia y acción del partido sobre la libertad (de pensamiento, de propaganda, de agitación, de organización, de manifestación, de reunión, de huelga, de protesta, etc.) que la victoria de la Resistencia ha instaurado hasta cierto punto en nuestro país y que en parte aún sobrevive a pesar que la burguesía imperialista desde la mitad de los años ’70 está eliminando sistemáticamente todas las conquistas arrancadas por la clase obrera y las masas populares. Al mismo tiempo, el partido debe dirigir a las masas para conseguir un justo balance de la experiencia que día tras día están haciendo de los límites en que la clase dominante siempre ha contenido esas libertades y de las restricciones que está poniendo debido al avance de la crisis general del capitalismo. Las masas necesitan llevar en todos los campos y en cualquier terreno un movimiento práctico de lucha de clases, porque sólo a través de este movimiento práctico pueden aprender, desarrollar su conciencia, crear y fortalecer su organización y pasar a niveles más altos de lucha.

Con el inicio de la fase imperialista la burguesía ha dejado de luchar por la democracia aún sea burguesa, es decir, formalmente para todos, pero en los hechos limitada a las clases poseedoras. “Normalmente el imperialismo tiende a sustituir a la democracia con la oligarquía”, “el imperialismo contradice ... todo el complejo de la democracia política”. “El imperialismo no frena la extensión del capitalismo y el fortalecimiento de las tendencias democráticas en las masas de la población, sino que agudiza el antagonismo entre estas aspiraciones democráticas y las tendencias antidemocráticas de los monopolios”. (123)

Todas las veces en que la clase obrera ha basado su lucha sobre la democracia burguesa, la burguesía imperialista recordó que el poder le pertenece recurriendo a masacres y represiones masivas, golpes de Estado, provocaciones y divisiones contra las organizaciones de la clase obrera y ha impuesto su poder: desde el Estado Español, a Indonesia hasta Chile. Ha confirmado lo que Engels ya había declarado en 1895: la burguesía por enfrentar la maduración política de la clase obrera habría violado ella misma su propia legalidad, antes que lo hiciera la clase obrera. (124) Una acumulación de las fuerzas revolucionarias adecuada para la conquista del poder y para el establecimiento del socialismo no puede darse subordinándose a los procedimientos y a las libertades escritas en las constituciones de la burguesía. Estas, realmente, sólo son válidas en la medida en que permiten a la burguesía mantener su poder. No son normas comunes, “imparciales”, que regulan la lucha de todas las clases, a las que todas se subordinan. Son medidas para tener sometidas a la clase obrera y las demás clases explotadas y oprimidas. La burguesía podía quedarse democrática sólo hasta que la clase obrera se encontraba lejos de ejercer en la práctica los derechos que le eran reconocidos en el papel. La realidad ha refutado las ilusiones que: continuara la época en la que la burguesía había jugado un rol progresista; el fascismo hubiera sido un paréntesis o un desvío durante la vida de la sociedad burguesa; tras el fascismo la burguesía podría volver a las viejas formas de poder. Los revisionistas modernos en todo el mundo han promocionado estas ilusiones y han llevado a las masas en el callejón sin salida del parlamentarismo, de la participación, de la concertación, de la reforma estructural y otras habladurías que se han mantenido así. Estas ilusiones han pesado negativamente sobre la lucha de la clase obrera y sobre la capacidad de dirección de su partido. Pero todavía existen y seguirán existiendo durante algún tiempo, en particular en los países imperialistas como el nuestro. En gran escala solo la experiencia práctica las barrerá del camino.

La contrarrevolución preventiva es el régimen político de nuestro país, como de los otros países imperialistas. Cuando no es efectiva, no es más suficiente para evitar el crecimiento de la conciencia y de la organización de las masas populares, la burguesía usa la movilización reaccionaria de las masas populares, el terror, el fascismo, la guerra. Si el partido comunista ha dirigido bien la acumulación de las fuerzas revolucionarias, entonces la burguesía lleva la lucha de clases en el terreno de la guerra civil: el terreno resolutivo del choque entre las masas populares y la burguesía imperialista. El partido comunista debe educar a las masas populares a no temer la guerra civil que la burguesía prepara y tarde o temprano va a desatar, debe enseñarles a luchar victoriosamente: es también la única manera de evitarla, si esto es supuestamente posible; sin embargo es la manera de hacer la guerra civil menos dolorosa y costosa para las masas populares.

El proceder de la crisis general del capitalismo obliga a la burguesía a acentuar el carácter represivo, militarista y secreto de su régimen, en las relaciones con las masas populares y las relaciones entre los mismos grupos imperialistas. La desinformación, confusión, desviación, intoxicación, provocación, el control, la infiltración, intimidación, el chantaje, la eliminación y represión son actualmente formas y herramientas actuales de la lucha política por parte de la clase dominante, y lo serán aún más de lo que lo han sido en los últimos cincuenta años.

Con el comienzo de la era imperialista y más aún con la primera crisis general del capitalismo el Estado de la burguesía imperialista se ha convertido en un Estado policial y militarista, profundamente reaccionario. Ha dejado de ser el Estado de la democracia burguesa y se convirtió en el Estado de la contrarrevolución preventiva organizada, herramienta para la represión y la guerra de la burguesía imperialista contra la clase obrera y las masas populares. (125)

La experiencia de la primera crisis general del capitalismo ha demostrado que la lucha entre la burguesía imperialista y las masas populares con el avance de la crisis se convierte inevitablemente en guerra civil o guerra entre Estados. Cuando la clase obrera no ha sido capaz de asumir el liderazgo de la movilización revolucionaria de las masas populares, la movilización de las masas se ha convertido en la movilización reaccionaria de las masas populares; por ende, la clase obrera ha sufrido la guerra impuesta por la burguesía y todas las masas populares han pagado las consecuencias. (126)

El partido debe construirse teniendo en cuenta estos aspectos y, al mismo tiempo teniendo en cuenta la debilidad e inestabilidad del régimen de la burguesía imperialista, cada vez más erosionado por la oposición creciente de las masas populares, por el crecimiento de las contradicciones entre los grupos imperialistas y por el desarrollo, en contraste y lucha entre sí, de la movilización revolucionaria de las masas populares y la movilización reaccionaria de las masas populares.

Con base en el análisis de la situación concreta y de las tareas que el partido tiene que realizar para llevar a la clase obrera a tomar el poder, el nuevo partido comunista ha definido su estrategia para hacer de Italia un nuevo país socialista; su naturaleza y características que debe asumir para estar a la altura de sus tareas.


3.3. Nuestra estrategia: la guerra popular revolucionaria prolongada (o de larga duración)


Nuestra estrategia, el camino para hacer de Italia un nuevo país socialista, es la guerra popular revolucionara prolongada (GPRP). (*) Esta es la conclusión de la evaluación de la experiencia del movimiento comunista, de la lucha de la clase obrera contra la burguesía imperialista, en particular durante la primera oleada de la revolución proletaria. Por su naturaleza, la lucha de la clase obrera contra la burguesía imperialista para establecer el socialismo es una guerra popular revolucionaria prolongada. Los partidos comunistas deben reconocer esta realidad, comprenderla a fondo y utilizar este conocimiento para dirigir la revolución. La evaluación de la experiencia de la lucha que el movimiento comunista llevó a cabo contra la burguesía en los países imperialistas en los últimos 130 años nos obliga a afirmar, parafraseando, lo que dijo Mao en 1940 acerca de la revolución proletaria en China: “Durante más de cien años nosotros hemos hecho la revolución sin tener un concepto claro y correcto de la revolución, hemos actuado a ciegas: aquí está el orgien de nuestras derrotas”. (127)

Mao Tse-tung ha elaborado en detalle la teoría de la guerra popular revolucionaria prolongada. (128) La teoría de la guerra popular revolucionaria prolongada es una de las principales aportaciones del maoísmo al pensamiento comunista. (129) Mao Tse-tung, sin embargo, se refiría al caso de la revolución de nueva democracia en China. Así que en su elaboración se combinan las leyes universales de la GPRP, válidas para cada país y tiempo, y las leyes particulares, válidas para la revolución de nueva democracia realizada en China en la primera mitad del siglo pasado. (130) Por tanto, es necesario que cada partido aprenda del maoísmo las leyes universales de GPRP y elabore las leyes particulares de su país y de su época.

La cuestión de cómo la clase obrera hubiera llegado a tomar el poder, fue puesta por primera vez claramente por F. Engels en 1895, en su Introducción a la reimpresión de los artículos de Karl Marx Las luchas de clases en Francia 1848-1850.

A finales del siglo XIX, al comienzo de la era imperialista del capitalismo, los partidos socialdemócratas en los países avanzados ya habían hecho su obra histórica de constituir la clase obrera como clase políticamente independiente de las demás. Habían terminado la época en que muchas personas con talento o ineptas, honestas o deshonestas, atraídas a la lucha por la libertad política, la lucha contra el poder absoluto de los reyes, de la policía y de los sacerdotes, no veían el contraste entre los intereses de la burguesía y los del proletariado. Ellos no concebían ni remotamente que los obreros podrían actuar como una fuerza social autónoma. Los partidos socialdemócratas habían puesto fin a la época en la que muchos soñadores, algunas veces geniales, pensaban que hubiera sido suficiente convencer a los gobernantes y las clases dominantes de la injusticia y la precariedad del orden social existente, para establecer fácilmente en la tierra la paz y el bienestar universal. Ellos soñaban con lograr el socialismo sin la lucha de la clase obrera contra la burguesía. Los partidos socialdemócratas habían terminado la época en que casi todos los socialistas, y en general los amigos de la clase obrera veían en el proletariado sólo un mal social, y se daban cuenta con miedo cómo con el desarrollo de la industria se desarrollaba también este mal. Por esto pensaban en la manera de frenar el desarrollo de la industria y del proletariado, para detener la “rueda de la historia”. (131) Gracias a la dirección de Marx y Engels los partidos socialdemócratas en cambio habían creado en los países más avanzados un movimiento político, dirigido por la clase obrera, que puso su fortuna en el crecimiento del proletariado y en su lucha por el establecimiento del socialismo y la transformación socialista de la sociedad. Comenzaba la era de la revolución proletaria. (132) El movimiento político de la clase obrera era el lado subjetivo, superestructural de la maduración de las condiciones de la revolución proletaria, mientras que el paso del capitalismo a su fase imperialista era su lado objetivo, estructural.

La clase obrera ya había hecho varios intentos para tomar el poder: en Francia en 1848-50 (133) y en 1871 con la Comuna de París; (134) en Alemania, con la participación en gran escala en las elecciones políticas. (135) Ya era posible y necesario comprender cómo la clase trabajadora hubiera logrado tomar el poder y comenzar la transformación socialista de la sociedad. Se habían reunido las condiciones para abordar el problema de la forma de la revolución proletaria. En la introducción de 1895 F. Engels hizo el balance de las experiencias hasta ahora realizadas por la clase obrera, y expresó claramente la tesis que “la revolución proletaria no tiene la forma de una insurrección de las masas populares que derroque al gobierno existente, y durante la cual los comunistas, que toman parte en ella junto con otros partidos, tomen el poder”. La revolución proletaria tiene la forma de una gradual acumulación de las fuerzas en torno al partido comunista, hasta revertir el equilibrio de poder: la clase obrera debe preparar hasta un cierto punto “ya dentro de la sociedad burguesa las herramientas y las condiciones de su poder”. Marx ya había explicado que era una ilusión creer que se podía establecer un nuevo orden social apoderándose del Estado burgués y usándolo para cumplir esa obra. Engels añadió que era una ilusión creer que podía apoderarse del Estado burgués ganando las elecciones: cuando esta perspectiva se hubiera acercado, la burguesía misma habría roto su legalidad. Así que el partido comunista tenía que trabajar hoy, en vista de este evento seguro, tenía que preparar a las masas para hacer frente a este evento, aprovecharse de este evento para sacar definitivamente las cuentas con la burguesía. Los aventureros, los oportunistas, los reformistas y los movimentistas se unían en esto: no tenían en cuenta este evento ya seguro, distraían a las masas de prepararse al evento ya mismo. El desarrollo de las revoluciones en el siglo pasado ha confirmado, clarificado y enriquecido todas estas tesis de F. Engels. (136)

En contraste con la tesis de Engels según la cual la clase obrera puede llegar a la conquista del poder sólo a través de una acumulación gradual de las fuerzas revolucionarias, algunos presentan a la revolución rusa de 1917 como un levantamiento popular (“asalto al Palacio de Invierno”) iniciado por el Partido el día 7 de noviembre 1917 en el curso del cual los bolcheviques tomaron el poder. En realidad, el establecimiento del gobierno soviético en noviembre de 1917 había sido precedido por un trabajo sistemático, realizado por el partido de Lenin para acumular fuerzas revolucionarias en torno al partido comunista. Esto a partir de 1903 se había constituido como una fuerza política libre, que existía y operaba con continuidad en vista de la conquista del poder, a pesar que el régimen zarista tenía la intención de destruirlo y luego como una fuerza política indestructible por parte del enemigo. Así que la lucha llevada a cabo por el partido comunista ruso en el período 1903-1917, puede enseñarnos algo sobre la forma en que se acumulan las fuerzas revolucionarias en la sociedad dominada por el enemigo, siempre teniendo en cuenta en su justa medida que la Rusia zarista era un país imperialista aunque todavía semifeudal; que la revolución iba a ser de hecho una revolución de nueva democracia; que en Rusia no existía un régimen de contrarrevolución preventiva. El establecimiento del gobierno soviético en noviembre de 1917 fue precedido por un trabajo más específico realizado entre febrero y octubre de 1917, en la condición de doble poder, de equilibrio entre las fuerzas de los dos campos contrapuestos, cuando la revolución ya tenía fuerzas militares que obedecían sólo a los soviéts. Fue seguida por una guerra civil y contra la agresión imperialista que duró tres años, y terminó a finales de 1920. De hecho, sólo terminó en un cierto sentido, pues si consideramos las cosas en el plano internacional, no desde el punto de vista de la revolución en Rusia, pero sí desde el punto de vista de la revolución proletaria mundial, el esfuerzo de la burguesía imperialista para silenciar la Unión Soviética (ahora la base roja de la revolución proletaria mundial) continuó durante los largos y múltiples movimientos antisoviéticos de los años ’20 y ’30 y en la agresión nazi de 1941 a 1945. (137)

La historia de la revolución rusa es en realidad una brillante confirmación de la tesis de Engels, tanto más brillante porque la guerra popular revolucionaria fue en este caso llevada cabo con éxito sin antes haber desarrollado su teoría. Si tenemos en cuenta la tendencia de las revoluciones que se han venido produciendo en los distintos países y también el desarrollo de la revolución a nivel mundial, vemos que la teoría de la GPRP sale confirmada, tanto en los casos en que la revolución se llevó a cabo hasta el establecimiento del nuevo poder, como en los casos en los que la revolución fue derrotada. A la luz de la teoría de la GPRP se pone más clara la causa de las derrotas sufridas hasta ahora por el movimiento comunista en los países imperialistas. (138) La experiencia ha confirmado que la insurrección de las masas populares es, en ciertas circunstancias, una medida que puede ser necesaria en una guerra. Pero si se toma como una estrategia de la revolución, la fuerza de las cosas obliga a los comunistas a que oscilen entre el aventurerismo y la inercia.


La teoría de la GPRP indica el camino que el movimiento comunista debe tomar para derrocar el poder existente y establecer el poder de la clase obrera. Esta teoría es una ciencia experimental: se ha construido elaborando la experiencia de la lucha realizada hasta la fecha por el movimiento comunista, y encuentra su verificación y confirmación en los resultados obtenidos por el movimiento comunista mediante su aplicación a la lucha de clases. Es la síntesis de las experiencias, traducidas en principios, criterios, líneas, métodos y reglas para la revolución que todavía tenemos que lograr. Es una ciencia abierta, en el sentido que se enriquece, se precisa, se desarrolla a medida que la revolución proletaria avanza en el mundo. Es una ciencia que incluye principios y leyes generales, válidos en todos los países y en todos los momentos y principios y leyes particulares que reflejen lo que cada país tiene en especial.

En primer lugar, la revolución socialista es un proceso unitario. Miles son los tipos de lucha que componen este proceso y los episodios a través de los cuales se lleva a cabo. Pero ellos forman un solo proceso. Cada uno de ellos vale en la medida en que hace avanzar al proceso en conjunto: este es el criterio para decidir la línea a seguir en cada episodio y en cada campo particular y sobre el cual evaluar el resultado de nuestra acción. Para dirigir de la manera correcta todo el proceso y cada uno de sus pasos y componentes, tenemos que entender el hilo que une los distintos tipos de lucha y los distintos episodios, debemos dirigir cada uno de ellos tomando en cuenta su carácter universal y su carácter particular, y usando el particular para lograr el universal. Necesitamos entender cómo una fase prepara y genera la fase siguiente. Dirigir en la manera correcta la lucha en una fase significa asegurarse que ella va a generar la siguiente fase. Hay que tener en cuenta la relación entre todos los combates y todos los eventos entre sí, hay que tener en cuenta que cada evento genera otro, hay que tener en cuenta que el resultado cualitativo es generado por la acumulación cuantitativa. Cada lucha particular debe ayudar a lograr la victoria final: en concreto debe contribuir a ampliar la lucha, para llevarla a un nivel superior, desarrollar nuevas fuerzas, abrir nuevos frentes de lucha, fortalecer las fuerzas que han luchado. Cada fase tiene que preparar el terreno y las fuerzas para la fase sucesiva. Por otra parte, para llevar victoriosamente a cabo una lucha, hay que tener muy en cuenta el mayor número posible de sus aspectos particulares.

Así que el partido comunista debe tener un plan que cubra todos los aspectos de la lucha de las masas populares y todo el proceso de la revolución socialista, hasta el establecimiento del socialismo. Los oportunistas se oponen sistemáticamente al desarrollo de un plan. Gritan contra “el plan construido alrededor de la mesa”. Son para navegar a primera vista, hacer caso por caso “lo que se puede hacer”, aprovecharse de las circunstancias. Por lo tanto están bien con los espontaneístas. Ambos encarnan el carácter de los estratos más atrasados de nuestro movimiento que actúan de forma espontánea, se basan en ello. Nuestra línea en cambio es desarrollar e implementar un plan para guiar en la manera correcta cada movimiento espontáneo, para que se desarrolle y alcance un nivel superior, y así se fortalezca en cada movimiento espontáneo la tendencia positiva y luchar contra la tendencia negativa. Sólo el plan estratégico nos permite entender cuál es la tendencia positiva y cuál es la negativa. Ciertamente, esto no es un plan arbitrario. Debe tener una concepción bien fundada y una clara línea de acción: una perspectiva histórica construida científicamente, con seriedad escrupulosa, que respalde en todo el curso pasado de las cosas, las metas a alcanzar en el futuro, que proponemos a las masas populares porque son objetivos que ellas necesitan y que tienen que alcanzar conscientemente. Implica un método consistente en la evaluación de los resultados de las luchas de ayer, para definir con precisión los objetivos de las luchas del mañana.

Por otro lado, el partido debe tener un método de acción y conocimiento, que permita gestionar con éxito cada paso y cada choque, en cada campo y en cualquier terreno. La lucha entre la clase obrera y la burguesía no procede al azar. Como cada proceso, ella tiene sus propias leyes. El partido debe descubrirlas, comprenderlas, aplicarlas en todos los ámbitos y en todos los terrenos de la lucha, paso a paso, etapa por etapa.

En la sociedad moderna, en última instancia el poder es la dirección de la actividad práctica de las masas populares. La dirección combina ganar los corazones y las mentes de las masas populares con el ejercicio de la coerción y la organización de la vida cotidiana en todos sus aspectos. La esencia de GPRP (*) está en la constitución del partido comunista como el centro del nuevo poder popular de la clase obrera; en la movilización y agregación creciente de todas las fuerzas revolucionarias de la sociedad en torno al partido comunista; en la elevación del nivel de las fuerzas revolucionarias; en su uso, de acuerdo a un plan para desarrollar una serie de iniciativas que ponen a la lucha de clases en el centro de la vida política del país, con el fin de reclutar nuevas fuerzas, debilitar el poder de la burguesía imperialista y fortalecer el nuevo poder, llegar a constituir las fuerzas armadas de la revolución, dirigirlas en la guerra contra la burguesía hasta volcar las relaciones de fuerza, eliminar el Estado de la burguesía imperialista y establecer el Estado de la dictadura del proletariado.

El partido comunista es el centro propulsor del nuevo poder. Desde su fundación, se erige como un poder autónomo de la burguesía y en competencia con ella. Su expansión y su refuerzo están en paralelo con la reducción y el debilitamiento del poder de la burguesía. La burguesía intenta sofocar el nuevo poder, eliminando el partido comunista o corrompiéndolo hasta convertirlo en un partido “como los demás”, en un partido burgués. La simple resistencia, seguir existiendo, no dejarse ni reprimir ni corromper, para el partido ya es una victoria, la primera victoria del nuevo poder.

El crecimiento y el fortalecimiento del nuevo poder, desde su nacimiento hasta su victoria, pasa por tres grandes fases.


1. La primera fase es estratégicamente una fase defensiva (la defensiva estratégica). (*) La superioridad de la burguesía es abrumadora. El partido comunista debe acumular las fuerzas revolucionarias. Reunir a su alrededor (en las organizaciones de masas y en el frente) y en sí (en las organizaciones del partido) las fuerzas revolucionarias, extender su presencia y su influencia, educar a las fuerzas revolucionarias a la lucha dirigiéndolas a luchar. El progreso del nuevo poder se mide por la cantidad de las fuerzas revolucionarias que se cosechan en el frente y en el nivel de las propias fuerzas. En esta etapa, el objetivo principal no es la eliminación de las fuerzas enemigas, sino el de recoger entre las masas populares fuerzas revolucionarias, extender la influencia y la dirección del partido comunista, elevar el nivel de las fuerzas revolucionarias: fortalecer su conciencia y su organización, hacer que sean más capaces de luchar, hacer que su lucha contra la burguesía sea más eficaz, elevar su nivel de militancia.


2. La segunda fase es la del equilibrio estratégico. (*) El contraste entre las fuerzas revolucionarias reunidas en torno al partido comunista y la burguesía ha llegado a un punto tal que la lucha de clases se convierte en una guerra civil y el nuevo poder, enmarcando militarmente una parte de las masas populares y, en la transición a la revolución, una parte de las fuerzas armadas enemigas, forma sus propias fuerzas armadas que se oponen a las de la burguesía. La primera fase genera la segunda fase. Sin acumulación previa de las fuerzas revolucionarias no hay segunda fase. En la historia del movimiento comunista incluso vimos Estados burgueses disolverse (Alemania, Austria y Hungría en 1918, Italia en 1943, Alemania en 1945), sin que por esto el movimiento comunista pasara a la segunda etapa.

En la historia del movimiento comunista, la transición de la primera a la segunda fase se llevó a cabo de varias maneras. En algunos casos, la burguesía ya no podía soportar la situación creada por el desarrollo del nuevo poder, rompió su legalidad y bajó en el terreno de la guerra civil. Clásico es el caso de la España en 1936. Habría sido el caso de Indonesia en 1966 y Chile en 1973, si el movimiento comunista ya no habría sido erosionado por los revisionistas modernos y por sus concepciones y políticas de “transición pacífica”. En otros casos, fue el movimiento comunista que tomó la iniciativa de llevar la lucha de clases en el terreno de la guerra civil. Este es el caso de Rusia en 1905, de Italia en la decada de los ’70. En otros casos, se realizó el cambio en el curso de una guerra general. Este es el caso del golpe de Estado burgués en febrero de 1917 en Rusia, de la revolución de 1918 en Alemania, Austria y en varios otros países de Europa Central y Oriental, de la Resistencia en 1940 en Francia, de la Resistencia en 1943 en Italia. Este paso se habría determinado en otros casos si el movimiento comunista no hubiese vergonzosamente retrocedido, porque no estaba preparado para luchar, frente al desafío, a las amenazas y el chantaje de la burguesía de bajarse en el terreno de la guerra civil: en 1914 en varios países europeos, en el Bienio Rojo (1919-1920) en Italia, en 1936 en Francia, etc. Una vez formadas sus fuerzas armadas, el nuevo poder debe ser capaz de mantenerlas en el campo y fortalecerlas contra la embestida de la burguesía. Prevenir su rápida destrucción ya es una victoria. Es lo que el movimiento comunista realizó, si consideramos las cosas desde el punto de vista de la revolución mundial, con la derrota de la agresión imperialista a la Rusia Soviética en 1920 y de nuevo en 1945. El objetivo estratégico de esta fase es evitar la destrucción de sus fuerzas armadas, lograr que sigan existiendo, que el enemigo no sea capaz de destruirlas. Como regla general, sin embargo, el logro de esta victoria es más una cuestión política (evitar que la burguesía despliegue plenamente sus fuerzas y haga valer su superioridad militar) que una cuestión militar en el sentido estricto.


3. La tercera fase es la de la ofensiva estratégica. (*) El nuevo poder es ahora capaz de lanzar sus fuerzas de ataque, sea en términos estrictamente militares, como en términos políticos generales, para destruir las fuerzas enemigas. El progreso de la revolución se mide por la cantidad de las fuerzas enemigas, militares en el sentido estricto y políticas en general, eliminadas o disueltas. El objetivo estratégico de esta fase es el establecimiento del nuevo poder en todo el país. Su realización concluye esta fase de la GPRP y también termina la propia GPRP.


Todo el proceso se configura como una guerra: confluye y termina con la eliminación del Estado de la burguesía por un enfrentamiento armado, debido a que las fuerzas armadas son la defensa de último recurso de su poder.

Una guerra de pueblo: porque su corazón es la movilización y organización de las masas populares alrededor del partido comunista, porque es combatida por las masas populares y en última instancia, porque sólo puede ser ganada por las masas populares.

Una guerra revolucionaria: por su objetivo (establecer el poder de la clase obrera y abrir el camino para la construcción de un nuevo orden social), por su naturaleza (no es un enfrentamiento entre Estados y entre las fuerzas armadas opuestas, sino entre una clase oprimida que poco a poco asume la dirección de las masas populares, gana sus corazones y sus mentes y poco a poco construye su nuevo poder contra una clase de opresores que ya tiene un Estado y sus fuerzas armadas, y ha heredado de la historia la hegemonía sobre las masas populares), por su método (la clase revolucionaria tiene la iniciativa y a través de su iniciativa obliga a la clase dominante a bajar al terreno de lucha que es más favorable para la clase oprimida).

Es una guerra prolongada, ya que cumplir con todo el proceso indicado anteriormente requiere en cada caso un tiempo que no puede determinarse a priori. Para ganar, se tiene que estar dispuesto a luchar por todo el tiempo que se necesita, capacitar, organizar y dirigir sus propias fuerzas en conformidad con este imperativo, maniobrar. Querer a toda costa terminar la guerra en un corto tiempo, es fatal para la clase obrera, lleva a la derrota y la rendición (España 1939). La burguesía en contra intenta desesperadamente concluirla rápidamente, porque cuanto más tiempo dure la guerra, más su victoria se hace difícil. El no poder sofocar la guerra popular revolucionaria en un corto tiempo, para la burguesía es ya una derrota.

El proceso de la revolución socialista tiene sus propias leyes, se lleva a cabo durante un tiempo determinado. Nosotros, los comunistas lo conocemos en forma limitada y por lo tanto todavía nos aparece como un proceso complejo. Sólo gradualmente aprendemos a conducirlo con éxito y poco a poco el proceso nos parecerá más fácil. Por lo tanto, necesitamos tiempo.

La clase obrera seguramente va a ganar. Quién dice que la clase obrera no puede ganar, derrocar a la burguesía imperialista y tomar el poder, se equivoca (los pesimistas y los oportunistas están equivocados). Los éxitos logrados por el movimiento comunista en la primera oleada de la revolución proletaria (1900-1950) han confirmado prácticamente lo que Marx y Engels habían deducido teóricamente a partir del análisis de la sociedad burguesa.

Quién dice que la clase obrera puede fácilmente y rápidamente ganar, derrocar a la burguesía imperialista y tomar el poder, está equivocado (los aventureros se equivocan: nosotros hemos visto operando a los subjetivistas y militaristas). Las derrotas sufridas por el movimiento comunista en la primera oleada de la revolución proletaria (antes en el “Bienio Rojo” (1919-1920) y luego en los años ’40 después de la victoria de la Resistencia), las ruinas producidas por el revisionismo moderno después que en la decada de los ’50 tomara el liderazgo del movimiento comunista y la derrota sufrida por las Brigadas Rojas en Italia a principios de los años ’80 han prácticamente confirmado también esta tesis.

La clase obrera puede ganar, derrocar a la burguesía imperialista y tomar el poder, pero a través de un largo período de aprendizaje, de duras luchas, de luchas de diversos tipos y de acumulación de todo tipo de fuerzas revolucionarias, en el curso del proceso de guerras civiles y de guerras imperialistas que durante la crisis general del capitalismo trastornan el mundo hasta transformarlo. Para llevar con éxito esta lucha, para reducir los errores que se hacen, hay que entender la naturaleza del proceso, las contradicciones que lo determinan, las leyes por las cuales se desarrolla.

No por elección de los comunistas, sino por las características propias del capitalismo, el proceso de desarrollo de la humanidad se plantea en estos términos: o guerras entre partes de las masas populares dirigidas cada una por los grupos imperialistas (guerras entre grupos imperialistas) o guerras de las masas populares dirigidas por la clase obrera en contra de la burguesía imperialista. Es un hecho, un hecho al que no podemos escapar por la fuerza de nuestros deseos o de nuestra voluntad, si no poniendo fin a la era del imperialismo. (139) Es un hecho puesto de manifiesto a partir de un estudio de más de 100 años de la era imperialista que ya pasaron y del estudio de las tendencias actuales de la sociedad. La situación se hace aún más compleja por el hecho que en su guerra contra la burguesía imperialista, la clase obrera debe explotar las contradicciones entre grupos imperialistas. Los dos tipos de guerra (la guerra de la clase obrera contra la burguesía imperialista y las guerras entre grupos imperialistas) se desarrollan ambos y se entrelazan. (140) El problema es lo que prevalece. Los comunistas deben asegurarse que los antagonistas de la guerra, los dos polos de los campos que se enfrentan, sean la clase obrera y la burguesía imperialista. Con su iniciativa, maniobrando las fuerzas que ya tienen, ellos deben asegurarse que la lucha entre las clases se convierta en el centro de la lucha política. Sólo así la clase obrera podrá imponerse, a la conclusión de la batalla, como una nueva clase dominante, como la clase que ganó la guerra. Por otra parte, deben llevar la guerra a fin que los grupos imperialistas se peleen entre ellos, a fin que no unan y concentren sus fuerzas, al comienzo prevalentes, en contra de la clase obrera. Este es un problema de la relación entre la estrategia y la táctica de la revolución proletaria.

Para dirigir una guerra popular revolucionaria de larga duración (*) con menos derrotas, con menos pérdidas, con menos sufrimiento para las masas populares, es esencial que el partido sea consciente de la estrategia que está llevando a cabo y que aprende de su experiencia. Tener una estrategia justa, es la primera condición para un triunfo seguro. No tiene sentido hablar de tácticas, de la exactitud de cada maniobra y de las operaciones tácticas, si el partido no tiene una estrategia. Una vez que tiene una estrategia justa, el partido debe combinar la absoluta firmeza estratégica con la máxima flexibilidad táctica. La experiencia ha demostrado que si el partido llega a este estado, difícilmente la burguesía logra derrotar a la revolución proletaria.

 

3.4. El partido clandestino


La clase obrera necesita del partido comunista. Esta es la primera lección que tiene que ser clara y que se deriva de la experiencia histórica como del análisis de la sociedad capitalista. La clase obrera necesita del partido comunista porque el rol del partido comunista no puede ser cumplido por la clase en su conjunto. Sólo la vanguardia de la clase obrera se organiza en el partido. La burguesía selecciona y pone a prueba sus líderes políticos en el curso de los oficios de la “sociedad civil”; por el contrario, la clase obrera no tiene otra opción que seleccionarlos, entrenarlos, comprobarlos en el curso de las actividades del partido comunista y las organizaciones de masas afiliadas al partido. La crisis de la forma-partido, de la cual mucho hablan sociólogos y politólogos burgueses, es la crisis de los partidos burgueses y reformistas del antiguo régimen, es un aspecto de la crisis del antiguo régimen.

Los partidos reformistas están en crisis porque la crisis general evita que las masas arranquen nuevas conquistas de civilización y bienestar, solo pueden alcanzar este objetivo en el curso de un movimiento revolucionario y los partidos reformistas no son adecuados para esto: por ende, hay la crisis de los partidos reformistas. Ellos, los partidos reformistas, han perdido el terreno objetivo (los logros reales que en el período del capitalismo con rostro humano, las masas realmente arrancaron a la burguesía a pesar de estar dirigidas por los partidos reformistas) en el cual construyeron sus fortunas.

Los otros partidos del régimen DC están en crisis porque todo el sistema está en crisis. Fue el régimen de la conciliación de los intereses. El sistema entró en crisis como en todos los países imperialistas entraron en crisis los regímenes de contrarrevolución preventiva que también con eficacia habían personificado el dominio de la burguesía en el período de recuperación y desarrollo, los regímenes que se impusieron al final de la Segunda Guerra Mundial. Hoy ha llegado el turno de las fuerzas burguesas que se postulan como promotoras de la movilización reaccionaria de las masas, aunque a sus éxitos todavía se oponen tanto el retraso de las fuerzas revolucionarias (es su iniciativa que provoca una poderosa contrarrevolución para evitar que las fuerzas revolucionarias tomen el poder) tanto el temor que la burguesía tiene de la movilización reaccionaria: la burguesía ha experimentado en varias ocasiones que la movilización reaccionaria puede convertirse en movilización revolucionaria.


La naturaleza del partido comunista es dictada por la estrategia que tiene que seguir para hacer la revolución socialista. A la estrategia de la guerra popular revolucionaria prolongada (o de larga duración) corresponde un partido comunista clandestino. El partido nace en la clandestinidad y desde la clandestinidad construye sus relaciones, sus organizaciones de masas públicas y no, desarrolla todas sus actividades, incluyendo las públicas y legales. Los que sueñan con un partido comunista que nace por la confluencia de movimientos y organizaciones de masas, confunden la época actual con la de los orígenes del movimiento comunista. Niegan una de las tres principales aportaciones del leninismo al pensamiento comunista. (40) Hay que aprender del pasado, no dispersar sus fuerzas en un vano intento de repetirlo. El presente es el fruto del pasado, no su repetición.

En la guerra popular revolucionaria, el partido comunista tiene la tarea estratégica de ser el centro de la agregación, formación y acumulación de las fuerzas revolucionarias: partido, frente, fuerzas armadas. En esta tríada, la dirección tiene que ser el partido. Su tarea es la recopilación y el uso de las fuerzas proletarias, antes en la carrera por la movilización revolucionaria de las masas populares, para preceder la movilización reaccionaria de las masas o transformar la movilización reaccionaria en movilización revolucionaria; y después en la guerra civil que es la síntesis y conclusión de la lucha de las masas populares contra la burguesía imperialista. De hecho, la clase obrera para que actúe como clase en lucha por su cuenta para el poder debe actuar como contrincante, fuerza política en el terreno de la guerra civil, tanto en el caso que la situación que tendremos que enfrentar tenga la forma simple de una guerra civil, como en el caso que tenga también la forma de una guerra entre grupos y Estados imperialistas.


El partido debe entonces ser libre del control de la burguesía. No puede vivir y trabajar dentro de los límites que la burguesía permite, como cualquiera de los partidos de la sociedad burguesa. Las relaciones entre los grupos imperialistas (y entre sus fuerzas políticas) pertenecen a una categoría diferente al respecto de las relaciones entre las masas populares (y la clase obrera que es la unica clase dirigente potencial de las masas populares) y la burguesía imperialista. Las relaciones son de distinta naturaleza y se desarrollan de acuerdo a leyes diferentes. Los que de una u otra manera siguen en ver estos dos tipos de relaciones como relaciones del mismo tipo, sujetos a las mismas leyes, o caen en la politiquería burguesa (parlamentaria o similar) o caen en el militarismo; de hecho, el acuerdo a las espaldas de las masas y la guerra imperialista son las dos formas alternas con las que los grupos imperialistas tratan las relaciones entre ellos.

¿Acaso esto significa que la clase obrera (y su expresión política, el partido comunista) no está condicionada por la burguesía? No. Significa que el partido comunista no fundamenta su capacidad de actuar en la tolerancia de la burguesía. El partido asegura su capacidad de existir y operar a pesar que la burguesía intente eliminar o al menos minimizar y prevenir sus actividades. Esto significa que el partido, gracias a su análisis dialéctico-materialista de la situación y sus vínculos con las masas, previene las medidas de la contrarevolución preventiva convirtiéndolas en su favor. Esto significa que el partido está condicionado por la burguesía, como en una guerra cada uno de los contrincantes está condicionado por el otro y condicionado en cada fase de la guerra de acuerdo con la correlación de fuerzas en esa etapa (la defensiva estratégica, el equilibrio estratégico, la ofensiva estratégica). Pero no está sujeto a sus leyes y su Estado, como por el contrario están sujetas las masas en condiciones normales. El partido comunista es desde el comienzo de su construcción lo que la clase obrera, el proletariado y el resto de las masas populares se convertirán gradualmente en el transcurso de la guerra popular revolucionaria prolongada.

Esta es la única solución realista. En la práctica la propia burguesía ha refutado uno tras otro todos los reclamos de los socialistas y los revisionistas en el camino pacífico, democratico, parlamentario al socialismo. Como F. Engels ya en 1895 había indicado, la burguesía no tiene ningún escrúpulo para subvertir su legalidad, si esta no garantiza la continuidad de su poder. La participación en las elecciones y, en general, a una serie de otras actividades normales de la sociedad burguesa, a las que las organizaciones obreras participan como asociaciones libres entre otras, ha sido una herramienta útil para afirmar la autonomía de la clase obrera. Pero desde el comienzo de la era de la revolución proletaria, cada vez que los partidos comunistas la han tomado como una herramienta para alcanzar el poder, se ha convertido en una cadena contrarrevolucionaria. (141)

La práctica también mostró el carácter utópico de la estrategia de cambio de una actividad legal o princìpalmente legal a una insurrección. En la práctica, esta estrategia siempre ha puesto los partidos comunistas a enfrentarse con el dilema: o arriesgarse a perder todo o no hacer nada. En la historia del movimiento comunista ninguna insurrección desatada por el partido afuera del contexto de una guerra ya en marcha, nunca ha salido victoriosa. Los partidos comunistas alcanzaron la victoria de las insurrecciones, sólo cuando las insurreciones eran operaciones particulares dentro de una guerra más amplia que ya estaba en marcha, pues cuando las fuerzas militares revolucionarias ya operantes apoyaban la insurrección. Así fue en la insurrección del mes de abril de 1945 en Italia, así fue en la insurrección de San Petersburgo en el Octubre de 1917.

La contrarrevolución preventiva ha hecho sistemático el compromiso de la burguesía en prevenir e impedir el desarrollo del movimiento comunista, antes de tener que reprimir su éxito. Esto ha dejado claro que, desde cuando la conquista del poder por la clase obrera ha sido históricamente al ordén del día, la dirección de su lucha por el poder, es decir el partido comunista, debe ser una estructura libre del control de la burguesía y sustraída a sus sistemas de represión, entonces debe ser un partido clandestino.

La clase obrera no puede luchar victoriosamente contra la burguesía imperialista, no puede actuar como su contrincante en la lucha por el poder, no puede conducir a la acumulación de las fuerzas revolucionarias para derrocar el actual equilibrio desfavorable en la correlación de fuerzas con las fuerzas de la reacción, si su dirección está sujeta a las leyes y el poder de la burguesía.

No se trata sólo de tener un aparato clandestino. Esto lo tenían ya todos los partidos de la primera Internacional Comunista: fue parte de las condiciones de admisión en la Internacional Comunista, fue la tercera de las 21 condiciones aprobadas por el II congreso (17 julio-7 agosto 1920). Decía: “En casi todos los países de Europa y América la lucha de clases entra en un período de guerra civil. En estas condiciones, los comunistas no pueden confiar en la legalidad burguesa. Deben crear en todas partes, al lado de la organización legal, una organización clandestina, capaz de cumplir en el momento decisivo con su deber hacia la revolución. En todos los países donde, debido al Estado de sitio o a las leyes de emergencia, los comunistas no pueden llevar legalmente todo su trabajo, ellos deben sin ninguna duda combinar las actividades legales con la actividad ilegal”.

La experiencia de la revolución proletaria en la primera crisis general del capitalismo (1900-1945) mostró que los países donde los partidos comunistas se juegan todo su trabajo legalmente, si su trabajo legal tiene éxito a pesar de la contrarrevolución preventiva, se transforman en países donde los partidos comunistas no pueden hacer su trabajo legal y en ese punto, sin embargo, se encuentran con dificultades insuperables para hacer frente a la nueva situación. En los países donde no tenía la fuerza para cumplir de forma autónoma esta transformación (por ejemplo en los años ’30 en Francia), la burguesía imperialista ha preferido la agresión y la ocupación extranjera, para que esta transformación se concretara.

Donde la clase obrera no ha renunciado a la lucha por el poder, la lucha de clases ha entrado en un período de guerra civil potencial o desplegada. Por lo tanto, la clase obrera debe llevar a cabo su lucha por el poder como una guerra civil y los partidos comunistas, si quieren permanecer como tal, no pueden y no deben “confiar en la legalidad burguesa”. Los partidos comunistas llevan a cabo legalmente, a la luz del sol, todo su trabajo sólo cuando la clase obrera ya tiene el poder: en los países socialistas y en las bases rojas. La fuerza de los hechos ha sido siempre más fuertes de las ideas que no se basan sobre los hechos. Ha obligado a los partidos comunistas a conducir actividades no a la luz del sol. La diferencia es entre dirigir de manera consciente y sistemática, entregando el rol que las leyes del movimiento real requieren, o dirigir de manera espontaneísta, no profesional, a ciegas.

La experiencia ha demostrado que tener una organización clandestina que entra en acción en “el momento decisivo” no es suficiente para que los partidos comunistas se vuelvan capaces de dirigir con éxito las masas. No es suficiente para evitar la decapitación y diezmación del partido comunista. Deja las masas sin dirección cuando tienen una necesidad particular de dirección, cuando su lucha puede y debe dar un salto cualitativo.

La acumulación y la formación de las fuerzas revolucionarias tienen que concretarse “dentro de la sociedad burguesa”, pero inevitablemente se produce de manera gradual. Por lo tanto, no se puede hacer legalmente, es decir, que no se puede hacer dentro de los límites definidos por la ley burguesa. Esta es desarrollada y aplicada por la burguesía expresamente para evitar la acumulación de fuerzas por el partido comunista. Además, la burguesía no vacila en llevar a cabo la acción represiva afuera del marco de la ley y también la viola abiertamente cuando ella resulta ser un obstáculo para un control efectivo de las fuerzas del movimiento comunista. El partido de hecho tiene que evitar, con una conducta táctica adecuada, la batalla decisiva (como una insurrección) hasta cuando las fuerzas revolucionarias no se hayan acumulado para sobresalir las fuerzas de la burguesía imperialista.

No es suficiente crear una organización clandestina “junto a la organización legal”. Es el partido que tiene que ser clandestino. Es la organización clandestina que tiene que dirigir organizaciones legales y garantizar la continuidad y la libertad de acción del partido. El partido comunista debe ser un partido clandestino y desde su clandestinidad debe promover o apoyar, dirigir, orientar o tener alguna influencia en todos los movimientos legales que son necesarios y útiles para la clase obrera, el proletariado y las masas populares. El partido comunista clandestino debe dar a conocer lo más ampliamente posible entre la clase obrera y las masas su existencia, sus objetivos, su concepción, su análisis de la situación, su línea; en cambio debe ocultar a la burguesía su estructura, su funcionamiento y sus miembros. Esta es la lección de la primera oleada de la revolución proletaria para los países imperialistas.

La experiencia ha demostrado que los partidos comunistas para cumplir con éxito su tarea en los países imperialistas deben combinar las actividades legales con actividades ilegales, en el sentido preciso que la actividad ilegal dirige y es la base y dirección de la legal; que la actividad ilegal es principal y la actividad legal está subordinada a ésta; que la actividad ilegal es absoluta y la actividad legal está acondicionada por la correlación de fuerzas entre la clase obrera y la burguesía imperialista y otras condiciones concretas; que la actividad legal depende del plan general de la guerra del partido comunista y de las decisiones que la clase dominante considere oportunas por sí misma. (142) La experiencia también ha demostrado que este tipo particular de combinación de actividades ilegales con actividades legales no debe ser hecha por los partidos comunistas sólo en los países donde “debido al Estado de sitio o de las leyes de emergencia” la burguesía ha limitado la actividad legal: hay que hacerla en cada país, antes que la burguesía ponga en marcha el Estado de sitio o las leyes de excepción, antes que la burguesía imponga a la actividad política del proletariado límites legales más estrictos que aquellos impuestos a cada grupo de la clase dominante o en cualquier caso antes que imponga límites más estrictos a los actualmente vigentes.

La tercera de las 21 condiciones de admisión a la Internacional Comunista había sido formulada para iniciar la transformación en partidos bolcheviques (bolchevización) de los viejos partidos socialistas, como el PSI, que se había sumado a la Internacional Comunista porque hacia esta les obligaba a seguir la tendencia general que se desarrolló entre las masas, pero cada uno de ellos permanecia absolutamente inadecuado para ser la dirección de las masas en el movimiento revolucionario de su país. (143) La Internacional Comunista adoptó la tercera de las 21 condiciones para corregir la “insuficiencia revolucionaria” evidenciada por los acontecimientos de 1914 de los viejos partidos socialistas que en 1919 hacían cola para unirse a la Internacional Comunista. Pero había sido formulada en términos conciliatorios, con concesiones a las resistencias presentes en estos partidos para transformarse de manera adecuada a las tareas de la época. En conclusión, la experiencia ha demostrado que la tercera condición para la admisión a la Internacional Comunista fue inadecuada. Apoderandose de ella, en los países imperialistas los partidos comunistas que nacieron después de la Primera Guerra Mundial mostraron la incapacidad de hacer frente a sus tareas, incluso para la concepción reductiva, subordinada de la actividad clandestina que en ellos dominaba y que la tercera condición incorporaba.

Se deduce que concebir la actividad del partido comunista como estratégicamente legal, considerar la legalidad como la regla y la clandestinidad como la excepción que entra en acción en casos de emergencia, no prevenir el momento en que la burguesía intenta destruir el partido, no construir el partido en perspectiva y en acuerdo a la guerra civil, significa no ajustarse a las leyes de la revolución proletaria en los países imperialistas. Los partidos comunistas que se han portado así han pagado duras lecciones: hace falta simplemente reflexionar sobre la historia del partido comunista italiano, alemán, español, francés, estadounidense, japonés, etc.

La clandestinidad no impide el desarrollo de una amplia actividad legal, utilizando todas las condiciones. De hecho hace posible todo tipo de trabajo legal. También hace posibles actividades legales que un partido comunista legal no es capaz de cumplir. También hace posible las actividades menos “revolucionarias”, que se convierten en instrumento para atar organizativamente al campo de la revolución incluso las partes más atrasadas de las masas populares e influir en ellas, que se convierten en herramientas para fortalecer la clandestinidad.

Por otro lado, la clandestinidad no se improvisa. Un partido construido por la actividad legal o principalmente por la actividad legal y que sufre la iniciativa de la burguesía, está difícilmente en condiciones de responder con eficacia a la acción de la burguesía que lo pone fuera de la ley, que lo persigue. Un partido legal tampoco es capaz de resistir con eficacia al control, la persecución, la infiltración, la corrupción, la intimidación, el chantaje, las acciones terroristas de la contrarrevolución preventiva, la “guerra sucia”, la “guerra de baja intensidad” y a el resto del arsenal con lo que está equipada la burguesía de los países imperialistas para oponerse al avance de la revolución proletaria. Un partido legal es incapaz de recoger y formar las fuerzas revolucionarias que el movimiento de la sociedad genera gradualmente e involucrarlas progresivamente en la lucha para abrir el camino con el objetivo de avanzar en el proceso revolucionario, en esto modo entrenando y formando a estas fuerzas. Un partido legal no es capaz de discutir y analizar en profundidad las experiencias y sus consignas y luego desarrollar una estrategia y táctica correcta para llevarlas a las masas populares. (144)

Por lo tanto, el partido comunista debe ser una dirección clandestina de todo el movimiento de la clase obrera, el proletariado y el resto de las masas populares. La línea de masas (*) es el método para dirigir también los movimientos que todavía no quieren ser dirigidos por el partido. El partido comunista debe ser un partido que se construye en clandestinidad y desde la clandestinidad teje su “telaraña” y mueve sus múltiples actividades en todos los campos. Debe ser un partido que es estratégicamente clandestino (entonces tiene en la clandestinidad su base estratégica), pero asigna una parte de sus miembros clandestinos a realizar tareas en la lucha política legal, en el trabajo legal de la movilización de las masas y crea todas las estructuras legales que la situación permite crear. La relación numérica entre las dos partes, las y los camaradas que se dedican exclusivamente a la actividad clandestina y los clandestinos y las clandestinas que se dedican a las actividades legales, difiere de acuerdo a las situaciones concretas. Actualmente y por un tiempo aún no determinado en nuestro país la relación será muy a favor de los clandestinos y las clandestinas que se dedican a las actividades legales.

El nuevo partido comunista italiano debe ser una dirección estratégica clandestina. Pero en nuestro país, la clase obrera y las masas populares no desarrollan la gran mayoría de su actividad política, económica y cultural en clandestinidad. Ellos sacan beneficio de la viabilidad política que el movimiento comunista ha impuesto a la burguesía con la victoria de la Resistencia antifascista. Una viabilidad que la burguesía imperialista ha restringido y limitado, pero que todavía no se ha atrevido a suprimir. Así que sólo unos pocos trabajadores hoy están dispuestos a participar en el trabajo clandestino. La actividad de defensa y ataque de los trabajadores se realiza en gran parte a la luz del sol, con actividades toleradas por la burguesía. La burghesia las desalienta y las dificulta, pero no se atreve a prohibirlas. La clase obrera debe aprovechar y debe dirigir a las masas para utilizar plenamente los espacios de libertad política conquistados con la Resistencia y con las luchas de los años siguentes y empujar, también desde este espacio, la burguesía a desenmascararse, desafiarla para que limite estas libertades revelando así sus verdaderos intereses. La práctica ha enseñado y enseña que es totalmente inconsistente cada intento (hecho con el ejemplo y con la propaganda) de inducir a los obreros y las masas populares a abandonar el ámbito de la actividad legal. La desviación militarista de las Brigadas Rojas y las sociedades secretas (*) (que se proclaman sus herederos y que las imitan en esta como en otras desviaciones, no permitiendo la situación de imitarlas en su rol positivo), también se manifiesta en los vanos intentos de este tipo. Cada intento de este genero sólo conduce a dejar el campo libre a los revisionistas, los economicistas, la burguesía. Sólo paso a paso que la burguesía prohibirá la realización legal de actividades políticas y culturales que desde la victoria de la Resistencia hasta ahora las masas populares desarrollan legalmente e ilegalizará, perseguirá, etc. quien sigue llevandolas legalmente (y está seguro que la burguesía llegará a eso: basta ver el “progreso” que ya ha hecho en este camino hasta con la libertad de huelga, la expresión del pensamiento y la propaganda, la representación en las asambleas electivas: la burguesía no tiene otro camino, aunque por experiencia conozca los peligros y haga mil esfuerzos para no empezarlo); solo a medida que el progreso de la actividad del partido comunista, la clase obrera y las masas populares, su resistencia organizada contra el desarrollo de la crisis y la guerra de exterminio que la burguesía imperialista conduce contra las masas populares, sus incursiones en la lucha política burguesa para prevenir la actuación teatral fraudulenta que la burguesía presenta a las masas, despertarán una poderosa contrarrevolución en contra de la cual, sin embargo, el partido comunista se levantará; sólo entonces, sobre la base de su experiencia, la clase obrera, el proletariado y las masas populares movilizarán una parte creciente de sus luchas y sus fuerzas en la guerra, que sólo en aquel momento se volverá en la principal forma en la que puedan expresarse y en la cual el partido será capaz de dirigirlas victoriosamente.

El partido comunista de Italia a principios de los años veinte tenía un aparado clandestino, pero no la dirección clandestina. En 1926 fue prohibido: se convirtió en ilegal porque forzado y conseguiendolo bastante fácil gracias a la ayuda de la Internacional Comunista, pero perdió su dirección (Antonio Gramsci). Luego, en julio de 1943 no se aprovechó del colapso del fascismo para construir un ejército: se fundó en una alianza con los partidos democráticos para una transición pacífica desde el fascismo a un nuevo régimen burgués. En septiembre de 1943 dejó a dispersar el grueso del ejército constituido por los proletarios en armas porque todavía no era capaz de darles una dirección concreta y no se aprovechó el vacío de poder y el material militar que la fuga del rey y de la mayoría de los altos mandos militares habían puesto a disposición de quien sabían aprovechar de ello. Sólo en los meses siguientes el partido pondrá la guerra en primer lugar, creará sus propias formaciones armadas antifascistas y antinazis y obligará a seguirlo sobre este campo todas las demás fuerzas políticas que no quisieron perder el contacto con las masas, y que querían tener un rol en el posguerra. (103)

El KPD (Partido comunista alemán) en el curso de los años ’20 intentó varias insurrecciones (no por casualidad fracasadas) y en 1933 dejó detener su dirección (Ernst Thaelmann); guardó organizaciones clandestinas, pero no logró movilizar en el campo de la guerra ni los obreros comunistas (aunque el KPD había tenido 5.000.000 de votos en las últimas elecciones de 1933), ni los obreros socialdemócratas, ni los judios, ni los otros sectores de la población que también eran perseguidos a muerte por los nazis.

El PCF (Partido comunista francés) en 1939 (el gobierno francés declaró la guerra a Alemania el 1 de septiembre) se encontró en condiciones tales que miles de sus miembros fueron presos por el Gobierno francés, junto con otros miles de antifascistas y la organización del partido se perdió casi en su totalidad. ¡M. Thorez, secretario del PCF, respondió a la llamada a las armas del gobierno burgués! A principios de junio de 1940, el PCF “pidió” al gobierno Reynaud armar al pueblo contra los ejércitos nazis que desbordaban en Francia a partir del 10 de mayo y por supuesto la respuesta fue el decreto con el cual el gobierno “francés” decidió que cualquier “francés” dueño de armas de fuego tenia que entregarlas a la policía. Sólo con la ayuda de la Internacional Comunista desde julio de 1940 en adelante, después que los contrastes entre los grupos imperialistas franceses habían desembocado en la guerra civil entre ellos (la Proclamación de De Gaulle desde Londres es del 18 de junio 1940), el PCF reconstruirá con heroísmo y tenacidad su organización y sólo a partir de 1941, poco a poco se hizo cargo de la guerra revolucionaria como principal forma de actividad.

¿Que lección debemos tomar de toda esta experiencia histórica? Que hoy tenemos que construir el nuevo partido comunista empezando por la clandestinidad. La clandestinidad es una cuestión estratégica, no táctica. Es una decisión que tenemos que tomar hoy para estar a la altura de tratar correctamente nuestras tareas y hacer frente a las tareas del mañana. La guerra popular revolucionaria prolongada es la estrategia del nuevo movimiento comunista y hoy guía nuestras actividades. Las luchas pacíficas son un aspecto de la táctica del movimiento comunista y hoy en día son la actividad más practicada por las masas populares. No hay que sufrir la iniciativa de la burguesía, ni esperar que la movilización de las masas preceda el partido. Debemos tomar la iniciativa, preceder a la burguesía y preparar a nuestras actuales pequeñas fuerzas para que sean capaces de recibir, organizar, entrenar y dirigir hacia la lucha las fuerzas que el curso de la crisis general del capitalismo produce espontáneamente entre las masas, pero con la fertilidad que es y será reforzada por la existencia del trabajo de masas del partido comunista.

El partido comunista es clandestino, pero no es una sociedad secreta. Es diferente de las diversas sociedades secretas que viven y actúan en nuestro país. Después de la derrota sufrida por las Brigadas Rojas en los años ’80, algunos camaradas, en lugar de criticar la desviación militarista que había generado la derrota y luego recoger las fuerzas residuales y hacerlas participar en la construcción del partido comunista, han formado una serie de “sociedades secretas”. (145) En ese momento, la burguesía estaba tratando de consolidar su victoria y la derecha del movimiento revolucionario (Toni Negri & C), que representaba su intereses, fue para la liquidación de la organización revolucionaria y el retorno a la “lucha legal”. Lo que la burguesía estaba tratando de lograr con las persecuciones, con las torturas, con el régimen especial de prisión y con los premios a los delatores (“arrepentidos” o “disociados”), la derecha del movimiento lo respaldó con la línea de la liquidación. Se debe reconocer a los compañeros que han formado sociedades secretas que ellos se opusieron a la derecha y a la liquidación de la organización revolucionaria. Este es el lado positivo de su acción. El lado negativo es que han tratado y están tratando de resucitar lo que la práctica ha demostrado que no era vital. Las sociedades secretas pretenden que las Organizaciones Comunistas Combatientes (OCC) reemplacen, algunos dicen temporalmente otros dicen de forma indefinida, las organizaciones de la clase obrera (la teoría de la “suplencia”). Tratan de hacer lo que la clase obrera, el proletariado y el resto de las masas populares por el momento no están dispuestos a hacer. No han entendido ni las razones del éxito de las Brigadas Rojas, ni las razones de su derrota. La teoría de la “suplencia” es el resultado de la falta de confianza en el potencial revolucionario de las masas y la práctica de las sociedades secretas, en la medida en que tiene un efecto político, alimenta esta desconfianza.

El partido comunista no asume la tarea quijotesca de hacer la guerra civil contra la burguesía en lugar de la clase obrera, el proletariado y el resto de las masas populares, para “compensar” la “falta de fervor revolucionario de las masas populares”. La experiencia del movimiento comunista ha demostrado en varias ocasiones que son la clase obrera, el proletariado y el resto de las masas populares, y no el partido comunista, que conducen y pueden conducir una guerra civil victoriosa contra la burguesía imperialista. La tarea del partido comunista es recoger, formar, organizar, dirigir a la clase obrera, el proletariado, el resto de las masas populares para hacer la revolución. Hoy su trabajo de masas es movilizar a la clase obrera, el proletariado, el resto de las masas populares para cumplir un movimiento práctico que dará lugar a una guerra civil victoriosa contra la burguesía imperialista, en el marco de la segunda oleada de la revolución proletaria que avanza en en todo el mundo.


¿Es posible construir un partido comunista clandestino en las condiciones actuales de contrarrevolución preventiva y fuera de las condiciones de una guerra general? ¿No es fatal que la burguesía imperialista es capaz de evitar la existencia del partido comunista clandestino, de cortar de raíz cualquier esfuerzo para construirlo?

La construcción del partido comunista en la clandestinidad es una empresa necesaria y posible, aunque sea una tarea difícil, porque es una nueva empresa y en la que, debido a la falla producida por los revisionistas modernos, sólo podemos en mínima parte hacer buen uso de la riqueza de la experiencia acumulada por los partidos de la primera Internacional Comunista. En nuestro país también podemos sin embargo hacer un buen uso de la experiencia de las Brigadas Rojas y las mismas sociedades secretas. Sin embargo derrotas y retrocesos son posibles, probables, a tener en cuenta. No podemos ni hoy ni en futuro evitarlos por completo. Nuestra victoria es levantarse después de cada derrota, es nunca dejarnos eliminar por completo, aprendiendo de los errores cometidos.

La clase obrera ha tenido en el pasado partidos clandestinos en diferentes circunstancias: en la Rusia zarista, en la China nacionalista, en la Italia fascista y en muchos otros países. Los revisionistas modernos han alimentado y alimentan la imagen terroristica de la burguesía todopoderosa para quitar a la clase obrera una herramienta indispensable para su lucha revolucionaria. “Dios está en todas partes”, “Dios lo ve todo”, “Dios puede hacer cualquier cosa”, dicen los curas; los voceros de la burguesía y los revisionistas han sustituido estas viejas frases amenazantes de los sacerdotes con “La CIA lo ve todo, en todas partes, todo lo puede”, “No se mueve una hoja que la CIA no quiera” ¡y han promovido un carro destartalado de asesinos, espías y mercenarios sedientos de dinero y carrera al rol de Dios todopoderoso! Si los movimientos revolucionarios en los EE.UU. no han podido desarrollarse, según ellos, la culpa es de la CIA y el FBI. Si las Brigadas Rojas han sido derrotadas, es “mérito del Estado que en algún momento comenzó a enfrentarlas en serio”. Etcétera. La omnipotencia de la clase dominante siempre ha sido un tema de la propaganda terrorista de la misma clase dominante y una justificación tanto por los oportunistas como por los derrotados que no quieren reconocer sus errores y hacer la autocrítica. Si la ferocidad y la inteligencia de las clases dominantes pudieran detener al movimiento para la emancipación de las clases oprimidas, la historia todavía se detendría a la esclavitud. La sociedad burguesa está llena de contradicciones, tiene en ella muchos factores de inestabilidad, su funcionamiento necesita en un número ilimitado de tráficos y movimientos y para su funcionamiento, la burguesía se ve obligada a hacer uso de las masas, la que al mismo tiempo pisotea: entonces es una sociedad que más de las otras sociedades de clases anteriores presenta aspectos favorables a la actividad de las clases oprimidas, que estén decididas a luchar. La actividad clandestina que todos los partidos revolucionarios debían y deben conducir también en los países imperialistas (incluso si se profesan legales y condenan la clandestinidad y luego la conducen en una manera auxiliar y poco profesional), así como la experiencia de las Brigadas Rojas y sociedades secretas, confirman que una organización clandestina puede existir en los países imperialistas a pesar del régimen de contrarrevolución preventiva, incluso en los países que no participan en una guerra de agresión externa, en tiempos de “paz”.

La posibilidad que un partido comunista pueda formar y operar clandestinamente depende en última instancia de su vínculo con las masas, y esto a su vez depende de la línea política del partido: si es o no conforme a las condiciones reales y concretas del choque que las masas están viviendo aunque ellas tengan de esto una conciencia limitada. Aquí está la clave del éxito o derrota de un partido comunista. Aunque cuando la represión es feroz y generalizada, nunca ha sido capaz de evitar la existencia y obra de un partido comunista determinado por una línea justa, y apoyado a la reserva inagotable de energía y recursos de todo tipo constituida por la clase obrera, el proletariado y las demás masas populares.

 

3.5. El Plan General de Trabajo (PGT)


La tarea del (nuevo)Partido comunista italiano es conducir la clase obrera a hacer de Italia un nuevo país socialista y dirigir, a partir de este resultado, el resto de las masas populares en la transición del capitalismo al comunismo. El (n)PCI realiza esta tarea contribuyendo así a la revolución proletaria mundial. La estrategia del partido es la guerra popular revolucionaria prolongada. Actualmente estamos llevando a cabo la primera fase: la defensiva estratégica. Nuestra tarea en esta fase es la acumulación de las fuerzas revolucionarias. Nuestro trabajo en esta etapa se divide en dos campos básicos.


1. La consolidación y el fortalecimiento del partido

El partido debe estar en condiciones de seguir existiendo, cualesquiera que sean los esfuerzos de la burguesía para destruir o restringir sus actividades; seguir aumentando el número y mejorar la calidad de sus organizaciones y sus actividades; unir a las masas, movilizarlas y organizarlas (hacer de toda lucha de masas una escuela de comunismo); construir, consolidar y fortalecer las organizaciones de masas; tomar la dirección a través de la línea de masas de las organizaciones de masas que ya existen, en particular de los actuales sindicatos de régimen, principalmente haciendo palanca en los intereses y las aspiraciones de la masa de sus miembros, movilizando la izquierda para que aísle la derecha, uniendo a si misma el centro y atreviéndose a dirigir. El partido debe estar en condiciones de seguir, cualesquiera que sean los esfuerzos de la burguesía para destruir o limitar sus actividades, a reunir experiencias, ideas y estados de ánimo de las masas, procesarlas con crescente habilidad a la luz del marxismo-leninismo-maoísmo y traducirlas en líneas, consignas, directrices, métodos para llevarlas a las masas a que las asimilen y apliquen; a seguir desempeñando la mayor cantidad de actividades de orientación, organización y dirección de las masas populares; a seguir ejerciendo y ampliando su influencia en el movimiento de las masas y la sociedad entera.

Por lo tanto, el partido debe dirigir constantemente las fuerzas que recoge con el fin de fortalecer su estructura clandestina central, mejorando la división del trabajo, creando reservas (de medios, herramientas, dinero, recursos de todo tipo) y formando un número creciente de camaradas en cada campo del trabajo clandestino.

El fortalecimiento de la estructura clandestina central va junto con la multiplicación de los Comités del Partido de base (células) e intermedios, especialmente de las celulas de empresas. La consigna “¡Construir en cada empresa, en cada área de residencia, en todas las organizaciones de masas un Comité de Partido clandestino!”, es el trabajo que tenemos que hacer en estos años. El (nuevo) Partido comunista italiano será el real Estado Mayor de la clase obrera que lucha contra la burguesía imperialista sólo cuando será capaz de guiar y dirigir el movimiento práctico de la clase obrera. Para este fin, por lo menos una parte importante de los obreros avanzados deben ser miembros de los Comités del Partido: el número de los obreros avanzados miembros del partido es la medida del progreso del partido hacia el logro de su rol de Estado Mayor de la lucha de la clase obrera contra la burguesía imperialista.

En esta etapa las principales tareas de cada Comité de Partido (CdP) son: actuar de manera clandestina, mantener conexiones con el centro, formar sus miembros, reclutar nuevos miembros, hacer trabajo de masas, en primer lugar orientación y dirección de las organizaciones de masas.


2. El trabajo de masas del partido

En estos años el partido desarrollará a través de las actividades de su Centro y las actividades de sus CdP, el trabajo de masas que consiste en promover, organizar, orientar y dirigir la lucha de las masas populares en cuatro frentes. Son cuatro frentes atados entre ellos, que se desarrollan en la dialéctica entre ellos: el desarrollo de un frente favorece el desarrollo de los demás, un frente no puede desarrollarse sin el desarrollo, en alguna medida, de los otros.


Primer frente: la resistencia a la represión, la lucha contra la represión y la solidaridad. La movilización de las masas en la lucha contra la represión y en solidaridad con las organizaciones y las personas blancos de las medidas represivas de la burguesía, con el objetivo principal de fortalecer la capacidad de las masas populares y sus organizaciones para resistir a la represión, para aumentar la resistencia moral e intelectual a la represión, para desarrollar la conciencia de clase, la conciencia del coche antagónico de intereses y la conciencia de la lucha que oponen las masas populares a la burguesía imperialista y en segundo lugar con el objetivo de limitar, obstaculizar e impedir la actividad represiva de la burguesía. El partido tiene que apoyar a todas las organizaciones que proponen estos objetivos y traer todas sus luchas particulares en una sola corriente que una y fortalezca las masas populares.


Segundo frente: la movilización de las masas populares para intervenir en la lucha política burguesa, con el objetivo principal de promover la acumulación de fuerzas revolucionarias y en segundo lugar, con el objetivo de mejorar las condiciones de vida y trabajo de las masas populares y ampliar sus derechos, para profundizar y explotar las contradicciones entre los grupos y las fuerzas de la burguesía imperialista. La forma más rápida y más eficaz para destruir toda confianza e ilusión en las masas populares acerca de la fiabilidad y utilidad de la actuación en el teatro de la política burguesa, es movilizar a las masas para irrumpir en el escenario de ese teatro.


Tercer frente: la movilización de las masas populares en las luchas reivindicativas, en la defensa sin reservas de las conquistas arrancadas a la burguesía en el curso de la primera oleada de la revolución proletaria, en la lucha por la ampliación de los derechos y por el mejoramiento de las condiciones de vida y trabajo de las masas. El principio-guía fundamental del trabajo en este frente es “hacer de cada lucha una escuela de comunismo”.


Cuarto frente: la movilización de las masas populares para construir las herramientas y los organismos autónomos de la burguesía (las “casas del pueblo”, los centros comunitarios, cooperativas, círculos culturales, cajas de ayuda mutua, asociaciones deportistas y recreativas, etc.) útiles para satisfacer directamente, sin depender del mercado de la burguesía imperialista y su Administración Pública, sus necesidades, y ampliar su participación en el desarrollo y al disfrute del patrimonio cultural de la sociedad. El principio-guía fundamental del trabajo en este frente es “hacer de cada iniciativa una escuela de comunismo”.


El trabajo del partido sobre estos cuatro frentes, combinado con la continuación de la crisis general del capitalismo, con la actividad de la burguesía imperialista y el renacimiento del movimiento comunista internacional, dará lugar a la recogida de las fuerzas revolucionarias en el frente de las organizaciones y de las clases revolucionarias, y al aumento de la calidad de las fuerzas revolucionarias de la clase obrera que aprenderán a dirigir el proletariado y el resto de las masas populares. Esto hará más amplia y más aguda la lucha de las clases oprimidas contra la burguesía imperialista y determinará su despliegue cresciente en un frente en oposición al campo de la burguesía imperialista, dará paso a la dirección de la clase obrera para establecerse en el campo del movimiento de las masas populares, crearán las condiciones para la transición de la primera a la segunda fase (*) de la guerra popular revolucionaria prolongada.

 

Capítulo IV

Programa para la etapa socialista


La clase obrera en el curso de la lucha contra la burguesía imperialista por el poder, antes del establecimiento del socialismo, tomará todas las medidas posibles para promover la más larga y profunda movilización anticapitalista y la más larga y profunda organización de las masas populares en el marco del frente anticapitalista; todas las medidas que promuevan el despliegue máximo de la energía de las masas en la lucha para resolver los problemas actuales de su vida y eliminar la dominación de la burguesía imperialista; todas las medidas que permitan una mayor educación de las masas populares, a través de su experiencia, para resolver sus problemas por sí mismas y así gobernarse. (146)

Después de tomar el poder y del establecimiento del socialismo, la clase obrera utilizará el poder conquistado para proceder a las transformaciones que permitan el despliegue más amplio posible de la iniciativa de las masas populares y para dirigir la transformación de las relaciones de producción, el resto de las relaciones sociales y las concepciones y sentimientos derivados de las viejas relaciones. El modo más rápido, más eficaz, menos doloroso y menos destructivo donde las grandes masas pueden aprender a gobernarse ellas mismas y gobernar todo el país es comenzar a gobernar. La clase obrera y su partido comunista deben apoyar y promover su movilización, organizarlas y dirigirlas hacia este objetivo. (147)

Aunque difícil puede ser el aprendizaje por las masas y aunque pueden ser muchos los errores que cometen, no hay otra manera con que las masas populares puedan tomar el control de su destino, que la dominación de clase burguesa ha mantenido lejos desde los “asuntos serios”, los “asuntos delicados” que deciden de sus vidas, aquellas masas que la burguesía ha intentado en todo modo de corromper y embrutecer. Ni la clase obrera puede depender de otro para proceder en su propia emancipación y poner fin a toda la explotación del hombre por el hombre, la división en clases de explotadores y explotados, y la existencia del Estado. La historia de los países socialistas ha demostrado que las masas organizadas y dirigidas por la clase obrera aprenden rápidamente a manejar sus asuntos mejor que cualquier congrecación de funcionarios burgueses. (148)

Estas son las principales medidas por las cuales el partido está luchando de modo que se lleven a cabo de inmediato en el momento que la clase obrera tome el poder. No son aspiraciones arbitrarias o aleatorias. Son transformaciones objetivamente necesarias y tendencia positiva de la sociedad actual, medios para llegar a la solución de sus actuales desgarradoras contradicciones. Nuestro programa no prescribe lo que las masas populares tienen que hacer: su propósito es hacer que el partido sea capaz de ayudar a la clase obrera, el proletariado y el resto de las masas populares a extraer lecciones correctas desde la experiencia de su movimiento práctico. Contiene principios, criterios y medidas para reorganizar racionalmente, al servicio de las masas populares las fuerzas productivas materiales y espirituales que ya existen hoy, inmediatamente hacer más digno posible el trabajo necesario y obligatorio para todos, crear las condiciones de la transición gradual posterior del capitalismo al comunismo. (149)

 

4.1. La dictadura del proletariado


1. En cada nivel (central, regional, provincial, municipal, local, de unidad de producción, empresa, escuela, institución, etc.) todo el poder (legislativo, ejecutivo, judicial, económico, militar, policial, cultural, educativo, etc.) pertenece a un Consejo único (Asamblea, Cámara), integrado por delegados elegidos y revocables en cualquier momento y sin excepción por sus electores. Cada Consejo nombrará y revocará sus órganos de trabajo.


2. Circunscripciones electorales son las unidades de trabajo, empresas, escuelas, instituciones, etc. Cuando éstos son muy pequeños para expresar un delegado, se agrupan sobre una base territorial. Tienen derecho a voto todos los que realizan un trabajo socialmente útil, reconocido como tal por la comunidad, independientemente de su edad, sexo, nacionalidad, religión, idioma, etc. Están excluidos sólo aquellos que, habiendo reconocido como enemigos de clase, las masas populares han privado expresamente de los derechos políticos.


3. Autogobierno en todos los niveles (regional, provincial, municipal, local, unidad de producción, empresa, escuela, institución, etc.). Eliminación de cualquier autoridad local designada desde arriba. Los Consejos de nivel inferior eligen a sus delegados (revocables) al Consejo de nivel superior, hasta el gobierno central. El sistema de los Consejos funciona según el principio del centralismo democrático.


4. Organización general de las masas y cumplimiento directo por parte de las organizaciones de masas de las tareas de organizar y gestionar los aspectos de la vida local: la economía, la cultura, la salud, la educación, la administración de la justicia, el orden público, la defensa del territorio, la lucha contra la contrarrevolución, la milicia territorial, la política, la administración de la justicia, etc.


5. Elección y revocabilidad en todos los niveles de los jueces, los funcionarios de la Administración Pública, las fuerzas armadas y policía, dirigentes, maestros y cualquier persona designada para llevar a cabo las tareas pública.


6. Las funciones de la policía y las fuerzas armadas se llevan a cabo por toda la población que goza de los derechos políticos. Cuerpos especiales y profesionales se harán sólo para luchar contra la reacción y la contrarrevolución y para defenderse de los ataques. Operan en apoyo de las masas y a las masas dan cuenta de sus actividades.


7. Quien sea designado con el objetivo de llevar a cabo una función pública, es pagado para esto. El salario de los delegados de todos los niveles como lo de los funcionarios públicos no puede exceder el nivel del salario de un obrero de nivel superior. Todas las atribuciones de locales, transporte y otros recursos relacionadas con el ejercicio de la función de los delegados son públicas, en relación con la función y no pueden ser de ninguna manera su propiedad personal. Los delegados no gozan de ninguna inmunidad: cada ciudadano puede someterlos a juicio delante de sus electores o del Consejo que los ha delegado.


8. Disolución de todos los órganos corrientes del Estado, de su Administración Pública a todos los niveles (gobierno, consejos locales, juntas, estructuras educativas, centros de salud, seguridad social, asistencia social, etc.), sus fuerzas armadas, sus fuerzas policiales de todo tipo, asociaciones de armas, órdenes caballerescas y congregaciones, asociaciones de la clase dominante, sus asociaciones profesionales y todas sus formas de agregación.

Abolición de los títulos de nobleza y desembolsos de dinero relacionados con el título de nobleza o posición social, inmunidades y privilegios asociados. Abolición de todas las instituciones y privilegios feudales supervivientes (Vaticano, iglesias, comodidades episcopales y beneficios a los obispos, parroquias, etc. y que deberían servir a fines benéficos, organizaciones benéficas, masonería, órdenes, etc.). Anulación del Concordato y pactos con los que el fascismo en el interés de la burguesía imperialista ha constituido el Vaticano y que el régimen DC renovó.

A las personas que trabajan en los cuerpos disueltos se asegura lo suficiente para vivir y ellos están empleados en trabajos adecuados a sus capacidades y a las necesidades de la sociedad.


9. Revocación de todos los derechos políticos y civiles de todos los miembros de la vieja clase dominante. Represión de cualquier intento de la burguesía de restaurar su poder y sus privilegios, de usar su autoridad moral y sus medios para influir en las masas y la vida social.


10. Separación absoluta de la Administración pública y el Estado de las iglesias. Igualdad de derechos para todos los cultos. Libertad de practicar cualquier religión y culto. Libertad de no profesar ninguna religión y propagar el ateísmo.


11. Eliminación de todas las bases extranjeras y la presencia de las fuerzas armadas y los cuerpos de policía y espionaje extranjeros. Cancelar todos los tratados hechos por el antiguo régimen, incluidos los que crean el nuevo “espacio vital” de los grupos imperialistas franco-alemanas (UE, BCE, etc.). La expulsión de todos los representantes oficiales y representantes de todo tipo de Estados extranjeros que no cumplan con las disposiciones de las nuevas autoridades, que buscan de alguna manera influir en las masas y la vida social, o cuya presencia ya no es necesaria. Está prohibido para todos los ciudadanos italianos mantener relaciones con Estados o administraciones públicas extranjeras sin hacer pública la relación.

Colaboración con los movimientos revolucionarios y progresistas de todo el mundo.


4.2 Estructura de la sociedad


12. Destrucción de la red de relaciones financieras que, combinando los ahorros de millones de personas con el capital financiero de la burguesía imperialista, ahoga las actividades económicas prácticas, reales. Supresión de préstamos, hipotecas y deudas a los bancos, el Estado y la burguesía imperialista. Supresión de los intereses sobre las deudas entre los miembros de las masas populares. Supresión de deudas y créditos extranjeros. Supresión de las propiedades financieras de la burguesía imperialista. Transformación de la riqueza financiera de la clase media y de los trabajadores en ahorros que no crean intereses que los propietarios puedan utilizar como un ingreso adicional o diferido, en el poder adquisitivo constante. Protección de los ahorros de los trabajadores, de las pensiones y cualquier otro medio de subsistencia y garantía constituido por los trabajadores.

Cambio de la moneda y custodia de su emisión y gestión por parte de un único banco. Reducción del dinero como única función de medio de intercambio y medida del consumo individual, con la abolición de todas las demás funciones que hoy en día el dinero juega (fuente de interés, capital, etc.).

Nacionalización de la totalidad del patrimonio artístico, las riquezas y los bienes muebles, de la tierra, del subsuelo y del agua (estanques, arroyos y ríos, manantiales, lagos, etc.). Máxima valorización de todo para mejorar las condiciones materiales y espirituales de las masas.


13. Eliminación sin compensación de la propiedad de los grandes capitalistas de la industria, la agricultura, el comercio, el transporte, la investigación, etc.

Constitución en cada unidad productiva expropiada de una dirección que combine la iniciativa de los trabajadores de la unidad con la dirección general de la clase obrera en el país, el particular con el general. Dirección de las empresas de acuerdo con un plan nacional y según planes locales que asignan tareas y recursos y definen el destino de los productos.


14. Selección y sustitución de los funcionarios y servidores públicos sobre la base de la capacidad individual y colectiva para satisfacer las necesidades de las masas y movilizarlas para mejorar sus condiciones.

Protección de la propiedad individual de los trabajadores autónomos, apoyar e impulsar la aplicación de tecnologías avanzadas, más seguras, más higiénicas, más limpias y más productivas. Órdenes y entregas planificadas a las empresas individuales y certeza del abastecimiento.

Transformación voluntaria y gradual de las empresas económicas familiares e individuales, y otras con carácter todavia escasamente colectivo en empresas cooperativas.


15. Planificación nacional de la utilización de los recursos, del cuidado y formación de los recursos naturales, de la producción de cada unidad productiva, de la distribución de productos y del intercambio con países extranjeros. Intercambios económicos con todos los países sobre la base del interés mutuo y respeto por la independencia nacional.

Movilización de las masas contra la contaminación ambiental, el derroche de energía y el desperdicio de recursos materiales y para mejorar la calidad higiénica y funcional de los productos.


16. Cada persona tiene que realizar un trabajo socialmente útil, excepto los reconocidos no aptos a trabajar por edad, enfermedad o discapacidad. Al mismo tiempo, tenemos que desarrollar todas las condiciones (técnicas, organizativas y científicas) para asegurar que las personas con discapacidad desempeñen, a pesar de la desventaja que llevan, un trabajo socialmente útil. El trabajo doméstico debe ser tratado como un trabajo socialmente útil, volviéndolo más colectivo posible (comedores, lavanderías, reparaciones del hogar, etc.) y también realizado por los hombres: todo esto con el objetivo de poner fin al aislamiento y marginación de las mujeres.

Cada persona recibe un ingreso de forma individual, de acuerdo con las medidas definidas en proporción a la cantidad y calidad del trabajo realizado, evaluado por los colectivos de trabajo y las conferencias de los trabajadores a nivel local, regional y nacional. Para las personas que, por razones válidas, no desempeñan un trabajo socialmente útil (niños, estudiantes, personas mayores, discapacitados, etc.) es atribuido un ingreso que debe ser la base material para que las mujeres se emancipen de los hombres, los niños y los jóvenes de sus padres, etc.

Sobre esta base, será fácil eliminar, por obra de la misma población, todas las actividades criminales, la especulación, corrupción, conspiración, etc.


17. Limitación de la jornada de trabajo obligatorio, aplicando la obligación general al trabajo. Hoy más de la mitad de la capacidad de trabajo de la población se desperdicia: no es utilizada, utilizada en actividades socialmente no útiles o subutilizada.

Prohibición de las horas extras de trabajo y del trabajo nocturno, salvo en los casos en los que es técnicamente necesario. Limitar el número de años que una persona puede ser empleada en trabajos nocivos. Rotación en trabajos nocivos, agotadores y dolorosos. Interdicción de las relaciones laborales no declaradas públicamente.

Valorización en todos los campos del trabajo voluntario implementando en gran escala lo que las masas ya han empezado a hacer en la sociedad burguesa. Distinción entre el trabajo voluntario y el trabajo obligatorio para todos (lo que cada uno tiene que hacer).

Tener como objetivo la distribución, en la medida que la situación concreta lo permita y la producción crezca, siguiendo el principio “a cada uno según su necesidad”.

Tener como objetivo transformar todas las actividades en trabajo voluntario, expresión libre de la creatividad y la energía física y espiritual de cada individuo dentro de la organización social. Reduciendo así el trabajo obligatorio hasta su eliminación.


18. Prohibición del empleo para las mujeres en condiciones nocivas para el cuerpo femenino. Permiso pagado por maternidad y cuidado infantil.


19. Establecimiento en cada empresa, complejos de empresas y complejos de edificios de guarderías, jardines de infancia y lo que es necesario para la vida y la sociabilidad de los niños y adultos. El mantenimiento, atención y educación de los niños no deben ser responsabilidad de la familia por si sola. A cada niño la sociedad asigna un ingreso. Los padres tienen que ser atendidos y acompañados durante el período en el cual los niños no son autosuficientes.


20. Seguro pagado por las empresas para todos los casos de incapacidad temporal o permanente al trabajo. El principio rector para definir las medidas prácticas es que la seguridad y la dignidad de cada individuo están asegurados por la sociedad en su conjunto: entonces, no tienen que caer como una desgracia y una obligación sobre su familia o sus vecinos.


21. Establecimiento de los inspectores de trabajo elegibles y revocables por los trabajadores, con la autoridad de disponer intervenciones y medidas necesarias para la salud y la seguridad del trabajo y prevención de la contaminación. La seguridad y la higiene en el trabajo y la reducción de la contaminación deben ser parte de los índices de evaluación de cada unidad productiva.


22. Creaciones de oficinas de empleo encargadas de distribuir la mano de obra de forma racional para todos los trabajos necesarios y garantizar el pleno empleo de toda la población. La capacidad de trabajo es el recurso más valioso y debe ser constantemente mejorado y valorado. Como parte del currículo escolar debe aportarse la participación en la producción y los ancianos deben poder ejercer voluntariamiente todo lo que sus fuerzas permitan.


23. Medidas para facilitar la formación profesional de los trabajadores y la colaboración en las empresas con el objetivo de reducir la división entre trabajo manual e intelectual, trabajo directivo y directo, trabajo de organización, planificación, control. Conferencias de los colectivos de trabajo. Los intercambios de experiencia con colectivos de otras empresas.


24. Medidas para facilitar la combinación entre la ciudad y el campo, los intercambios, las estancias, etc. Industrialización y urbanización del campo con el fin de romper el aislamiento y la despoblación del campo y el superpoblación en las zonas urbanas. (150)


25. Medidas para garantizar la vida digna de las personas mayores, la oportunidad de poner sus conocimientos al servicio de la sociedad en las formas y en la medida en que lo permitan sus fuerzas. Promover el uso de lo que pueden dar de manera que sean útiles, sientan y disfruten del prestigio y afecto que se merecen.


4.3. Superestructura de la sociedad


26. Reorganización general de los servicios (educación, salud, cultura, recreación, comedores, etc.), poniéndolos al servicio de la promoción del bienestar de las clases oprimidas de la sociedad actual. Movilización de las masas para la gestión de los servicios en los distintos niveles, minimizando la dirección central. Lucha para que el deporte, la cultura y las actividades creativas y recreativas, pasen de ser actividades profesionales a actividades libremente practicadas por las masas.


27. Servicio nacional de salud. Cada ciudadano tiene derecho a la mejor atención y la mejor asistencia sanitaria que la ciencia pueda ofrecer. Recuperación pública y valoración de todas las prácticas antiguas y modernas, italianas y extranjeras que han demostrado ser válidas para mejorar la salud y el bienestar. Educación para la salud universal y lucha contra la propiedad privada de la medicina por parte de los médicos. Movilización de las masas para mejorar las condiciones físicas y mentales.


28. Maternidad y cuidado infantil serán considerados como actividad socialmente útil, no como un asunto privado. La educación universal a la maternidad, la paternidad y el cuidado físico, moral e intelectual de la nuevas generaciones tienen que ser una tarea y un deber de toda la sociedad. Protección material y moral de las mujeres embarazadas, del parto y del período inmediatamente posterior a que el embarazo, el parto, el cuidado del bebé y la recuperación de su persona física y moral se lleven a cabo en las mejores condiciones.


29. El cuidado, la educación y el entrenamiento físico, la formación moral e intelectual de los niños y los jóvenes son un asunto de la sociedad. Asociaciones de familiares, unidades de trabajo, Administración Pública y organizaciones de masas tienen que ocuparse activamente de esto. Desarrollar lo más posible las relaciónes entre las generaciones, rompiendo la dependencia personal en el ámbito material y psicológico de los niños y jóvenes de cada familia.


30. Educación sexual universal y atención sanitaria y felicidad sexual de cada individuo como deber de la sociedad. Movilización de las masas para luchar contra la explotación y la violencia contra las mujeres y los niños, contra la esclavitud y el sometimiento de la mujer al hombre.


31. Tomar medidas para promover la participación de las generaciones más jóvenes en todas las funciones sociales a las que pueden participar, en la medida de sus fuerzas y con el propósito principal de la formación, no de la producción. Fomentar en cada manera experiencias, conocimientos y relaciones formativas.


32. Educación general politécnica (para el conocimiento teórico y práctico de las principales ramas de la producción, de las actividades sociales y culturales) gratuita y obligatoria para todos hasta los 16 años. Estrecho vínculo educativo con el trabajo social productivo. Fomentar con las medidas apropiadas la educación en todos los niveles y en todas las edades.

Pasaje de la educación pública a los órganos locales, supresión de cualquier intervención coercitiva del gobierno central en el desarrollo de planes de estudio y en la elección del personal docente. Elección de los profesores por parte de la población local y revocabilidad por parte de la población de los maestros indeseables. Distribución de alimentos, vivienda y objetos escolares a los estudiantes por parte de la Administración Pública, cuidando la formación de los jóvenes al gusto, la elección, la emulación, la colaboración, etc.

Promover con la educación la eliminación de las diferencias y los prejuicios, combatir el atraso y el aislamiento. Educación al respeto y a la defensa de la propiedad pública y a la protección de los derechos individuales.

Uso del patrimonio educativo de la sociedad a favor de los sectores más atrasados y marginados, de los suburbios, de los campos.


33. Las redes de servicios (teléfono, correo, radio, internet, ferrocarriles, servicios urbanos, autopistas, carreteras, servicios de salud, escuelas, museos, etc.) deberán ser, en general, accesibles libremente para que contribuyan en la mayor medida posible al bienestar, al entretenimiento, al crecimiento cultural y al desarrollo de las relaciones sociales. Las limitaciones son aceptables sólo si es necesario para que nadie sea excluido. Desarrollo de los medios de transporte menos daniños que se pueda para el medio ambiente y para el ser humano.


34. Nacionalización del patrimonio de edificios urbanos y posesión libre de la vivienda por cada familia o núcleo autónomo, protección de la propiedad de los trabajadores sobre su propia casa. Movilización de las masas para el mantenimiento y mejoramiento de las viviendas y la higiene. Educación de masas sobre el uso seguro de las redes domésticas (electricidad, gas, teléfono, internet, etc.). Conexión de todas las casas a las redes de servicios. Libre disponibilidad del espacio y el patrimonio arquitectónico para actividades sociales a nivel de las comunidades locales.


35. Libertad absoluta de idioma y cultura para las minorías nacionales y lingüísticas. Medidas para desarrollar la cultura tradicional y garantizar la vida de las minorías en todos los campos. Utilizar sistemáticamente las diferencias culturales para desarrollar la cultura en general.


36. Desarrollar una cultura que ayude a las masas populares a entender sus problemas materiales y espirituales y a encontrar las soluciones adecuadas. Libertad de religión, pensamiento y propaganda. Cada grupo organizado de las masas populares tendrá el derecho a utilizar los medios necesarios para su vida espiritual (prensa, radio, televisión, redes informáticas, locales, otro material).

Toda la riqueza cognoscitiva y cientifica de la sociedad debe ser empleada en favor de las masas, para mejorar las condiciones materiales, morales y culturales de cada individuo. Abolición de la propiedad de los descubrimientos y las obras artísticas, derechos de autor, patentes, etc.

Movilización de los intelectuales para usar el patrimonio socio-cultural en sus poder para ayudar a las masas a entender mejor y aprender a dirigir a sí mismas, sus condiciones materiales, sus sentimientos, sus estados de ánimo, sus relaciones y aprender a dirigir a sí mismas de la mejor manera.


Capítulo V

Las principales objeciones a nuestro
Manifiesto Programa


Sin duda, a este Manifiesto Programa serán dirigidas muchas objeciones. Ellas son, en parte, un reflejo intelectual de la influencia y la hegemonía que la burguesía, el clero y otras clases dominantes del pasado todavía tienen sobre las masas populares. Son en parte un reflejo intelectual de la transformación de las masas populares en curso: de la lucha por una compresión más justa del mundo existente y el nuevo mundo que está surgiendo. Examinar en profundidad cada objeción es un aspecto importante de nuestra lucha en el campo intelectual.

Vemos las principales objeciones.


1. Para aquellos que no tienen confianza en el hecho que las masas se canalizarán de nuevo detrás de la bandera del comunismo y bajo la dirección del partido comunista,


nosotros respondemos que es un error pensar el futuro como igual al presente. Es lo que brota en el presente sólo en germen que será grande el mañana. Lo que hoy sólo es posible, será la realidad de mañana. La burguesía imperialista no ofrece a las masas populares ninguna perspectiva de progreso, no ofrece a las masas popolares ni siquiera la oportunidad de seguir viviendo en las condiciones actuales. La misma burguesía debe subvertir y está subvertiendo el orden existente, obligando a las masas a movilizarse para encontrar nuevas soluciones para sus vidas. Es esto, y no son los sermones y las ideas, que llevan y llevarán las masas a dejar las formas de vida convertidas en habitual y hacer cosas que no han hecho hace años (en lo negativo, lo confirman los acontecimientos más repugnantes de noticias actuales).